He cambiado los muñecos de la fortuna por una senda que sigue en línea recta, un paisaje que, si bien cambia, no muestra nada diferente. Si llueve, abro un paraguas; si hace sol, voy ligero de ropa. Nada me detiene, ni tampoco yo detengo a nadie en el camino.
Aprendo cosas, pero una termita carcome el nido, pues la sensación de que otras posibles situaciones proporcionan un abanico más amplio de experiencias inunda el suelo. No me pierdo en otros ojos. Ningún faro ilumina los míos. Los personajes cumplen su función fuera de las fronteras que ya he dejado de defender, ante la triste situación de aridez que pueblan los dominios interiores.
Giran y giran los cambios alrededor de un cuerpo que no avanza, ni se detiene. Y volveré a notar en la piel unas órbitas que atraen a la vez que rechazan, donde las emociones un día florecieron y fueron aplastadas por el zapato del miedo.
No me siento solo, es cierto, a pesar de que la soledad vigila la puerta y duerme en mi cama. Sigo construyendo mis murallas, dejando de lado aquellos gigantes con pies de barro que se rompían al poco de echar a andar. Sé lo que busco, pero no lo encuentro. También sé que dejar de buscar no sirve, porque nada cae del cielo, salvo, tal vez, el agua.
Habrá que aprovechar aquello que nos mantiene a salvo.
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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viernes, 8 de abril de 2016
domingo, 1 de noviembre de 2015
Apolo y Dioniso se dan la mano
Me encontré a Dioniso junto con Apolo, en un terreno de nadie, donde la gente se mueve polarizada. Señalan que hay cosas que no pueden complementarse, que los vicios mundanos no tienen cabida en el placer intelectual.
Yo hice caso omiso, y les abrí mis brazos a ambos. No me quedo en el rincón, me muevo entre los espectros, entre las gamas de colores; y observo. Compartir amistad entre tribus urbanas irreconciliables, asomar la cabeza a las puertas del coma, sin por ello perder mi identidad o mi prudencia. Me he sentado con personas con la seriedad por bandera, y otras que traspasan los límites de la locura.
Quizá mi acierto, o mi error, es que no me acerco demasiado a esos pozos, y me quedo con una dosis moderada. No sentiré a flor de piel los extremos de esas acciones, o de las emociones ligadas a ellas, pero no lo considero negativo; un exceso de algo, unido a la carencia de su contrapeso, lleva a la perdición.
Y lo sé porque el odio no activa ningún resorte en mi cabeza.
Yo hice caso omiso, y les abrí mis brazos a ambos. No me quedo en el rincón, me muevo entre los espectros, entre las gamas de colores; y observo. Compartir amistad entre tribus urbanas irreconciliables, asomar la cabeza a las puertas del coma, sin por ello perder mi identidad o mi prudencia. Me he sentado con personas con la seriedad por bandera, y otras que traspasan los límites de la locura.
Quizá mi acierto, o mi error, es que no me acerco demasiado a esos pozos, y me quedo con una dosis moderada. No sentiré a flor de piel los extremos de esas acciones, o de las emociones ligadas a ellas, pero no lo considero negativo; un exceso de algo, unido a la carencia de su contrapeso, lleva a la perdición.
Y lo sé porque el odio no activa ningún resorte en mi cabeza.
sábado, 24 de octubre de 2015
El vuelo
- Lo has vuelto a hacer.
- ¿El qué?
- ¡Has eliminado otro árbol!
- ¿Y? Te dije que tenía mis razones. Es cierto que los errores no se borran, pero los árboles puedo quitarlos si lo veo necesario. Además, tú ya los has visto y lo sabes, ¿por qué darle vueltas?
- Está bien, está bien.
- ¿Qué hacías antes de que llegase?
- Observaba los cambios.
- ¿Cuales?
- Los tuyos, ¿cuáles si no? Al menos los que puedo ver en la linde del bosque.
- ¿Y qué has visto?
- Los cuervos... Los cuervos se han ido. Alzaron todos juntos el vuelo y se alejaron. Han pasado varios días desde que me sentí tan maravillado como hoy.
- ¿Y eso por qué?
- Creo que sobran las explicaciones. Tú sabes lo que ocurre mejor que yo. ¡Ojalá pudiese visitar el bosque por dentro! Si así ya siento las emociones, ¿qué me pasaría allá adentro? Sería una experiencia grandiosa, seguro.
- No puedes, y lo sabes. No todo ahí dentro es como piensas.- Musitó.
- ¿A qué te refieres?
- Hay lugares que son peligrosos, partes donde las bestias despedazan y el sol no puede colarse entre las rendijas del techo arbolado. Si a ti se te mantiene fuera es para mantenerte a salvo de todo lo que se esconde a tu vista. No es el único motivo, claro, pero sí uno de ellos. Aquellos que se acercan demasiado terminan vagando entre la bruma, ahogados entre aguas estancadas, caminando sobre cenagales engañosos y traicioneros.
- Siempre hay riesgos. ¿No crees?
- Lo dices porque no conoces lo que aguarda el interior. Sólo imaginas cosas. Eso no basta.
- ¿Y no ocurre eso mismo en tu lugar?
- Puede ser. Pero yo nunca he visto siquiera el exterior del bosque. Del tuyo.
- Tampoco me pediste verlo. ¿Quieres echar un vistazo? ¿Saber adonde está?
- Si tú quieres...
- Pues entonces mira, mira a tu alrededor.
- Pero... ¿No se supone que este es el mío?
- Claro que sí. Lo que ocurre es que no eres la única que incide en él. Nosotros hacemos el bosque, no al contrario. En el momento en que nos marchemos, este lugar cambiará, o desaparecerá. Y nuestras manos crearan otro paisaje, otra visión. De momento, hablamos aquí. Yo veo cosas, y tú también. Creo que vas recuperando la alegría, que te acercas algo más que antes a mí, siempre con la barrera de seguridad, y, aún así, me gusta lo que veo. Sé que mi lugar no puede estar más lejos de este tronco, aunque al bosque incluso le agrada mi presencia. Sé que he venido aquí en un momento inadecuado, con un rostro equivocado, y con un saludo asfixiante. No obstante, ¿sabes qué?
- ¿Qué?
Pausa. El aire mece los árboles, y los pájaros trinan. Gorjeos suaves, saludando al atardecer.
- Gracias. Has dejado un rendija abierta, una conexión que nunca hubiera imaginado realizar con nadie. Seguimos siendo dos desconocidos que se conocen demasiado, y, a pesar de todo, no has quemado todos los puentes. Y, aunque no me engaño ni me cuento mentiras, con poco has hecho mucho, nunca sabrás cuánto. No podrá ser pagada lo suficiente esa deuda, lo sé. Más créeme si te digo que disfruto como nunca si veo a la desidia huir volando. Y más, mucho más, si yo tuviese algo que ver con eso.
- A veces creo que deliras.
- ¿Y qué más da? Si tus lágrimas, aunque no las vea, se me clavan como cuchillas; si tu alegría, aunque no la observe en tus labios, me hace implosionar por dentro. Si lo has vivido, sabes lo que es. Y siendo, creas, y diciendo, emanas. Yo no sería lo que soy si no te hubiese encontrado, incluso de esta forma tan casual, con una relación tan frágil, unidos a través de una nube de datos que sólo aspira a dibujar un cuerpo imaginario. No, no, a pesar de querer más, ya me has dado más de lo que jamás obtuve con la carne y el agua salada; más que con la dureza y el escalofrío. Dime si no es para asombrarse.
- ¿El qué?
- ¡Has eliminado otro árbol!
- ¿Y? Te dije que tenía mis razones. Es cierto que los errores no se borran, pero los árboles puedo quitarlos si lo veo necesario. Además, tú ya los has visto y lo sabes, ¿por qué darle vueltas?
- Está bien, está bien.
- ¿Qué hacías antes de que llegase?
- Observaba los cambios.
- ¿Cuales?
- Los tuyos, ¿cuáles si no? Al menos los que puedo ver en la linde del bosque.
- ¿Y qué has visto?
- Los cuervos... Los cuervos se han ido. Alzaron todos juntos el vuelo y se alejaron. Han pasado varios días desde que me sentí tan maravillado como hoy.
- ¿Y eso por qué?
- Creo que sobran las explicaciones. Tú sabes lo que ocurre mejor que yo. ¡Ojalá pudiese visitar el bosque por dentro! Si así ya siento las emociones, ¿qué me pasaría allá adentro? Sería una experiencia grandiosa, seguro.
- No puedes, y lo sabes. No todo ahí dentro es como piensas.- Musitó.
- ¿A qué te refieres?
- Hay lugares que son peligrosos, partes donde las bestias despedazan y el sol no puede colarse entre las rendijas del techo arbolado. Si a ti se te mantiene fuera es para mantenerte a salvo de todo lo que se esconde a tu vista. No es el único motivo, claro, pero sí uno de ellos. Aquellos que se acercan demasiado terminan vagando entre la bruma, ahogados entre aguas estancadas, caminando sobre cenagales engañosos y traicioneros.
- Siempre hay riesgos. ¿No crees?
- Lo dices porque no conoces lo que aguarda el interior. Sólo imaginas cosas. Eso no basta.
- ¿Y no ocurre eso mismo en tu lugar?
- Puede ser. Pero yo nunca he visto siquiera el exterior del bosque. Del tuyo.
- Tampoco me pediste verlo. ¿Quieres echar un vistazo? ¿Saber adonde está?
- Si tú quieres...
- Pues entonces mira, mira a tu alrededor.
- Pero... ¿No se supone que este es el mío?
- Claro que sí. Lo que ocurre es que no eres la única que incide en él. Nosotros hacemos el bosque, no al contrario. En el momento en que nos marchemos, este lugar cambiará, o desaparecerá. Y nuestras manos crearan otro paisaje, otra visión. De momento, hablamos aquí. Yo veo cosas, y tú también. Creo que vas recuperando la alegría, que te acercas algo más que antes a mí, siempre con la barrera de seguridad, y, aún así, me gusta lo que veo. Sé que mi lugar no puede estar más lejos de este tronco, aunque al bosque incluso le agrada mi presencia. Sé que he venido aquí en un momento inadecuado, con un rostro equivocado, y con un saludo asfixiante. No obstante, ¿sabes qué?
- ¿Qué?
Pausa. El aire mece los árboles, y los pájaros trinan. Gorjeos suaves, saludando al atardecer.
- Gracias. Has dejado un rendija abierta, una conexión que nunca hubiera imaginado realizar con nadie. Seguimos siendo dos desconocidos que se conocen demasiado, y, a pesar de todo, no has quemado todos los puentes. Y, aunque no me engaño ni me cuento mentiras, con poco has hecho mucho, nunca sabrás cuánto. No podrá ser pagada lo suficiente esa deuda, lo sé. Más créeme si te digo que disfruto como nunca si veo a la desidia huir volando. Y más, mucho más, si yo tuviese algo que ver con eso.
- A veces creo que deliras.
- ¿Y qué más da? Si tus lágrimas, aunque no las vea, se me clavan como cuchillas; si tu alegría, aunque no la observe en tus labios, me hace implosionar por dentro. Si lo has vivido, sabes lo que es. Y siendo, creas, y diciendo, emanas. Yo no sería lo que soy si no te hubiese encontrado, incluso de esta forma tan casual, con una relación tan frágil, unidos a través de una nube de datos que sólo aspira a dibujar un cuerpo imaginario. No, no, a pesar de querer más, ya me has dado más de lo que jamás obtuve con la carne y el agua salada; más que con la dureza y el escalofrío. Dime si no es para asombrarse.
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jueves, 3 de septiembre de 2015
Extrañas conexiones
¿Se
puede alguien enamorar de alguien sin conocer a la persona realmente?
Habrá quien piense que no, que es una locura. Sin embargo, eso fue
lo que le pasó a Fígaro.
Un día,
en su taquilla, encontró una libreta. Se percató de que no era
suya, pero no encontró a nadie que la reclamase, así que se la
llevó a casa. Al leerla, se dio cuenta de que era una especie de
diario, aunque simplificado. Frases, anotaciones, letras de
canciones, emociones personales... Y, a pesar de su simpleza, aquello
lo atrajo con una poderosa fuerza. Le dieron ganas de investigar
sobre lo que leía, y, también, descubrir de quién era aquel
diario.
Lo dejó
de nuevo en su taquilla al día siguiente, y, al terminar la jornada,
no pudo contener la emoción al ver que el diario había sido escrito
de nuevo. Que tenía más cosas. Aquello pudo con él. Deseaba con
todas sus fuerzas conocer a esa persona. No obstante, no había nadie
que le diese ninguna pista.
Entonces,
él empezó a escribir también en el diario. Y el diario se volvió
una conversación. Una conversación entre extraños.
Microrrelato escogido 2º finalista en III Concurso de Narrativa "Amores", de Letras con Arte.
sábado, 25 de abril de 2015
Ya no más
El silencio hizo
una brecha
en el muro.
Al irse, ruidoso,
llenó el aire
de viejas palabras.
Huecas por dentro,
vistosas por fuera,
la risa burlona
en la sala central.
Ya no más, dije,
las cometas
se enredan en los
alambres oxidados.
Ya no más, dije,
la guerra es tuya,
tuya la miseria,
tuya la victoria.
Me quedaré con
la gris apatía
del soldado.
Me quedaré con
las emociones
que nunca existieron.
una brecha
en el muro.
Al irse, ruidoso,
llenó el aire
de viejas palabras.
Huecas por dentro,
vistosas por fuera,
la risa burlona
en la sala central.
Ya no más, dije,
las cometas
se enredan en los
alambres oxidados.
Ya no más, dije,
la guerra es tuya,
tuya la miseria,
tuya la victoria.
Me quedaré con
la gris apatía
del soldado.
Me quedaré con
las emociones
que nunca existieron.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Dos copas, por favor
La taberna El Paso estaba como siempre. Luces deprimentes, tapadas por el humo de los cigarrillos. Porque sí, se podía fumar en El Paso, aunque yo soy un talibán del tabaco, bien cierto es. Pero no importa, lo que interesa es lo que ocurrió allí dentro.
La gente se apiñaba en grupos, en la barra, o en la mesa del billar. Allí había de todo. Clientes habituales, macarras de paso, o ingenuos visitantes que desconocían la fama del lugar que pisaban. Si me preguntas a mí, soy como el hijo de este sitio. No tanto, pero casi. Afuera las cosas cambian, pero ahí todo es igual, y eso en parte me gusta. No se nota el paso del tiempo, no te sientes viejo, y los recuerdos te asaltan según el tipo de bebida que te de el camarero, Bill. Todas despiertan cosas, agradables o endiabladamente demoledoras.
Da igual lo lleno que esté el local, siempre tengo libre mi sitio habitual. Un día, un gallito insoportable se sentó ahí, y lo echaron a ostias. No es que a mí me guste la violencia, pero él se lo buscó. Le lanzó el contenido de su vaso a Ladd, el cabecilla de una banda callejera de aquí, que había intercedido por mí. No creo que ese muchacho vuelva, pero más o menos os haréis a la idea de que, aquí, no importa lo que ocurra fuera, todos somos una piña. Un mundo dentro de otro. Es gracioso, ¿no creeis?
- ¿Qué tal todo, Joe? - Me saluda Bill.
- Bien. Ya lo sabes.
- Por supuesto, por supuesto. - Se ríe.
- ¿Qué tienes hoy para mí, viejo zorro?
- Pues hoy me ha llegado una bebida muy extraña, y bastante buena, por cierto. Te regalaré un trago por ser tú.
Bill saca una botella sin seña alguna, blanca, y coge un vaso un echa un par de chorros.
- Toma. Pruébala y me dices.
Cojo el vaso y me bebo el contenido de un trago. La sensación es increíble. No sabría deciros a qué sabe, si lo probáseis lo entenderíais. El estómago se comprime, y el corazón se acelera. La sien en mi cabeza se vuelve loca, y alrededor mía las cosas carecen de importancia. No hay nada igual, os lo juro. Después de esto, cualquier cosa que pruebe me sabrá a tierra y cenizas. Puro veneno. La emoción bombardea los campos de sal y el cuerpo tiembla, sacudido por las sensaciones. La franja de visión se estrecha, y el deseo fluye a flor de piel. Esto se queda grabado, y no hay manera de quitarlo de aquí dentro. Os lo aseguro.
- Esto es increíble Bill. Ponme dos copas de esa mierda, por favor. - Le suplico, sudoroso y jadeante.
- Claro, amigo, como ordenes.
Rellena el vaso que me he bebido, y, cuando he dado buena cuenta de él, vuelve a llenarlo. Tenía el poder de hacer cualquier cosa. Mi cuerpo me pedía acción. Romper cosas, lanzarme a por alguien. Algo. Pero me contuve.
- ¿Cómo decías que se llamaba esa bebida, Bill?
- No te dije el nombre. El que me la vendió dice que se llama "Amor".
- Amor, ¿eh? ¿Y es cara?
- ¿La botella? No. El hombre prácticamente me la dió. Se le veía feliz de desquitarse de ella.
- ¿Por qué? Es todo un manjar.
- Me dijo que, si la bebida no funciona bien, causa efectos secundarios terribles. Heridas muy profundas, dice.
- Pero a mí me ha funcionado bien, ¿no?
¿No?
https://youtu.be/v30RadD_aiI
La gente se apiñaba en grupos, en la barra, o en la mesa del billar. Allí había de todo. Clientes habituales, macarras de paso, o ingenuos visitantes que desconocían la fama del lugar que pisaban. Si me preguntas a mí, soy como el hijo de este sitio. No tanto, pero casi. Afuera las cosas cambian, pero ahí todo es igual, y eso en parte me gusta. No se nota el paso del tiempo, no te sientes viejo, y los recuerdos te asaltan según el tipo de bebida que te de el camarero, Bill. Todas despiertan cosas, agradables o endiabladamente demoledoras.
Da igual lo lleno que esté el local, siempre tengo libre mi sitio habitual. Un día, un gallito insoportable se sentó ahí, y lo echaron a ostias. No es que a mí me guste la violencia, pero él se lo buscó. Le lanzó el contenido de su vaso a Ladd, el cabecilla de una banda callejera de aquí, que había intercedido por mí. No creo que ese muchacho vuelva, pero más o menos os haréis a la idea de que, aquí, no importa lo que ocurra fuera, todos somos una piña. Un mundo dentro de otro. Es gracioso, ¿no creeis?
- ¿Qué tal todo, Joe? - Me saluda Bill.
- Bien. Ya lo sabes.
- Por supuesto, por supuesto. - Se ríe.
- ¿Qué tienes hoy para mí, viejo zorro?
- Pues hoy me ha llegado una bebida muy extraña, y bastante buena, por cierto. Te regalaré un trago por ser tú.
Bill saca una botella sin seña alguna, blanca, y coge un vaso un echa un par de chorros.
- Toma. Pruébala y me dices.
Cojo el vaso y me bebo el contenido de un trago. La sensación es increíble. No sabría deciros a qué sabe, si lo probáseis lo entenderíais. El estómago se comprime, y el corazón se acelera. La sien en mi cabeza se vuelve loca, y alrededor mía las cosas carecen de importancia. No hay nada igual, os lo juro. Después de esto, cualquier cosa que pruebe me sabrá a tierra y cenizas. Puro veneno. La emoción bombardea los campos de sal y el cuerpo tiembla, sacudido por las sensaciones. La franja de visión se estrecha, y el deseo fluye a flor de piel. Esto se queda grabado, y no hay manera de quitarlo de aquí dentro. Os lo aseguro.
- Esto es increíble Bill. Ponme dos copas de esa mierda, por favor. - Le suplico, sudoroso y jadeante.
- Claro, amigo, como ordenes.
Rellena el vaso que me he bebido, y, cuando he dado buena cuenta de él, vuelve a llenarlo. Tenía el poder de hacer cualquier cosa. Mi cuerpo me pedía acción. Romper cosas, lanzarme a por alguien. Algo. Pero me contuve.
- ¿Cómo decías que se llamaba esa bebida, Bill?
- No te dije el nombre. El que me la vendió dice que se llama "Amor".
- Amor, ¿eh? ¿Y es cara?
- ¿La botella? No. El hombre prácticamente me la dió. Se le veía feliz de desquitarse de ella.
- ¿Por qué? Es todo un manjar.
- Me dijo que, si la bebida no funciona bien, causa efectos secundarios terribles. Heridas muy profundas, dice.
- Pero a mí me ha funcionado bien, ¿no?
¿No?
https://youtu.be/v30RadD_aiI
sábado, 14 de marzo de 2015
Da igual
En la diana de mis ojos apagados te entretienes en lanzarme dardos. Da igual, ya no me sirven. Quédatelos si quieres, juega con ellos hasta desangrarlos, nunca se saldrán de sus órbitas. Los perdí cuando me jugué contigo mis manos. No debí hacerlo, bien cierto es. Ahora no puedo controlar nada. Todo aquí adentro es tuyo, pues es con mis dedos con lo único que consigo expandir mi mundo.
Da igual, te los has ganado. No pude evitar apostar que, al contacto con mis dedos, tu piel se levantaría con la brisa del norte. Qué equivocado estaba. Ni siquiera un suspiro, solo quietud, esperanzas muertas. Cuervos llevándose las pocas emociones brillantes que aún guardaba. Da igual, ahora no sé lo que soy. Espero que puedas manejar mi cuerpo con tus hilos color burdeos. No sé si la niebla se despejará, ni si tú harás algo más que mirarme desde tu trono de lo desconocido.
No importa, aunque no la veas, te gusta el olor dulzón de la sangre. Aunque no sepas que se derrama, e insistas en llenarme las maletas de esperanzas. Pesan demasiado, y no creo poder cargarlas, aún así, mis manos son tuyas, y llevaré cualquier cosa. Pero luego no me hagas abrirlas para tirar el contenido por el suelo.
Porque eso, querida, eso no me da igual.
Para María del Mar.
Palabras clave: Dardos, cuervos, maletas.
Da igual, te los has ganado. No pude evitar apostar que, al contacto con mis dedos, tu piel se levantaría con la brisa del norte. Qué equivocado estaba. Ni siquiera un suspiro, solo quietud, esperanzas muertas. Cuervos llevándose las pocas emociones brillantes que aún guardaba. Da igual, ahora no sé lo que soy. Espero que puedas manejar mi cuerpo con tus hilos color burdeos. No sé si la niebla se despejará, ni si tú harás algo más que mirarme desde tu trono de lo desconocido.
No importa, aunque no la veas, te gusta el olor dulzón de la sangre. Aunque no sepas que se derrama, e insistas en llenarme las maletas de esperanzas. Pesan demasiado, y no creo poder cargarlas, aún así, mis manos son tuyas, y llevaré cualquier cosa. Pero luego no me hagas abrirlas para tirar el contenido por el suelo.
Porque eso, querida, eso no me da igual.
Para María del Mar.
Palabras clave: Dardos, cuervos, maletas.
lunes, 9 de marzo de 2015
Acidez
No hay peor idea que la de quedarse viendo el ritmo de la vida pasar. Hay gente que se queda metida en una caverna. Las cosas evolucionan a su alrededor, y, sin embargo, se aferran a un pasado muerto, a unas respuestas que permanecen iguales cuando las preguntas ya no son las mismas.
He probado muchas cosas, incluso los dulces placeres prohibidos por un pulmón enfermo y ennegrecido que respira por nosotros. He tenido un fantasma rondando por mi cabeza desde hace años, y nunca se marcha. Silencioso, nunca dice nada, pero su presencia se escucha desde lo más profundo del Cocito. Las ramas con las que puedo cubrirte están enfermas y devoradas por la verticilosis que habita en lo más recóndito de mis emociones.
Puede que todo sea igual que un limón partido por la mitad. Que las cosas te hagan cerrar los ojos, que te salten lágrimas por la acidez de lo que te devora, y que, sin embargo, te guste el sabor, aunque se te queden los labios arrugados y la cara desencajada. Pero, oye, si no lo pruebas, no podrás disfrutar lo demás.
Si me preguntas a mí, prefiero mezclar la acidez del limón, con el dulzor de tus labios. Aunque, quizá sea todo al contrario.
Para Martina.
Palabras clave: Dulce, limón e idea.
He probado muchas cosas, incluso los dulces placeres prohibidos por un pulmón enfermo y ennegrecido que respira por nosotros. He tenido un fantasma rondando por mi cabeza desde hace años, y nunca se marcha. Silencioso, nunca dice nada, pero su presencia se escucha desde lo más profundo del Cocito. Las ramas con las que puedo cubrirte están enfermas y devoradas por la verticilosis que habita en lo más recóndito de mis emociones.
Puede que todo sea igual que un limón partido por la mitad. Que las cosas te hagan cerrar los ojos, que te salten lágrimas por la acidez de lo que te devora, y que, sin embargo, te guste el sabor, aunque se te queden los labios arrugados y la cara desencajada. Pero, oye, si no lo pruebas, no podrás disfrutar lo demás.
Si me preguntas a mí, prefiero mezclar la acidez del limón, con el dulzor de tus labios. Aunque, quizá sea todo al contrario.
Para Martina.
Palabras clave: Dulce, limón e idea.
martes, 24 de diciembre de 2013
And I'm yours
Cuando llegué al bosque de las Ánimas habían cambiado bastantes cosas. Los árboles, desnudos y delgados, dejaban un ambiente triste y desolador. Me senté allí, encima de una seta gigante, y miraba cómo el reloj de arena iba cayendo grano a grano sobre el viento. Y entonces la vi, hablándome desde dos direcciones distintas, pues su voz se propaga por el viento igual que el polen de las hermosas florecillas que habitan en Northumbria.
Había conseguido llevar el paquete a su destinataria, y decidimos ir a un lugar seguro para poder ver el contenido. Avanzamos por el bosque, y los elfos que antaño moraban en sus casas árbol habían abandonado sus hogares, seguramente por la inestabilidad del tiempo. Tuvimos que cambiar de ruta para poder quedarnos en un lugar donde los ojos del mal no pudieran acecharnos. Se veían a los animales correr entre los caminos, apresurados, como si algo maligno se acercase, aunque luego se vería que todo ello no eran más que fábulas.
Llegamos a una pequeña aldea, llamada Baolimco, donde pudimos parar en una posada. Nos sirvieron té hecho con las distintas hierbas del bosque, y adquirían una tonalidad naranja, y un sabor distinto al que estaba acostumbrado, pero aún así, estaba bueno.
Entregué a aquella muchacha la correspondencia, y, aunque ya la había visto otras veces, y estábamos conectados por el hilo de los ancestros, se sentía como la primera vez. Pero no porque no la conociese, sino porque las emociones eran las mismas del primer día, incluso más intensas, igual que un río siendo desbordado por sus afluentes. Y echaba anclas en sus ojos, y el color del fuego movía su cuerpo cuando comenzaba a descifrar las palabras élficas de la misiva. El ejército de la Risa, y la marca de Alegría tomaron aquel lugar, pasando a carcajadas a todo el mundo. Y, cuando yo pude verme en ella con total claridad, los vasos se desbordaron junto al calor de las llamas.
La sangre ya no transportaba glóbulos rojos o blancos, sino una gran dosis de droga que la proporcionaba ella sin que yo tuviera que ingerir, fumar o inyectarme nada. Se sentía como una explosión de colores en mitad del oscuro firmamento. Y acariciar la proa con las velas del barco inicia una ligera brisa de sensaciones en la piel.
A la hora de marcharnos, seguimos el viaje por senderos oscuros, pero protegiéndonos entre ambos en todo momento. Los cuervos volaban por doquier, y ella los espantaba con el brillo de sus alas, aunque los enemigos más poderosos, como los troll, tenían un efecto negativo en ella. Cuando nos tuvimos que separar, el reloj de arena casi se había consumido, y yo me aferré a ella, como si así, en esos segundos, pudiera evitar que el reloj siguiese su curso, y continuar así para siempre.
Al alejarse, comenzó una carrera por mi vida, en la que su olor corporal me acompañaba en el viaje. Ella decía que me aceleraba, y era cierto, yo seguí corriendo hasta que las únicas fuerzas que tenía eran las de poder volver a verla en otra ocasión, cuando la guillotina de las horas no pendiese de un hilo en mi cabeza. Y, mientras me alejaba en la enormidad de la noche, las plumas que llevaba conmigo me decían que no solo el comesueños podía ejercer su poder en el subconsciente, sino que su sola presencia derribaba cualquier otra posibilidad de sueño.
http://youtu.be/q9ayN39xmsI
Había conseguido llevar el paquete a su destinataria, y decidimos ir a un lugar seguro para poder ver el contenido. Avanzamos por el bosque, y los elfos que antaño moraban en sus casas árbol habían abandonado sus hogares, seguramente por la inestabilidad del tiempo. Tuvimos que cambiar de ruta para poder quedarnos en un lugar donde los ojos del mal no pudieran acecharnos. Se veían a los animales correr entre los caminos, apresurados, como si algo maligno se acercase, aunque luego se vería que todo ello no eran más que fábulas.
Llegamos a una pequeña aldea, llamada Baolimco, donde pudimos parar en una posada. Nos sirvieron té hecho con las distintas hierbas del bosque, y adquirían una tonalidad naranja, y un sabor distinto al que estaba acostumbrado, pero aún así, estaba bueno.
Entregué a aquella muchacha la correspondencia, y, aunque ya la había visto otras veces, y estábamos conectados por el hilo de los ancestros, se sentía como la primera vez. Pero no porque no la conociese, sino porque las emociones eran las mismas del primer día, incluso más intensas, igual que un río siendo desbordado por sus afluentes. Y echaba anclas en sus ojos, y el color del fuego movía su cuerpo cuando comenzaba a descifrar las palabras élficas de la misiva. El ejército de la Risa, y la marca de Alegría tomaron aquel lugar, pasando a carcajadas a todo el mundo. Y, cuando yo pude verme en ella con total claridad, los vasos se desbordaron junto al calor de las llamas.
La sangre ya no transportaba glóbulos rojos o blancos, sino una gran dosis de droga que la proporcionaba ella sin que yo tuviera que ingerir, fumar o inyectarme nada. Se sentía como una explosión de colores en mitad del oscuro firmamento. Y acariciar la proa con las velas del barco inicia una ligera brisa de sensaciones en la piel.
A la hora de marcharnos, seguimos el viaje por senderos oscuros, pero protegiéndonos entre ambos en todo momento. Los cuervos volaban por doquier, y ella los espantaba con el brillo de sus alas, aunque los enemigos más poderosos, como los troll, tenían un efecto negativo en ella. Cuando nos tuvimos que separar, el reloj de arena casi se había consumido, y yo me aferré a ella, como si así, en esos segundos, pudiera evitar que el reloj siguiese su curso, y continuar así para siempre.
Al alejarse, comenzó una carrera por mi vida, en la que su olor corporal me acompañaba en el viaje. Ella decía que me aceleraba, y era cierto, yo seguí corriendo hasta que las únicas fuerzas que tenía eran las de poder volver a verla en otra ocasión, cuando la guillotina de las horas no pendiese de un hilo en mi cabeza. Y, mientras me alejaba en la enormidad de la noche, las plumas que llevaba conmigo me decían que no solo el comesueños podía ejercer su poder en el subconsciente, sino que su sola presencia derribaba cualquier otra posibilidad de sueño.
http://youtu.be/q9ayN39xmsI
domingo, 24 de noviembre de 2013
Sincronizar
Vamos a desenfundar las armas, mirarnos a los ojos, y, cuando suenen las campanadas, disparar el uno al otro. No vamos a sangrar, dentro de nuestra piel no va a estar alojada ninguna bala. Se instalará una parte de nosotros. Un río del color de tus ojos inundará el interior de mi cuerpo, como una onda que se expande. Tú vivirás los pasos que he recorrido, las emociones, las batallas libradas. Será igual que una explosión que te sacude por dentro. Perderás el aliento, y empezarás a notar que, después de todo, no hay tanta diferencia entre la cabeza de un loco y la mente de un ángel caído. Se derramarán lágrimas por tus mejillas al tiempo que sueltas carcajadas. Tal vez te cause confusión, pero sabes que las líneas están marcadas. Y entonces, y solo entonces, podrás volar al cerrar los ojos.
"El tiempo nos ha vaciado de fulgor. Pero la oscuridad sigue poblada de luciérnagas".- Gioconda Belli
"El tiempo nos ha vaciado de fulgor. Pero la oscuridad sigue poblada de luciérnagas".- Gioconda Belli
jueves, 21 de noviembre de 2013
Cerrado por quiebra
Ya saben ustedes que todo esto no es más que una obra de teatro. Caótica, desordenada, fuera de control. Y que, como todo, necesita de alguien más aparte de la persona que se empeña en aporrear a las letras para que salgan en orden. Solo se necesita de una persona para mantener viva la función. Ya sé que pensarán que si fuera así, esto sería algo parecido a un ruinoso negocio. "Cerrado por quiebra" sería lo que esperarían encontrar si alguna vez pasasen por delante de este sitio. Pero esto no es un negocio, así que, usted, que lee esto, no es un número. Yo no sé quién es, cierto. Y, a pesar de ello, podría ponerle cara. No un rostro normal. Quizá solo sea un libro colocado en la cabeza. O una palabra expresando su estado de ánimo. Tal vez incluso podría colocarle una máscara si se siente incómodo sin la forma natural de su cabeza.
Y, dado que esto no es una empresa con ánimo de lucro, quizá debería salir a bolsa. Una bolsa con un formato tan especial, que no tendrían que comprar o vender acciones. Sino crear y cambiar palabras, emociones. Nadie pierde. Todos ganan.
Y, dado que esto no es una empresa con ánimo de lucro, quizá debería salir a bolsa. Una bolsa con un formato tan especial, que no tendrían que comprar o vender acciones. Sino crear y cambiar palabras, emociones. Nadie pierde. Todos ganan.
martes, 5 de noviembre de 2013
Shadows
A veces pienso que todas las personas somos círculos. Y que nos hacemos más grandes dependiendo de quién nos vea. A su vez, entramos dentro de otros círculos, en menor o mayor grado, compartiendo un espacio que puede modificarse. Entre todos se forma una gran estructura, pero lo que interesa aquí son las relaciones unipersonales. Imaginen dos círculos que se van aproximando cada vez más, tanto, que las acciones propias que a uno le puedan parecer insignificantes, al otro puede llegar a calarle hondo. Esto se debe a que se dualizan las emociones, y, aunque en muchas ocasiones, ambos las compartan, otras veces sentirán emociones intensas en solitario por una cosa determinada, mientras que la otra persona no sentirá igual. Solo cuando los dos círculos se unen hasta alcanzar casi la forma de otro círculo, se da una mayor unanimidad, pero como causa de que los sentimientos ganan la batalla frente al vacío de antaño.
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batalla,
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emociones,
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sentimientos
martes, 22 de octubre de 2013
¿Sabían ustedes que el cerebro asocia determinadas cosas con emociones? El ejemplo más común es una canción. "Nuestra canción", como dirían las parejas. Pero también existe con otros elementos, como un olor, un lugar, un animal determinado o una situación específica. Al final, se termina creando un torbellino de uniones que, si es algo que te marcó, o que simplemente sigue pugnando por estar en un resquicio de tu memoria; no podrás huir de él.
Y, si todo lo que acaba de leer es cierto, muy posiblemente haya pensado en algo, o en alguien.
Y, si todo lo que acaba de leer es cierto, muy posiblemente haya pensado en algo, o en alguien.
martes, 15 de octubre de 2013
Ausencia
Es curioso ver cómo cosas que no estaban dentro del círculo de la normalidad, un buen día entran y se instalan, pero cuando deciden salir, aunque sea durante un corto período de tiempo, uno siente que algo se marcha de adentro. Y, si la conexión era intensa, comienza a darse una sensación de vacío, igual que un ciego que pierde a su guía, dando tumbos, sin rumbo fijo. No obstante, si aquello que se ha marchado, regresa, o, al menos, se acerca al círculo, notamos cambios relevantes. Se oprime el pecho, la adrenalina se desborda, y gran parte de ese terreno de nadie, vuelve a recuperar las pautas de un camino a seguir.
Decimos que el tiempo es unidireccional, pero, ¿y si no lo fuera? Imaginen un montón de líneas representando el tiempo, y, ahora, una escena aparte: Una persona rechazando a otra. La única dirección temporal nos dice que "A" es así, que no hay otra posibilidad alternativa en ese momento. Pero, ¿y si de forma paralela sí se está aceptando a esa persona, en la línea "B"?
Del mismo modo en que la eternidad no es infinita, sino que es una expansión enorme del tiempo (pero siempre tiene un final), la ausencia de emociones, o de personas que las provoquen, no es interminable, y siempre se encuentran formas de recuperación de las mismas, aunque sea utilizando los recuerdos.
http://youtu.be/aBp5uaqK_BE
Decimos que el tiempo es unidireccional, pero, ¿y si no lo fuera? Imaginen un montón de líneas representando el tiempo, y, ahora, una escena aparte: Una persona rechazando a otra. La única dirección temporal nos dice que "A" es así, que no hay otra posibilidad alternativa en ese momento. Pero, ¿y si de forma paralela sí se está aceptando a esa persona, en la línea "B"?
Del mismo modo en que la eternidad no es infinita, sino que es una expansión enorme del tiempo (pero siempre tiene un final), la ausencia de emociones, o de personas que las provoquen, no es interminable, y siempre se encuentran formas de recuperación de las mismas, aunque sea utilizando los recuerdos.
http://youtu.be/aBp5uaqK_BE
lunes, 14 de octubre de 2013
A skin too few: The days of Nick Drake
Hoy quiero hablarles sobre un cantautor magnífico, aunque con una fama tan ínfima que no le hace justicia. Se trata de Nick Drake.
Nació en Birmania, en 1948, en el seno de una familia de clase acomodada, y a sus cuatro años compuso su primera canción. Conforme fue creciendo, creció su gusto por la música, y le gustaba sobre todo el folk y el rock. Pidió que le regalasen una guitarra, y fue practicando con ella, hasta el punto de crear melodías asombrosamente tristes.
Fue un gran atleta a los 13 años, y aprendió a tocar otros instrumentos, como el clarinete o el acordeón. Sin embargo, tenía baja autoestima, y evitaba el contacto físico con la gente, y, en especial, con las chicas. Muy posiblemente solo se declaró a una en su corta vida, y con resultados desastrosos. Para escapar de esta realidad frustrante, se refugia en su propio mundo, el de las canciones, lleno de pensamientos románticos.
Cuando va a Cambridge, su melancolía se dispara, y comienza a dejar de lado el atletismo para leer poesía francesa, fumar hachís, escuchar música y tocar con la guitarra.
Edita su primer álbum en 1968, Fives Leaves Left, de la mano de Joe Boyd, y un año después ya estaba a la venta. Era un álbum con sonidos barrocos, con bastante carga instrumental. A pesar de recibir muy buenas críticas, no se vendió bien.
En 1970 realizó su segundo disco, más alegre que el anterior, Bryter Later, aunque el escaso éxito de venta decepcionó a Nick, que tenía expectativas mayores.
Con el tiempo, y con la marcha de Joe Boyd de su vida como motivo poderoso, Nick se fue volviendo depresivo, y tuvo que acudir a un psiquiatra. Se medicaba, pero no era constante: Cuando se sentía mejor, dejaba de lado las pastillas, alegando que saldría él solo de aquello.
Solía sentarse en la silla durante horas, moviendo de forma nerviosa sus manos sobre las rodillas, mientras miraba fijamente la ventana o a sus zapatos.
Su amigo Paul Wheeler recuerda: «Estaba muy distante. Se fue alejando, y alejando, y alejando, hasta que simplemente desapareció»
Su último disco, fue Pink Moon (1971), lo hizo en poco tiempo, usando una voz susurrante, con pocos arreglos, y en una atmósfera de poesía, pesadumbre, tristeza, y una oleada de metáforas que encajaban con su estado de ánimo.
Tiempo después se marchó a casa de sus padres a vivir, y en 1974 escribió sus últimas 4 canciones. En el estudio, una vez terminadas las pistas instrumentales, Wood le dijo: «Estás teniendo problemas con las palabras». «Sí –replicó él–, no puedo pensar en palabras. No siento ninguna emoción respecto de nada. No quiero reír ni llorar. Estoy insensible, muerto por dentro».
El 25 de noviembre de ese mismo año, su madre, Molly, lo encontró muerto de madrugada, en la cama, debido a una sobredosis de Tryptizol (antidepresivo)
Se desconoce si fue un suicidio, pues no dejó ninguna nota.
No obstante, si quieren conocer más su vida y sus canciones, hay un documental precioso, que puede verse en Youtube, y que lleva el título de la entrada. Sin más, les dejo con Nick Drake.
http://youtu.be/3BagOmL_Sv4
Nació en Birmania, en 1948, en el seno de una familia de clase acomodada, y a sus cuatro años compuso su primera canción. Conforme fue creciendo, creció su gusto por la música, y le gustaba sobre todo el folk y el rock. Pidió que le regalasen una guitarra, y fue practicando con ella, hasta el punto de crear melodías asombrosamente tristes.
Fue un gran atleta a los 13 años, y aprendió a tocar otros instrumentos, como el clarinete o el acordeón. Sin embargo, tenía baja autoestima, y evitaba el contacto físico con la gente, y, en especial, con las chicas. Muy posiblemente solo se declaró a una en su corta vida, y con resultados desastrosos. Para escapar de esta realidad frustrante, se refugia en su propio mundo, el de las canciones, lleno de pensamientos románticos.
Cuando va a Cambridge, su melancolía se dispara, y comienza a dejar de lado el atletismo para leer poesía francesa, fumar hachís, escuchar música y tocar con la guitarra.
Edita su primer álbum en 1968, Fives Leaves Left, de la mano de Joe Boyd, y un año después ya estaba a la venta. Era un álbum con sonidos barrocos, con bastante carga instrumental. A pesar de recibir muy buenas críticas, no se vendió bien.
En 1970 realizó su segundo disco, más alegre que el anterior, Bryter Later, aunque el escaso éxito de venta decepcionó a Nick, que tenía expectativas mayores.
Con el tiempo, y con la marcha de Joe Boyd de su vida como motivo poderoso, Nick se fue volviendo depresivo, y tuvo que acudir a un psiquiatra. Se medicaba, pero no era constante: Cuando se sentía mejor, dejaba de lado las pastillas, alegando que saldría él solo de aquello.
Solía sentarse en la silla durante horas, moviendo de forma nerviosa sus manos sobre las rodillas, mientras miraba fijamente la ventana o a sus zapatos.
Su amigo Paul Wheeler recuerda: «Estaba muy distante. Se fue alejando, y alejando, y alejando, hasta que simplemente desapareció»
Su último disco, fue Pink Moon (1971), lo hizo en poco tiempo, usando una voz susurrante, con pocos arreglos, y en una atmósfera de poesía, pesadumbre, tristeza, y una oleada de metáforas que encajaban con su estado de ánimo.
Tiempo después se marchó a casa de sus padres a vivir, y en 1974 escribió sus últimas 4 canciones. En el estudio, una vez terminadas las pistas instrumentales, Wood le dijo: «Estás teniendo problemas con las palabras». «Sí –replicó él–, no puedo pensar en palabras. No siento ninguna emoción respecto de nada. No quiero reír ni llorar. Estoy insensible, muerto por dentro».
El 25 de noviembre de ese mismo año, su madre, Molly, lo encontró muerto de madrugada, en la cama, debido a una sobredosis de Tryptizol (antidepresivo)
Se desconoce si fue un suicidio, pues no dejó ninguna nota.
No obstante, si quieren conocer más su vida y sus canciones, hay un documental precioso, que puede verse en Youtube, y que lleva el título de la entrada. Sin más, les dejo con Nick Drake.
http://youtu.be/3BagOmL_Sv4
χάος
Nubes y nubes de palabras, torbellinos de agua que atraen todo tipo de emociones. Una mezcla tan potente que uno no sabe donde está, parado en medio del camino de mi mente, asustado, confuso, como un borracho tirado en un banco del parque.
No sé si andar hacia delante o volver atrás, no sé que objetos salvar de este enorme incendio, ni tampoco si esperar a los bomberos o coger yo mismo el extintor. Al final será la imaginación la que marque las pautas, la realidad se volverá algo ideal, y terminaré hundiéndome en el océano de mis propias ilusiones.
http://youtu.be/MHvT6lM3738
No sé si andar hacia delante o volver atrás, no sé que objetos salvar de este enorme incendio, ni tampoco si esperar a los bomberos o coger yo mismo el extintor. Al final será la imaginación la que marque las pautas, la realidad se volverá algo ideal, y terminaré hundiéndome en el océano de mis propias ilusiones.
http://youtu.be/MHvT6lM3738
sábado, 12 de octubre de 2013
No sé cuando viene. Abre el portón, se cuela por la ventana, o hace un túnel bajo tierra. Y se instala en mi espacio sin yo percatarme de su presencia hasta que lo tengo frente a mis ojos. Dice que se llama Vacío, y por mucho que intento echarlo de casa, cuando llega es para quedarse hasta que quiere. Se mete en la sangre, inyectado en vena, y me cambia por completo.
Es entonces que, cuando estoy en la cama, aparece de abajo un caballero, que se enfrenta a aquel indeseado intruso, pero no logra nunca derrotarlo del todo, aunque al menos consigue que, durante un lapsus de tiempo, ese abominable ser vuelva a las fauces de la Tierra, a su hogar de las tinieblas.
Es entonces cuando me pregunto si mis escudos son ineficaces contra ciertas emociones, y, mientras me cuestiono esto, abandono el jarrón que sostengo sobre mis manos, y me tumbo junto con aquel número errante en la cama.
Es entonces que, cuando estoy en la cama, aparece de abajo un caballero, que se enfrenta a aquel indeseado intruso, pero no logra nunca derrotarlo del todo, aunque al menos consigue que, durante un lapsus de tiempo, ese abominable ser vuelva a las fauces de la Tierra, a su hogar de las tinieblas.
Es entonces cuando me pregunto si mis escudos son ineficaces contra ciertas emociones, y, mientras me cuestiono esto, abandono el jarrón que sostengo sobre mis manos, y me tumbo junto con aquel número errante en la cama.
lunes, 7 de octubre de 2013
Ni cara, ni cruz
Me gusta pensar que la vida actúa como una justicia abstracta, que reparte de manera indistinta el dolor y la felicidad. Que intenta de alguna manera equilibrar la balanza que rige nuestras acciones. De alguna manera he encontrado el equilibrio, a lo largo de los años, montado en montañas rusas, escalando montañas nevadas y lanzándome con los esquíes hasta abajo. Pero normalmente no había una disputa, era como un bipartidismo, una alternancia de poderes entre las facciones de la alegría y el dolor, junto con otras emociones más potentes, que duraban menos.
Y lanzo la moneda al aire, una moneda en la que solo caben las caras de un diablo y un ángel, nada de cara o cruz, pues aunque no se pierde la aleatoriedad, sí que cambia el factor suerte. Entonces miras el resultado y sale tu cara. Seguro que sabes lo que ha salido, pero de todas formas, solo puedo decir que la línea comienza a ascender más rápido de lo esperado, y que esto, el único inconveniente que tiene es que, cuanto más alto suba, más fuerte será la caída. A menos que estés allí para recogerme.
Y lanzo la moneda al aire, una moneda en la que solo caben las caras de un diablo y un ángel, nada de cara o cruz, pues aunque no se pierde la aleatoriedad, sí que cambia el factor suerte. Entonces miras el resultado y sale tu cara. Seguro que sabes lo que ha salido, pero de todas formas, solo puedo decir que la línea comienza a ascender más rápido de lo esperado, y que esto, el único inconveniente que tiene es que, cuanto más alto suba, más fuerte será la caída. A menos que estés allí para recogerme.
domingo, 6 de octubre de 2013
El sonambulista en el tejado
Muros de cristal
sobre líneas de
veloces electrones.
Dos caras lejanas
que entrechocan
cálidas miradas.
Un devorador de
sueños sonríe,
junto al papel
seco lleno de agua.
El bambú se difumina
entre días del mes,
y los pandas juegan
a ser estatuas de sal.
Debajo, un prado
repleto del aroma
de miles de flores,
legiones de olores.
Al lado, colores
pintados al azar,
con tinta negra
y emociones.
Un cisne que habla
en varios idiomas,
hechiza la vista
y destroza armas.
Jung con entramos
en su hábil terreno,
y sin voz hablando
el alma nos miramos.
Se difuminaba sola,
dominando el poder,
temida oscuridad
o ansiada claridad.
Y sin poderla tocar
la desnudaba,
y sin poderme tocar
sin ropa quedaba.
Y cuando ya las
gotas de arena
se agolpaban
en el recipiente,
todo se desvaneció,
quedando unidos
por el hilo fino
de un rico vestido.
Y fue entonces
que solo dibujó
entre rayos de luz
una dulce historia:
"Da igual el trazado,
no importa el paisaje,
ni el infinito viaje,
si lo vivo a tu lado."
sobre líneas de
veloces electrones.
Dos caras lejanas
que entrechocan
cálidas miradas.
Un devorador de
sueños sonríe,
junto al papel
seco lleno de agua.
El bambú se difumina
entre días del mes,
y los pandas juegan
a ser estatuas de sal.
Debajo, un prado
repleto del aroma
de miles de flores,
legiones de olores.
Al lado, colores
pintados al azar,
con tinta negra
y emociones.
Un cisne que habla
en varios idiomas,
hechiza la vista
y destroza armas.
Jung con entramos
en su hábil terreno,
y sin voz hablando
el alma nos miramos.
Se difuminaba sola,
dominando el poder,
temida oscuridad
o ansiada claridad.
Y sin poderla tocar
la desnudaba,
y sin poderme tocar
sin ropa quedaba.
Y cuando ya las
gotas de arena
se agolpaban
en el recipiente,
todo se desvaneció,
quedando unidos
por el hilo fino
de un rico vestido.
Y fue entonces
que solo dibujó
entre rayos de luz
una dulce historia:
"Da igual el trazado,
no importa el paisaje,
ni el infinito viaje,
si lo vivo a tu lado."
Somos como un puzzle en el que, las piezas, esparcidas por todas partes, tienen reacciones diferentes. Poco a poco van encajando, como es habitual en este juego, y, sin embargo, los paisajes que se forman, suscitan emociones diferentes. En unos, más desnudos, se crea cierta tensión incómoda, a pesar de lo naturales que son. Otros, donde hay también personajes, disfrutando de una fiesta de disfraces, se crea un ambiente mental de misterio y atracción. Mientras que si aparece un fondo verde, con árboles, y, si es bosque mejor, el corazón se desboca y aparecen de la nada melodías hermosas.
Es posible que no viva en un castillo, ni que sepa montar a caballo, ni que sepa usar una espada, ni que tenga una corona, tal vez ni siquiera tengo algo que no sea construir cosas de la nada, en espacios que no pertenecen a esta dimensión, y que nunca podré tocar. Pero lo que sí tengo, es la certeza de que, a pesar de todo lo que pueda representar, tú seguirás gobernando la noche con tus alas extendidas, y todo aquel que te vea, te señalará con el dedo y dirá en voz baja: Ya lo he visto todo.
http://youtu.be/q27Mfsv9tPk
Es posible que no viva en un castillo, ni que sepa montar a caballo, ni que sepa usar una espada, ni que tenga una corona, tal vez ni siquiera tengo algo que no sea construir cosas de la nada, en espacios que no pertenecen a esta dimensión, y que nunca podré tocar. Pero lo que sí tengo, es la certeza de que, a pesar de todo lo que pueda representar, tú seguirás gobernando la noche con tus alas extendidas, y todo aquel que te vea, te señalará con el dedo y dirá en voz baja: Ya lo he visto todo.
http://youtu.be/q27Mfsv9tPk
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