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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Jacinto


Lo conocí en un momento en que la memoria es turbia. Sólo algunos recuerdos. Nada más. Parodias sobre el cuento de Caperucita Roja. Una nochevieja en casa de mis abuelos paternos, las campanas sonando. Muchas de esas lagunas se resuelven por lo que otros me cuentan, pero es más fuerte lo que se puede visualizar.

Él se marchó, aunque sé que no quería. Todavía era joven. Se lo llevaron a cumplir condena carceleros que no son de este mundo. Una prisión perpetua que deberían sufrir otros, más crueles, más inhumanos.

Yo no lo vi, es cierto, pero me lo dijeron. Luces de ambulancia, rostros de terror. Apenas esperanza. Pasos corriendo en las escaleras. Es cierto que un riñón cuesta más de lo que creemos. A veces, todo lo que nos queda por sentir.

Se marchó, aunque se quedó con nosotros. Una foto antigua. Una cadena con su nombre, o un anillo. Una camiseta, tal vez. Nada más. 


Microrrelato seleccionado en concurso "Donde nací, donde vivo", de Letras con Arte.

Va para mi tío, que murió al carecer de riñones, siendo yo un niño. No se te olvida.   

martes, 24 de noviembre de 2015

Invierno



Muere algo y no es el
día, sobre el ramaje
se rompe el agua.

Seleccionado en I Certamen de Haikus "Kobayashi Issa", de Letras como Espada.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Para nadie

La aurora no aparece,
me acostumbré
a la noche del destructor,
unas manos que rompen
todo lo que construyen.

No conservo el eco,
nada susurra ya,
habré olvidado la dicha
en el tercer barranco;
allí donde arrojo
lo que nunca hago. 

No quiero ser ni
permanecer, diluir 
todas las huellas,
pues mi impronta
es señal de ruina.

Aquellos que no ven
las barreras, ¡cuidado!,
entrar es la muerte;
salir, la memoria.

Si buscas, encontrarás
imperios de pesadilla,
sueños de cartón
y la furia del solitario.

No todos ven la puerta,
inocentes que observan
la ventana de sus vidas;
esto no es un juego,
aunque se acabe la partida.

Si sobrevives al horror,
haré para ti un residuo,
hecho de tiempo y gloria,
forjado con sangre y calor.

Y si los cristales rajan
la piel que hay en tu cara,
dejaré que te lo lleves,
pues nada hay que perdure más.

No es el fuego, no, ni el agua;
ni el temblor de las piernas,
ni los gritos del placer, no,
lo que te llevarás es el recuerdo.  

https://youtu.be/YjkyalaqrSo 

martes, 24 de marzo de 2015

Ni tan santos, ni tan inocentes

- ¡Jesús! ¿Cómo ha podido pasar esto? - Preguntó Otilio, el policía.

Otilio, un agente de la ley, con barriga cervecera y gafas de sol, siempre ha tenido una vida agradable en el pueblo. Lo máximo que había hecho; incautar la marihuana de los jóvenes para luego pimplársela él, o dar vueltas con el 4x4, que se vea que hace algo. Y ahora se encuentra con dos cadáveres, allí, ante sus narices. En el parque La Victoria.

- Pepe, dame el informe, y un pañuelo, que no aguanto este tufo y se me revuelve el estómago.

Pepe, compañero de Otilio, era más bien poca cosa, delgado, bigotillo cuidado, y algo más serio que su homólogo.
 
- Pues son Don Caci, y su subalterno, el Que. Tienen heridas cortantes graves, ambos, en la zona de la garganta, haciendo una oscilación de izquierda a derecha.
- En cristiano, Pepe.
- Que les han rajao' el cuello, vamos.
- ¡Qué horror! ¿No hay ningún testigo?
- Sí, sí lo hay. No ha querido dar su nombre, y solo cooperará si protegemos su identidad.
- ¿Qué tonterías son esas? Anda, llévame a verlo, que este pestazo se me va a pegar en la ropa, y luego mi mujer me mata.

Y así, Pepe y Otilio, que bien podrían recordar a personajes de tebeos a los lectores de más edad, se fueron a la comisaría, instalada a las afueras del pueblo, donde les aguardaba el importante testigo.

Las oficinas, relucientes, apenas habían sido usadas para algo que no fuera jugar a las cartas y echarse unas cervezas. Qué dura y aburrida es la vida del policía en el pueblo, que no pasa nunca nada. Aunque para ver lo de hoy, mejor que siguiese así.

- Bueno, pues ahí está la persona de la que te hablé. Se ha puesto una máscara y no quiere quitársela. Que si se la quitamos no nos cuenta nada, dice.
El desconocido estaba sentado, y ambos policías optaron por sentarse enfrente.
- Pero "amos" a ver hombre, ¿cómo va a hacer eso? Si no quiere contarnos las cosas, al cuartelillo, y verás como canta, ¿verdad Otilio? Pero bueno, tengo curiosidad, así que dejaremos eso para después. Cuéntanos lo que viste ayer. - Ordenó Pepe.
- Lo haré, pero después de esto, no haré más declaraciones.

Era una voz ronca, algo débil, la que emitía ese murmullo, pero tenía algo que incitaba a aceptar lo que dijese.

- Era la noche del clásico de fútbol, osease, anoche. Yo iba camino de casa, cuando vi a unos muchachos armar jaleo en el parque de La Victoria. Uno de ellos se había llevado una tablet de esas modernas y estaban poniendo el partido. Habían bastantes botellas de alcohol por el suelo, y los muchachos estaban poniéndose finos, pero al parecer molestaban con el ruido a los vecinos.
Entonces vi aparecer a Caci, el alcalde, con el Que, y se acercaron adonde estaba la chavalada.
- ¿No podéis dejar de hacer ruido? Estáis molestando a los vecinos. - Dijo Caci.
- ¿Y a nosotros qué más nos da, viejo? Te van a seguir votando, los tienes puestos a dedo en el ayuntamiento y les das vales de comida. - Se rió uno de los allí presentes.
- Cuidado con lo que dices, amigo, no sabes quién soy. Marchaos ahora mismo o llamaré a la policía.
- Oye, viejo, relájate, estamos intentando ver el partido, de buen rollo. Tómate unos tragos y vete con tu mujer.

Más carcajadas. Fue entonces cuando el Que cogió una de las botellas, y la tiró al suelo. Se hizo añicos. Entonces la atmósfera cambió. Ya no había risas.

- Esa botella ha costado dinero, ¿sabes? Espero que la puedas pagar.
- No tiene que pagaros nada, os lo habéis ganado. Dad gracias a que se queda ahí. - Intervino el alcalde.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué más podría ocurrir?
- Pues, por ejemplo, ¡esto! - Exclamó, mientras le daba una patada a otra botella.

Aquello terminó por caldear los ánimos. Los muchachos agarraron a los dos hombres, que forcejeaban.

- ¡¿Cómo os atrevéis?! ¿No sabéis quién soy? Esto os costará muy caro.
- Claro que lo sabemos. Te crees que eres intocable por tener a medio pueblo en el bolsillo, pero aquí no tienes nada que hacer, despídete, Caci. - Le espetó uno, mientras le acariciaba ferozmente el cuello con la navaja.

Después le llegó el turno al Que. Dejaron los cuerpos allí tirados, cogieron las botellas que quedaban, y se marcharon de allí, antes de que se terminase el tiempo del descanso. Entonces yo llamé a Otilio, y él acordonó la zona.


Y hasta aquí las aventuras de Pepe y Otilio. Como es una interpretación muy libre de Los Santos Inocentes, dejaré algunas notas a pie de página y reflexiones.

En general supongo que habréis identificado quién es quién en el paralelismo, si habéis leído la novela, o visto la película. Yo entraré a hablar del que sería Azarías. Aquí, en este relato corto, ese papel lo interpretan los jóvenes del botellón, y la Milana bonita, evidentemente, es el alcohol y el fútbol, aunque se podrían introducir más elementos.

Ahora bien, Azarías, y toda la gente de aquel entonces, tenían una excusa. El primero tenía problemas mentales, y los familiares eran analfabetos, o bien tenían poca cultura, así que seremos buenos, y no nos vamos a enfadar con ellos por ser así. Ahora bien, nosotros no tenemos excusa. Tal vez, los abuelos, y en parte los padres, pero los jóvenes, no tienen ninguna. El cielo está abierto para nosotros. La cultura es más accesible que nunca, existen los medios para acceder a ella de forma gratuita, y quien no la adquiere es porque no quiere. Habrá excepciones, claro, pero en general, se rechaza. Yo he visto a gente pedirme que les resuma una obra de teatro, porque no había cojon** de que abriesen un libro. Y lo peor es, vanagloriarse de eso. Nos estamos dilapidando nosotros solos. Y el castigo lo vemos día a día, es decir, ha cambiado todo, pero las estructuras sociales, y ese analfabetismo cultural, siguen igual. Sabemos leer, sí, ¿pero para qué? Si en el fondo somos como Azarías.

Y para que esto no os suene demoledor, dejo una situación hipotética. Imaginen que hoy mismo se prohíbe el fútbol. Que se corta todo tipo de vínculo con él. Se armaría una buena, ¿verdad? Pues bien, ¿creeis que si lo que se prohibiesen fueran los libros, se armaría el mismo revuelo?

A petición de Nuria.

viernes, 13 de marzo de 2015

El desahucio

Escucho las risas afuera, rumores sordos de la calle. No sé qué hacer. El Parkinson domina mis manos, y no me gusta el sabor de la atmósfera.
Un vaso de agua en la mesa, con la pastilla lista. "No sabe mal, un regusto a almendras, y listos". Eso fue lo que dijo, y se marchó. Que se joda. No pienso tomarme eso, antes se lo doy a los peces.

Me sostengo como puedo con la garrota y me tomo las medicinas. No hacen mucho, pero da igual. Me aclaran la mente. Excepto cuando veo a Naranjito por la tele. O a cualquier otro. La bilis me sube por la garganta y me dan ganas de darles a ellos el cianuro. Que se jodan. No me voy a ir. Antes muerto. ¿Adónde voy a ir? Apenas puedo andar, y no puedo hacer nada con las manos. Y, aunque pudiera, no tengo fuerzas ya. Soy un inútil, pero se supone que me he ganado esto. El estar aquí sin hacer nada, sentado, leyendo a Schopenhauer aunque se me canse la vista, y cada vez la tenga peor. No pienso dejar que me echen. Esta es mi casa. Se les llena la boca diciendo mentiras, y mientras tengan ahítos sus bolsillos, les da igual lo demás.

Las lágrimas me arrasan la cara. No sé qué puedo hacer. La carta en la mesa. En dos horas la policía estará en la casa. Que me perdonen por esto. Cojo la cápsula de ácido y me la meto en la boca. Bebo agua. Me siento en la silla. Abro el libro, y leo: "Nuestro mundo civilizado no es más que una mascarada donde se encuentran caballeros, curas, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos, pero no son lo que representan, sino solo la máscara, bajo la cual, por regla general, se esconden especuladores de dinero".

Espasmos, sacudidas, temblores, y, al fin, la calma. El libro cae al suelo. La televisión puesta. Una hora para la irrupción del caos.

Que se jodan.

Para Juanra.


Palabras clave: Ácido cianhídrico, Schopenhauer, Naranjito.

lunes, 9 de marzo de 2015

Acidez

No hay peor idea que la de quedarse viendo el ritmo de la vida pasar. Hay gente que se queda metida en una caverna. Las cosas evolucionan a su alrededor, y, sin embargo, se aferran a un pasado muerto, a unas respuestas que permanecen iguales cuando las preguntas ya no son las mismas.

He probado muchas cosas, incluso los dulces placeres prohibidos por un pulmón enfermo y ennegrecido que respira por nosotros. He tenido un fantasma rondando por mi cabeza desde hace años, y nunca se marcha. Silencioso, nunca dice nada, pero su presencia se escucha desde lo más profundo del Cocito. Las ramas con las que puedo cubrirte están enfermas y devoradas por la verticilosis que habita en lo más recóndito de mis emociones.

Puede que todo sea igual que un limón partido por la mitad. Que las cosas te hagan cerrar los ojos, que te salten lágrimas por la acidez de lo que te devora, y que, sin embargo, te guste el sabor, aunque se te queden los labios arrugados y la cara desencajada. Pero, oye, si no lo pruebas, no podrás disfrutar lo demás.

Si me preguntas a mí, prefiero mezclar la acidez del limón, con el dulzor de tus labios. Aunque, quizá sea todo al contrario.

Para Martina.


Palabras clave: Dulce, limón e idea.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Amistad

Hoy no es un buen día. Todo está nublado, dentro y fuera. Ni siquiera llueve, no. Ni siquiera eso. Quizá sea porque no sé qué hacer para que los hilos de la suerte vuelvan a mis dedos. Los cortaste tú, con una sola mirada. No era una mirada mala, solo era la que no quería ver. Todo es injusto, ¿verdad? Pero no te culpo. No es algo extraño. Solo que, eso puede conmigo.

He construido con mis manos mundos que ni siquiera sabía que existían, solo para ti. Y podría hacer más, si quisieras. No sabes cuántos segundos murieron en la batalla de las horas únicamente para poder acariciar con los dedos las alambradas de tu alma. He acariciado el cielo de tu piel desde el infierno, sin saber qué paso dar para evitar más muertes, rodeado de cloro y gas mostaza, y como máscara protectora, el eco de tu voz viajando a través de la desolación. Conseguí para ti la flor escondida en la ciudad de la metralla, escondida tras barro y metal, bajo un casco de ilusiones.

Yo, que he recorrido kilómetros y kilómetros en lugares únicos, que he viajado bajo el peligro de lo estático, y como única guía, la locura.
Yo, que lo único que quería era embriagarme de tu aliento durante toda la noche, embarcados sobre rayos de erizos.

Y ahora te veo, levantas bandera blanca, y te conviertes en mi amiga. Y quieres paz, cuando yo llevo todo un ejército dedicado a la guerra. Me colocas en la frontera, cuando yo quiero la anexión.
Y es que la neutralidad es extraña. Sobre todo cuando me ofreces una tregua que yo nunca podré ganar.

La del silencio.

Para Marta.



Palabras clave: Amistad, infierno, flor.

domingo, 1 de marzo de 2015

Dimensiones

Me he perdido en el desierto. El camello se escapó mientras dormía, rompiendo la cuerda, y ahora me he quedado sin nada. Solo veo a mi alrededor oceános de fuego y arena, muerte. Los buitres ya danzan sobre mi cabeza, y sé muy bien lo que eso significa. No puedo seguir más. Me siento en el suelo. Cuando vine por primera vez me resultaba abrasador, ya me he acostumbrado. Cierro los ojos, y me desvanezco.

Despierto tirado en la nieve, muerto de frío. Me quedo quieto, estupefacto, y cojo un poco. ¿Nieve? ¿Aquí?
Y no solo nieve, también árboles. Y tres niños jugando. Me incorporo un poco y me acerco a ellos. Me observan con desconfianza, y es normal, pues mi aspecto debe ser lamentable.

- Hola niños. ¿Qué hacéis? - Les sonrío.
Una niña, más confiada que los otros, responde.
- Un muñeco de nieve. ¿Verdad que se parece a un minion? Le hemos puesto unas gafas que Juan tenía de sobra.
Acto seguido el otro niño, imagino que Juan, le conmina a callarse.
- Chisst, no le digas nada, ¿y si es un hombre malo? ¿Qué quiere? - Me pregunta, desafiante.
- No seas así, Juan, no parece malo. -Responde el otro niño.
- Pero Lorenzo... Es extraño que venga así como así, sin conocernos. ¿Tú qué opinas María? - Inquiere Juan.
- Pues, que lo puede decidir Jiuma.
- Buena idea. - Aprueban.
- ¿Jiuma?
- Es el espíritu del bosque. Suele jugar con nosotros. Te llevaremos ante él para ver si de verdad eres o no un hombre malo.
- De acuerdo.

Vaya con los niños. Si fuesen todos así no habría nunca secuestros. Parecen policías. De todos modos, no sé nada de este sitio. ¿Han dicho espíritu del bosque? Espero que sea una broma y me lleven ante un adulto, para ver qué ocurre.

Los niños me llevan hacia el interior de lo que parece un bosque de abetos, y allí me encuentro a Jiuma.
- ¿¡Un oso panda!? Vámonos de aquí niños. Esto es peligroso.
- ¿Pero qué dices? Es Jiuma, y es muy simpático. ¿Verdad? - Dice María.

Entonces el oso se da la vuelta. Tiene una cara amistosa, como si estuviese sonriendo.
- Pues claro que sí. Solo con quienes se lo merecen.

Eso ha sido extraño. No solo porque pueda hablar, sino porque tiene voz de chica.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has podido entrar? - Inquiere, asustado.
- Eso me gustaría a mí saber. ¿Dónde estoy?

El panda se relaja un poco, y me observa fijamente, analizándome.

- Está bien. No pareces un enemigo. Estás en la décima dimensión de los sueños. Para que lo entiendas, diré que has estado buscando algo, pero que no has podido alcanzarlo. No suele venir nadie aquí. Solo los niños.
- ¿Y cómo salgo de aquí? ¿Por qué solo vienen los niños?
- Verás, dudo que puedas salir de aquí, al menos yo no lo sé cómo se hace. Eso está en uno mismo. Y, los niños son los que vienen aquí porque son ellos los que siempre persiguen cosas que no pueden obtener. Es extraño ver a alguien así entre los adultos.

Ahora lo entendía todo. Resignación, aceptación. Conocer cuál es tu lugar. Todo eso mata la búsqueda de metas que se antojan imposibles. No sabía cómo sentirme al encontrarme allí, con el espíritu de un niño y el cuerpo de un adulto. ¿Me quedaría ahí por siempre? ¿Volvería al desierto? Solo el tiempo lo dirá.

Para Concha.

Palabras clave: Minion, copo de nieve, panda.

viernes, 27 de febrero de 2015

Lightning

Viajé a los rincones oscuros del Cocito; no sé qué esperaba encontrar, pero no había nada. Seguí mirando, atravesando los espacios más peligrosos, paracaidistas devorados por los monstruos del agua, miles de muertos agazapados, escudriñando el cielo sin poder ver. Lámparas de aceite en zonas letales, donde regurgitan los heridos de guerra. Banderas rotas, ninguna es mi país, todas blancas, todas negras. Me volví loco. Empecé a correr, y llegué a la zona más iluminada, donde las flores de hielo dibujan bellos paisajes, atrayendo a los pecadores hacia el descanso eterno.

Y allí, cantando, la encontré. Era una sombra sonriente, magnífica, sentada encima de la memoria. Rasgaba las cuerdas del alma con lentitud, dándole a cada acorde un brillo infernal. Conforme me acercaba, el Cocito iba congelándome el cuerpo. Tiritando, ardiendo, conseguí ponerme enfrente.

La sombra, extrañada, me miró.
- ¿Cómo has llegado aquí? Nadie puede acercarse sin ser absorbido por el lago.
- Lo sé. Pero quería hacerte un favor. Te ruego que me escuches.
- Umm... Has llegado hasta aquí, ¿por qué no? ¿Qué quieres?
- Quiero que invoques el poder del rayo. Quiero que limpies el Cocito por completo, y que la luz vuelva a inundar los valles.
- Eso que me pides es difícil. Ninguna sombra antes que yo lo ha conseguido. ¿Qué te hace pensar que yo sí?
- Tu poder lleva haciéndose grande desde hace años. Has conseguido dominar gran parte del lugar, y, al contrario de lo que creía, estás en el lado más luminoso.
- De acuerdo. Lo puedo intentar, al fin y al cabo, pareces muy convencido.
- Bien. Estaré impaciente por verlo.

Me di la vuelta, y comencé a andar.
- ¡Ah, sí! Olvidé decirte que yo no me congelo, porque todo lo que hay en este lugar es mío. Yo creé este sitio. Y confío en que tú me ayudes a manejarlo.

http://youtu.be/CRTa7l511nU

lunes, 14 de julio de 2014

I'm come back

Estuve corriendo sobre campos de minas, parapetado bajo trincheras y con el brazo manchado de rojas heridas de bala, enemigo de un solo ojo. Noches en vela queriendo vencer a mi rival más temido en aquellos días de ardiente escarcha, un opositor que quería desgarrar mis entrañas de una forma tan dulce que yo mismo quería probar aquello. Una estúpida sonrisa enfrente de mi rostro, en el lugar donde se difumina la muerte con la vida, como un cuadro de Da Vinci, hasta que ya no pude más, y cerré los ojos. Me venció el sueño y yo he vuelto. Ya no estamos en guerra, bendita tregua temporal.

miércoles, 22 de enero de 2014

Danzar

He visto cosas que hacen vibrar los cristales inertes de un bar de mala muerte, como praderas envueltas en llamas en el país del agua. Y es que llevar cuchillos en el traje de baile puede ser una mala idea, pero habrá que defenderse por lo que pueda venir. Si te sujeto bien fuerte no pongas el arma en mi garganta por un paso cambiado, la música se transforma, y el compás se vuelve lento o acelerado conforme avanza la noche. Son las notas que fluyen de los instrumentos las que marcan el ritmo, y las melodías siguen siendo hermosas.

Coge entre tus manos ese objeto cortante y conviértelo en un montón de mariposas que revoloteen a nuestro alrededor en esta fría noche de invierno. No estamos en ninguna trinchera que no sea la de tus ojos observando los míos. Continuar la danza no debería ser más difícil que observar la luna llena frente a nuestros ojos. La música seguirá sonando.

https://www.youtube.com/watch?v=Gx-OTFOq0-Y

martes, 10 de diciembre de 2013

Vamos a contar hacia atrás, y cuando el reloj llegue a cero, tú serás la arena que fluya entre mis manos. Acabará una era y empezará un tratado de no agresión que durará unas semanas, lo justo para prepararse contra lo que vendrá después. Cara a cara nos encontraremos un día de esos en los que levantar las armas está penado con la muerte. Y no podré evitar dispararte a los ojos con algo de aquí adentro. Incluso, después, podría atravesar tus entrañas con bombas de colores y tanques de tinta.

No te quedarás temblando en la puerta, las olas de calor entre ambos cuerpos llenarán océanos alrededor de las sombras. Y como la luz del faro te encenderás, involuntaria, sobre la ciudad. Y mis manos arderán cuando trate de tocar tu piel, pues será ya el tercer aviso permitido por la tregua, y cisnes celestes me llevarán a la prisión de los sueños.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Death

La muerte no es un esqueleto con túnica y capucha de color negro, portando una guadaña. Es la sorpresa y la certidumbre. La sonrisa extraña de una persona llena de vida a la que se le cortan los hilos que le sujetaban al resto de títeres. Es un día que se antoja normal y de repente se trastoca, como 'clic' en un interruptor. Un caos en las oficinas de la rutina. Una flor que se marchita en las salas de la sonrisa.

Aumentan los caudales de agua salada en los ríos, se desbordan, como un ejército de personas desconocidas entre sí que van a saludarse, y se dirigen al mismo lugar. Cenizas y sombras. Te arrancan de tu alrededor ramas del árbol al que estás acostumbrado ver, y el paisaje se trastoca. Es algo natural: Sabes que pasa. Que debe pasar. Pero, aún así, nunca piensas que te vaya a tocar a ti. Que la muerte es un mensajero que pulula por tu alrededor, y que tú no recibes sus cartas.

sábado, 23 de noviembre de 2013

El mundo de Leland

"Comprendí que las lágrimas no podrían hacer que alguien que había muerto volviera a vivir. También aprendí otra cosa sobre las lágrimas... Con ellas no puedes hacer que alguien que ya no te quiere vuelva a quererte. Lo mismo ocurre con las oraciones... Me pregunto qué porcentaje de su vida desperdicia la gente llorando y rezando a Dios para que cosas que han pasado no hubiesen pasado."

"- Y, ¿sobre qué escribes?
- Sobre como veo el mundo. ¿Cómo ves tú el mundo, Pearl?
- Lleno de oportunidades, creo que abundan las cosas buenas, las positivas... ¿Cómo lo ves tú?
- Hay dos maneras de verlo. Una es la que tú has dicho: que la vida está bien, aunque haya cosas malas... como si no las vieras.
- ¿Y la otra manera?
- Es ver la realidad; siempre está ahí aunque todo vaya bien y los niños jueguen y las parejas se besen y... siempre está ahí. Pero mucha gente ni es capaz de verlo.
- Y ¿qué es? Dime, ¿qué es lo que no ven?

- Eso que siempre se está escabullendo, como todos nos estamos muriendo por dentro, lo tristes que estamos todos realmente.
- ¿Y ver las cosas así hace que te sientas triste?
- Hace que no sienta casi nada."

"¿Te grito?, ¿debería pegarte? ¿Eso significa que me importas?, ¿si te pego me importas? Te quiero. Qué más quieres que diga. Nada de lo que yo diga cambiará nada. Porque quieres a otro tío."

martes, 19 de noviembre de 2013

Frozen and burning

Me dijeron que el amor termina muriendo de frío en medio de una noche nevada en el punto más alto del Everest. Que, como una gran hoguera que ilumina el cielo, va apagándose, con el paso de los días.
Frío. Frío. Congelación.

Me contaron que las olas del mar devoran su destartalado barco de madera en las noches de tormenta. Que, al igual que la luz del faro que vigila el mar, va perdiendo su brillo hasta apagarse si nadie le auxilia.
Desgaste. Desgaste. Oscuridad.

Me aseguraron que el amor era un hombre amable que acababa por volverse un fantasma. Que, lo mismo que un moribundo, va dejando cada vez menos su huella entre nosotros, hasta dejar solo restos.
Debilitamiento. Debilitamiento. Muerte.

Lo que nadie me dijo es que se puede quedar en un punto medio, en el que cuando ella lanza chispas, el fuego comienza a arder de nuevo, el faro se ilumina, y el moribundo recupera el color de sus mejillas. Y todo ello sin que realmente se alcance la máxima potencia. Porque la verdad es, que no se ha consumado.










lunes, 14 de octubre de 2013

A light in the dark?

Cada vez que creí haber visto señales, estas eran erróneas, o, si las había, nunca supe interpretarlas. Imaginen a un reo en manos de los corsarios, en un barco situado en alta mar, con una venda alrededor de sus ojos, sobre una tabla que da al agua. Detrás, a sus espaldas, la espada afilada de un pirata le conmina a avanzar, pero el prisionero sabe que si sigue avanzando, morirá ahogado,o, peor aún, será alimento de los tiburones del Pacífico. Entonces el condenado no sabe hacia donde ir, porque da igual el camino que decida tomar: En ambos casos le espera la muerte.

Pues en parte, muchas situaciones de mi vida se asemejan a esto, donde yo soy un planeta que circula a toda velocidad, tanto, que se sale de órbita y se estrella contra el Sol.

http://youtu.be/2r3ChchO-fA

martes, 8 de octubre de 2013

Flores para el cementerio

Era un día nublado. El sol se escondía tras las nubes grisáceas, mientras que mis piernas se movían solas por las calles. No sabía hacia donde iba, ni qué haría a lo largo del trayecto. Después de un rato me salí a la periferia, y, a mi alrededor, habían zonas donde crecían flores muy diversas. Supe que debía coger, atrapar muchas entre mis manos, hasta hacer un ramo generoso.

Blanco, rojo, anaranjado, y rosáceo; esos eran los pigmentos que batallaban entre ellos para llamar la atención del ojo humano. Continué mi camino, en una carretera de sentido único, sin vehículos, yo solo. No lo sabía, pero estaba en dirección hacia el cementerio. Una verja enorme se alzaba flanqueada por un blanco muro que abrazaba el terreno de la muerte. Entré en el lugar, y, caminando sobre las piedras que marcaban el camino entre la hierba, iba observando el lugar sin dejar de andar. Los cipreses, alargados, gobernaban el lugar. Y, bajo su regio mandato, el viento se moderaba lo justo para acariciarlos y moverlos levemente.

Parecía que iba a llegar a mi destino, cuando vi a una chica con un vestido blanco, de espaldas, delante de una lápida. Al escucharme, se giró, y sonriendo, dijo:

- Te estaba esperando. ¿Eso es para mí?- Preguntó, muy contenta, señalando el ramo de flores.

Asentí con la cabeza, y al darle el ramo, posó sus labios sobre los míos, durante un par de segundos. Me cogió de la mano y salimos del cementerio.

Y, en la descripción de la tumba que acababa de dejar atrás, se leía: "Aquí yace Soledad".







viernes, 13 de septiembre de 2013

Parnaso

Hay niebla en las 
calles del Parnaso, 
no se ve el Big Ben,
ni la Diosa Cibeles.

Cae lluvia como
misiles de morteros,
y no se siente nada,
y no se moja nada.

Vuelan almas
perdidas y olvidadas,
motas de polvo
pasto de las eras.

Sentado en el banco
junto a Napoleón,
viendo pasar su barco,
vacío como una ilusión.

Desconozco la muerte,
esto solo es la mente,
vanos pensamientos
que vienen y se marchan.

Igual que Dios creamos
mundos de la nada,
en una vida misteriosa
sin saber de donde viene,
ni hacia dónde se va.

Y lo único que queda
son las cálidas pecas
en tu rostro, nada más.

http://youtu.be/vzB19amNuD0