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jueves, 3 de diciembre de 2015

Dos mujeres (III)


III

Una barrera, una barrera
que desinfle este deshonor,
ya basta de besar el suelo,
el polvo no sabe nada bien.

Equivoqué el camino, lo sé,
siguen pasando
la factura a diario, ya
pagaré esa acción.

Prender fuego al tiempo,
allí donde las manos
me quitan el frío mortal,
allí donde nunca fui.

Me pierdo entre los cuerpos,
confunden los aromas,
un lobo solitario no
vuelve bien a la manada.

He coloreado mis horas
con las pinturas del ayer,
dudo entre el gris y el rojo,
tal vez negro, como mi cabeza.

No hay lugar aquí, demasiado
ruido, mucho movimiento,
la mujer que busco es la brisa,
una gota que ondea el agua.

Sólo quería una explosión
dentro de mi cuerpo, no
la secuela de una bomba,
quizá apreté el detonador.

Abandoné la realidad
para buscar un deseo,
y lo único que es verdad
es que me contaba mentiras.

Formaré otros lazos, quizá,
con alguien que no teme el
filo que forman mis manos,
una flecha que atraviesa.

Entonces segaré los árboles,
prenderé fuego a las hojas,
pero jamás olvidaré las
raíces que me llevaron hasta aquí.

jueves, 8 de octubre de 2015

Laberintos

- ¿Qué le ha pasado al bosque?

- ¿Y tú me lo preguntas? Yo sólo puedo tener una sospecha. Mira en tu interior.

- ¿Qué dirías tú que es?

- Dudas de tus pasos, un poco solo. Porque en realidad te has fijado una meta. La lucha que venías librando se termina, porque arden las cenizas y se esparce sobre el suelo un olor distinto al que yo notaba. Nada de sal. Nada de esa humedad caliente. Dejas atrás un centro oscuro, tapado por las ramas de los árboles. Ya los espejismos del terror se desvanecen y se esconde el miedo bajo la maleza. Lo que era difícil lo has hecho sencillo al final, con un poder que todos querrían tener.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque echo un vistazo a la zona que me está vedada, y observo que hay un laberinto. Y, sin embargo, puedo ver el centro del bosque. Por la simple razón de que tú, para salir de él, has quemado los setos. Nada más fácil que una línea recta para escapar.

- Pero... ¿Cómo?

- A eso yo no puedo responder.

- ¿Por qué?

- Yo no sufro esos cambios. Sigo viendo los espejismos y maravillándome con ellos. Tú eres el centro de mi laberinto, y, a la vez, la salida. Este bosque, tu laberinto, todo lo que yo observo, no es más que un enorme corredor intrincado del que nunca podré salir, ni siquiera cuando ya no vengas a hablar conmigo de esta forma. 

domingo, 9 de agosto de 2015

Empezar de cero




Te gusta lanzar palabras al azar, sin ningún destino en particular. Colocaste un espejo en una habitación y me dejaste allí, respondiendo a tus locuras, con el eco devolviendo mis ilusiones. Te fuiste sin decir nada, aunque tus letras seguían disparando, silenciosas, a lo lejos.

Sobre la arena mojada puse mis deseos, porque sabía que se irían a las profundidades del océano. Los devoraría algún pez, o quizá se ahogaron a los pocos minutos de estar sin aire. No pasa nada. Ya me haré otros nuevos, y los esconderé donde la mano amarga del pasado no pueda encontrarlos.

No he sabido encajar en las mareas del mundo, y, al igual que una pieza rota en un rompecabezas, intento meterme en los resquicios de humanidad que aún existen. Te has ido sin haber estado nunca conmigo, lo sé, pero el hueco que has dejado me ha mostrado hasta qué punto estaba aislado de todo.

Y es que cuando la ficción tiene más peso que la realidad, todo cambia; y cuando las paredes se desmoronan me encuentro enfrente de aquel espejo, sin nada más que un todo por hacer. 

domingo, 17 de mayo de 2015

Monstruos


 Él esperaba sentado a que alguien fuese a llevárselo. Lo que no sabía era que nadie haría eso. Nunca se había parado a sembrar nada, tan descuidado como era, y, aunque la soledad vivía haciéndole compañía, se las apañaba y se consolaba pensando que algún día llegaría una persona que lo salvaría.

No le gustaba su entorno. Había crecido aprendiendo a recluirse de aquello que no le gustaba. El día a día. La ignorancia que rezumaba de las demás personas. Las burlas, los dedos acusadores sobre el fantasma extraño que representaba. Un golpe invisible tras otro, junto a algunos de verdad, habían hecho de él la persona que era. Quizá no era especial, es cierto, pero aprendió a valorar los pequeños gestos, las palabras amables y las sonrisas sinceras. Aprendió a valorar aquello que escaseaba entre los laberintos de la calle.

Encontró las manos amigas entre hojas de papel manchadas de tinta, los ojos que no apuñalan, y la burla que no destroza, se quedaron entre las esquinas de la mente.

¿Cómo puede quejarse la voz colectiva de su reclusión entre las plácidas cárceles del conocimiento, cuando fueron los hijos bastardos del odio y el rencor los que apedrearon su frágil escudo?

¿Cómo puede quejarse si aquello que resulta diferente es presionado hasta la destrucción? Quizá con la salvedad de que si vuelve al redil se le protegerá de las dentelladas de las ovejas blancas.

Y ahora, cada vez que intenta crear una relación productiva, le tiemblan las manos al sujetar la regadera. Porque la realidad duele. La realidad asusta. Porque los monstruos de verdad no son ficticios.

Te saludan por la calle.

domingo, 15 de febrero de 2015

Sesiones

- Empiezo a correr, mucho, hasta que ya no puedo más, y me escondo dentro de una habitación extraña, con estatuas y una lámpara colgando en el techo. Y, no sé por qué, pero me estaba riendo, como si no importase nada de aquello, como si el terror que me atenazaba no importase. Al fondo, una silueta me observa, atenta, pendiente de mis movimientos. Es aquello de lo que huyo, y sin embargo, no le cuesta trabajo alcanzarme. Aunque yo creo que realmente no hace nada por lograrlo, simplemente sucede.
- ¿Por qué dice eso señor Gunter?
- No lo sé, solo lo creo.
- ¿Y por qué lo cree?
- Eso debería saberlo usted, que para algo es la psicóloga. ¿Qué quiere decir todo eso?
- Puede ser que usted huya cuando en realidad no puede huir. O que no quiere.
- ¿Huir? ¿De qué?
- Bueno, seguro que hay algo. La gente huye de muchas cosas. La rutina, el pasado, los miedos...
- ¡Yo no huyo de nada! ¿Por qué no dice de una vez lo que es y deja de inventarse cosas?
- Yo no me invento las cosas señor Gunter, has estado todo el rato intentando escapar de mí.
- ¿De ti? ¿Cómo voy a estar escapando de ti si he venido a verte para contarte esto?
- Por esa misma razón, señor Gunter. Yo soy esa silueta, ¿verdad? 


martes, 10 de febrero de 2015

Gigantes

Dos gigantes se balancean de lianas negras, arriba, abajo, y hacen retumbar el mundo con sus tambores. Las tierras de alrededor, desoladas. Nadie para hacerles frente. Ellos juegan, alegres, con sus juguetes, sin nada que los detenga. Nunca antes el mundo apareció tan vacío. Ya no hay niños jugando, polvo en el viento. Ceniza. Nada verde, tierras yermas en el cielo. Y cuando los gigantes se aburran, se golpearán entre ellos, a menos, claro, que en realidad no puedan tocarse.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Bridges

Hay gente a la que no le gusta soñar. Que no quiere. Aunque no es algo que sea eterno. Al principio me extrañó que esto ocurriera, aunque luego lo pensé mejor y no es tan descabellado. Hay que tener en cuenta que los sueños guardan fuertes conexiones con la realidad, con nuestra vida. Y que, al igual que en esta, no todo es bueno. No son una catarsis, no son la salvación. Existen las pesadillas. Esa persona que no quiere soñar debe estar lo suficientemente destrozada en la realidad como para no querer ver partes de eso manifestadas en el mundo onírico. Se pueden combatir las pesadillas, claro que sí. Y también se puede enfrentar la realidad. Pero nada es fácil en estas cuestiones, y es posible que haga falta que el tiempo corra. Y algo más.

http://youtu.be/eYAqgPyKRJI





domingo, 17 de noviembre de 2013

Inverso

Soy un mal trapecista colgando sobre la cuerda que hay entre dos rascacielos. Camino, con torpeza, sin mirar abajo. Porque si mirase abajo me quedaría paralizado, y muy posiblemente caería. Y es que no sé por qué intento hacer esto si no sé mantener el equilibrio. Es posible que los objetivos que se forman no se correspondan con la realidad, y se crea la eterna burbuja que me atrapa. Se materializa tanto miedo que ya, ante lo que ocurre, ante la frustración, la opción que se alza es dibujar ese mundo entre líneas. Lo bueno de la mente es poder crear cualquier situación que normalmente no te dejarían vivir. Y también las que sí. Ya sea una novela, un texto o un poema. Puedo desnudar a alguien que no quiere sin que me pase nada. Porque en realidad no ocurre el acto. No se materializa de forma concreta. Puede parecer que no es suficiente, pero, ¿qué otras opciones quedan? Solo los sueños. Y es complejo poder controlarlos o decidir qué soñar. Y, aún haciéndolo, no se podría realizar todo lo que gustaría.

La gran pregunta es: ¿Por qué no invertir el proceso?
Que en vez de ser exclusivamente fruto de la imaginación, se produzcan los pasos necesarios en la realidad, y, a partir de ahí, formar las líneas. 

jueves, 17 de octubre de 2013

Lejos, más lejos.

Me encontraba mirándola fijamente, desde mi asiento. Ella levantó la cabeza, y dejó de leer el libro que tenía entre sus manos.

- ¿Qué haces?- Inquirió.
- Desplegar mis encantos. Todavía estoy en la primera fase.- Respondí.

Suspiró ruidosamente, y volvió a enfrascarse en la lectura. Fue entonces cuando sentí el tremendo golpe.

- ¡Eh! ¡Eh! Benjamin, despierta. ¿Estás bien?

Desperté. La vi a ella y recordé. El barco se había destrozado, y no sabía cómo. El mar nos arrastró a ambos a la orilla. Me incorporó un poco. Tenía la vista borrosa y no alcanzaba a ver mucho más allá de su rostro. Tosí. Al parar me sentía un poco mejor. Ya podía ver a mi alrededor. Aún estaba sobre la arena. El agua del mar lamía mis pies. Las botas estaban totalmente empapadas, y no digamos el resto de mi cuerpo. Mis gafas debí haberlas perdido en el barco, o puede que durante el naufragio.

Me levanté con ayuda de Helena. El mar estaba en calma, al menos hasta donde alcanzaba el horizonte. El sol se mostraba muy presente, acariciando con sus rayos la superficie de agua salada.

- ¿Qué ha pasado?
- ¿No lo recuerdas?- Bufó.
- No...
- Siempre estás igual. Se te olvida todo.
- No es momento para reprocharmelo, ¿no crees? Cuéntame. ¿Qué pasó?
- Un maelstrom. Absorbió el barco y lo escupió totalmente destrozado. Con nosotros dentro. Y, no sé como, pero llegamos hasta aquí. Tú te quedaste encallado más abajo y tuve que tirar de ti para que no te ahogases.
- ¿Viste a alguien más?
- No. Fue algo horrible. Quedaron solo astillas del barco. ¿Sabes lo que es eso? Tienes suerte de estar vivo. Tenemos suerte.
- Podríamos entrar en la selva, a ver si encontramos a alguien. O al menos algún sitio en el que quedarnos.
- De acuerdo. Pero no te separes mucho de mí.
- Vaya, no sabía que la fase dos hubiera tenido éxito.
- ¿La fase dos?
- La de mis encantos.
- Ni en esta situación dejas las bromas de lado.- Suspiró.

Entramos en la selva, que estaba a pocos pasos del mar. Todo estaba lleno de árboles, con una separación considerable entre ellos. sus hojas eran largas y un poco gruesas. El sol campaba a sus anchas allá adentro. Ya no se notaba tanto el olor a humedad del mar, y el viento no era tan fuerte, pues chocaba contra aquellas barreras naturales. Habían diversos arbustos y matorrales, cuyo color verde oscuro contrastaba con el verde claro y amarillento de la hierba que crecía a ras del suelo. Se veían insectos volando, como libélulas y mantis religiosas. En los árboles más interiores, se podían ver lianas colgando de ellos, y la apariencia cambiaba, pues tenían hojas más pequeñas, delgadas, y de un color más oscuro que las iniciales. Se escuchaba el canto de pájaros típicos del lugar, como los loros.

Nos detuvimos en un claro. Allí no había nada, salvo la hierba, que lo cubría todo. Fue entonces que apareció un viejo.

- Ey, Benjamin.- Me dijo.- ¿No es más bonito esto con flores?

Desapareció y todo se cubrió de flores. Rosas, amapolas, margaritas, tulipanes, camelias, orquídeas, lirios, iris, claveles, jazmines... Toda una explosión de colores y olores que aparecían de la nada. Por otra parte, pude distinguir varias mariposas de distintas especies; como la mariposa monarca, la tigre, la cebra; o simplemente mariposas comunes de diversos colores, destacando las azules, con un color más intenso que el resto. Todo aquello era un regalo para mí, pero estaba desconcertado, pues aquello había salido de la nada.

- ¿Tú también has visto al viejo?- Inquirí.
- ¿Qué viejo?
- El que había antes de que las flores apareciesen.
- ¿Te burlas de mí? Las flores llevan ahí desde que llegamos.
- ¿En serio?
- ¿Qué interés tengo yo en mentirte? Estoy diciendo la verdad. Seguro que sigues mal por el viaje. Un shock o algo. Vamos, ven.- Dijo, mientras me cogía de la mano.

Me metió entre las flores, y, mientras caminábamos, las mariposas volaban a nuestro alrededor. Y, de repente, los árboles de alrededor se notaban más cercanos entre ellos, y actuaban de parapeto contra el sol, pero el problema era que cada vez había menos luz allí.

Entonces, Helena se detuvo y, agarrándome de las manos, se tiró sobre las flores. Perdí el equilibrio y caí sobre ella. Nos quedamos mirándonos. Dos cuerpos mojados, que ardían cuanto más tiempo pasaban juntos. Íbamos a juntar nuestros labios cuando, de repente, todo se congeló. Todo excepto yo. Me levanté precipitadamente, confuso. Entonces vi al viejo.

- ¿Qué has hecho?- Pregunté.
- ¿Yo? Nada.
- ¿Por qué se ha parado todo?
- A lo mejor no quieres vivir solo de fantasías.
- ¿Qué quieres decir?
- Que estás cambiando tu interior.
- No lo entiendo. Para empezar... ¿Dónde estamos? ¿Quién eres?
- ¿No lo sabes? Estamos en uno de los mundos de tu mente. Y yo soy el constructor de mundos.
- ¿Quieres decir que todo esto no existe?
- Claro que existe. Todo lo que se crea tiene lugar en la realidad. Lo que ocurre es que solo se dará en la tuya.
- ¿Y por qué se ha detenido todo? Todavía no lo has explicado.
- Has venido aquí con frecuencia. Yo solo sigo tus órdenes. Tal vez sea que te has cansado de vivir en una realidad creada por ti. Y que quieras hacer una con tus propias manos, allá afuera.

lunes, 14 de octubre de 2013

χάος

Nubes y nubes de palabras, torbellinos de agua que atraen todo tipo de emociones. Una mezcla tan potente que uno no sabe donde está, parado en medio del camino de mi mente, asustado, confuso, como un borracho tirado en un banco del parque.

No sé si andar hacia delante o volver atrás, no sé que objetos salvar de este enorme incendio, ni tampoco si esperar a los bomberos o coger yo mismo el extintor. Al final será la imaginación la que marque las pautas, la realidad se volverá algo ideal, y terminaré hundiéndome en el océano de mis propias ilusiones.

http://youtu.be/MHvT6lM3738

sábado, 28 de septiembre de 2013

Un, dos... ¿tres?

Dicen que existen dos mundos. Uno real, consciente, que determina la vida; y otro imaginario, paladín de los sueños, efímero condicionante del primer mundo.

Pues bien, esto es falso. Existe una tercera ubicación, en la que se mezclan los dos mundos, ya sea porque la realidad se vuelve similar a lo que habitaba en el subconsciente, ya sea porque la realidad se dibuja en los sueños y la imaginación.

A su vez, este lugar se divide en dos evoluciones distintas del tiempo. Una, más cercana a la frontera de la realidad, en la que los segundos se pasan como si fuesen heridos de guerra, mutilados graves; se arrastran por el suelo, caminan lentamente, y en ocasiones dibujan la eternidad. Una eternidad anquilosada, aburrida, indeseada, en la que nadie preferiría la inmortalidad.
La segunda, más cercana a los límites del subconsciente, se vuelve rápida y sosegada, envuelta de paz, tranquilidad, y emociones cálidas. No obstante, los minutos se escapan de las manos, como si intentásemos atrapar con los dedos agua de un estanque.

No sé cuál de estos estados frecuento con más asiduidad, pero sí sé que, cuando estoy con ella, aparece un cuarto habitáculo, paralelo a todos ellos, en el que el tiempo deja de funcionar, como un reloj parado que se dibuja en el infinito. Y, solo cuando nos separamos, es cuando todos los soldados de Cronos rompen filas y se disponen a arrebatarme lo que les corresponde.

http://youtu.be/LXLXJKhkxl0