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sábado, 24 de octubre de 2015

El vuelo

- Lo has vuelto a hacer.

- ¿El qué?

- ¡Has eliminado otro árbol!

- ¿Y? Te dije que tenía mis razones. Es cierto que los errores no se borran, pero los árboles puedo quitarlos si lo veo necesario. Además, tú ya los has visto y lo sabes, ¿por qué darle vueltas?

- Está bien, está bien.

- ¿Qué hacías antes de que llegase?

- Observaba los cambios.

- ¿Cuales?

- Los tuyos, ¿cuáles si no? Al menos los que puedo ver en la linde del bosque.

- ¿Y qué has visto?

- Los cuervos... Los cuervos se han ido. Alzaron todos juntos el vuelo y se alejaron. Han pasado varios días desde que me sentí tan maravillado como hoy.

- ¿Y eso por qué?

- Creo que sobran las explicaciones. Tú sabes lo que ocurre mejor que yo. ¡Ojalá pudiese visitar el bosque por dentro! Si así ya siento las emociones, ¿qué me pasaría allá adentro? Sería una experiencia grandiosa, seguro.

- No puedes, y lo sabes. No todo ahí dentro es como piensas.- Musitó.

- ¿A qué te refieres?

- Hay lugares que son peligrosos, partes donde las bestias despedazan y el sol no puede colarse entre las rendijas del techo arbolado. Si a ti se te mantiene fuera es para mantenerte a salvo de todo lo que se esconde a tu vista. No es el único motivo, claro, pero sí uno de ellos. Aquellos que se acercan demasiado terminan vagando entre la bruma, ahogados entre aguas estancadas, caminando sobre cenagales engañosos y traicioneros.

- Siempre hay riesgos. ¿No crees?

- Lo dices porque no conoces lo que aguarda el interior. Sólo imaginas cosas. Eso no basta.

- ¿Y no ocurre eso mismo en tu lugar?

- Puede ser. Pero yo nunca he visto siquiera el exterior del bosque. Del tuyo.

- Tampoco me pediste verlo. ¿Quieres echar un vistazo? ¿Saber adonde está?

- Si tú quieres...

- Pues entonces mira, mira a tu alrededor.

- Pero... ¿No se supone que este es el mío?

- Claro que sí. Lo que ocurre es que no eres la única que incide en él. Nosotros hacemos el bosque, no al contrario. En el momento en que nos marchemos, este lugar cambiará, o desaparecerá. Y nuestras manos crearan otro paisaje, otra visión. De momento, hablamos aquí. Yo veo cosas, y tú también. Creo que vas recuperando la alegría, que te acercas algo más que antes a mí, siempre con la barrera de seguridad, y, aún así, me gusta lo que veo. Sé que mi lugar no puede estar más lejos de este tronco, aunque al bosque incluso le agrada mi presencia. Sé que he venido aquí en un momento inadecuado, con un rostro equivocado, y con un saludo asfixiante. No obstante, ¿sabes qué?

- ¿Qué?

Pausa. El aire mece los árboles, y los pájaros trinan. Gorjeos suaves, saludando al atardecer.

- Gracias. Has dejado un rendija abierta, una conexión que nunca hubiera imaginado realizar con nadie. Seguimos siendo dos desconocidos que se conocen demasiado, y, a pesar de todo, no has quemado todos los puentes. Y, aunque no me engaño ni me cuento mentiras, con poco has hecho mucho, nunca sabrás cuánto. No podrá ser pagada lo suficiente esa deuda, lo sé. Más créeme si te digo que disfruto como nunca si veo a la desidia huir volando. Y más, mucho más, si yo tuviese algo que ver con eso.

- A veces creo que deliras.

- ¿Y qué más da? Si tus lágrimas, aunque no las vea, se me clavan como cuchillas; si tu alegría, aunque no la observe en tus labios, me hace implosionar por dentro. Si lo has vivido, sabes lo que es. Y siendo, creas, y diciendo, emanas. Yo no sería lo que soy si no te hubiese encontrado, incluso de esta forma tan casual, con una relación tan frágil, unidos a través de una nube de datos que sólo aspira a dibujar un cuerpo imaginario. No, no, a pesar de querer más, ya me has dado más de lo que jamás obtuve con la carne y el agua salada; más que con la dureza y el escalofrío. Dime si no es para asombrarse.
 

jueves, 17 de septiembre de 2015

No da igual

Si las otras estrellas
tapaban mi brillo
da igual, da igual, 
encontré alegría
en el polvo.

Si las otras huellas
borraron mi camino
da igual, da igual,
avancé a tientas
en el lodo.

Si las otras voces
acallaban la mía
da igual, da igual,
susurré cálido
en la soledad.

Si los otros ojos
cerraban los míos
da igual, da igual,
imaginé los tuyos
en la oscuridad.

Si las otras manos
apartaban las mías
da igual, da igual,
me aferré fuerte
en los sueños.

Si las otras mentes
reprimieron la mía
da igual, da igual,
la mantuve libre
en tus palabras.

Y por eso lamento
que te asustases
de mi sombra,
no da igual, no da igual,
la luz la proyectaste tú.

Y por eso escribo
con un poco de ti,
un mucho inventado,
y la sensación de 
perderte sin encontrarte.
 

Para la M que me mostró a Murakami
 

miércoles, 22 de abril de 2015

Piezas

Hasta que no se descomponen todas las piezas que se han ido formando en este puzzle pintoresco, no se puede volver a formar nada. Perdí mi camino entre las flautas de la alegría y me olvidé de la mano que apresa la garganta, hasta que fue tarde.

No se preocupe si no puede hacer que todas las partes encajen, formando un único escenario en el horizonte. Son necesarias las piezas solitarias, imposibles de encajar, y que aparentemente no nos sirven. Son necesarias porque en algún momento serán un resorte que una las próximas que iremos encontrando. Y, si aún así se vuelven inútiles, es preciso recordar que forman parte de lo que conoces, y permanecerán ahí, a pesar de todo.

No lo verás nunca terminado, incluso si vas completando las esquinas y diversas partes centrales. La razón de esto es que los secretos existen, y las aristas y cavidades no siempre son lo que aparentan, volubles ellas en el tiempo, desconfigurando la apariencia de orden. No pasa nada. Tú también eres una de esas piezas, aunque seas la mano que mueve el resto, a pesar de que habrá algunas que nunca podrás cambiar de lugar, esto son, figuras poderosas que influyen en tu vida de una forma en la que tú no podrás solo.

No pasa nada. Elige bien qué piezas poner y quitar, y cuáles de ellas cambiar de lugar. Y, sobre todo, dale forma a la tuya, porque, obviamente, tú también deberás entrar en ese enorme tablero.

sábado, 21 de marzo de 2015

Luchas internas

Las horas pasan lentas, aletargadas, bajo estas tristes paredes, donde la vida se escapa. ¿Qué hacer cuando el problema está en tu propia cabeza? Un estado bipolar físicamente irritante, que viene cuando piensas que se ha ido.

Y no, no me gustan sus visitas, porque me recuerdan lo poco que dura la ilusión. Una vela bajo un vaso de cristal, ¿cómo quieren que no me apague? Si cuando me da el aire, vuelven a ahogarme. Algún día voy a tirar todo por la ventana, y me darán igual los destrozos. Una rabia dormida, que quema el pecho, y empuja cualquier otra cosa. Es gracioso que sea contra algo que vive conmigo, ¿verdad?

Hay cosas con las que no quieres estar, pero que forman parte de ti. Piezas defectuosas que desearíamos arreglar, que entorpecen el rumbo normal del barco en el que vamos. Ojalá existiera eso. Algo que nos permitiese cambiar lo que no queremos, ¿verdad? Quitar esas espinas que rodean tu cuello, esas alambradas que la gente le pone a tu alegría.

No nos engañemos, las taras, y lo que nos pone la tómbola injusta de la sociedad, debemos soportalo nosotros. Aprender a ver al enemigo en el espejo, y evitar que gane, nuestra carga. Porque, en el momento en que la sonrisa sea la que él quiere, habremos perdido.

Para Noelia. Ánimo, y no lo dejes.


jueves, 26 de febrero de 2015

Vida y obra de una lágrima

Me deslizo entre las hojas que pueblan los astros de la avenida 16, no me muevo yo, me mueve el viento. Choco contra las tinieblas de tu cuerpo, un visitante más, un litro de sangre menos; se quedó pegado a ti, cuando cerraste las compuertas de los faros. Me muevo entre la arena de tus tapices, y es cuando me voy quedando pegado a tu pintura: Ya avanzo poco. Es entonces que una enfermera me inyecta el 0 negativo, y vuelvo a correr entre la eterna llanura que baja al inframundo por un único camino.

Pero no creo poder bajar, cuando el parapeto me lleva a cárceles de porcelana, y, ahí, me lanzo al vacío para ser arrastrado de nuevo. Los dulces y yo no encajamos, qué le vamos a hacer. Qué le vamos a hacer si, aunque el momento sea alegre, soy salada como el mar.


viernes, 13 de diciembre de 2013


Los números se volvieron caóticos, en un espacio de embriaguez, donde las gráficas mostraban líneas que salían disparadas. La que mostraba el hastío alcanzaba cotas cada vez mayores, y, sin embargo, al caer la noche descendía velozmente, como si nada hubiese ocurrido. Tal vez sea eso lo que haya descolocado a los números, que se dan golpes en la pared intentando saber qué ha ocurrido.
Y es posible que no haya explicación, pero, sin embargo, sucede. Y habría que mirar cómo la gráfica de la alegría y del nivel de endorfinas se sale del nivel superior y continúa por el exterior del proyecto. No obstante, aún pueden alterarse los resultados, y no precisamente para que se use la situación inversa.

sábado, 7 de diciembre de 2013

La calle M

Una orquesta de tambores camina por las calles de la materia gris cerebral. Los soldados disparan al aire con sus rifles, y se sincronizan con los golpes de la percusión. Pom. Pom. Pom. Y el corazón de un muchacho con un globo funciona al mismo ritmo que la estridente música que se escucha.

Caras largas, automatismo. Hoy la alegría se quedó en la cama con resaca. Ya llevaba muchos días de fiesta, y un exceso de alcohol sobrecargó los límites de la comisura de su boca. El ambiente se vuelve frío, protocolario, y el agua comienza a fluir por carreteras humanas, llena de sal y torpeza.

Y el niño que lleva el globo sabe que no puede detener lo que se mueve a su alrededor, y se pregunta cómo hacer que todo aquello desaparezca. Entonces echa a correr, el globo se escapa de sus manos, y se esconde en una casa de la calle M, esperando a que su propietaria vuelva, y, con un abrazo, aislar todo el ruido que llega de afuera.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás,
porque la vida ya te empuja,
como un aullido interminable,
interminable. 


Te sentirás acorralada,
te sentirás, perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
no haber nacido. 


Pero tú siempre acuerdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso. 


La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos.
 

Un hombre solo, una mujer,
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada,
no son nada.


Entonces siempre acuerdate,
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso. 


Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
que les ayude tu canción,
entre sus canciones. 


Nunca te entregues, ni te apartes,
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo,
y aquí me quedo.


Entonces siempre acuerdate
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.


La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos.
 

No sé decirte nada más,
pero tú debes comprender,
que yo aún estoy en el camino,
en el camino.
 

Pero tú siempre acuerdate
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.


Adaptación del poema con el mismo nombre de Juan Goytisolo por Paco Ibáñez.

http://www.youtube.com/watch?v=zxk3Q_7uunY&feature=youtu.be

viernes, 15 de noviembre de 2013

Ey, coldworld

¿Qué somos? ¿Somos lo que hacen otras personas de nosotros? Hoy pensé que sí. Que soy tristeza, rodeada de optimismo. Lágrimas que brotan de mis ojos, fuertemente sacudidas por la mano del resentimiento. ¿Qué somos? ¿Por qué os regalo melancolía en estas palabras en vez de alegría? Si miro al frente y solo veo un océano de papel y tinta donde hundir las penas, en eternos cementerios que reaparecen cada vez que se clava una daga aquí dentro. ¿Por qué se dibuja frente a mis ojos la paramera yerma y lúgubre en vez de un campo de flores exóticas? Dicen que hay palabras que duelen más que flechas en el cuerpo, y tal vez sea cierto, pero lo que más daño puede hacer es tu propia mente pisando campos de minas que ella misma había colocado.

http://youtu.be/f38BDQC6kPs


lunes, 4 de noviembre de 2013

Words

Un ejército de osos de lana que se mueven sobre un delicado cuerpo de ensueño. Una mano distante que quiere sentir el tacto de la piel en la que habitan dichos animales, y la sonrisa aterradora de un técnico que maneja la electricidad a su antojo, y que, sin embargo, no consigue dominar la tarea del día. ¿Dónde van las palabras que no se dicen? ¿Las devora un atrapasueños invisible que nos acompaña en el hombro, a modo de ángel? ¿Se pierden en la larga carretera del Olvido?

Las sombras del día se vuelven alegres, frente a la melancolía que suscita el caluroso Sol, es una catarsis extraña, donde se rompe con la concepción establecida de que todo lo que tiene que ver con lo luminoso es alegre, y que lo oscuro es triste o trágico. Recuerdos que se entrelazan como un juego de muñecas rusas, donde una palabra suya me conecta con el pasado al tiempo que se forma un boceto del presente. Y los horizontes se amplían, y la desnudez se acentúa, como cuando lees un libro y observas todas las acciones del personaje. Y así, día tras día, la ropa del interior se rompe en jirones. No me dejes sin palabras, solo sin habla.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Difuminarse

Trazaré un línea tan difusa que no sabrás en ningún momento si estoy dentro o fuera de los límites. A veces formaré parte del paisaje, en una acción más de camuflaje. Otras me quedaré pegado a tu piel, sentirás mi tacto, y pensarás que se trata del viento o de la lluvia. No sabrás si me encuentro alrededor o no, solo podrás hacer conjeturas, pensar en cualquiera de las dos opciones sin saberlo con certeza.

Podría haber salido de una habitación acolchada, con señores de bata blanca que dan drogas a los pacientes de allá adentro, pero lo curioso es que no se sabe cuales son los que están tocados del ala; todo se diluye entre las paredes; cordura y locura, cielo e infierno, alegría y tristeza; ¿qué más da? Si me vuelvo un fantasma que se inventa cuentos para que puedas dormir rodeada de legiones de palabras. Aunque es cierto que no lo hago en tu cama, sino en la oscuridad de una gélida habitación que devora el aire que respiro...


"El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?"-Umberto Eco.

jueves, 31 de octubre de 2013

Northumbria

Volvió. Se acercó desde los árboles, pisando lentamente el musgo del bosque.  Esbozó una sonrisa y se quedó allí, mirándome, como un animal asustado que se ve reflejado en los ojos de un depredador. Llevaba un vestido blanco desarraigado, y el pelo se movía junto con el viento, desordenado, como varias madejas de hilo esparcidas al azar.

-¿Dónde has estado?-Alcancé a preguntar.
-He estado viajando.-Susurró.
-¿A qué lugares?
-Estuve en la Sima de la Libélula. Allí dentro, de noche, el viento hace un ruido potente, y martillea la cabeza, causando un dolor constante. Y, al mirar al fondo, aparecían luces cegadoras que anulaban los sentidos.
Cuando me marché de ahí, visité la Laguna Profunda. Una y otra vez sonaban cánticos desde el fondo del agua, tristes melodías que me hacían llorar. Pasaba las noches sin dormir bien, y las ojeras se cebaban en mí cuando podían. A veces conseguía calmarme con las hierbas medicinales que crecían alrededor, pero no eran lo eficaces que me hubieran gustado.

Silencio. Se extienden como un manto los gritos de la mudez. Hasta que se rompe.

- ¿Por qué volviste? ¿No te gustó el viaje?
- No hice el viaje por gusto. Me perdí. Los cuervos rompieron todas las señales que me llevaban hasta aquí. No sé cómo te he vuelto a encontrar.

Se acercó más a mí, y le cubrí con el brazo. Era una imagen, cuanto menos, curiosa. Yo iba ataviado con ropa de color negra, para camuflarme en la noche; mientras que ella iba de blanco, para hacer que el mundo suspirase por ella.

- Te he echado de menos todo este tiempo, ¿sabes? El bosque se vuelve un tétrico escenario cuando viajas en solitario, y ni siquiera los lobos que amansabas con tu mirada me dejaban el camino libre en las horas más duras.- Murmuré.

- Yo me sentía extraña, como si un enorme monstruo saliera de mis entrañas y devorase la alegría durante lapsus de tiempo considerables. ¿Cómo pudieron cortarse las cuerdas de cristal?-Suspiró.

Nos tumbamos en el musgo, bajo los árboles, y juntamos nuestras cabezas. Cerramos los ojos y, mientras caigo en las redes del sueño, no puedo evitar pensar que, si tengo vivencias del subconsciente, y las tengo con ella, entonces, todo no es más que un sueño dentro de otro. Pero, al fin y al cabo, sigue siendo una sensación real.

 "Nuestros cuerpos son los países de este mundo y no las fronteras que aparecen en los mapas con los nombres de hombres poderosos"



viernes, 4 de octubre de 2013

Nuevas hojas

Bolas de algodón
cruzan Ivalice,
frías y húmedas
sobre el paredón.

¿Quién es el reo?
Murmura el viento.
¿Quién el verdugo?
Susurra el pueblo.

Ante el pelotón
de fusilamiento se
haya la firme Nada, 
pena capital por
vivir por cuatro años
en el mismo lugar.

El sucio estanque
de feos patos,
los tristes campos
de cizaña sembrados.

Los grises bosques
de fuego quemados,
los olvidados prados
de bellas rosas cortados.  
 
Apretó el gatillo
el capitán Alegría,
llenando de luz
la sombra del día.

Y fue justo entonces
cuando aguas verdes
y patos feos mueren.

Y fue justo entonces
que dibujó sonrisas
en el lugar donde las
lágrimas tenían prisas.


"Hay placer en los bosques sin senderos, hay éxtasis en una costa solitaria. Está la soledad donde nadie se inmiscuye, por el océano profundo y la música con su rugido: No amo menos al hombre pero si más a la naturaleza."-Lord Byron.

martes, 1 de octubre de 2013

El viaje

Son largas las escaleras que llevan al templo de Tenochtitlán, y al llegar a la cima me pierdo entre tantas ofrendas y habitaciones desconocidas. Doy vueltas sin rumbo fijo, viendo a algunos fieles, hasta quedarme solo. El viento soplaba en un término medio que se agradecía bastante, teniendo en cuenta que no iba muy abrigado. Un techo de nubes blancas cubría y tapaba al cielo. Fue fijándome en estos detalles cuando apareció ella, de la nada, la diosa Itzel, mientras en los alrededores no había alma humana alguna.

Al acercarse a mí, la fragancia de miles de flores rodearon mi cuerpo, y, como buenos mensajeros, penetraron en cerebro a través de las fosas, llenándome de placer y alegría. Parecía algo fuera de lugar. De entre todas las personas, la diosa aparecía ante mí. No solo eso, me sonreía de forma sincera, como si ya la conociera de antes, de otro mundo lejano, abstracto, y perdido en el espacio.

Se acercó a mí, y caminando a mi vera, comenzó a hablar. No sabía en qué idioma hablaba, y aunque lo entendiese, solo tenía sentidos para su rostro, para la sinuosa silueta de su hechizante cuerpo, pues me parecía estar viviendo algo irreal, imposible. Me miraba de vez en cuando, y se encontraba mis ojos fijos en los de ella, tanto era así que me limitaba a seguir sus pasos. Ya podría haberse lanzado al vacío por un precipicio que me hubiera lanzado en pos de ella sin dudarlo.

Durante mi estancia a su lado, iban apareciendo demonios que rugían y que escupían humo por la boca, pero al verla a ella, se detenían y nos dejaban pasar. Llegamos a una gran extensión de terreno, cubierto de verdes hierbas, y árboles que pugnaban por superarles en color. Allí habían duendecillos de los bosques correteando por doquier, y armando mucho ruido. Me llevó a una zona desierta, donde se podían ver cascadas de agua, y pequeños caminos formados por árboles. Entonces habló en mi idioma natal.

- Cómo son de curiosas las cosas, hasta lo que parece inmutable cambia en un descuido.

Entonces volvimos al lugar inicial, y, con un movimiento de manos hizo aparecer unas hojas enormes sobre las que podíamos sentarnos.

- Ese estanque seco que ahí ves, antaño tenía el agua cristalina, y ahora no es más que refugio de los ghouls, que vienen a molestar enseñando sus partes íntimas a los viajeros.

Me preguntó sobre mi viaje y qué me había llevado allí, cosa que me sorprendió, pues yo había ido allí a rendirle tributo.
Empezó a hacer frío, así que ella hizo aparecer un abrigo sobre su cuerpo, y yo solo pude mitigarlo acercándome y juntando mi piel con la suya. Era cálida al contacto y ardía en deseos de acercarme más, pero desconocía sus intenciones, de modo que volví a mi posición inicial y continué hablando con ella. Observaba todos sus movimientos; la posición del cuerpo, la velocidad de sus labios, el brillo de sus ojos, la duración de una risa.

El tiempo pasó como un trueno en la lejanía, rápido, fugaz, y haciéndose notar. El barco que debía llevarme de vuelta a casa zarparía en pocos momentos. Yo quería quedarme en aquel lugar con Itzel, envuelto en una burbuja como estaba. Ella me acompañó en el camino de vuelta, dejando atrás el templo, protegiéndome en todo momento por el camino. Ella me guiaba por senderos seguros, alejados de monstruos, y su voz me envolvía en un etéreo sueño que llevaba de cabeza a un más allá imaginario.

Llegamos al fin a puerto, y, dado que el barco no estaba anclado, tuve miedo de haberlo perdido y de haberme quedado en tierra. Aún así, Itzal se encontraba conmigo en todo momento, brindándome su grata compañía. Era curioso, pues ella no podía alejarse del templo, aquel era su hogar, y no podía venir conmigo en mi viaje de regreso. Fue al ver llegar el barco cuando de veras dudé entre embarcarme o quedarme allí. Me fundí en un profundo abrazo con la diosa, y, besándonos en las mejillas, parecíamos decir: "No sé cómo de rápida debe de ser la batalla, ni qué tipo de armas lanzar, solo sé que cuando me disparas, todo lo demás me da igual."

Y, una vez montado en el transporte, desde la ventana de mi camarote se veía el mar, pero yo en los cristales solo podía retratar sus facciones, y nada más.

http://youtu.be/h_5DK_9YxbA