Existe un mar en el que nunca podremos bañarnos. Muchas veces intentaremos acceder a él, porque sabemos que no es inaccesible: Vemos a otras personas bañándose en él, o que ya lo han hecho y vuelven a casa.
Pero no nosotros. Lo contemplaremos, cuando el sol se eleve en el cielo. Llegaremos a oler la humedad, imaginarnos la sensación del agua cubriendo nuestra piel. Nada más.
Porque hay lugares que simplemente no se hicieron para nosotros, estrellas apagadas en un cielo lleno de luces. Y no importa lo que intentemos. Siempre habrá un mar en el que jamás podremos estar.
Siempre habrá una playa con la arena fina que no pisaremos, descalzos, sobre un suelo de piedras que rajan la planta de los pies. Y recordaremos, oh sí, lo haremos.
Recordaremos que esos sitios nos hicieron crecer, avanzar, hacia otros que no habíamos visto.
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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martes, 26 de enero de 2016
martes, 17 de noviembre de 2015
Eunoia
Aquí, las profundidades del mar se quedan cortas, aunque falte el aire y apenas se distinga forma de vida alguna. Cada paso me lleva por derroteros equivocados; mientras que cada acierto es flor de un día.
No necesito nieve bajo mis pies; ya paso frío entre las llamas, allí donde arde toda esperanza. Ya arraiga la eunoia en prados que jamás pisaré, allí donde mis manos marchitan lo que sobrevive. Yo mismo he cortado las cuerdas que sujetaban mis puentes.
Quizá pervive un refugio, entre un árbol hueco, tapado con libros, triste ironía. Te lo cambio todo, mis momentos de gloria por un minuto con una sonrisa sincera. Un segundo que aleje las palabras que se arrastran, por un frente sin espejismos.
¿De qué me sirve construir si no puedo ser? Quiero tocar horizontes, sentir las estrellas en mi piel; quizá por eso sólo se cierne una noche sin luz. Los lugares a los que quise ir se marcharon, permanecen estelas en la memoria.
Ya lo ves, no supe controlar nada, ni fuera ni dentro; es un caos impaciente, devorador, igual que mi cabeza.
¿Qué camino recorrer si no hay ninguno?
https://youtu.be/oMEGJ-Jk58Q
No necesito nieve bajo mis pies; ya paso frío entre las llamas, allí donde arde toda esperanza. Ya arraiga la eunoia en prados que jamás pisaré, allí donde mis manos marchitan lo que sobrevive. Yo mismo he cortado las cuerdas que sujetaban mis puentes.
Quizá pervive un refugio, entre un árbol hueco, tapado con libros, triste ironía. Te lo cambio todo, mis momentos de gloria por un minuto con una sonrisa sincera. Un segundo que aleje las palabras que se arrastran, por un frente sin espejismos.
¿De qué me sirve construir si no puedo ser? Quiero tocar horizontes, sentir las estrellas en mi piel; quizá por eso sólo se cierne una noche sin luz. Los lugares a los que quise ir se marcharon, permanecen estelas en la memoria.
Ya lo ves, no supe controlar nada, ni fuera ni dentro; es un caos impaciente, devorador, igual que mi cabeza.
¿Qué camino recorrer si no hay ninguno?
https://youtu.be/oMEGJ-Jk58Q
viernes, 25 de septiembre de 2015
Sed
La vieja le dio un cuenco de agua. Él, sediento, bebió con avidez, pero cuando hubo bajado el frío líquido por el gaznate, dejó de beber. Sabía fatal. Tenía un regusto a metal, a ruina.
- No beberé más. Gracias.
- Sabes que eso es mentira.- Respondió la vieja.- Querrás más.
Los ojos se cerraron, cansados, y se durmió en la cama. Una playa donde una chica corría tras las olas. Un sol que nunca había visto. La timidez apretando la garganta, frente a frente con la belleza de lo desconocido. No fue tras ella. Ya sabía lo que iba a pasar. La marea siempre arrastra el optimismo.
El pelo le caía como una cascada de petróleo sobre unos blancos hombros desnudos. La veía correr, pero las olas siempre la alcanzaban. “No se puede escapar del destino”, pensaba él. “Es como esas olas, muchacha, da igual lo que intentes, siempre te arrastrarán.” Aún así, ella no perdía su sonrisa, y seguía corriendo, cayendo, y tragando agua salada. Él seguía mirando.
Ya estaba oscureciendo, y la chica del pelo negro se tumbó en una toalla, exhausta. Una lágrima cae sobre el rostro del vigilante. “Todo es igual”, se lamentó. “Nada cambia, sólo mis movimientos. Y están abocados al fracaso.” Él ya había estado allí antes, en aquella playa, con un sol distinto. Y también la había visto a ella. Aunque en esa ocasión se acercó a hablarle. Y el resultado fue una explosión de esperanza, que terminó por apagarse. Por eso ahora no hacía nada. Se limitaba a observar. Igual que se observa una flor que crece al borde de un precipicio.
Despertó. La garganta le picaba de la sed, y, debido a la pesadez del sueño, apenas se dio cuenta de que se había acercado a beber del cuenco de agua que sabía fatal. Calmó la sed, a un precio elevado. Dejó el cuenco al percatarse de ello.
- ¿Te lo dije? - Inquirió la vieja.- Sabía que volverías a beber. Todos le echamos un trago al dolor aunque no queramos. Aunque no nos demos cuenta...
- No beberé más. Gracias.
- Sabes que eso es mentira.- Respondió la vieja.- Querrás más.
Los ojos se cerraron, cansados, y se durmió en la cama. Una playa donde una chica corría tras las olas. Un sol que nunca había visto. La timidez apretando la garganta, frente a frente con la belleza de lo desconocido. No fue tras ella. Ya sabía lo que iba a pasar. La marea siempre arrastra el optimismo.
El pelo le caía como una cascada de petróleo sobre unos blancos hombros desnudos. La veía correr, pero las olas siempre la alcanzaban. “No se puede escapar del destino”, pensaba él. “Es como esas olas, muchacha, da igual lo que intentes, siempre te arrastrarán.” Aún así, ella no perdía su sonrisa, y seguía corriendo, cayendo, y tragando agua salada. Él seguía mirando.
Ya estaba oscureciendo, y la chica del pelo negro se tumbó en una toalla, exhausta. Una lágrima cae sobre el rostro del vigilante. “Todo es igual”, se lamentó. “Nada cambia, sólo mis movimientos. Y están abocados al fracaso.” Él ya había estado allí antes, en aquella playa, con un sol distinto. Y también la había visto a ella. Aunque en esa ocasión se acercó a hablarle. Y el resultado fue una explosión de esperanza, que terminó por apagarse. Por eso ahora no hacía nada. Se limitaba a observar. Igual que se observa una flor que crece al borde de un precipicio.
Despertó. La garganta le picaba de la sed, y, debido a la pesadez del sueño, apenas se dio cuenta de que se había acercado a beber del cuenco de agua que sabía fatal. Calmó la sed, a un precio elevado. Dejó el cuenco al percatarse de ello.
- ¿Te lo dije? - Inquirió la vieja.- Sabía que volverías a beber. Todos le echamos un trago al dolor aunque no queramos. Aunque no nos demos cuenta...
viernes, 4 de septiembre de 2015
En otro mundo
Mis manos tocan porcelana, mis labios, en cambio, rozan las
púas de un erizo enfadado. Un cazador con la escopeta cargada, ningún galgo
lanzado a por el único conejo que corretea por el campo. Dos minaretes que se
alzan, poderosos, ante los dedos de un gigante hambriento, que derrama saliva
sobre las rocas que los forman.
Nunca antes la furia del león en la gracilidad de la gacela,
hasta que iniciaste esa danza primitiva tuya, haciéndome disparar dos salvas,
usando para ello el mar que habita bajo tu cuerpo. Nunca antes vi nada igual.
Lástima que solo estés en el libro que he terminado de leer
ahora.
Microrrelato seleccionado en VI Concurso de Microrrelatos Eróticos "El placer manda", de Letras con Arte.
Microrrelato seleccionado en VI Concurso de Microrrelatos Eróticos "El placer manda", de Letras con Arte.
jueves, 27 de agosto de 2015
Viaje al centro de tu cuerpo
Quise coger un avión y visitar los entrañables rincones de
tu cuerpo. No pienses mal, es solo que el único paisaje que me gusta es el que
veo en tu cabeza, cubierta por esos hilos que, como flechas lanzadas al sol,
despuntan al alba. Cierto es que iría a cualquier selva, pero no hay ninguna
como la que guardas celosamente entre atolones que soportan las embestidas del
mar.
Las carreteras de tu piel son las más cuidadas, las que
permiten a los coches de mis manos ir veloces a cualquier parte. Puede ser que
encuentre alguna pequeña grieta, o algunos agujeros donde los vehículos caen al
vacío, más no debes preocuparte, pues se puede salir de ellos, a pesar de que
no sea fácil, dada la atracción gravitatoria que ejercen.
No me preguntes cuál es mi destino preferido, porque
entonces te arriesgas a que deje de ser un turista, y decida obtener la
nacionalidad que pueden ofrecerme tus húmedos parajes llenos de vida y belleza.
Microrrelato seleccionado en V concurso de narrativa "Viajes", de Letras con Arte.
Microrrelato seleccionado en V concurso de narrativa "Viajes", de Letras con Arte.
domingo, 16 de agosto de 2015
La tristeza en sus ojos
- ¿Por
qué no te gusta la playa? - Preguntó, extrañada.
Se quedó
en silencio un rato, y, al fin, contestó.
- Llevo
mucho tiempo viendo el mar. Unas torres de agua gigantescas que me
buscan y me ahogan siempre. Y por la noche es peor, mucho peor. Miro
al horizonte y, aunque hay un faro luminoso, todos los barcos se
hunden ante mi mirada. Escucho las voces, los gritos, y no puedo hacer
nada. Es todo precioso, lo sé. Esa vista. El sonido de las olas
chocando en la orilla. Pero yo, me desespero.
- ¿Pero
qué dices? ¿Cuando has ido tú al mar?
Microrrelato seleccionado en el concurso "Tema Libre II", de Letras con Arte.
lunes, 3 de agosto de 2015
Un amor lejano
¿Conocen
esa sensación de querer alcanzar algo y no poder obtenerlo nunca?
Pues así me sentía yo con ella. Deseaba tocarla, envolverla con mi
humedad, y, lo peor es que no sabía por qué. Nunca habíamos
hablado antes. Cierto es que este poderoso sentimiento no ocurría
cada día.
Verán,
ella era bastante voluble. Unos días iba completamente vestida,
otros, enseñando algo, y, cuando se mostraba desnuda, ahí, yo caía
en su hechizo. Llena de luz, de geometría perfecta, así era. Yo
invocaba al viento y al rayo, pero nunca me elevaba lo suficiente. Y
sigo sin lograrlo.
Microrrelato seleccionado en el concurso "Pasiones", de Letras con Arte.
sábado, 18 de julio de 2015
Ecos en el mar
Me senté en la arena. El agua mojaba la planta de los pies, y el sol se había puesto hacía ya rato. Apenas quedaba gente por la playa.
- ¿Crees que cuando hablamos el sonido se lo llevan las olas y luego lo traen aquí, de vuelta a nuestros pies? Ven, acércate. Sé que estás ahí, aunque no hables. Siéntate. - Dije, de espaldas a la otra persona.
Llevaba una mata de pelo negro que se confundía con el color oscuro que iba tomando el cielo, y una sonrisa tímida que se dibujaba en diversas ocasiones. Se sentó, sin decir nada, y se quedó mirando a las olas.
- Hace tiempo que te vengo observando, y no logro entender cuales son tus propósitos. Dime, ¿de qué sirve que yo hable y tú lo hagas solo a veces? Ni siquiera sé si es por ignorancia, dejadez, o hastío. Intento dar un paso y me doy de bruces contra un muro. Que se supone que no está. Escuchar tu propia voz en el eco muchas veces no es bueno, y te diré por qué. Te recuerda que estás solo. Que sigues solo.
Me detengo un momento. Ya no tiene la vista fija en el horizonte. Me mira a mí. Sus ojos tienen un brillo extraño. ¿Interés? ¿Tristeza? No logro descifrarlo.
- Sé que no es algo nuevo, ¿sabes? Pero cuando te das cuenta, es duro. No por el hecho en sí, sino porque quieres cambiarlo, de una forma especial, y ves que no se puede. Y vuelve a aparecer el muro, que solo se salva con las palomas mensajeras. Y tú, estás ahí, presente, y no haces ninguna señal. Me miras, te miro, y dudamos. Porque el mar es peligroso, y nadie quiere tormentas en un naufragio. ¿Dirás algo esta vez? ¿O me hablarás de nuevo con el silencio?
- El mar... Está hoy precioso. ¿No crees? Quizá salga más tarde a navegar. Y quizá te pida que vengas conmigo.
https://youtu.be/JAruwBxhZoI
- ¿Crees que cuando hablamos el sonido se lo llevan las olas y luego lo traen aquí, de vuelta a nuestros pies? Ven, acércate. Sé que estás ahí, aunque no hables. Siéntate. - Dije, de espaldas a la otra persona.
Llevaba una mata de pelo negro que se confundía con el color oscuro que iba tomando el cielo, y una sonrisa tímida que se dibujaba en diversas ocasiones. Se sentó, sin decir nada, y se quedó mirando a las olas.
- Hace tiempo que te vengo observando, y no logro entender cuales son tus propósitos. Dime, ¿de qué sirve que yo hable y tú lo hagas solo a veces? Ni siquiera sé si es por ignorancia, dejadez, o hastío. Intento dar un paso y me doy de bruces contra un muro. Que se supone que no está. Escuchar tu propia voz en el eco muchas veces no es bueno, y te diré por qué. Te recuerda que estás solo. Que sigues solo.
Me detengo un momento. Ya no tiene la vista fija en el horizonte. Me mira a mí. Sus ojos tienen un brillo extraño. ¿Interés? ¿Tristeza? No logro descifrarlo.
- Sé que no es algo nuevo, ¿sabes? Pero cuando te das cuenta, es duro. No por el hecho en sí, sino porque quieres cambiarlo, de una forma especial, y ves que no se puede. Y vuelve a aparecer el muro, que solo se salva con las palomas mensajeras. Y tú, estás ahí, presente, y no haces ninguna señal. Me miras, te miro, y dudamos. Porque el mar es peligroso, y nadie quiere tormentas en un naufragio. ¿Dirás algo esta vez? ¿O me hablarás de nuevo con el silencio?
- El mar... Está hoy precioso. ¿No crees? Quizá salga más tarde a navegar. Y quizá te pida que vengas conmigo.
https://youtu.be/JAruwBxhZoI
jueves, 2 de julio de 2015
El trapecista en el mar
A veces, la tormenta que hay sobre nuestras cabezas, no es otra cosa que el sol. Los ojos son traicioneros, sí, pero la mente lo es aún más. Y suceden cosas que no sabías que podrían ser reales. Y los mapas que ya estaban dibujados tienes que volver a hacerlos, porque resulta que las fronteras estaban más lejos de lo que imaginabas.
Sobre el puente de las decisiones nos engañamos creyendo que ante los pies solo hay una delgada cuerda, solo apta para los equilibristas. Que más valdría quemarla antes de dar con nuestros huesos en el profundo abismo. Y si no fuese por esa vocecilla que te dice, famélica, "no incendies las salidas, solo toma el camino que, dices, es mejor", entonces lo hubieras echado todo a perder cuando descubres que tu camino era puro cristal resquebrajado.
Y es que, al final, el agua que roza tu rostro no es la del terror de los marineros, sino el rocío de la esperanza.
¿Y la cuerda?, te preguntarás. La cuerda tiene el simple mecanismo de ir despacio, y una mano a la que sujetarse durante el camino. No soy un trapecista, es cierto, pero la cuerda tiene más grosor del que pensaba.
https://youtu.be/O02HLzlnGxE
Sobre el puente de las decisiones nos engañamos creyendo que ante los pies solo hay una delgada cuerda, solo apta para los equilibristas. Que más valdría quemarla antes de dar con nuestros huesos en el profundo abismo. Y si no fuese por esa vocecilla que te dice, famélica, "no incendies las salidas, solo toma el camino que, dices, es mejor", entonces lo hubieras echado todo a perder cuando descubres que tu camino era puro cristal resquebrajado.
Y es que, al final, el agua que roza tu rostro no es la del terror de los marineros, sino el rocío de la esperanza.
¿Y la cuerda?, te preguntarás. La cuerda tiene el simple mecanismo de ir despacio, y una mano a la que sujetarse durante el camino. No soy un trapecista, es cierto, pero la cuerda tiene más grosor del que pensaba.
https://youtu.be/O02HLzlnGxE
lunes, 20 de abril de 2015
Las fronteras se resquebrajan
Voces aisladas en un mar de plástico que retumban a través de la memoria. Los circuitos no son fiables pero sí certeros, y la aparente desconexión no es tal cuando todo se relaciona a través del mundo.
Se rompe una barrera, la visual, aunque la física se acentúa más y más. No sabría decir si es un problema, pero es evidente que ese poder terminará por inundarlo todo, tan inmenso como es, y pasará a formar parte del día a día.
Lo que sí es cierto es que los ojos que te observan pueden estar al otro lado del atlántico, en Colombia, sin necesidad de moverse del sitio. Una red enorme que lo cohesiona todo sin mover nada. Habrá quien reniegue de eso, y reclame para sí que lo lógico es la comunicación física.
No obstante, menos es nada, y este fenómeno que traspasa miles de kilómetros, quieras que no, une de alguna manera a gente que, en otras circunstancias, ni siquiera se preguntarían qué hay más allá, no ya del propio país, sino de la misma ciudad.
Se rompe una barrera, la visual, aunque la física se acentúa más y más. No sabría decir si es un problema, pero es evidente que ese poder terminará por inundarlo todo, tan inmenso como es, y pasará a formar parte del día a día.
Lo que sí es cierto es que los ojos que te observan pueden estar al otro lado del atlántico, en Colombia, sin necesidad de moverse del sitio. Una red enorme que lo cohesiona todo sin mover nada. Habrá quien reniegue de eso, y reclame para sí que lo lógico es la comunicación física.
No obstante, menos es nada, y este fenómeno que traspasa miles de kilómetros, quieras que no, une de alguna manera a gente que, en otras circunstancias, ni siquiera se preguntarían qué hay más allá, no ya del propio país, sino de la misma ciudad.
sábado, 11 de abril de 2015
Una tarde más
Las finas ramas amarillas de un olivo se deslizan por mi garganta. En la lejanía, suenan las campanas del olvido, mientras un muchacho intenta recomponer las piezas de un extenso puzzle humano. Danza gris en el cielo, ante la humedad que vuela llevándose la abrasadora presencia de la sequía.
Sobre el cuadrilátero del mundo, un montón de obstaculos que cubren de negro el azul del mar, suave con las olas, creando curvas. Las murallas de papel se alzan, sobre llanuras inmensas, áridas, igual que lo que tratan de proteger:
Una mente en blanco.
Sobre el cuadrilátero del mundo, un montón de obstaculos que cubren de negro el azul del mar, suave con las olas, creando curvas. Las murallas de papel se alzan, sobre llanuras inmensas, áridas, igual que lo que tratan de proteger:
Una mente en blanco.
domingo, 15 de marzo de 2015
En la bodega
Un barco se acerca. Lleva las bodegas cargadas de un virus antiguo y poderoso, pero desconozco el efecto que tendrá en mí. Ignoro sus efectos, y posiblemente sean letales, pero el contenido que va adentro lleva mi nombre.
El efecto puede ser devastador, y no sé siquiera por qué me arriesgo, pudiendo huir y dejar atrás a los fantasmas. Otra costa, manos seguras, y la certeza de que el mar me devolverá las sonrisas, y no incertidumbre. Ninguna tormenta, ningún naufragio, y la única sombra, la de las palmeras sobre mi cabeza. No sé por qué me empeño en hacer flores con la arena, en abrir cajas que no deben revelarse. Quiero hacer de este erial un lugar lleno de mariposas, y llenar la tierra muerta con ilusiones que puedan brotar.
Pero yo no puedo hacerlo solo, no puedo. Así que cuidado con lo que viene en ese barco, porque si es la bruma de otro tiempo pasado, donde ya no tiene cabida el presente, entonces, puedes ahogarme ya en esas aguas putrefactas que cubren la orilla de la psique.
Si no es así, entonces, podré decir, que valió la pena. Podré decir, que has salvado el día.
https://www.youtube.com/watch?v=ZoK63Bk7pgw
El efecto puede ser devastador, y no sé siquiera por qué me arriesgo, pudiendo huir y dejar atrás a los fantasmas. Otra costa, manos seguras, y la certeza de que el mar me devolverá las sonrisas, y no incertidumbre. Ninguna tormenta, ningún naufragio, y la única sombra, la de las palmeras sobre mi cabeza. No sé por qué me empeño en hacer flores con la arena, en abrir cajas que no deben revelarse. Quiero hacer de este erial un lugar lleno de mariposas, y llenar la tierra muerta con ilusiones que puedan brotar.
Pero yo no puedo hacerlo solo, no puedo. Así que cuidado con lo que viene en ese barco, porque si es la bruma de otro tiempo pasado, donde ya no tiene cabida el presente, entonces, puedes ahogarme ya en esas aguas putrefactas que cubren la orilla de la psique.
Si no es así, entonces, podré decir, que valió la pena. Podré decir, que has salvado el día.
https://www.youtube.com/watch?v=ZoK63Bk7pgw
jueves, 26 de febrero de 2015
Vida y obra de una lágrima
Me deslizo entre las hojas que pueblan los astros de la avenida 16, no me muevo yo, me mueve el viento. Choco contra las tinieblas de tu cuerpo, un visitante más, un litro de sangre menos; se quedó pegado a ti, cuando cerraste las compuertas de los faros. Me muevo entre la arena de tus tapices, y es cuando me voy quedando pegado a tu pintura: Ya avanzo poco. Es entonces que una enfermera me inyecta el 0 negativo, y vuelvo a correr entre la eterna llanura que baja al inframundo por un único camino.
Pero no creo poder bajar, cuando el parapeto me lleva a cárceles de porcelana, y, ahí, me lanzo al vacío para ser arrastrado de nuevo. Los dulces y yo no encajamos, qué le vamos a hacer. Qué le vamos a hacer si, aunque el momento sea alegre, soy salada como el mar.
Pero no creo poder bajar, cuando el parapeto me lleva a cárceles de porcelana, y, ahí, me lanzo al vacío para ser arrastrado de nuevo. Los dulces y yo no encajamos, qué le vamos a hacer. Qué le vamos a hacer si, aunque el momento sea alegre, soy salada como el mar.
lunes, 16 de febrero de 2015
Yo sé que el mar siempre devuelve lo que lanzaste una vez. Puede volver al mismo sitio, sí, aunque sea difícil. Tal vez tarde años. Y se quede flotando, en el vasto oleaje, dejándose guiar por el agua.
Y aquello que puse dentro de una botella, no sé lo que es, pero regresó a la arena. Y, al abrir el tapón, me encontré en un mundo donde nunca había estado. Me encontré a mí mismo, frente a un espejo hecho añicos, y, entre tantas caras distintas, pude verme.
Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo.
Cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo.
Cambia el clima con los años,
cambia el pastor su rebaño.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.
Cambia el más fino brillante,
de mano en mano su brillo.
Cambia el nido el pajarillo,
cambia el sentir un amante.
Cambia el rumbo el caminante,
aunque esto le cause daño.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.
Cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia.
Cambia el sol en su carrera,
cuando la noche subsiste.
Cambia la planta y se viste
de verde en la primavera.
Cambia el pelaje la fiera,
cambia el cabello el anciano.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.
Pero no cambia mi amor,
por más lejos que me encuentre.
Ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente.
Lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana.
Así como cambio yo
en esta tierra lejana.
Cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia.
Julio Numhauser.
http://youtu.be/eaHGtnhf6j0
Y aquello que puse dentro de una botella, no sé lo que es, pero regresó a la arena. Y, al abrir el tapón, me encontré en un mundo donde nunca había estado. Me encontré a mí mismo, frente a un espejo hecho añicos, y, entre tantas caras distintas, pude verme.
Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo.
Cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo.
Cambia el clima con los años,
cambia el pastor su rebaño.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.
Cambia el más fino brillante,
de mano en mano su brillo.
Cambia el nido el pajarillo,
cambia el sentir un amante.
Cambia el rumbo el caminante,
aunque esto le cause daño.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.
Cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia.
Cambia el sol en su carrera,
cuando la noche subsiste.
Cambia la planta y se viste
de verde en la primavera.
Cambia el pelaje la fiera,
cambia el cabello el anciano.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.
Pero no cambia mi amor,
por más lejos que me encuentre.
Ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente.
Lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana.
Así como cambio yo
en esta tierra lejana.
Cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia.
Julio Numhauser.
http://youtu.be/eaHGtnhf6j0
sábado, 14 de febrero de 2015
Voces
He vuelto a caminar por los lugares donde dejé mis huellas, y no coincide el tamaño de mis pies. Será que he crecido, o al revés. Un ser pequeño con una sombra pequeña. Y sí, ya sé que tiendo a expandirme y ocupar todo lo posible sin romperme, pero últimamente no hay mucha luz en el cielo. Me encontré con cosas que no recuerdo, o que, simplemente, no estaban. Y viceversa.
¿Donde están las ninfas que jugaban junto al río? ¿Y los leñadores? Solo veo gestos hoscos y miradas de reproche. Ya lo ven, algún precio debía tener.
Hay voces discordantes que me arropan y me relajan, sombras lejanas, de algún punto de Tesalónica, o más allá. Y puedo sentir manos, acariciando, en cualquier lugar perdido de mi mente. No sé si despertándola o adormeciendola, pero lo cierto es que que su perfume embriaga.
Y es entonces que, al cerrar los ojos, me encuentro con mares de hebras marrones.
¿Donde están las ninfas que jugaban junto al río? ¿Y los leñadores? Solo veo gestos hoscos y miradas de reproche. Ya lo ven, algún precio debía tener.
Hay voces discordantes que me arropan y me relajan, sombras lejanas, de algún punto de Tesalónica, o más allá. Y puedo sentir manos, acariciando, en cualquier lugar perdido de mi mente. No sé si despertándola o adormeciendola, pero lo cierto es que que su perfume embriaga.
Y es entonces que, al cerrar los ojos, me encuentro con mares de hebras marrones.
miércoles, 16 de julio de 2014
Flowers
Nadar en lava puede ser un buen pasatiempo. Si la resistes. El calor es abrasante. Y las altas olas, húmedas y calientes a la vez, se entrechocan entre sí. Caen limoneros desde el acantilado, y naranjos. Colorean el mar rojizo y lo vuelven más claro, más frío, aunque sigue siendo imparable.
Toco madera con mis labios, y de tanto tocarla se vuelve de piel. Una figura de ensueño que tiene vida propia y se echa a andar, a mi lado. Caminamos sobre el humo y dibujamos nuestros nombres sobre el cemento del infierno.
Dormir sobre el vacío es algo inmenso, pero necesitas tocar el tacto de las flores envueltas en el rocío de la mañana, oliendo intensamente a un perfume especial, que recuerda al de la miel, y que embriaga el lugar. Me dejo caer desde la nada hacia idílicos lugares, y me quiero quedar allí para siempre, aún cuando caen tormentas y los rayos me alcanzan de cerca.
Algo da vueltas sobre mi cabeza, quieto, calma apacible. Y las sonoras carcajadas se funden con el sonido de una guitarra y el bombardeo de un avión. Es entonces cuando me la llevo, y la ahogo de felicidad y placer. Entre caminos dibujados ronronean mis coches, aunque muchas veces la cochera esté cerrada. Otras veces salimos a correr y nos empapamos de éxtasis y locura, es entonces cuando la lava se cierra en torno a nosotros, y dibuja en el cielo una explosión que dispara hacia todas partes flores que dibujan entre el fuego un magnífico cisne.
https://www.youtube.com/watch?v=AFvfX3Mfd9E
Toco madera con mis labios, y de tanto tocarla se vuelve de piel. Una figura de ensueño que tiene vida propia y se echa a andar, a mi lado. Caminamos sobre el humo y dibujamos nuestros nombres sobre el cemento del infierno.
Dormir sobre el vacío es algo inmenso, pero necesitas tocar el tacto de las flores envueltas en el rocío de la mañana, oliendo intensamente a un perfume especial, que recuerda al de la miel, y que embriaga el lugar. Me dejo caer desde la nada hacia idílicos lugares, y me quiero quedar allí para siempre, aún cuando caen tormentas y los rayos me alcanzan de cerca.
Algo da vueltas sobre mi cabeza, quieto, calma apacible. Y las sonoras carcajadas se funden con el sonido de una guitarra y el bombardeo de un avión. Es entonces cuando me la llevo, y la ahogo de felicidad y placer. Entre caminos dibujados ronronean mis coches, aunque muchas veces la cochera esté cerrada. Otras veces salimos a correr y nos empapamos de éxtasis y locura, es entonces cuando la lava se cierra en torno a nosotros, y dibuja en el cielo una explosión que dispara hacia todas partes flores que dibujan entre el fuego un magnífico cisne.
https://www.youtube.com/watch?v=AFvfX3Mfd9E
jueves, 2 de enero de 2014
Devorar miedos
Se abren precipicios en medio del mar, y las olas engullen los puentes formados entre tus manos y las mías. ¿Qué puede más? Paises inestables que se fragmentan y se unen al mismo tiempo, confusos, igual que dos lobos que se lamen las heridas después de batallar. Sonrisas que se transforman en nubes que cubren el cielo de Oriente. Los sueños se vuelven pesadillas cuando el sueño vence a la apatía y la ansiedad. Todos tenemos un arma que no se ve, que cuando se lanza se clava igual que el viento, cubriendo el cuerpo y los ojos, y quizá no somos conscientes de lanzarla, pero aprisiona con la fuerza de los mitológicos dioses del Parnaso.
Una cerilla en mi mano para prender el fuego en medio de una lluvia torrencial, y aunque yo esté envuelto en llamas, nada a mi alrededor arde, y quizá sea obstinencia, quizá cabezonería, pero quiero terminar prendiendo el fuego. Aunque la lluvia haga tiritar, y el agua golpee con pesadez sobre la piel de mi cuerpo desnudo. No importa si las gotas no cesan de caer. Me gusta ese sitio. No quiero permanecer en ningún otro lado. Y si el barro me cubre las rodillas, seguiré de pie frente a sus ojos, da igual si no hay puentes y las olas son abismales. Puedo nadar. Y sé que ella se lanzará a por mí antes de que me ahogue.
Una cerilla en mi mano para prender el fuego en medio de una lluvia torrencial, y aunque yo esté envuelto en llamas, nada a mi alrededor arde, y quizá sea obstinencia, quizá cabezonería, pero quiero terminar prendiendo el fuego. Aunque la lluvia haga tiritar, y el agua golpee con pesadez sobre la piel de mi cuerpo desnudo. No importa si las gotas no cesan de caer. Me gusta ese sitio. No quiero permanecer en ningún otro lado. Y si el barro me cubre las rodillas, seguiré de pie frente a sus ojos, da igual si no hay puentes y las olas son abismales. Puedo nadar. Y sé que ella se lanzará a por mí antes de que me ahogue.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Today
Hoy un globo de cemento se hundía en el fondo del mar, mientras un pájaro carpintero intentaba abrirse paso picoteando entre los pequeños huecos. El sonido de las olas se escuchaba con fuerza, y el pájaro conseguía respirar bajo el agua, como si quisiera golpear por siempre el cemento.
Las voces de siempre se apagaron y solo se escuchaban extraños murmullos, como si de otras personas se tratasen. Un halo de inseguridad y desgana cubren los sentidos, igual que un espectro que lo absorbe todo y te deja sin nada más que un pensamiento aterrador. Los golpes destrozan la madera, y la sangre cae de los nudillos de un muñeco hecho con trapo. La enormidad me hace pequeño, y el eco reverbera en las profundidades de la noche. ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es la felicidad? Se repite como un chiste de mal gusto pronunciado por un bromista de segunda.
Y nadie responde, porque las sombras no tienen boca, solo muecas, y las tinieblas no necesitan hablar para decirte lo que debes saber. Es entonces cuando cristales de sal crecen en mitad de la nada, y, entre ráfagas de agua, descubres que la felicidad no es un estado de ánimo, sino un cisne de color negro volando alrededor.
Las voces de siempre se apagaron y solo se escuchaban extraños murmullos, como si de otras personas se tratasen. Un halo de inseguridad y desgana cubren los sentidos, igual que un espectro que lo absorbe todo y te deja sin nada más que un pensamiento aterrador. Los golpes destrozan la madera, y la sangre cae de los nudillos de un muñeco hecho con trapo. La enormidad me hace pequeño, y el eco reverbera en las profundidades de la noche. ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es la felicidad? Se repite como un chiste de mal gusto pronunciado por un bromista de segunda.
Y nadie responde, porque las sombras no tienen boca, solo muecas, y las tinieblas no necesitan hablar para decirte lo que debes saber. Es entonces cuando cristales de sal crecen en mitad de la nada, y, entre ráfagas de agua, descubres que la felicidad no es un estado de ánimo, sino un cisne de color negro volando alrededor.
Ubicación:
23170 La Guardia de Jaén, Jaén, España
jueves, 5 de diciembre de 2013
Salta
Sé que las manecillas del reloj son puntiagudas, tal vez porque desgarran el tiempo a cada paso que dan, incesantes, y cuando intentas detenerlas con la mano, éstas te cortan. Una fina herida que de lado a lado de la mano muestra un hilo de sangre que se escurre sobre la impermeabilidad de la piel. Gota a gota, el color rojo va golpeando en el suelo, y las hendiduras de la baldosa se van rellenando poco a poco, como un río espeso y lento que avanza sobre tierra y rocas.
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
sábado, 23 de noviembre de 2013
Grandes esperanzas
"¡No acordarme! Eres parte de mi existencia, de mí mismo. Has estado
presente en cada una de las líneas que he leído, desde que vine aquí, un
vulgar y tosco pobrecillo cuyo corazón heriste ya entonces. Has estado
presente en cada proyecto desde aquel día, en el río, en las velas de
los barcos, en los marjales, en las nubes, en la luz, la oscuridad, el
viento, los bosques, el mar, las calles. Has encarnado cada fantasía con
la que mi mente ha tropezado. No son más reales las piedras de las que
están hechos los más recios edificios de Londres, ni tendrías mayor
dificultad en desplazarlos con la mano de lo que han sido y seguirán
siendo para mí tu presencia y tu influencia, allí y en todo lugar.
Estella, hasta el último instante de mi vida no podrás sino ser parte de
mi carácter, parte de lo poco que de bueno hay en mí, parte de lo que
de malo llevo."
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