Dos marionetas guiadas por los hilos de sus propios corazones se reunieron bajo la sombra de un viejo árbol que guardaba la entrada a las entrañas de la tierra. Ellas se movían al son del viento, sin interrupciones, hasta que entrada la tarde, montones de insectos aéreos llenaron con su aleteo el lugar. El día se encontraba frío y con un cielo despejado donde el sol se negaba a mostrar su lado más cálido. Oscuro pero claro.
Los muñecos se mueven de sus posiciones, y se dirigen al interior del bosque, a las zonas más oscuras, donde solo los pájaros aparecen de vez en cuando, en el transcurso de su vuelo. Allí, los hilos que portaban se entrelazaron una y otra vez, y la frágil madera empezaba a prenderse con la fricción de los mismos. Era un fuego que quemaba, que inflamaba el pecho, pero que no se expandía más allá de los participantes de aquella transformación. Montones de hormigas corretearon alrededor de los cuerpos, igual que las ondas que crea una piedra al ser lanzada al agua. La tierra, caliente, se levanta, partícula a partícula, con cada suspiro que se escucha en el eco.
Las brumas de la noche cubren los ojos, igual que persianas bajadas para evitar la luz en la habitación, y rayos que llenan el cuerpo estallan en millones de diminutos electrones, que se confunden con el agua que despide la madera de los ardientes muñecos, y, mientras todo ocurre, los trenes viajan transportando curvas en los labios.
http://youtu.be/AQ-iU33vJQU
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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sábado, 25 de enero de 2014
sábado, 28 de diciembre de 2013
Prototype
Empezó como un titubeo apenas audible, y fue aumentando de intensidad conforme los minutos iban cayendo al suelo. Sobrevuelan palabras sonoras sobre los oídos, llenando con rapidez el cerebro. Una luz llenaba el espacio, y una manada de osos jugaba a sus espaldas, junto a los árboles de madera. Iba desnuda, pero era tal la luminosidad de su cuerpo, que el destello impedía verle la piel.
Usted nunca vislumbró una metamorfosis igual, en la que la misma belleza se transforma en cisne y en ángel indistintamente, y su portadora devora nubes durante su viaje al cielo. Sus propios dedos sellan sus labios, mientras mi cuerpo arde en llamas inagotables que nunca causan secuelas más que en el interior. Me perdí en el laberinto de sus ojos, bien cierto es, al tiempo que la luz del sol cambiaba de color a lo largo de las horas.
Los cantos de la sirena se volvieron mudos y en su lugar apareció un libro de fantasía donde se podían leer las estrellas de sus manos. En esta ocasión logró derribar las pocas defensas que pude haberle puesto frente a su legión de plumas, y las murallas del castillo fueron derribadas por un desbordado río que llevaba enormes olas, solo dignas para surfistas expertos.
El cansancio invadía los sentidos, pero más fuerte era la sensación de bienestar al ahogarme entre aquellas arenas movedizas húmedas, y quería alargar mis dedos para poder tocar a aquella niña pequeña que se reía en la lejanía de la selva. Y entonces me encontraba con que se perdía entre los árboles y no llegaba a alcanzarla.
Y desde entonces corro entre la maleza, dispuesto a encontrarla, y tumbarme con ella en el suelo, porque en realidad no es una niña, es la musa que invade mi sueño y me lleva por caminos que nunca antes realicé. Es la pequeña M, una deidad perdida entre los confines de la Tierra, que solo es encontrada una vez cada mil años mortales.
Usted nunca vislumbró una metamorfosis igual, en la que la misma belleza se transforma en cisne y en ángel indistintamente, y su portadora devora nubes durante su viaje al cielo. Sus propios dedos sellan sus labios, mientras mi cuerpo arde en llamas inagotables que nunca causan secuelas más que en el interior. Me perdí en el laberinto de sus ojos, bien cierto es, al tiempo que la luz del sol cambiaba de color a lo largo de las horas.
Los cantos de la sirena se volvieron mudos y en su lugar apareció un libro de fantasía donde se podían leer las estrellas de sus manos. En esta ocasión logró derribar las pocas defensas que pude haberle puesto frente a su legión de plumas, y las murallas del castillo fueron derribadas por un desbordado río que llevaba enormes olas, solo dignas para surfistas expertos.
El cansancio invadía los sentidos, pero más fuerte era la sensación de bienestar al ahogarme entre aquellas arenas movedizas húmedas, y quería alargar mis dedos para poder tocar a aquella niña pequeña que se reía en la lejanía de la selva. Y entonces me encontraba con que se perdía entre los árboles y no llegaba a alcanzarla.
Y desde entonces corro entre la maleza, dispuesto a encontrarla, y tumbarme con ella en el suelo, porque en realidad no es una niña, es la musa que invade mi sueño y me lleva por caminos que nunca antes realicé. Es la pequeña M, una deidad perdida entre los confines de la Tierra, que solo es encontrada una vez cada mil años mortales.
Ubicación:
23170 La Guardia, Jaén, España
jueves, 5 de diciembre de 2013
Salta
Sé que las manecillas del reloj son puntiagudas, tal vez porque desgarran el tiempo a cada paso que dan, incesantes, y cuando intentas detenerlas con la mano, éstas te cortan. Una fina herida que de lado a lado de la mano muestra un hilo de sangre que se escurre sobre la impermeabilidad de la piel. Gota a gota, el color rojo va golpeando en el suelo, y las hendiduras de la baldosa se van rellenando poco a poco, como un río espeso y lento que avanza sobre tierra y rocas.
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
sábado, 23 de noviembre de 2013
Pater noster...
Padre nuestro que estás en el cielo
Quédate ahí
Y nosotros nos quedaremos sobre la tierra
La cual, algunas veces es tan bonita
Con los misterios de Nueva York
Y los misterios de París
Al menos tan buenos como los de la Santísima Trinidad
Con su pequeño canal en Ourcq
Su gran muralla en China
Su río en Morlaix
Sus bastones de caramelo
Con su océano Pacifico
Y sus dos fuentes en Tuileries
Con sus niños buenos y sus malas personas
Con todas las maravillas del mundo
Las cuales están aquí
Simplemente sobre la tierra
Ofrecidas a todos
Esparcidas sobre ella
Asombrándose de las maravillas de ellos mismos
Y no atreverse a confesarlo
Como una hermosa joven desnuda, no se atreve a mostrarse ella misma
Con los vergonzosos infortunios mundiales
Los cuales son legión
Con legionarios
Con torturadores
Con los mesías de este mundo
Los mesías con sus sacerdotes, sus traidores y sus tropas
Con las estaciones
Con los años
Con las bellas jóvenes y con los viejos bastardos
Con la paja de miseria, pudriéndose en el acero de los cañones.
Jacques Prévert.
Quédate ahí
Y nosotros nos quedaremos sobre la tierra
La cual, algunas veces es tan bonita
Con los misterios de Nueva York
Y los misterios de París
Al menos tan buenos como los de la Santísima Trinidad
Con su pequeño canal en Ourcq
Su gran muralla en China
Su río en Morlaix
Sus bastones de caramelo
Con su océano Pacifico
Y sus dos fuentes en Tuileries
Con sus niños buenos y sus malas personas
Con todas las maravillas del mundo
Las cuales están aquí
Simplemente sobre la tierra
Ofrecidas a todos
Esparcidas sobre ella
Asombrándose de las maravillas de ellos mismos
Y no atreverse a confesarlo
Como una hermosa joven desnuda, no se atreve a mostrarse ella misma
Con los vergonzosos infortunios mundiales
Los cuales son legión
Con legionarios
Con torturadores
Con los mesías de este mundo
Los mesías con sus sacerdotes, sus traidores y sus tropas
Con las estaciones
Con los años
Con las bellas jóvenes y con los viejos bastardos
Con la paja de miseria, pudriéndose en el acero de los cañones.
Jacques Prévert.
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sábado, 12 de octubre de 2013
No sé cuando viene. Abre el portón, se cuela por la ventana, o hace un túnel bajo tierra. Y se instala en mi espacio sin yo percatarme de su presencia hasta que lo tengo frente a mis ojos. Dice que se llama Vacío, y por mucho que intento echarlo de casa, cuando llega es para quedarse hasta que quiere. Se mete en la sangre, inyectado en vena, y me cambia por completo.
Es entonces que, cuando estoy en la cama, aparece de abajo un caballero, que se enfrenta a aquel indeseado intruso, pero no logra nunca derrotarlo del todo, aunque al menos consigue que, durante un lapsus de tiempo, ese abominable ser vuelva a las fauces de la Tierra, a su hogar de las tinieblas.
Es entonces cuando me pregunto si mis escudos son ineficaces contra ciertas emociones, y, mientras me cuestiono esto, abandono el jarrón que sostengo sobre mis manos, y me tumbo junto con aquel número errante en la cama.
Es entonces que, cuando estoy en la cama, aparece de abajo un caballero, que se enfrenta a aquel indeseado intruso, pero no logra nunca derrotarlo del todo, aunque al menos consigue que, durante un lapsus de tiempo, ese abominable ser vuelva a las fauces de la Tierra, a su hogar de las tinieblas.
Es entonces cuando me pregunto si mis escudos son ineficaces contra ciertas emociones, y, mientras me cuestiono esto, abandono el jarrón que sostengo sobre mis manos, y me tumbo junto con aquel número errante en la cama.
lunes, 16 de septiembre de 2013
¿Es mi barco mi tesoro?
Soy el capitán de un barco que no responde al timón que maneja sus movimientos; viajo siempre a la deriva, y nunca veo tierra a lo lejos. El único paisaje que avisto es monótono y aburrido cuando llevas tanto tiempo mirando el agua del mar, y su oleaje. Aunque también es cierto que no tengo ninguna queja complementaria, pues de vez en cuando encuentro cementerios de barcos encallados, y el mío los evita con sospechosa maestría. También se zafa de las tormentas, que, en mitad de la noche, me sorprenden. Es algo asombrosamente rápido: el oleaje ruge, se alza, tan peligroso como majestuoso, ávido de destrucción; nada que ver con la relativa calma de la que se goza minutos antes a la transformación. El cielo se viste de luto, y no deja siquiera ver a la estrella Polar, solamente deja que veas la rapidez del rayo, el rugido del trueno, y la frialdad de la lluvia, que, por cierto, es incapaz de inundar el barco aunque me cale hasta los huesos.
Tal vez, lo que no me guste de esta situación, no es sino el hecho de tener que navegar siempre solo. Es posible que así evite los peligros del mar, pues mi barco siempre ha navegado sorteando todos y cada uno de ellos; pero entonces estaría perdiéndome unas experiencias que, si bien pueden no resultar placenteras, resulta odioso tener que prescindir de ellas.
http://youtu.be/T8pGjg73h9k
Tal vez, lo que no me guste de esta situación, no es sino el hecho de tener que navegar siempre solo. Es posible que así evite los peligros del mar, pues mi barco siempre ha navegado sorteando todos y cada uno de ellos; pero entonces estaría perdiéndome unas experiencias que, si bien pueden no resultar placenteras, resulta odioso tener que prescindir de ellas.
http://youtu.be/T8pGjg73h9k
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