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lunes, 2 de marzo de 2015

En Versión Original

Me quedo mirando el cielo desde el porche, mientras el último cigarrillo de la tarde me consume. Todo pasa igual que una película muda en blanco y negro. No hay sonido, no hay gritos, ni ruido. Solo los gestos torpes de quien pretende manejar universos que no le corresponden. Un vulgar intruso en el territorio de sombras ya desvanecidas por el miedo y el espacio. No se escuchan los golpes, ni los gemidos, solo un sordo rumor que el viento se lleva. De fondo, la voz de Joan Baez no cesa de repetir una y otra vez una frase, igual que si un disco rallado se hubiese apropiado de mi cabeza: "And there you stayed, temporarily lost at sea".

Miles de mariposas frente a mi puerta, exigiendo paz, pidiendo flores, ¿qué puedo daros yo, si soy la marioneta de esta nueva era? ¿Qué castigo podéis exigirme si aplasté la vida entre las palmas de mis manos? Fuera, fuera de aquí. Los palos venenosos de mis pulmones romperán vuestras alas. Fuera, fuera de aquí. Los monstruos no mostramos nuestro verdadero rostro.

https://www.youtube.com/watch?v=1ST9TZBb9v8

Para María

Palabras clave: Folk, años 60, cine clásico.

jueves, 26 de febrero de 2015

Vida y obra de una lágrima

Me deslizo entre las hojas que pueblan los astros de la avenida 16, no me muevo yo, me mueve el viento. Choco contra las tinieblas de tu cuerpo, un visitante más, un litro de sangre menos; se quedó pegado a ti, cuando cerraste las compuertas de los faros. Me muevo entre la arena de tus tapices, y es cuando me voy quedando pegado a tu pintura: Ya avanzo poco. Es entonces que una enfermera me inyecta el 0 negativo, y vuelvo a correr entre la eterna llanura que baja al inframundo por un único camino.

Pero no creo poder bajar, cuando el parapeto me lleva a cárceles de porcelana, y, ahí, me lanzo al vacío para ser arrastrado de nuevo. Los dulces y yo no encajamos, qué le vamos a hacer. Qué le vamos a hacer si, aunque el momento sea alegre, soy salada como el mar.


martes, 10 de febrero de 2015

Gigantes

Dos gigantes se balancean de lianas negras, arriba, abajo, y hacen retumbar el mundo con sus tambores. Las tierras de alrededor, desoladas. Nadie para hacerles frente. Ellos juegan, alegres, con sus juguetes, sin nada que los detenga. Nunca antes el mundo apareció tan vacío. Ya no hay niños jugando, polvo en el viento. Ceniza. Nada verde, tierras yermas en el cielo. Y cuando los gigantes se aburran, se golpearán entre ellos, a menos, claro, que en realidad no puedan tocarse.

sábado, 25 de enero de 2014

Warm

Dos marionetas guiadas por los hilos de sus propios corazones se reunieron bajo la sombra de un viejo árbol que guardaba la entrada a las entrañas de la tierra. Ellas se movían al son del viento, sin interrupciones, hasta que entrada la tarde, montones de insectos aéreos llenaron con su aleteo el lugar. El día se encontraba frío y con un cielo despejado donde el sol se negaba a mostrar su lado más cálido. Oscuro pero claro.

Los muñecos se mueven de sus posiciones, y se dirigen al interior del bosque, a las zonas más oscuras, donde solo los pájaros aparecen de vez en cuando, en el transcurso de su vuelo. Allí, los hilos que portaban se entrelazaron una y otra vez, y la frágil madera empezaba a prenderse con la fricción de los mismos. Era un fuego que quemaba, que inflamaba el pecho, pero que no se expandía más allá de los participantes de aquella transformación. Montones de hormigas corretearon alrededor de los cuerpos, igual que las ondas que crea una piedra al ser lanzada al agua. La tierra, caliente, se levanta, partícula a partícula, con cada suspiro que se escucha en el eco.

Las brumas de la noche cubren los ojos, igual que persianas bajadas para evitar la luz en la habitación, y rayos que llenan el cuerpo estallan en millones de diminutos electrones, que se confunden con el agua que despide la madera de los ardientes muñecos, y, mientras todo ocurre, los trenes viajan transportando curvas en los labios.

http://youtu.be/AQ-iU33vJQU

jueves, 2 de enero de 2014

Devorar miedos

Se abren precipicios en medio del mar, y las olas engullen los puentes formados entre tus manos y las mías. ¿Qué puede más? Paises inestables que se fragmentan y se unen al mismo tiempo, confusos, igual que dos lobos que se lamen las heridas después de batallar. Sonrisas que se transforman en nubes que cubren el cielo de Oriente. Los sueños se vuelven pesadillas cuando el sueño vence a la apatía y la ansiedad. Todos tenemos un arma que no se ve, que cuando se lanza se clava igual que el viento, cubriendo el cuerpo y los ojos, y quizá no somos conscientes de lanzarla, pero aprisiona con la fuerza de los mitológicos dioses del Parnaso.

Una cerilla en mi mano para prender el fuego en medio de una lluvia torrencial, y aunque yo esté envuelto en llamas, nada a mi alrededor arde, y quizá sea obstinencia, quizá cabezonería, pero quiero terminar prendiendo el fuego. Aunque la lluvia haga tiritar, y el agua golpee con pesadez sobre la piel de mi cuerpo desnudo. No importa si las gotas no cesan de caer. Me gusta ese sitio. No quiero permanecer en ningún otro lado. Y si el barro me cubre las rodillas, seguiré de pie frente a sus ojos, da igual si no hay puentes y las olas son abismales. Puedo nadar. Y sé que ella se lanzará a por mí antes de que me ahogue.

martes, 24 de diciembre de 2013

And I'm yours

Cuando llegué al bosque de las Ánimas habían cambiado bastantes cosas. Los árboles, desnudos y delgados, dejaban un ambiente triste y desolador. Me senté allí, encima de una seta gigante, y miraba cómo el reloj de arena iba cayendo grano a grano sobre el viento. Y entonces la vi, hablándome desde dos direcciones distintas, pues su voz se propaga por el viento igual que el polen de las hermosas florecillas que habitan en Northumbria.

Había conseguido llevar el paquete a su destinataria, y decidimos ir a un lugar seguro para poder ver el contenido. Avanzamos por el bosque, y los elfos que antaño moraban en sus casas árbol habían abandonado sus hogares, seguramente por la inestabilidad del tiempo. Tuvimos que cambiar de ruta para poder quedarnos en un lugar donde los ojos del mal no pudieran acecharnos. Se veían a los animales correr entre los caminos, apresurados, como si algo maligno se acercase, aunque luego se vería que todo ello no eran más que fábulas.

Llegamos a una pequeña aldea, llamada Baolimco, donde pudimos parar en una posada. Nos sirvieron té hecho con las distintas hierbas del bosque, y adquirían una tonalidad naranja, y un sabor distinto al que estaba acostumbrado, pero aún así, estaba bueno.
Entregué a aquella muchacha la correspondencia, y, aunque ya la había visto otras veces, y estábamos conectados por el hilo de los ancestros, se sentía como la primera vez. Pero no porque no la conociese, sino porque las emociones eran las mismas del primer día, incluso más intensas, igual que un río siendo desbordado por sus afluentes. Y echaba anclas en sus ojos, y el color del fuego movía su cuerpo cuando comenzaba a descifrar las palabras élficas de la misiva. El ejército de la Risa, y la marca de Alegría tomaron aquel lugar, pasando a carcajadas a todo el mundo. Y, cuando yo pude verme en ella con total claridad, los vasos se desbordaron junto al calor de las llamas.

La sangre ya no transportaba glóbulos rojos o blancos, sino una gran dosis de droga que la proporcionaba ella sin que yo tuviera que ingerir, fumar o inyectarme nada. Se sentía como una explosión de colores en mitad del oscuro firmamento. Y acariciar la proa con las velas del barco inicia una ligera brisa de sensaciones en la piel.

A la hora de marcharnos, seguimos el viaje por senderos oscuros, pero protegiéndonos entre ambos en todo momento. Los cuervos volaban por doquier, y ella los espantaba con el brillo de sus alas, aunque los enemigos más poderosos, como los troll, tenían un efecto negativo en ella. Cuando nos tuvimos que separar, el reloj de arena casi se había consumido, y yo me aferré a ella, como si así, en esos segundos, pudiera evitar que el reloj siguiese su curso, y continuar así para siempre.

Al alejarse, comenzó una carrera por mi vida, en la que su olor corporal me acompañaba en el viaje. Ella decía que me aceleraba, y era cierto, yo seguí corriendo hasta que las únicas fuerzas que tenía eran las de poder volver a verla en otra ocasión, cuando la guillotina de las horas no pendiese de un hilo en mi cabeza. Y, mientras me alejaba en la enormidad de la noche, las plumas que llevaba conmigo me decían que no solo el comesueños podía ejercer su poder en el subconsciente, sino que su sola presencia derribaba cualquier otra posibilidad de sueño.
http://youtu.be/q9ayN39xmsI

domingo, 15 de diciembre de 2013

Durante siglos no volverán los vientos a barrer
de nuevo en libertad, porque aquí se levantará mi árbol
para imprimir dibujos de hojas en los vacíos cielos
y corroer la luz del sol. Aquí donde se arrastran las hierbas
avanzarán grandes raíces y la vida correrá lenta y profunda;
quizás niños extraños, con los ojos de mis hijos
lo amarán, escuchando en tanto muere el día 
para oír sus ramas que los arrullan hasta dormir.

Margaret Anderson.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Sleep

Un pequeño agujero
donde escapa Tiempo,
rodeado de luces
y bolas negras que 
se llenan de sorpresas.

Pájaros volando en
el cielo estrellado,
no dibujes tu cara
en las constelaciones,
pues me entristece
no poder ir allá. 

Todos tenemos una
red de cazar insectos,
y cada vez que la uso
salen mariposas,
no puedo encerrarlas
y las libero al viento.

 Y la sangre se derrama
sobre una cama vacía,
donde devoro trocitos
de sueños perdidos.

Donde duermo junto
a la sombra de ella,
que se zafa e inquieta
de mi flameante piel.

Y las conexiones 
hacen saltar chispas,
nubes grises enteras 
que atraviesan paredes. 

http://youtu.be/nIKgu7EopQc

domingo, 8 de diciembre de 2013

Entrar

Coloco una mano llena de tinta negra sobre un papel en blanco, y se muestran las líneas de la mano, formando una M imprecisa rodeada de trazos más desdibujados.

Y tal vez nosotros solo seamos sombras de todo, ¿no han tenido alguna vez coincidencias extrañas con algún tema? A mí últimamente me sucede mucho, y veo zepelines volar sobre mi cabeza. Sé que difícilmente subiré a uno, pero lo ves ahí, solo para ti. Y unos labios ajenos limpian la sal que se acumula en los míos. Y, cuando me quiero dar cuenta me encuentro con que estoy bailando con ella al son del Luz de Luna, y las mariposas vuelan alrededor de una sala llena de libros y tragaluces. No sabes en qué lado estás, y tocas la piel compañera, acaricias el rostro, preparado para que se deshaga en miles de partículas de cenizas, o que sean mariposas formando la silueta humana de tus fantasías.

Es al notar que no desaparece cuando parece todo aún más irreal, como sacado de una historia de ensueño, en la que no hay principio ni final, y las cosas que aparecen son como habías deseado siempre que serían, con variaciones, con matices, sí, pero se forma delante de tus ojos. Y los muros que hay alrededor estallan en mil pedazos, lanzando ladrillos y polvo al viento, pero ninguno te alcanza: Has conseguido entrar.

http://youtu.be/OqKHJ9dZnvY

domingo, 24 de noviembre de 2013

Roce

Ya sé que no nos rozamos lo suficiente, demasiado tiempo alejados, como el Sol de la Luna, hasta que vuelve a haber otro eclipse. Cada uno estira de la cuerda para ver si puede acercar al otro, pero con cuidado, pues si se rompe, alguno puede ir a parar al suelo. No se puede hacer nada, es la gravedad que nos arrastra, es el magnetismo exterior que nos empuja. Y, aún así, se encuentra la forma de volver al centro del círculo, de acariciar piel con piel, pluma con pluma. No te dejes caer aunque el barro te llegue a las rodillas, los truenos en la tormenta son gritos de un Dios con alzheimer que nunca recuerda nada. Y la fuerza inusitada del viento es el enorme ventilador del cabello de la Tierra.

"¿Quién soy yo?"- Me preguntas. No eres más que el mundo sobre el cual danzan mis pies y mis manos. Y las manchas de tinta, cual planetas, orbitan a tu alrededor, y, dependiendo de tu frecuencia, estas se estrellan dentro, o fuera.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Grandes esperanzas

"¡No acordarme! Eres parte de mi existencia, de mí mismo. Has estado presente en cada una de las líneas que he leído, desde que vine aquí, un vulgar y tosco pobrecillo cuyo corazón heriste ya entonces. Has estado presente en cada proyecto desde aquel día, en el río, en las velas de los barcos, en los marjales, en las nubes, en la luz, la oscuridad, el viento, los bosques, el mar, las calles. Has encarnado cada fantasía con la que mi mente ha tropezado. No son más reales las piedras de las que están hechos los más recios edificios de Londres, ni tendrías mayor dificultad en desplazarlos con la mano de lo que han sido y seguirán siendo para mí tu presencia y tu influencia, allí y en todo lugar. Estella, hasta el último instante de mi vida no podrás sino ser parte de mi carácter, parte de lo poco que de bueno hay en mí, parte de lo que de malo llevo."



sábado, 2 de noviembre de 2013

Difuminarse

Trazaré un línea tan difusa que no sabrás en ningún momento si estoy dentro o fuera de los límites. A veces formaré parte del paisaje, en una acción más de camuflaje. Otras me quedaré pegado a tu piel, sentirás mi tacto, y pensarás que se trata del viento o de la lluvia. No sabrás si me encuentro alrededor o no, solo podrás hacer conjeturas, pensar en cualquiera de las dos opciones sin saberlo con certeza.

Podría haber salido de una habitación acolchada, con señores de bata blanca que dan drogas a los pacientes de allá adentro, pero lo curioso es que no se sabe cuales son los que están tocados del ala; todo se diluye entre las paredes; cordura y locura, cielo e infierno, alegría y tristeza; ¿qué más da? Si me vuelvo un fantasma que se inventa cuentos para que puedas dormir rodeada de legiones de palabras. Aunque es cierto que no lo hago en tu cama, sino en la oscuridad de una gélida habitación que devora el aire que respiro...


"El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?"-Umberto Eco.

jueves, 31 de octubre de 2013

Northumbria

Volvió. Se acercó desde los árboles, pisando lentamente el musgo del bosque.  Esbozó una sonrisa y se quedó allí, mirándome, como un animal asustado que se ve reflejado en los ojos de un depredador. Llevaba un vestido blanco desarraigado, y el pelo se movía junto con el viento, desordenado, como varias madejas de hilo esparcidas al azar.

-¿Dónde has estado?-Alcancé a preguntar.
-He estado viajando.-Susurró.
-¿A qué lugares?
-Estuve en la Sima de la Libélula. Allí dentro, de noche, el viento hace un ruido potente, y martillea la cabeza, causando un dolor constante. Y, al mirar al fondo, aparecían luces cegadoras que anulaban los sentidos.
Cuando me marché de ahí, visité la Laguna Profunda. Una y otra vez sonaban cánticos desde el fondo del agua, tristes melodías que me hacían llorar. Pasaba las noches sin dormir bien, y las ojeras se cebaban en mí cuando podían. A veces conseguía calmarme con las hierbas medicinales que crecían alrededor, pero no eran lo eficaces que me hubieran gustado.

Silencio. Se extienden como un manto los gritos de la mudez. Hasta que se rompe.

- ¿Por qué volviste? ¿No te gustó el viaje?
- No hice el viaje por gusto. Me perdí. Los cuervos rompieron todas las señales que me llevaban hasta aquí. No sé cómo te he vuelto a encontrar.

Se acercó más a mí, y le cubrí con el brazo. Era una imagen, cuanto menos, curiosa. Yo iba ataviado con ropa de color negra, para camuflarme en la noche; mientras que ella iba de blanco, para hacer que el mundo suspirase por ella.

- Te he echado de menos todo este tiempo, ¿sabes? El bosque se vuelve un tétrico escenario cuando viajas en solitario, y ni siquiera los lobos que amansabas con tu mirada me dejaban el camino libre en las horas más duras.- Murmuré.

- Yo me sentía extraña, como si un enorme monstruo saliera de mis entrañas y devorase la alegría durante lapsus de tiempo considerables. ¿Cómo pudieron cortarse las cuerdas de cristal?-Suspiró.

Nos tumbamos en el musgo, bajo los árboles, y juntamos nuestras cabezas. Cerramos los ojos y, mientras caigo en las redes del sueño, no puedo evitar pensar que, si tengo vivencias del subconsciente, y las tengo con ella, entonces, todo no es más que un sueño dentro de otro. Pero, al fin y al cabo, sigue siendo una sensación real.

 "Nuestros cuerpos son los países de este mundo y no las fronteras que aparecen en los mapas con los nombres de hombres poderosos"



domingo, 27 de octubre de 2013

Loneliness

Estoy en una habitación vacía. No hay muebles, ni adornos, ni lámparas, nada. Solo llega la luz natural a través de las ventanas y el tragaluz del techo. Todo está pintado de un color azul apagado, y mis pies tocan unas baldosas de mármol. Empiezo a hablar. Cuento lo que pasa durante el día. Cosas aprendidas. No hay nadie. Las palabras rebotan en la pared y vuelven a mi cabeza junto al eco. Un triste monólogo que, muy posiblemente, en otro tiempo y otro lugar, me hubiera dado igual. Pero hoy no. Las horas se han cambiado para dejar paso al invierno, ¿qué más da una hora más o una hora menos? Si le hablo al viento y ni siquiera me escucha. Si no estás, y las ciudades comienzan a arder, los puentes a resquebrajarse, y los barcos a hundirse. Eres caos cuando te marchas. Eres caos cuando llegas. Pero cuando te quedas, el caos deja de ser el trueno que rompe, y se vuelve la enfermedad que cura.


jueves, 17 de octubre de 2013

Lejos, más lejos.

Me encontraba mirándola fijamente, desde mi asiento. Ella levantó la cabeza, y dejó de leer el libro que tenía entre sus manos.

- ¿Qué haces?- Inquirió.
- Desplegar mis encantos. Todavía estoy en la primera fase.- Respondí.

Suspiró ruidosamente, y volvió a enfrascarse en la lectura. Fue entonces cuando sentí el tremendo golpe.

- ¡Eh! ¡Eh! Benjamin, despierta. ¿Estás bien?

Desperté. La vi a ella y recordé. El barco se había destrozado, y no sabía cómo. El mar nos arrastró a ambos a la orilla. Me incorporó un poco. Tenía la vista borrosa y no alcanzaba a ver mucho más allá de su rostro. Tosí. Al parar me sentía un poco mejor. Ya podía ver a mi alrededor. Aún estaba sobre la arena. El agua del mar lamía mis pies. Las botas estaban totalmente empapadas, y no digamos el resto de mi cuerpo. Mis gafas debí haberlas perdido en el barco, o puede que durante el naufragio.

Me levanté con ayuda de Helena. El mar estaba en calma, al menos hasta donde alcanzaba el horizonte. El sol se mostraba muy presente, acariciando con sus rayos la superficie de agua salada.

- ¿Qué ha pasado?
- ¿No lo recuerdas?- Bufó.
- No...
- Siempre estás igual. Se te olvida todo.
- No es momento para reprocharmelo, ¿no crees? Cuéntame. ¿Qué pasó?
- Un maelstrom. Absorbió el barco y lo escupió totalmente destrozado. Con nosotros dentro. Y, no sé como, pero llegamos hasta aquí. Tú te quedaste encallado más abajo y tuve que tirar de ti para que no te ahogases.
- ¿Viste a alguien más?
- No. Fue algo horrible. Quedaron solo astillas del barco. ¿Sabes lo que es eso? Tienes suerte de estar vivo. Tenemos suerte.
- Podríamos entrar en la selva, a ver si encontramos a alguien. O al menos algún sitio en el que quedarnos.
- De acuerdo. Pero no te separes mucho de mí.
- Vaya, no sabía que la fase dos hubiera tenido éxito.
- ¿La fase dos?
- La de mis encantos.
- Ni en esta situación dejas las bromas de lado.- Suspiró.

Entramos en la selva, que estaba a pocos pasos del mar. Todo estaba lleno de árboles, con una separación considerable entre ellos. sus hojas eran largas y un poco gruesas. El sol campaba a sus anchas allá adentro. Ya no se notaba tanto el olor a humedad del mar, y el viento no era tan fuerte, pues chocaba contra aquellas barreras naturales. Habían diversos arbustos y matorrales, cuyo color verde oscuro contrastaba con el verde claro y amarillento de la hierba que crecía a ras del suelo. Se veían insectos volando, como libélulas y mantis religiosas. En los árboles más interiores, se podían ver lianas colgando de ellos, y la apariencia cambiaba, pues tenían hojas más pequeñas, delgadas, y de un color más oscuro que las iniciales. Se escuchaba el canto de pájaros típicos del lugar, como los loros.

Nos detuvimos en un claro. Allí no había nada, salvo la hierba, que lo cubría todo. Fue entonces que apareció un viejo.

- Ey, Benjamin.- Me dijo.- ¿No es más bonito esto con flores?

Desapareció y todo se cubrió de flores. Rosas, amapolas, margaritas, tulipanes, camelias, orquídeas, lirios, iris, claveles, jazmines... Toda una explosión de colores y olores que aparecían de la nada. Por otra parte, pude distinguir varias mariposas de distintas especies; como la mariposa monarca, la tigre, la cebra; o simplemente mariposas comunes de diversos colores, destacando las azules, con un color más intenso que el resto. Todo aquello era un regalo para mí, pero estaba desconcertado, pues aquello había salido de la nada.

- ¿Tú también has visto al viejo?- Inquirí.
- ¿Qué viejo?
- El que había antes de que las flores apareciesen.
- ¿Te burlas de mí? Las flores llevan ahí desde que llegamos.
- ¿En serio?
- ¿Qué interés tengo yo en mentirte? Estoy diciendo la verdad. Seguro que sigues mal por el viaje. Un shock o algo. Vamos, ven.- Dijo, mientras me cogía de la mano.

Me metió entre las flores, y, mientras caminábamos, las mariposas volaban a nuestro alrededor. Y, de repente, los árboles de alrededor se notaban más cercanos entre ellos, y actuaban de parapeto contra el sol, pero el problema era que cada vez había menos luz allí.

Entonces, Helena se detuvo y, agarrándome de las manos, se tiró sobre las flores. Perdí el equilibrio y caí sobre ella. Nos quedamos mirándonos. Dos cuerpos mojados, que ardían cuanto más tiempo pasaban juntos. Íbamos a juntar nuestros labios cuando, de repente, todo se congeló. Todo excepto yo. Me levanté precipitadamente, confuso. Entonces vi al viejo.

- ¿Qué has hecho?- Pregunté.
- ¿Yo? Nada.
- ¿Por qué se ha parado todo?
- A lo mejor no quieres vivir solo de fantasías.
- ¿Qué quieres decir?
- Que estás cambiando tu interior.
- No lo entiendo. Para empezar... ¿Dónde estamos? ¿Quién eres?
- ¿No lo sabes? Estamos en uno de los mundos de tu mente. Y yo soy el constructor de mundos.
- ¿Quieres decir que todo esto no existe?
- Claro que existe. Todo lo que se crea tiene lugar en la realidad. Lo que ocurre es que solo se dará en la tuya.
- ¿Y por qué se ha detenido todo? Todavía no lo has explicado.
- Has venido aquí con frecuencia. Yo solo sigo tus órdenes. Tal vez sea que te has cansado de vivir en una realidad creada por ti. Y que quieras hacer una con tus propias manos, allá afuera.

domingo, 13 de octubre de 2013

El canto del fuego

Caía la noche, y el lugar estaba completamente a oscuras. Un camino lleno de farolas con las bombillas apagadas era mi referencia. Hacía viento, y junto con las hojas y las partículas de limo, también habían gotas de agua, pues había estado lloviendo hace poco. La luna se iba dibujando en el cielo, parcialmente, y la única estrella visible era la Polar. Los muros de las casas se antojaban grises, sin chispa; los árboles, solitarios, no ayudaban a alegrar la escena. La humedad se palpaba en el ambiente, y mis pupilas, dilatadas, ya se habían acostumbrado a la oscuridad imperante.

No había nadie por allí, y las pocas luces que se apreciaban venían desde los ventanales de las casas. Entonces vi a una chica sentada en un banco. Llevaba un antifaz de color azul apagado que le tapaba los ojos. Noté que estaba cantando, y me quedé allí, inmóvil, escuchando:

La luna camina
sola por Gran Vía,
y del cuello lleva
rayos de Sol.

Corre luna, corre,
que caen estrellas
de su ventana,
de sombra ahítas.

Dibujo círculos
en el suelo,
para así iluminar
contigo la ciudad.

Pero no soy 
como tú, luna, 
aunque sola
esté de viaje. 

Necesito andar
con una chispa,
que haga arder
mi corazón.

Y no sé por qué,
ese presente
ya me lo trae,
aquel que escucha.

No corras tú,
solitario muchacho,
pues el fuego
prenderá la calle.


Entonces la chica se levantó, y, lentamente, se acercó a mí. Colocó sus manos sobre mis mejillas, y, soplando delicadamente sobre mi rostro, murmuró: Bienvenido a mi extraño mundo.

Cuando quise darme cuenta me encontraba en un lugar con libros a mi alrededor, formando calles. Comencé a andar, y las calles se multiplicaban, formando un laberinto interminable. Cuando más perdido me encontraba, las luces se apagaron, y solo quedó un único camino marcado por una tenue luz. Empecé a seguirlo, fascinado, pues desconocía cómo podía darse aquel fenómeno. Al cabo de mucho rato andando, llegué a un lugar central, más amplio, en forma de círculo, y allí se encontraba la misma chica. Me acerqué a ella con la intención de preguntarle quién era, cuando, sin reacción alguna por mi parte, me abrazó y, en voz baja, me dijo:

- ¿Por qué has tardado tanto?

Antes de poder mediar palabra alguna, me mandó callar con un prolongado beso, que hizo que los libros que formaban aquel lugar se incendiaran. Las gotas de tinta se iban moviendo con voluntad propia, y, movidas en grandes cantidades, iban colocándose intencionadamente a nuestro alrededor, en el suelo. De tal modo que cualquiera que hubiera visto aquello desde el aire, habría visto dibujado un enorme cisne de perfil, de color negro, y, en otro color, el ojo del animal. En este caso, el color de nuestra piel, pues la ropa se había desvanecido en apenas unos segundos, y la única forma de que el desconocido aéreo no nos viese por completo, era uniendo nuestros cuerpos.



 

  

martes, 8 de octubre de 2013

Flores para el cementerio

Era un día nublado. El sol se escondía tras las nubes grisáceas, mientras que mis piernas se movían solas por las calles. No sabía hacia donde iba, ni qué haría a lo largo del trayecto. Después de un rato me salí a la periferia, y, a mi alrededor, habían zonas donde crecían flores muy diversas. Supe que debía coger, atrapar muchas entre mis manos, hasta hacer un ramo generoso.

Blanco, rojo, anaranjado, y rosáceo; esos eran los pigmentos que batallaban entre ellos para llamar la atención del ojo humano. Continué mi camino, en una carretera de sentido único, sin vehículos, yo solo. No lo sabía, pero estaba en dirección hacia el cementerio. Una verja enorme se alzaba flanqueada por un blanco muro que abrazaba el terreno de la muerte. Entré en el lugar, y, caminando sobre las piedras que marcaban el camino entre la hierba, iba observando el lugar sin dejar de andar. Los cipreses, alargados, gobernaban el lugar. Y, bajo su regio mandato, el viento se moderaba lo justo para acariciarlos y moverlos levemente.

Parecía que iba a llegar a mi destino, cuando vi a una chica con un vestido blanco, de espaldas, delante de una lápida. Al escucharme, se giró, y sonriendo, dijo:

- Te estaba esperando. ¿Eso es para mí?- Preguntó, muy contenta, señalando el ramo de flores.

Asentí con la cabeza, y al darle el ramo, posó sus labios sobre los míos, durante un par de segundos. Me cogió de la mano y salimos del cementerio.

Y, en la descripción de la tumba que acababa de dejar atrás, se leía: "Aquí yace Soledad".







viernes, 4 de octubre de 2013

Nuevas hojas

Bolas de algodón
cruzan Ivalice,
frías y húmedas
sobre el paredón.

¿Quién es el reo?
Murmura el viento.
¿Quién el verdugo?
Susurra el pueblo.

Ante el pelotón
de fusilamiento se
haya la firme Nada, 
pena capital por
vivir por cuatro años
en el mismo lugar.

El sucio estanque
de feos patos,
los tristes campos
de cizaña sembrados.

Los grises bosques
de fuego quemados,
los olvidados prados
de bellas rosas cortados.  
 
Apretó el gatillo
el capitán Alegría,
llenando de luz
la sombra del día.

Y fue justo entonces
cuando aguas verdes
y patos feos mueren.

Y fue justo entonces
que dibujó sonrisas
en el lugar donde las
lágrimas tenían prisas.


"Hay placer en los bosques sin senderos, hay éxtasis en una costa solitaria. Está la soledad donde nadie se inmiscuye, por el océano profundo y la música con su rugido: No amo menos al hombre pero si más a la naturaleza."-Lord Byron.

martes, 1 de octubre de 2013

El viaje

Son largas las escaleras que llevan al templo de Tenochtitlán, y al llegar a la cima me pierdo entre tantas ofrendas y habitaciones desconocidas. Doy vueltas sin rumbo fijo, viendo a algunos fieles, hasta quedarme solo. El viento soplaba en un término medio que se agradecía bastante, teniendo en cuenta que no iba muy abrigado. Un techo de nubes blancas cubría y tapaba al cielo. Fue fijándome en estos detalles cuando apareció ella, de la nada, la diosa Itzel, mientras en los alrededores no había alma humana alguna.

Al acercarse a mí, la fragancia de miles de flores rodearon mi cuerpo, y, como buenos mensajeros, penetraron en cerebro a través de las fosas, llenándome de placer y alegría. Parecía algo fuera de lugar. De entre todas las personas, la diosa aparecía ante mí. No solo eso, me sonreía de forma sincera, como si ya la conociera de antes, de otro mundo lejano, abstracto, y perdido en el espacio.

Se acercó a mí, y caminando a mi vera, comenzó a hablar. No sabía en qué idioma hablaba, y aunque lo entendiese, solo tenía sentidos para su rostro, para la sinuosa silueta de su hechizante cuerpo, pues me parecía estar viviendo algo irreal, imposible. Me miraba de vez en cuando, y se encontraba mis ojos fijos en los de ella, tanto era así que me limitaba a seguir sus pasos. Ya podría haberse lanzado al vacío por un precipicio que me hubiera lanzado en pos de ella sin dudarlo.

Durante mi estancia a su lado, iban apareciendo demonios que rugían y que escupían humo por la boca, pero al verla a ella, se detenían y nos dejaban pasar. Llegamos a una gran extensión de terreno, cubierto de verdes hierbas, y árboles que pugnaban por superarles en color. Allí habían duendecillos de los bosques correteando por doquier, y armando mucho ruido. Me llevó a una zona desierta, donde se podían ver cascadas de agua, y pequeños caminos formados por árboles. Entonces habló en mi idioma natal.

- Cómo son de curiosas las cosas, hasta lo que parece inmutable cambia en un descuido.

Entonces volvimos al lugar inicial, y, con un movimiento de manos hizo aparecer unas hojas enormes sobre las que podíamos sentarnos.

- Ese estanque seco que ahí ves, antaño tenía el agua cristalina, y ahora no es más que refugio de los ghouls, que vienen a molestar enseñando sus partes íntimas a los viajeros.

Me preguntó sobre mi viaje y qué me había llevado allí, cosa que me sorprendió, pues yo había ido allí a rendirle tributo.
Empezó a hacer frío, así que ella hizo aparecer un abrigo sobre su cuerpo, y yo solo pude mitigarlo acercándome y juntando mi piel con la suya. Era cálida al contacto y ardía en deseos de acercarme más, pero desconocía sus intenciones, de modo que volví a mi posición inicial y continué hablando con ella. Observaba todos sus movimientos; la posición del cuerpo, la velocidad de sus labios, el brillo de sus ojos, la duración de una risa.

El tiempo pasó como un trueno en la lejanía, rápido, fugaz, y haciéndose notar. El barco que debía llevarme de vuelta a casa zarparía en pocos momentos. Yo quería quedarme en aquel lugar con Itzel, envuelto en una burbuja como estaba. Ella me acompañó en el camino de vuelta, dejando atrás el templo, protegiéndome en todo momento por el camino. Ella me guiaba por senderos seguros, alejados de monstruos, y su voz me envolvía en un etéreo sueño que llevaba de cabeza a un más allá imaginario.

Llegamos al fin a puerto, y, dado que el barco no estaba anclado, tuve miedo de haberlo perdido y de haberme quedado en tierra. Aún así, Itzal se encontraba conmigo en todo momento, brindándome su grata compañía. Era curioso, pues ella no podía alejarse del templo, aquel era su hogar, y no podía venir conmigo en mi viaje de regreso. Fue al ver llegar el barco cuando de veras dudé entre embarcarme o quedarme allí. Me fundí en un profundo abrazo con la diosa, y, besándonos en las mejillas, parecíamos decir: "No sé cómo de rápida debe de ser la batalla, ni qué tipo de armas lanzar, solo sé que cuando me disparas, todo lo demás me da igual."

Y, una vez montado en el transporte, desde la ventana de mi camarote se veía el mar, pero yo en los cristales solo podía retratar sus facciones, y nada más.

http://youtu.be/h_5DK_9YxbA

martes, 24 de septiembre de 2013

Me muevo a ambos lados de la línea que trazaste en el suelo. "No cruces aquí, permanece allí, solo en el medio". Palabras que se llevó el viento. Hace frío aquí, en este rincón de mis sueños. Deja que tus plumas cubran mi cuerpo desnudo, dejaremos  que nuestro alrededor se convierta en la Tierra del Fuego.

El juego del ahorcado siempre da tu nombre, y nunca caigo en el patíbulo. La multitud enfurecida se marcha y me quitas la soga del cuello, sonriendo, ángel blanco de la impureza, para luego curarme las marcas. Posando tus labios sobre mi amoratado cuello, los nervios fluyen con rapidez; mis sentidos se nublan, aletargados, y el cuerpo entra en un estado de semi-inconsciencia, como si una gran dosis de afrodisíacos hubiesen invadido la sangre, atontando a los glóbulos rojos.

Las cascadas de agua que cubren tu cuerpo susurran una melodía conocida, mientras cortinas de humo impiden que pueda verte con claridad. No sé si has llegado para quedarte, o si, por el contrario, te marcharás con la aurora. No sé si necesitaré un par de hojas o más de un libro, pero sí sé que, de alguna manera, perteneces a mis páginas.

http://youtu.be/_4v0aN5-ICw