Ya llega otro papel
que se quema,
y no me reconocieron
mis huidizos ojos.
Acabé con todo lo
que crecía a mi lado,
lo siento por eso,
soy asesino redentor.
Tal vez se cierre
por siempre un ciclo,
y comience la nada,
buscando un camino.
Tal vez permanezca
girando la rueda,
y las ilusiones
se vuelvan reales.
Sólo sé que luché
como lucha un ruiseñor,
cantando a través
de las heridas.
Sólo sé que di hasta
el último rincón
de mis emociones,
aunque no como quería.
Y me quise acercar
a otras sombras,
de verdad que sí,
pero nunca lo conseguí.
Y me quise olvidar
del fuego que abrasa,
del frío que quema,
del agua que ahoga.
Y me quise olvidar
de tus labios imposibles,
de tus manos lejanas,
de tu figura desconocida.
Y es como querer hundir
el cielo que se alza,
aún cuando cierras
todas las ventanas.
No soy sin ti, y tú sin mí eres,
dos círculos girando
sobre lo mismo, cada año,
un eterno retorno desolador.
Ahora aguardaré por
un último soplo de aire,
y si no llega, me iré,
allí donde nunca estuve.
Feliz 2016 a tod@s :)
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
Mostrando entradas con la etiqueta frío. Mostrar todas las entradas
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jueves, 31 de diciembre de 2015
viernes, 25 de diciembre de 2015
Estrellas fugaces
Todos vemos a alguna estrella apagarse a lo largo de nuestras vidas. Echas un vistazo al cielo y ves la luz caer por última vez. Las llamamos estrellas fugaces, porque aunque nos llaman la atención, sabemos que no determinan nuestro día a día. Apenas lo condicionan.
Sin embargo, si lo que vemos apagarse es el sol, entonces las cosas serían muy distintas. Se perdería la fuente de calor, y el frío junto a la oscuridad inundarían lo que nos rodea.
Con las personas pasa igual. Y cuando ese sol se apaga, la devastación es terrible. Pierdes el lazo que tenías con alguien que, de una forma u otra, impactaba en tu día a día.
Porque, al fin y al cabo, tú sólo eres una estrella fugaz para ese sol que se te apaga.
https://youtu.be/EzqNtvQiCro
Sin embargo, si lo que vemos apagarse es el sol, entonces las cosas serían muy distintas. Se perdería la fuente de calor, y el frío junto a la oscuridad inundarían lo que nos rodea.
Con las personas pasa igual. Y cuando ese sol se apaga, la devastación es terrible. Pierdes el lazo que tenías con alguien que, de una forma u otra, impactaba en tu día a día.
Porque, al fin y al cabo, tú sólo eres una estrella fugaz para ese sol que se te apaga.
https://youtu.be/EzqNtvQiCro
jueves, 3 de diciembre de 2015
Dos mujeres (III)
III
Una barrera, una barrera
que desinfle este deshonor,
ya basta de besar el suelo,
el polvo no sabe nada bien.
Equivoqué el camino, lo sé,
siguen pasando
la factura a diario, ya
pagaré esa acción.
Prender fuego al tiempo,
allí donde las manos
me quitan el frío mortal,
allí donde nunca fui.
Me pierdo entre los cuerpos,
confunden los aromas,
un lobo solitario no
vuelve bien a la manada.
He coloreado mis horas
con las pinturas del ayer,
dudo entre el gris y el rojo,
tal vez negro, como mi cabeza.
No hay lugar aquí, demasiado
ruido, mucho movimiento,
la mujer que busco es la brisa,
una gota que ondea el agua.
Sólo quería una explosión
dentro de mi cuerpo, no
la secuela de una bomba,
quizá apreté el detonador.
Abandoné la realidad
para buscar un deseo,
y lo único que es verdad
es que me contaba mentiras.
Formaré otros lazos, quizá,
con alguien que no teme el
filo que forman mis manos,
una flecha que atraviesa.
Entonces segaré los árboles,
prenderé fuego a las hojas,
pero jamás olvidaré las
raíces que me llevaron hasta aquí.
domingo, 29 de noviembre de 2015
La bruma
- ¡Hola! ¿Cómo vas? Llevo ya un tiempo sin venir...
- Cierto. Catorce días bastan para que llegue el invierno. Yo he estado bien, ya me conoces. ¿Qué hay de ti?
- Mentiroso. Sabes que no es verdad. Al igual que tú, también noto los cambios. El río se desborda, y este frío... No es sólo porque el invierno esté aquí.
- Es posible que tengas razón.
- ¿Es por mi ausencia?
- En parte.
- ¿Entonces? ¿Qué sucede?
- A veces viene un hombre trajeado y se sienta conmigo, cuando tú no estás. Entonces comenzamos a hablar. Él me riñe por seguir viniendo aquí. Me dice que este lugar es como una mota de polvo en comparación con lo que hay allá afuera. Que no comprende mi obstinación cuando las cartas ya se han puesto sobre la mesa.
- No parece ilógico lo que dice.
- No. No lo es. Es razonable. Pero esta sensación no lo es. Tampoco mis actos lo son, en cierta medida.
- Pero, si piensas así, ¿cual es el problema?
- El problema radica en que observo mi situación. No puedo pasar de la linde, como bien sabes, y apenas te veo. Es cierto que pervive una luz que no se marcha, pero a veces no es suficiente. Y todo se trastoca. Entonces me quiero perder en la bruma, y desaparecer. Aunque siempre acabo volviendo aquí.
- ¿Por qué?
- Porque aunque tú estés en tu línea y yo en la mía, siento que hay un roce. Y esa leve inclinación me hace pensar que las paralelas podrían coincidir algún día. Ese atisbo de esperanza es lo que me hace seguir aquí. Puede que no sea más que una mentira que me cuento a mí mismo; aún así no quiero tirar por la borda todo. No mientras quede algo.
- De acuerdo. Sólo... Sólo puedo decirte que la solución no está en la bruma.
Ella se acerca y se dan un abrazo. Quizá el frío es lo que hace que esa regla de la distancia se quiebre. No se ven, sólo se sienten. Y una humedad caliente se desliza por los rostros. Una gota. Sólo una.
https://youtu.be/KBGfmdI7zkY
- Cierto. Catorce días bastan para que llegue el invierno. Yo he estado bien, ya me conoces. ¿Qué hay de ti?
- Mentiroso. Sabes que no es verdad. Al igual que tú, también noto los cambios. El río se desborda, y este frío... No es sólo porque el invierno esté aquí.
- Es posible que tengas razón.
- ¿Es por mi ausencia?
- En parte.
- ¿Entonces? ¿Qué sucede?
- A veces viene un hombre trajeado y se sienta conmigo, cuando tú no estás. Entonces comenzamos a hablar. Él me riñe por seguir viniendo aquí. Me dice que este lugar es como una mota de polvo en comparación con lo que hay allá afuera. Que no comprende mi obstinación cuando las cartas ya se han puesto sobre la mesa.
- No parece ilógico lo que dice.
- No. No lo es. Es razonable. Pero esta sensación no lo es. Tampoco mis actos lo son, en cierta medida.
- Pero, si piensas así, ¿cual es el problema?
- El problema radica en que observo mi situación. No puedo pasar de la linde, como bien sabes, y apenas te veo. Es cierto que pervive una luz que no se marcha, pero a veces no es suficiente. Y todo se trastoca. Entonces me quiero perder en la bruma, y desaparecer. Aunque siempre acabo volviendo aquí.
- ¿Por qué?
- Porque aunque tú estés en tu línea y yo en la mía, siento que hay un roce. Y esa leve inclinación me hace pensar que las paralelas podrían coincidir algún día. Ese atisbo de esperanza es lo que me hace seguir aquí. Puede que no sea más que una mentira que me cuento a mí mismo; aún así no quiero tirar por la borda todo. No mientras quede algo.
- De acuerdo. Sólo... Sólo puedo decirte que la solución no está en la bruma.
Ella se acerca y se dan un abrazo. Quizá el frío es lo que hace que esa regla de la distancia se quiebre. No se ven, sólo se sienten. Y una humedad caliente se desliza por los rostros. Una gota. Sólo una.
https://youtu.be/KBGfmdI7zkY
martes, 17 de noviembre de 2015
Eunoia
Aquí, las profundidades del mar se quedan cortas, aunque falte el aire y apenas se distinga forma de vida alguna. Cada paso me lleva por derroteros equivocados; mientras que cada acierto es flor de un día.
No necesito nieve bajo mis pies; ya paso frío entre las llamas, allí donde arde toda esperanza. Ya arraiga la eunoia en prados que jamás pisaré, allí donde mis manos marchitan lo que sobrevive. Yo mismo he cortado las cuerdas que sujetaban mis puentes.
Quizá pervive un refugio, entre un árbol hueco, tapado con libros, triste ironía. Te lo cambio todo, mis momentos de gloria por un minuto con una sonrisa sincera. Un segundo que aleje las palabras que se arrastran, por un frente sin espejismos.
¿De qué me sirve construir si no puedo ser? Quiero tocar horizontes, sentir las estrellas en mi piel; quizá por eso sólo se cierne una noche sin luz. Los lugares a los que quise ir se marcharon, permanecen estelas en la memoria.
Ya lo ves, no supe controlar nada, ni fuera ni dentro; es un caos impaciente, devorador, igual que mi cabeza.
¿Qué camino recorrer si no hay ninguno?
https://youtu.be/oMEGJ-Jk58Q
No necesito nieve bajo mis pies; ya paso frío entre las llamas, allí donde arde toda esperanza. Ya arraiga la eunoia en prados que jamás pisaré, allí donde mis manos marchitan lo que sobrevive. Yo mismo he cortado las cuerdas que sujetaban mis puentes.
Quizá pervive un refugio, entre un árbol hueco, tapado con libros, triste ironía. Te lo cambio todo, mis momentos de gloria por un minuto con una sonrisa sincera. Un segundo que aleje las palabras que se arrastran, por un frente sin espejismos.
¿De qué me sirve construir si no puedo ser? Quiero tocar horizontes, sentir las estrellas en mi piel; quizá por eso sólo se cierne una noche sin luz. Los lugares a los que quise ir se marcharon, permanecen estelas en la memoria.
Ya lo ves, no supe controlar nada, ni fuera ni dentro; es un caos impaciente, devorador, igual que mi cabeza.
¿Qué camino recorrer si no hay ninguno?
https://youtu.be/oMEGJ-Jk58Q
domingo, 1 de noviembre de 2015
Tragicomedia
Hay silencios que te muestran campos vacíos sobre tus pies, un lejano rumor que ensordece todas las demás voces. Imponente, carcome todo lo que existe, y te muestra la dureza del frío; una coraza hueca, cuando todas las flechas resbalaban ante otros invasores.
Hay silencios que muestran más que las palabras; crudos, ponzoñosos. Te enseñan que hay un límite en tus pasos, que a tu alrededor sólo puede crecer un brote, nada más.
Hay silencios que desangran, pues al filo de la navaja corta todo, incluso cuando sabes que se apagaron las luces.
Y es que los brazos abarcan mucho, aunque las manos no sientan calor. Perdí mi lugar, no el propósito; como un teatrillo itinerante que no se detiene en ningún sitio pero sabe cuál es su función.
No me reconozco en los ojos de la multitud; siendo sin ser parte de nada, participando con un rol de tercera, ya ni siquiera aspiro a ser protagonista en esta obra macabra.
Y no hay ningún sitio para mí allá afuera, donde la careta del personaje es horrible; y sus gustos, exigentes. Tal vez, algún día, se logre finalizar bien esta tragicomedia.
Hay silencios que muestran más que las palabras; crudos, ponzoñosos. Te enseñan que hay un límite en tus pasos, que a tu alrededor sólo puede crecer un brote, nada más.
Hay silencios que desangran, pues al filo de la navaja corta todo, incluso cuando sabes que se apagaron las luces.
Y es que los brazos abarcan mucho, aunque las manos no sientan calor. Perdí mi lugar, no el propósito; como un teatrillo itinerante que no se detiene en ningún sitio pero sabe cuál es su función.
No me reconozco en los ojos de la multitud; siendo sin ser parte de nada, participando con un rol de tercera, ya ni siquiera aspiro a ser protagonista en esta obra macabra.
Y no hay ningún sitio para mí allá afuera, donde la careta del personaje es horrible; y sus gustos, exigentes. Tal vez, algún día, se logre finalizar bien esta tragicomedia.
martes, 18 de agosto de 2015
El abismo
- ¡Eh! ¿Sabes lo que ha pasado? ¿Por qué estamos solo nosotros dos aquí?
- No lo sé. ¿Sabes tú por qué se ha abierto la tierra haciendo una brecha insalvable entre nosotros?
- Ni idea. Ya he estado más veces aquí. Pero siempre estaba yo solo. Sé quién eres. Te he visto en algunas ocasiones desde aquí. Estabas allí, más abajo. Cuando encendías la luz de tu ventana, entonces te observaba.
- ¿Eso hacías? ¿Y por qué no bajabas? Eso asusta, ¿sabes?
- Lo desconozco. Supongo que no quería molestarte. En realidad soy inofensivo. Tampoco entiendo por qué ahora que estás frente a mí, no podemos cruzar al otro lado.
Silencio. Es noche cerrada, y el frío inunda el valle. Una brisa gélida, un aullido mortal.
- Yo a veces también te veía, ¿sabes? Me preguntaba qué hacías allí arriba, tan solo, en lo alto de la colina. Ahora ya lo entiendo. Solo un poco.
- Eso sí me sorprende. No creía que te fijases siquiera en mí. Dime, ¿por qué has subido hoy?
- Me apetecía ver las estrellas. Allí abajo no se ven, ¿sabes?
- Eso es porque no te has mirado al espejo.
- ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
- Nada. ¿Aún no se te ocurre por qué estamos así?
Pausa. Los dos empiezan a sentir frío. No se ve la luna, pero las estrellas invaden el firmamento.
- No estoy segura. Quizá sea porque el miedo ha controlado el valle, ¿no crees? Ni siquiera debería estar hablando contigo. Esto no está bien, no. No debo. No sé por qué sigues aquí. Ya tendrías que haberte ido. ¿Por qué te has quedado? - Musitó, con los ojos húmedos.
- Ya me acuerdo. Creo que fueron mis ganas por bajar lo que abrió las entrañas de la tierra. ¿Dices que fue el miedo? Puede ser también... No recordaba muchas cosas después del choque. Yo... Yo no puedo irme. Aunque no pueda tocarte, o hablarte. Demasiado bonito me parece ya el que estés ahí manteniendo unas palabras conmigo.
- No te entiendo. No te entiendo. No es normal. Esto no es normal, no... Si ni siquiera sabes cómo soy... Quizá esto que se ha formado es para que reflexiones y cambies de parecer. Sí, puede ser eso. Tomar distancia arreglará esta locura que has creado.
- ¿No piensas que es un poco contradictorio? Tú siempre has estado abajo, y yo aquí, en la colina. ¿Qué distancia? ¿Acaso suponen una diferencia unos metros más? Siempre hemos estado así. Sin tocar las yemas de los dedos de la otra persona. Seguramente sea mi culpa, no lo niego, pero este abismo no puede cambiar nada. Acaso apuntale la soledad y apague estrellas del cielo. Nada más. No silenciará tu voz. No apagará tus ojos.- Contestó, con un deje de tristeza en la mirada.
https://youtu.be/O0HQ6-Czb3U
- No lo sé. ¿Sabes tú por qué se ha abierto la tierra haciendo una brecha insalvable entre nosotros?
- Ni idea. Ya he estado más veces aquí. Pero siempre estaba yo solo. Sé quién eres. Te he visto en algunas ocasiones desde aquí. Estabas allí, más abajo. Cuando encendías la luz de tu ventana, entonces te observaba.
- ¿Eso hacías? ¿Y por qué no bajabas? Eso asusta, ¿sabes?
- Lo desconozco. Supongo que no quería molestarte. En realidad soy inofensivo. Tampoco entiendo por qué ahora que estás frente a mí, no podemos cruzar al otro lado.
Silencio. Es noche cerrada, y el frío inunda el valle. Una brisa gélida, un aullido mortal.
- Yo a veces también te veía, ¿sabes? Me preguntaba qué hacías allí arriba, tan solo, en lo alto de la colina. Ahora ya lo entiendo. Solo un poco.
- Eso sí me sorprende. No creía que te fijases siquiera en mí. Dime, ¿por qué has subido hoy?
- Me apetecía ver las estrellas. Allí abajo no se ven, ¿sabes?
- Eso es porque no te has mirado al espejo.
- ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
- Nada. ¿Aún no se te ocurre por qué estamos así?
Pausa. Los dos empiezan a sentir frío. No se ve la luna, pero las estrellas invaden el firmamento.
- No estoy segura. Quizá sea porque el miedo ha controlado el valle, ¿no crees? Ni siquiera debería estar hablando contigo. Esto no está bien, no. No debo. No sé por qué sigues aquí. Ya tendrías que haberte ido. ¿Por qué te has quedado? - Musitó, con los ojos húmedos.
- Ya me acuerdo. Creo que fueron mis ganas por bajar lo que abrió las entrañas de la tierra. ¿Dices que fue el miedo? Puede ser también... No recordaba muchas cosas después del choque. Yo... Yo no puedo irme. Aunque no pueda tocarte, o hablarte. Demasiado bonito me parece ya el que estés ahí manteniendo unas palabras conmigo.
- No te entiendo. No te entiendo. No es normal. Esto no es normal, no... Si ni siquiera sabes cómo soy... Quizá esto que se ha formado es para que reflexiones y cambies de parecer. Sí, puede ser eso. Tomar distancia arreglará esta locura que has creado.
- ¿No piensas que es un poco contradictorio? Tú siempre has estado abajo, y yo aquí, en la colina. ¿Qué distancia? ¿Acaso suponen una diferencia unos metros más? Siempre hemos estado así. Sin tocar las yemas de los dedos de la otra persona. Seguramente sea mi culpa, no lo niego, pero este abismo no puede cambiar nada. Acaso apuntale la soledad y apague estrellas del cielo. Nada más. No silenciará tu voz. No apagará tus ojos.- Contestó, con un deje de tristeza en la mirada.
https://youtu.be/O0HQ6-Czb3U
lunes, 23 de marzo de 2015
Dolor de garganta
En el fondo de la caverna roja un insecto golpea sobre la frágil pared. Nada consigue matarlo, y por las demás salidas solo se vierte sangre. La voz sale cambiada, débil, no se propaga como debería porque es retenida por afiladas cuchillas en su intento por subir hacia arriba, en el centro de la cueva.
Tampoco pudieron salvar mi hogar los consejos de una paladín de los colores, haciendo mezclas agridulces con sus idas y venidas. Me quedo aquí, sentado, mientras observo los muebles arder, tomándome una taza de café, frío, que desgarre las aberturas. No espero a ningún bombero, porque nada puede salvar ninguna cosa buena de las cenizas. Quizá, al fondo, un dibujo aún por empezar, donde solo la mitad de mí se consume y la otra se sube a la barca del olvido.
Tampoco pudieron salvar mi hogar los consejos de una paladín de los colores, haciendo mezclas agridulces con sus idas y venidas. Me quedo aquí, sentado, mientras observo los muebles arder, tomándome una taza de café, frío, que desgarre las aberturas. No espero a ningún bombero, porque nada puede salvar ninguna cosa buena de las cenizas. Quizá, al fondo, un dibujo aún por empezar, donde solo la mitad de mí se consume y la otra se sube a la barca del olvido.
viernes, 20 de marzo de 2015
De haikus primaverales (y primerizos)
Cierra la puerta,
el cielo gris destruye
mis labios curvos.
/
Vaho infernal,
frente a la ventana
canta la lluvia.
/
Camino solo,
me acompaña tu frío
en las baldosas.
el cielo gris destruye
mis labios curvos.
/
Vaho infernal,
frente a la ventana
canta la lluvia.
/
Camino solo,
me acompaña tu frío
en las baldosas.
miércoles, 11 de marzo de 2015
La chimenea de hielo
He estado encendiendo la chimenea del hielo con los fósforos de tus miradas. Me recuerdan a un lobo. Frías, penetrantes, un taladro mudo reventando puertas y ventanas. Tú también puedes acercarte, caluroso viajero, ven. Olvida ese ruidoso ventilador que corta en pedazos el silencio y la quietud de la habitación.
Ponte aquí, extiende tus manos y deja que la escarcha penetre en tus huesos, que se congele poco a poco tu corazón, hasta que ya no quede alrededor más que un mundo verdadero y pleno, lleno de aventuras salvajes. El calor del amor ensucia tu dentadura y la deja verde y amarillenta, llena de grietas. Deja que la lumbre helada limpie esas imperfecciones, y te otorgue la ansiada belleza sobrenatural que habita en el fondo de las cuevas de los polos.
Ven, ven aquí viajero. Seguro que estás cansado de vagar entre silutas que aparecen y se van, entre falsas ilusiones y espejismos destruídos. Deja que tus pies se enfríen, hasta que pierdan la sensibilidad que nos hace perder la cabeza persiguiendo cosas imposibles. Ven, pues quiero compartir contigo lo que es darlo todo, a cambio de nada.
Quiero compartir contigo lo que es actuar en caliente, y enfriarte cuando ya es tarde. Por eso, no te preocupes. Mantendré esta chimenea activa, y la alimentaré con las ramas de la desazón y la desesperanza. No te preocupes. Seguirá fría cuando vuelvas.
Para María Romero.
Palabras clave: Compartir, dentadura y ventilador.
Ponte aquí, extiende tus manos y deja que la escarcha penetre en tus huesos, que se congele poco a poco tu corazón, hasta que ya no quede alrededor más que un mundo verdadero y pleno, lleno de aventuras salvajes. El calor del amor ensucia tu dentadura y la deja verde y amarillenta, llena de grietas. Deja que la lumbre helada limpie esas imperfecciones, y te otorgue la ansiada belleza sobrenatural que habita en el fondo de las cuevas de los polos.
Ven, ven aquí viajero. Seguro que estás cansado de vagar entre silutas que aparecen y se van, entre falsas ilusiones y espejismos destruídos. Deja que tus pies se enfríen, hasta que pierdan la sensibilidad que nos hace perder la cabeza persiguiendo cosas imposibles. Ven, pues quiero compartir contigo lo que es darlo todo, a cambio de nada.
Quiero compartir contigo lo que es actuar en caliente, y enfriarte cuando ya es tarde. Por eso, no te preocupes. Mantendré esta chimenea activa, y la alimentaré con las ramas de la desazón y la desesperanza. No te preocupes. Seguirá fría cuando vuelvas.
Para María Romero.
Palabras clave: Compartir, dentadura y ventilador.
miércoles, 16 de julio de 2014
Flowers
Nadar en lava puede ser un buen pasatiempo. Si la resistes. El calor es abrasante. Y las altas olas, húmedas y calientes a la vez, se entrechocan entre sí. Caen limoneros desde el acantilado, y naranjos. Colorean el mar rojizo y lo vuelven más claro, más frío, aunque sigue siendo imparable.
Toco madera con mis labios, y de tanto tocarla se vuelve de piel. Una figura de ensueño que tiene vida propia y se echa a andar, a mi lado. Caminamos sobre el humo y dibujamos nuestros nombres sobre el cemento del infierno.
Dormir sobre el vacío es algo inmenso, pero necesitas tocar el tacto de las flores envueltas en el rocío de la mañana, oliendo intensamente a un perfume especial, que recuerda al de la miel, y que embriaga el lugar. Me dejo caer desde la nada hacia idílicos lugares, y me quiero quedar allí para siempre, aún cuando caen tormentas y los rayos me alcanzan de cerca.
Algo da vueltas sobre mi cabeza, quieto, calma apacible. Y las sonoras carcajadas se funden con el sonido de una guitarra y el bombardeo de un avión. Es entonces cuando me la llevo, y la ahogo de felicidad y placer. Entre caminos dibujados ronronean mis coches, aunque muchas veces la cochera esté cerrada. Otras veces salimos a correr y nos empapamos de éxtasis y locura, es entonces cuando la lava se cierra en torno a nosotros, y dibuja en el cielo una explosión que dispara hacia todas partes flores que dibujan entre el fuego un magnífico cisne.
https://www.youtube.com/watch?v=AFvfX3Mfd9E
Toco madera con mis labios, y de tanto tocarla se vuelve de piel. Una figura de ensueño que tiene vida propia y se echa a andar, a mi lado. Caminamos sobre el humo y dibujamos nuestros nombres sobre el cemento del infierno.
Dormir sobre el vacío es algo inmenso, pero necesitas tocar el tacto de las flores envueltas en el rocío de la mañana, oliendo intensamente a un perfume especial, que recuerda al de la miel, y que embriaga el lugar. Me dejo caer desde la nada hacia idílicos lugares, y me quiero quedar allí para siempre, aún cuando caen tormentas y los rayos me alcanzan de cerca.
Algo da vueltas sobre mi cabeza, quieto, calma apacible. Y las sonoras carcajadas se funden con el sonido de una guitarra y el bombardeo de un avión. Es entonces cuando me la llevo, y la ahogo de felicidad y placer. Entre caminos dibujados ronronean mis coches, aunque muchas veces la cochera esté cerrada. Otras veces salimos a correr y nos empapamos de éxtasis y locura, es entonces cuando la lava se cierra en torno a nosotros, y dibuja en el cielo una explosión que dispara hacia todas partes flores que dibujan entre el fuego un magnífico cisne.
https://www.youtube.com/watch?v=AFvfX3Mfd9E
sábado, 25 de enero de 2014
Warm
Dos marionetas guiadas por los hilos de sus propios corazones se reunieron bajo la sombra de un viejo árbol que guardaba la entrada a las entrañas de la tierra. Ellas se movían al son del viento, sin interrupciones, hasta que entrada la tarde, montones de insectos aéreos llenaron con su aleteo el lugar. El día se encontraba frío y con un cielo despejado donde el sol se negaba a mostrar su lado más cálido. Oscuro pero claro.
Los muñecos se mueven de sus posiciones, y se dirigen al interior del bosque, a las zonas más oscuras, donde solo los pájaros aparecen de vez en cuando, en el transcurso de su vuelo. Allí, los hilos que portaban se entrelazaron una y otra vez, y la frágil madera empezaba a prenderse con la fricción de los mismos. Era un fuego que quemaba, que inflamaba el pecho, pero que no se expandía más allá de los participantes de aquella transformación. Montones de hormigas corretearon alrededor de los cuerpos, igual que las ondas que crea una piedra al ser lanzada al agua. La tierra, caliente, se levanta, partícula a partícula, con cada suspiro que se escucha en el eco.
Las brumas de la noche cubren los ojos, igual que persianas bajadas para evitar la luz en la habitación, y rayos que llenan el cuerpo estallan en millones de diminutos electrones, que se confunden con el agua que despide la madera de los ardientes muñecos, y, mientras todo ocurre, los trenes viajan transportando curvas en los labios.
http://youtu.be/AQ-iU33vJQU
Los muñecos se mueven de sus posiciones, y se dirigen al interior del bosque, a las zonas más oscuras, donde solo los pájaros aparecen de vez en cuando, en el transcurso de su vuelo. Allí, los hilos que portaban se entrelazaron una y otra vez, y la frágil madera empezaba a prenderse con la fricción de los mismos. Era un fuego que quemaba, que inflamaba el pecho, pero que no se expandía más allá de los participantes de aquella transformación. Montones de hormigas corretearon alrededor de los cuerpos, igual que las ondas que crea una piedra al ser lanzada al agua. La tierra, caliente, se levanta, partícula a partícula, con cada suspiro que se escucha en el eco.
Las brumas de la noche cubren los ojos, igual que persianas bajadas para evitar la luz en la habitación, y rayos que llenan el cuerpo estallan en millones de diminutos electrones, que se confunden con el agua que despide la madera de los ardientes muñecos, y, mientras todo ocurre, los trenes viajan transportando curvas en los labios.
http://youtu.be/AQ-iU33vJQU
miércoles, 22 de enero de 2014
Danzar
He visto cosas que hacen vibrar los cristales inertes de un bar de mala muerte, como praderas envueltas en llamas en el país del agua. Y es que llevar cuchillos en el traje de baile puede ser una mala idea, pero habrá que defenderse por lo que pueda venir. Si te sujeto bien fuerte no pongas el arma en mi garganta por un paso cambiado, la música se transforma, y el compás se vuelve lento o acelerado conforme avanza la noche. Son las notas que fluyen de los instrumentos las que marcan el ritmo, y las melodías siguen siendo hermosas.
Coge entre tus manos ese objeto cortante y conviértelo en un montón de mariposas que revoloteen a nuestro alrededor en esta fría noche de invierno. No estamos en ninguna trinchera que no sea la de tus ojos observando los míos. Continuar la danza no debería ser más difícil que observar la luna llena frente a nuestros ojos. La música seguirá sonando.
https://www.youtube.com/watch?v=Gx-OTFOq0-Y
Coge entre tus manos ese objeto cortante y conviértelo en un montón de mariposas que revoloteen a nuestro alrededor en esta fría noche de invierno. No estamos en ninguna trinchera que no sea la de tus ojos observando los míos. Continuar la danza no debería ser más difícil que observar la luna llena frente a nuestros ojos. La música seguirá sonando.
https://www.youtube.com/watch?v=Gx-OTFOq0-Y
Ubicación:
23170 La Guardia, Jaén, España
domingo, 22 de diciembre de 2013
Saltar
Es cierto eso de que la mejor máscara es la que te hace creer que es una cara de verdad. Y hacer un juego de malabares parece ser mi estilo, pero tú también tienes magia negra en tus manos, y también sabes esconderte detrás de un halo de aparente. Y si me vuelvo un fantasma, que sea aquel que recita cuentos al oído, junto a tu lado de la cama. Vamos a saltar a la piscina, y en el aire sentiremos el hormigueo de la vida fluyendo por nuestros cuerpos. Y las flores de los jardines se abrirán para nosotros, será primavera en los corazones, aunque ya haya llegado el frío invierno. Y si las tinieblas te atrapan, no te duermas con ellas, no te quedes sentada en la silla de los horrores, haz que brille la habitación con tu sonrisa.
Ubicación:
23170 La Guardia, Jaén, España
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Nos colocamos diferentes caras debajo de la misma fachada, quizá porque seguimos sintiendo igual aunque los rostros cambien. Tal vez porque da miedo la oscuridad, la pena de sentir la soledad acechando en cada esquina, cuando lo único que deseas es ir con alguien que la destruya solo con una palabra. Y ella lo consigue, aunque no pueda rondar siempre, pero al caer la noche extiende su manto de luz para cubrirme del frío.
sábado, 7 de diciembre de 2013
La calle M
Una orquesta de tambores camina por las calles de la materia gris cerebral. Los soldados disparan al aire con sus rifles, y se sincronizan con los golpes de la percusión. Pom. Pom. Pom. Y el corazón de un muchacho con un globo funciona al mismo ritmo que la estridente música que se escucha.
Caras largas, automatismo. Hoy la alegría se quedó en la cama con resaca. Ya llevaba muchos días de fiesta, y un exceso de alcohol sobrecargó los límites de la comisura de su boca. El ambiente se vuelve frío, protocolario, y el agua comienza a fluir por carreteras humanas, llena de sal y torpeza.
Y el niño que lleva el globo sabe que no puede detener lo que se mueve a su alrededor, y se pregunta cómo hacer que todo aquello desaparezca. Entonces echa a correr, el globo se escapa de sus manos, y se esconde en una casa de la calle M, esperando a que su propietaria vuelva, y, con un abrazo, aislar todo el ruido que llega de afuera.
Caras largas, automatismo. Hoy la alegría se quedó en la cama con resaca. Ya llevaba muchos días de fiesta, y un exceso de alcohol sobrecargó los límites de la comisura de su boca. El ambiente se vuelve frío, protocolario, y el agua comienza a fluir por carreteras humanas, llena de sal y torpeza.
Y el niño que lleva el globo sabe que no puede detener lo que se mueve a su alrededor, y se pregunta cómo hacer que todo aquello desaparezca. Entonces echa a correr, el globo se escapa de sus manos, y se esconde en una casa de la calle M, esperando a que su propietaria vuelva, y, con un abrazo, aislar todo el ruido que llega de afuera.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Salta
Sé que las manecillas del reloj son puntiagudas, tal vez porque desgarran el tiempo a cada paso que dan, incesantes, y cuando intentas detenerlas con la mano, éstas te cortan. Una fina herida que de lado a lado de la mano muestra un hilo de sangre que se escurre sobre la impermeabilidad de la piel. Gota a gota, el color rojo va golpeando en el suelo, y las hendiduras de la baldosa se van rellenando poco a poco, como un río espeso y lento que avanza sobre tierra y rocas.
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
domingo, 1 de diciembre de 2013
Quedarse
Me siento delante de un caballete con lienzo, y comienzo a trazar líneas, cogiendo diferentes colores con la paleta. Con el verde dibujo un sendero de árboles perennes, en un bosque profundo. El marrón sirve para formar los troncos, con madera fuerte en unos árboles, y carcomida en otros. El suelo, húmedo de la lluvia, cubierto con hojas secas, marca las condiciones de la atmósfera. Aparece también el cabello de alguien, flotando, igual que un tímido fantasma que solo muestra ese rasgo de sí mismo. Y voy usando los demás colores, rojo, para descubrir sus labios y el área de sus mejillas. Con un dedo voy formando lo que será el tono de su piel en lo que se perfila como su rostro, dejando mi impronta en aquel cuadro. Con polvo de estrellas delimito sus ojos, que comienzan a brillar como si de brumas de esperanza se tratasen.
Arranco trozos de mi camisa y los coloco formándole a ella una propia. La suya la perdió al liberarse del frío. Entonces me detengo.
- ¿No le dibujas las piernas?- Inquirió un muchacho, que había estado observando la pintura.
Yo negué con la cabeza, y él me preguntó el por qué.
- Porque no le gustará estar ahí, y entonces se marcharía.- Respondí.
- Eso es una tontería.- Dijo- Si realmente quiere quedarse, no se irá.
Arranco trozos de mi camisa y los coloco formándole a ella una propia. La suya la perdió al liberarse del frío. Entonces me detengo.
- ¿No le dibujas las piernas?- Inquirió un muchacho, que había estado observando la pintura.
Yo negué con la cabeza, y él me preguntó el por qué.
- Porque no le gustará estar ahí, y entonces se marcharía.- Respondí.
- Eso es una tontería.- Dijo- Si realmente quiere quedarse, no se irá.
martes, 19 de noviembre de 2013
Frozen and burning
Me dijeron que el amor termina muriendo de frío en medio de una noche nevada en el punto más alto del Everest. Que, como una gran hoguera que ilumina el cielo, va apagándose, con el paso de los días.
Frío. Frío. Congelación.
Me contaron que las olas del mar devoran su destartalado barco de madera en las noches de tormenta. Que, al igual que la luz del faro que vigila el mar, va perdiendo su brillo hasta apagarse si nadie le auxilia.
Desgaste. Desgaste. Oscuridad.
Me aseguraron que el amor era un hombre amable que acababa por volverse un fantasma. Que, lo mismo que un moribundo, va dejando cada vez menos su huella entre nosotros, hasta dejar solo restos.
Debilitamiento. Debilitamiento. Muerte.
Lo que nadie me dijo es que se puede quedar en un punto medio, en el que cuando ella lanza chispas, el fuego comienza a arder de nuevo, el faro se ilumina, y el moribundo recupera el color de sus mejillas. Y todo ello sin que realmente se alcance la máxima potencia. Porque la verdad es, que no se ha consumado.
Frío. Frío. Congelación.
Me contaron que las olas del mar devoran su destartalado barco de madera en las noches de tormenta. Que, al igual que la luz del faro que vigila el mar, va perdiendo su brillo hasta apagarse si nadie le auxilia.
Desgaste. Desgaste. Oscuridad.
Me aseguraron que el amor era un hombre amable que acababa por volverse un fantasma. Que, lo mismo que un moribundo, va dejando cada vez menos su huella entre nosotros, hasta dejar solo restos.
Debilitamiento. Debilitamiento. Muerte.
Lo que nadie me dijo es que se puede quedar en un punto medio, en el que cuando ella lanza chispas, el fuego comienza a arder de nuevo, el faro se ilumina, y el moribundo recupera el color de sus mejillas. Y todo ello sin que realmente se alcance la máxima potencia. Porque la verdad es, que no se ha consumado.
jueves, 31 de octubre de 2013
Deeper
Caminamos sobre las líneas del tiempo, cuerdas que se entrelazaban sobre el espacio que separa una casa de otra. Éramos trapecistas que se encontraban en el medio, y no sabíamos donde ir, solo avanzábamos. Abajo solo vacío. ¿Qué ocurre? Viene un huracán y absorbe las ganas de avanzar, aletarga los sentidos, y el sueño domina los músculos, y, aún así, el descanso es efímero.
Los rasgos se marcan bajo sus ojos, y solo la risa rompe con el hielo que se ha formado abajo.
Se forma nieve, la cuerda cede, y caemos al frío suelo. De nada sirve nuestra ropa. Las dagas del viento se clavan desde todas direcciones, sin piedad, una y otra vez, atravesando incluso la cabeza. Nos levantamos, y juntamos nuestros cuerpos, quizá la forma más primitiva de obtener calor.
¿Qué son las palabras? Si aparecen barcos que se abordan el uno al otro, pero ninguno de los dos consigue conquistar el barco contrario. ¿Qué son las miradas? Si los cañones disparan y la madera de cada vehículo se vuelve inmune al plomo. ¿Qué es el roce? Si ambos están escorados y mantienen el rumbo intacto.
El tiempo volvió a cambiar de bando, como una balanza que nunca permanece estable, sino que oscila a ambos lados, insegura. Y quizá sea que todo se vuelve lo suficientemente inalcanzable como para expresarlo con palabras, pero lo que es cierto es que me ahogué en el oscuro océano de tus ojos.
http://youtu.be/06H_6oI4EK4
Los rasgos se marcan bajo sus ojos, y solo la risa rompe con el hielo que se ha formado abajo.
Se forma nieve, la cuerda cede, y caemos al frío suelo. De nada sirve nuestra ropa. Las dagas del viento se clavan desde todas direcciones, sin piedad, una y otra vez, atravesando incluso la cabeza. Nos levantamos, y juntamos nuestros cuerpos, quizá la forma más primitiva de obtener calor.
¿Qué son las palabras? Si aparecen barcos que se abordan el uno al otro, pero ninguno de los dos consigue conquistar el barco contrario. ¿Qué son las miradas? Si los cañones disparan y la madera de cada vehículo se vuelve inmune al plomo. ¿Qué es el roce? Si ambos están escorados y mantienen el rumbo intacto.
El tiempo volvió a cambiar de bando, como una balanza que nunca permanece estable, sino que oscila a ambos lados, insegura. Y quizá sea que todo se vuelve lo suficientemente inalcanzable como para expresarlo con palabras, pero lo que es cierto es que me ahogué en el oscuro océano de tus ojos.
http://youtu.be/06H_6oI4EK4
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