Se ha roto el fino equilibrio que mantenía las mareas a salvo, ahora el agua lo inunda todo. Existen tsunamis creados por la apatía que derriban convicciones enteras. La esperanza, nadando en el barro, intentará ser la última superviviente de un naufragio mortal.
No existen refugios, y las palabras no envuelven como antes. Todo pierde su fuerza. Siempre pisando sin saber cuál es el camino. Se desgarran las emociones, y jamás existieron cicatrices. La humanidad camina, y yo me dejo caer sobre montañas de universos rotos, como mi cabeza.
Que venga la lluvia, que caiga la noche sobre mis ojos. Borré de mis ojos los colores del arcoiris y coloqué el sepia de las películas de terror. Así da menos miedo la realidad. Y sé que correrán las partículas a juntarse, pero yo nunca lo haré.
Temblores. A veces quisiera que fuese el frío, o una extraña enfermedad que me nubla los sentidos. Aunque no es otra cosa que la vida que habita tras estas manos. Lo que se escapa y que nunca tendré.
Unos dedos que entrelacen los míos.
https://youtu.be/w2mKRjPHUNg
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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jueves, 12 de mayo de 2016
lunes, 28 de diciembre de 2015
Incendios
Él está sentado sobre el tronco de siempre. Tiene la vista fija en el bosque, un lugar que empieza a arder.
- Así son las cosas, ¿verdad? Mientras yo movía mis piezas, tú movías las tuyas. Ninguno decía nada. Sólo charlábamos. Yo escondía mis planes, y tú los tuyos. Jugábamos a no ser, a esquivar las balas. No esperábamos nada. Y todo este movimiento, ha conseguido pillarme desprevenido. No debería, pero así ha sido. El problema, o el alivio, es que tú aún no has visto lo que aguarda el mañana. Lo que desconozco es si esas acciones serán combustible para este incendio que acabará consumiendo todo lo que somos, o si, por el contrario, harán que se detenga. Sea lo que sea, marcará una nueva era. Yo ya quemé mi último cartucho. El de la sinceridad.
El todo o la nada.
https://youtu.be/PI2rWyXbv24
- Así son las cosas, ¿verdad? Mientras yo movía mis piezas, tú movías las tuyas. Ninguno decía nada. Sólo charlábamos. Yo escondía mis planes, y tú los tuyos. Jugábamos a no ser, a esquivar las balas. No esperábamos nada. Y todo este movimiento, ha conseguido pillarme desprevenido. No debería, pero así ha sido. El problema, o el alivio, es que tú aún no has visto lo que aguarda el mañana. Lo que desconozco es si esas acciones serán combustible para este incendio que acabará consumiendo todo lo que somos, o si, por el contrario, harán que se detenga. Sea lo que sea, marcará una nueva era. Yo ya quemé mi último cartucho. El de la sinceridad.
El todo o la nada.
https://youtu.be/PI2rWyXbv24
viernes, 11 de diciembre de 2015
El fin de los días
- He visto crecer una rosa en la zona del desierto. ¿Tiene algo que ver contigo?
- Es posible.
- Si fueses tú la causante, sería un gran regalo.
- ¿Y eso por qué?
- Porque detendrías el avance del desierto. Y tú serías cada vez más tú, y no lo que hace de ti el yermo.
- Piensas que el bosque te dejará pasar si eso ocurre.
- Es una de las razones, sí. Pero eso sólo es una esperanza. No es el motivo real. Realmente me gustaría ver crecer flores en la arena. Verte brillar a través de las zonas más impenetrables del bosque.
- ¿Y cómo sé que no quieres sólo intentar entrar?
- Porque ya hay algo en marcha. Algo que no podrás parar. Verás, te contaré una adivinanza, es posible que te ayude. "Cuando renazca de nuevo el fin de los días, y sus hijos hayan dado los primeros llantos; un hombre llamará a tu puerta y te dirá que aunque la espera sea larga, aquellos que quieren algo, moverán tierra, mar y aire para conseguirlo. Y que no importa el esfuerzo, si la medida del tiempo son las sonrisas que te arranca. Entonces te dará algo que no imaginabas: Un reloj de arena congelado".
https://youtu.be/4b2vfg_XoRk
- Es posible.
- Si fueses tú la causante, sería un gran regalo.
- ¿Y eso por qué?
- Porque detendrías el avance del desierto. Y tú serías cada vez más tú, y no lo que hace de ti el yermo.
- Piensas que el bosque te dejará pasar si eso ocurre.
- Es una de las razones, sí. Pero eso sólo es una esperanza. No es el motivo real. Realmente me gustaría ver crecer flores en la arena. Verte brillar a través de las zonas más impenetrables del bosque.
- ¿Y cómo sé que no quieres sólo intentar entrar?
- Porque ya hay algo en marcha. Algo que no podrás parar. Verás, te contaré una adivinanza, es posible que te ayude. "Cuando renazca de nuevo el fin de los días, y sus hijos hayan dado los primeros llantos; un hombre llamará a tu puerta y te dirá que aunque la espera sea larga, aquellos que quieren algo, moverán tierra, mar y aire para conseguirlo. Y que no importa el esfuerzo, si la medida del tiempo son las sonrisas que te arranca. Entonces te dará algo que no imaginabas: Un reloj de arena congelado".
https://youtu.be/4b2vfg_XoRk
martes, 20 de octubre de 2015
El vacío
- He visto que se han caído árboles, sin ser azotados por el viento ni golpeados por la roca. Dime, ¿has querido eliminar cosas del bosque que, por el motivo que sea, no te gustaba que estuviera ahí?
- Pues sí, pero... Tenía mis razones.
- No es la primera vez que ocurre, ¿cierto? Es tu bosque, puedes hacer lo que quieras con él, pero haciendo eso borras parte de lo que eres. Y, ¿de qué sirve si yo sé que ese árbol estaba ahí? Quizá si lo hubieses talado poco antes de plantarlo lo entendería, pero no ha sido así. Somos lo que nuestros errores hacen de nosotros, no únicamente los aciertos.
- Tú no entiendes el motivo. Pero, antes de decir nada, mírate. Participas en un error constante. Vienes aquí aún sabiendo lo que encontrarás, y no pruebas en otra parte. Traes contigo un vacío que has decidido llenar conmigo, cuando sabes que no puedo darte de beber aquello que ansías.
- Es extraño, porque no considero que haya un error en todo esto. Quizá en la forma, por mi parte, sí. No en el fondo. Y, a pesar de que siempre hay resquicios de esperanza, yo no vengo pensando que me darás lo que deseo. Eso es algo que tengo claro. Pero tú no estás aquí para ocupar un vacío. Oh, no, claro que no.
- ¿Entonces?
- Tú eres el vacío. Me absorbes como lo haría un agujero negro. Extraes de mí lo mejor con solo hacer un movimiento. Es complicado de explicar, y frustrante en cierto modo. Pero es cierto. Tal vez de otras personas lograría obtener un árbol tras cien días de vida. Contigo obtengo cien árboles con tan sólo un día que te pasees por aquí. Y me encanta, y me asusta a la vez. Tal vez yo quisiera cortar los hilos y caminar, libre, a un lugar donde las manos recorriesen mi cuerpo como nunca lo han hecho tus dedos; pero lo estaría cambiando por las palabras que me hacen estallar por dentro en mil pedazos. Y eso, es complicado.
- Pues sí, pero... Tenía mis razones.
- No es la primera vez que ocurre, ¿cierto? Es tu bosque, puedes hacer lo que quieras con él, pero haciendo eso borras parte de lo que eres. Y, ¿de qué sirve si yo sé que ese árbol estaba ahí? Quizá si lo hubieses talado poco antes de plantarlo lo entendería, pero no ha sido así. Somos lo que nuestros errores hacen de nosotros, no únicamente los aciertos.
- Tú no entiendes el motivo. Pero, antes de decir nada, mírate. Participas en un error constante. Vienes aquí aún sabiendo lo que encontrarás, y no pruebas en otra parte. Traes contigo un vacío que has decidido llenar conmigo, cuando sabes que no puedo darte de beber aquello que ansías.
- Es extraño, porque no considero que haya un error en todo esto. Quizá en la forma, por mi parte, sí. No en el fondo. Y, a pesar de que siempre hay resquicios de esperanza, yo no vengo pensando que me darás lo que deseo. Eso es algo que tengo claro. Pero tú no estás aquí para ocupar un vacío. Oh, no, claro que no.
- ¿Entonces?
- Tú eres el vacío. Me absorbes como lo haría un agujero negro. Extraes de mí lo mejor con solo hacer un movimiento. Es complicado de explicar, y frustrante en cierto modo. Pero es cierto. Tal vez de otras personas lograría obtener un árbol tras cien días de vida. Contigo obtengo cien árboles con tan sólo un día que te pasees por aquí. Y me encanta, y me asusta a la vez. Tal vez yo quisiera cortar los hilos y caminar, libre, a un lugar donde las manos recorriesen mi cuerpo como nunca lo han hecho tus dedos; pero lo estaría cambiando por las palabras que me hacen estallar por dentro en mil pedazos. Y eso, es complicado.
martes, 6 de octubre de 2015
Los caminos
- Ayer vine aquí... Y no estabas. Creía que venías a diario, o al menos eso me dijiste. Ya no son tantas las ganas cuando sabes que es imposible un desenlace mejor, ¿verdad? - Inquirió, algo triste.
Pausa.
- Sí estaba. No donde siempre, es cierto, pero estaba. De hecho te vi.
- ¿Me viste? ¿Y no quisiste decir nada?
- Sí. Sí quise, pero...
- Pero, ¿qué?
- Supongo que tenía miedo. Me quedé viéndote tras un árbol. Indeciso.
- ¿A estas alturas te surge eso?
- Verás, esto no estará así siempre. Habrá un punto en que yo tendré que irme, ya sea por mí mismo o porque el bosque me impida la entrada. Esto que hacemos es muy extraño. Quizá sea lo más puro que haré jamás, pero no quita su dosis de rareza.
- ¿Y la perspectiva de que hay un final corta tus acciones? Si hiciésemos todos lo mismo, nada avanzaría.
- No es lo único... El bosque habla. Y tú cuando vienes aquí no lo haces porque esté yo, ya convenimos en eso. Lo que haces es proyectar los recuerdos pasados en todo lo que hay alrededor. Y eso me afecta. No por mí, puesto que yo dejé de lado toda esperanza, sino por ti. Esa espiral de dolor destroza las raíces de todo lo que ves aquí. Y, créeme, me gusta demasiado este sitio como para permanecer indiferente si se convierte en un desierto.
- Pero, ¿y por qué no te has marchado si temes eso?
- Porque yo mismo he terminado formando parte de este lugar.
- ¿Y por qué no me ayudas?
- Porque el bosque me cierra todos los caminos, excepto este. Y, aquí, en las afueras, lo único que puedo hacer es esto. Hasta que el tiempo se agote.
https://youtu.be/QQNcCFh8R28
Pausa.
- Sí estaba. No donde siempre, es cierto, pero estaba. De hecho te vi.
- ¿Me viste? ¿Y no quisiste decir nada?
- Sí. Sí quise, pero...
- Pero, ¿qué?
- Supongo que tenía miedo. Me quedé viéndote tras un árbol. Indeciso.
- ¿A estas alturas te surge eso?
- Verás, esto no estará así siempre. Habrá un punto en que yo tendré que irme, ya sea por mí mismo o porque el bosque me impida la entrada. Esto que hacemos es muy extraño. Quizá sea lo más puro que haré jamás, pero no quita su dosis de rareza.
- ¿Y la perspectiva de que hay un final corta tus acciones? Si hiciésemos todos lo mismo, nada avanzaría.
- No es lo único... El bosque habla. Y tú cuando vienes aquí no lo haces porque esté yo, ya convenimos en eso. Lo que haces es proyectar los recuerdos pasados en todo lo que hay alrededor. Y eso me afecta. No por mí, puesto que yo dejé de lado toda esperanza, sino por ti. Esa espiral de dolor destroza las raíces de todo lo que ves aquí. Y, créeme, me gusta demasiado este sitio como para permanecer indiferente si se convierte en un desierto.
- Pero, ¿y por qué no te has marchado si temes eso?
- Porque yo mismo he terminado formando parte de este lugar.
- ¿Y por qué no me ayudas?
- Porque el bosque me cierra todos los caminos, excepto este. Y, aquí, en las afueras, lo único que puedo hacer es esto. Hasta que el tiempo se agote.
https://youtu.be/QQNcCFh8R28
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Una visita inesperada
- No te esperaba hoy. Ha sido una sorpresa. Aunque estés distinta.
- ¿Distinta?
- Oh, no hace falta que me lo digas. Ya te dije que aquí todo cambia cuando vienes. Y algunos árboles se han muerto. Claro que, puede ser la llegada del invierno. Aún así, lo descarto. Ven. Hoy te quedarás más rato, aunque yo no pueda hacer nada para ayudar.
Ella se acerca y se sienta a su lado, sobre un gran tronco tirado en el suelo. Es por la tarde, y el día está en calma.
- Bueno, así que el pasado se te queda pegado igual que una mancha de aceite en la ropa, ¿eh? Veo esa lucha aquí, en la naturaleza. Desconozco los detalles, es cierto, pero aún así veo cosas. Un barquito varado en el río, que intenta seguir su camino y le resulta muy complicado. ¿Te resulta familiar?
Silencio. Una brisa que acaricia el rostro. Se escuchan algunas ramas, agitadas.
- El caso es, que no se te puede reprochar nada por eso, quiero decir... Sigo viniendo, ¿no es así? Aunque es cierto que los dos casos son diferentes. Tú arrastras un dolor que retumba en el bosque. El mío, en cambio, es sólo el eco del rechazo. No se mezcla con las raíces, no contamina el aire. Deja al bosque tranquilo.
- Yo no decido eso.
- Claro que no. ¿Acaso yo sí? Pero tú, tú puedes hacer que aquí nazcan maravillas. Tienes ese poder. Aunque claro, si adormeces el aire con la pena, ¿cómo va una ráfaga a mover el barquito?
- Yo... No sé qué decir. Tú lo ves todo muy claro. Yo no. Algo entra en mi cabeza y hace que de vueltas y vueltas. De un punto a otro. Y otra vez a empezar.
- Ya. Acaso eso sea inevitable. Míranos a nosotros. Siempre tan cerca, intentando escudriñar la mente del otro, y a la vez tan lejos. Nunca un roce, ni un abrazo que calme las tempestades. Y pensar que un beso podría incendiar el bosque... Qué le vamos a hacer. Aquello que no empieza no puede terminar nunca. Tal vez llegue a conocerte cuando los fantasmas sean guillotinados y las gloxinias me devoren la vista. No lo sé. Solo que seguiré viniendo.
- Tal vez hoy sí haya un abrazo.
Pausa.
- ¿Por qué gloxinias?
https://youtu.be/3GqTzn7Hi3U
- ¿Distinta?
- Oh, no hace falta que me lo digas. Ya te dije que aquí todo cambia cuando vienes. Y algunos árboles se han muerto. Claro que, puede ser la llegada del invierno. Aún así, lo descarto. Ven. Hoy te quedarás más rato, aunque yo no pueda hacer nada para ayudar.
Ella se acerca y se sienta a su lado, sobre un gran tronco tirado en el suelo. Es por la tarde, y el día está en calma.
- Bueno, así que el pasado se te queda pegado igual que una mancha de aceite en la ropa, ¿eh? Veo esa lucha aquí, en la naturaleza. Desconozco los detalles, es cierto, pero aún así veo cosas. Un barquito varado en el río, que intenta seguir su camino y le resulta muy complicado. ¿Te resulta familiar?
Silencio. Una brisa que acaricia el rostro. Se escuchan algunas ramas, agitadas.
- El caso es, que no se te puede reprochar nada por eso, quiero decir... Sigo viniendo, ¿no es así? Aunque es cierto que los dos casos son diferentes. Tú arrastras un dolor que retumba en el bosque. El mío, en cambio, es sólo el eco del rechazo. No se mezcla con las raíces, no contamina el aire. Deja al bosque tranquilo.
- Yo no decido eso.
- Claro que no. ¿Acaso yo sí? Pero tú, tú puedes hacer que aquí nazcan maravillas. Tienes ese poder. Aunque claro, si adormeces el aire con la pena, ¿cómo va una ráfaga a mover el barquito?
- Yo... No sé qué decir. Tú lo ves todo muy claro. Yo no. Algo entra en mi cabeza y hace que de vueltas y vueltas. De un punto a otro. Y otra vez a empezar.
- Ya. Acaso eso sea inevitable. Míranos a nosotros. Siempre tan cerca, intentando escudriñar la mente del otro, y a la vez tan lejos. Nunca un roce, ni un abrazo que calme las tempestades. Y pensar que un beso podría incendiar el bosque... Qué le vamos a hacer. Aquello que no empieza no puede terminar nunca. Tal vez llegue a conocerte cuando los fantasmas sean guillotinados y las gloxinias me devoren la vista. No lo sé. Solo que seguiré viniendo.
- Tal vez hoy sí haya un abrazo.
Pausa.
- ¿Por qué gloxinias?
https://youtu.be/3GqTzn7Hi3U
domingo, 12 de julio de 2015
Los pájaros
La primera vez que me saludó, recuerdo que el desierto era lo único que se veía. Estaba sentada en la arena, al lado de un cactus enorme, donde se posaban dos pájaros de color azul, cada uno a los extremos de la planta.
Quizá lo extraño no era cómo podían estar en un cactus, piando, sino cómo podía ser posible encontrar unos pájaros así en un terreno tan hostil.
- ¿Te has perdido? - Inquirió, con una mezcla de curiosidad y timidez.- Hace tiempo que no viene nadie por aquí.
- No. El camino me ha traído hasta este lugar, pero no me he perdido. Aún.- Respondí.
Se quedó un rato pensativa, sin saber qué decir.
- ¿Por qué no te sientas aquí un rato? Así puedes descansar.
- De acuerdo.
Me senté a su lado, y nos quedamos en silencio, mirando a los dos pájaros, escuchándolos trinar.
- Ese pájaro azul... Es tuyo, ¿verdad? Vino esta mañana, se puso ahí, en el cactus, y... Y el mío también quiso salir.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- Has venido ahora, ¿no? No hay nadie más aquí. Quiero decir... Mira a tu alrededor.
- ¿Y si así fuese?
- No lo sé. - Contestó, al cabo de un rato.- Como ves, aquí no queda mucho. Ni siquiera hay agua.
Esbocé una sonrisa.
- ¿Te refieres a esto?- Inquirí, abarcando con los brazos los alrededores.- Este sitio, antes no era así. Es cierto que no sé cómo era, pero que así no estaba, de eso estoy seguro. Y este lugar, esta atmósfera, no son permanentes. Puede cambiar.
- ¿Cómo puedes saberlo tú? ¿Cómo puedes demostrar eso?
Me levanté, y le extendí la mano.
- Vamos, te lo diré.
Una vez estuvo conmigo, le señalé su pájaro azul.
- Fíjate en él. ¿Escuchas el sonido? Es un sonido alegre. Mira su pelaje, y su cuerpo. Está sano. El día en que tu pájaro no quiera cantar de ninguna de las maneras, ese día sabrás que el paisaje que haya no puede tranformarse.
La miré a los ojos, y, sin que se lo esperase, la abracé. Fuerte, suave. Y devolvió el abrazo. Ahora los pájaros revoloteaban.
- Y esto, demuestra que el desierto no será permanente.- Le susurré al oído.
Ella no lo veía porque tenía los ojos cerrados, pero de haberlos abiertos, habría visto que, en el suelo, y en un círculo que los rodeaba, había brotado hierba cubierta de rocío, y, en el cactus, de entre las espinas, surgieron flores.
https://youtu.be/-1tppqa62W8
Quizá lo extraño no era cómo podían estar en un cactus, piando, sino cómo podía ser posible encontrar unos pájaros así en un terreno tan hostil.
- ¿Te has perdido? - Inquirió, con una mezcla de curiosidad y timidez.- Hace tiempo que no viene nadie por aquí.
- No. El camino me ha traído hasta este lugar, pero no me he perdido. Aún.- Respondí.
Se quedó un rato pensativa, sin saber qué decir.
- ¿Por qué no te sientas aquí un rato? Así puedes descansar.
- De acuerdo.
Me senté a su lado, y nos quedamos en silencio, mirando a los dos pájaros, escuchándolos trinar.
- Ese pájaro azul... Es tuyo, ¿verdad? Vino esta mañana, se puso ahí, en el cactus, y... Y el mío también quiso salir.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- Has venido ahora, ¿no? No hay nadie más aquí. Quiero decir... Mira a tu alrededor.
- ¿Y si así fuese?
- No lo sé. - Contestó, al cabo de un rato.- Como ves, aquí no queda mucho. Ni siquiera hay agua.
Esbocé una sonrisa.
- ¿Te refieres a esto?- Inquirí, abarcando con los brazos los alrededores.- Este sitio, antes no era así. Es cierto que no sé cómo era, pero que así no estaba, de eso estoy seguro. Y este lugar, esta atmósfera, no son permanentes. Puede cambiar.
- ¿Cómo puedes saberlo tú? ¿Cómo puedes demostrar eso?
Me levanté, y le extendí la mano.
- Vamos, te lo diré.
Una vez estuvo conmigo, le señalé su pájaro azul.
- Fíjate en él. ¿Escuchas el sonido? Es un sonido alegre. Mira su pelaje, y su cuerpo. Está sano. El día en que tu pájaro no quiera cantar de ninguna de las maneras, ese día sabrás que el paisaje que haya no puede tranformarse.
La miré a los ojos, y, sin que se lo esperase, la abracé. Fuerte, suave. Y devolvió el abrazo. Ahora los pájaros revoloteaban.
- Y esto, demuestra que el desierto no será permanente.- Le susurré al oído.
Ella no lo veía porque tenía los ojos cerrados, pero de haberlos abiertos, habría visto que, en el suelo, y en un círculo que los rodeaba, había brotado hierba cubierta de rocío, y, en el cactus, de entre las espinas, surgieron flores.
https://youtu.be/-1tppqa62W8
jueves, 2 de julio de 2015
El trapecista en el mar
A veces, la tormenta que hay sobre nuestras cabezas, no es otra cosa que el sol. Los ojos son traicioneros, sí, pero la mente lo es aún más. Y suceden cosas que no sabías que podrían ser reales. Y los mapas que ya estaban dibujados tienes que volver a hacerlos, porque resulta que las fronteras estaban más lejos de lo que imaginabas.
Sobre el puente de las decisiones nos engañamos creyendo que ante los pies solo hay una delgada cuerda, solo apta para los equilibristas. Que más valdría quemarla antes de dar con nuestros huesos en el profundo abismo. Y si no fuese por esa vocecilla que te dice, famélica, "no incendies las salidas, solo toma el camino que, dices, es mejor", entonces lo hubieras echado todo a perder cuando descubres que tu camino era puro cristal resquebrajado.
Y es que, al final, el agua que roza tu rostro no es la del terror de los marineros, sino el rocío de la esperanza.
¿Y la cuerda?, te preguntarás. La cuerda tiene el simple mecanismo de ir despacio, y una mano a la que sujetarse durante el camino. No soy un trapecista, es cierto, pero la cuerda tiene más grosor del que pensaba.
https://youtu.be/O02HLzlnGxE
Sobre el puente de las decisiones nos engañamos creyendo que ante los pies solo hay una delgada cuerda, solo apta para los equilibristas. Que más valdría quemarla antes de dar con nuestros huesos en el profundo abismo. Y si no fuese por esa vocecilla que te dice, famélica, "no incendies las salidas, solo toma el camino que, dices, es mejor", entonces lo hubieras echado todo a perder cuando descubres que tu camino era puro cristal resquebrajado.
Y es que, al final, el agua que roza tu rostro no es la del terror de los marineros, sino el rocío de la esperanza.
¿Y la cuerda?, te preguntarás. La cuerda tiene el simple mecanismo de ir despacio, y una mano a la que sujetarse durante el camino. No soy un trapecista, es cierto, pero la cuerda tiene más grosor del que pensaba.
https://youtu.be/O02HLzlnGxE
miércoles, 1 de julio de 2015
El asesino de obras
Marcos
siguió el rastro de la sangre. La herida debía estar en una parte
elevada del cuerpo, posiblemente en la cabeza. Lo sabía porque las
gotas a esa altura, al caer al suelo, son más grandes que si están
abajo. Cosas de la gravedad.
Conociendo
esto, supo que el criminal no habría ido muy lejos. Como
investigador jefe de la división Fahrenheit, era consciente de la
importancia de ese caso. Todo esfuerzo era poco. Y fue allí, en la
farola encendida de un sucio callejón, donde lo encontró. Marcos no
lo distinguía muy bien desde esa distancia, pero parecía que,
efectivamente, el origen de la sangre procedía de la cabeza. La
cara, roja de la misma, cansada y macilenta, indicaba que no había
muchas esperanzas en aquel individuo. Los ojos, ya sin brillo,
observaban fijamente la figura que se acercaba a darle caza.
- No
esperaba que fueses a cogerme tan tarde. - Le dijo a Marcos, tosiendo
violentamente, con una leve sonrisa.
El
agente se acerca al herido.
- Ni yo
que te rindieses tan pronto, viejo amigo. Sabes que esto acaba aquí,
¿no? - Contestó el aludido, con un deje de tristeza.
- Sí.
Hazlo rápido. Mejor tú que otro.
Un
momento de titubeo, y, al fin, el jefe de la división Fahrenheit
saca el arma, y apunta a la cabeza. Suena un disparo, expandido su
sonido por el eco.
Con
lágrimas en los ojos, Marcos apunta en su libreta: "14 de
Noviembre a las 12:30 pm. El asesino prófugo ha sido ajusticiado.
Delito producido: Eliminar la coma de un fragmento de La Divina
Comedia. Pena impuesta originalmente por el tribunal: Tortura
ortográfica durante veinte años. Fin del parte policial."
Microrrelato seleccionado en I Concurso de Historias Cortas "Relatos Policíacos", de Letras con Arte.
sábado, 4 de abril de 2015
En la carretera
Todo vuelve a su cauce, a pesar de la monotonía de los días, donde los sueños se disfrazan de rutina, y el horizonte aparece pintado de gris.
Un descenso a lo más alto de la melancolía, donde solo una distracción esporádica ejerce un papel de contención. No se han apagado las luces de la carretera, pues realmente nunca las hubo, y las piernas no pueden seguir corriendo cuando ya se han acostumbrado a la sedentarización.
Me sentaré ahí, al borde de la calzada, y esperaré a que pase algún coche que quiera recogerme, pero lo dudo. No hay ojos que puedan posarse en mí, no sin apartar la vista, pues la aureola del miedo rodea la esperanza que se disipa, y la pasividad del desconocido domina el techo del mundo.
Ya descansarán los pies.
Un descenso a lo más alto de la melancolía, donde solo una distracción esporádica ejerce un papel de contención. No se han apagado las luces de la carretera, pues realmente nunca las hubo, y las piernas no pueden seguir corriendo cuando ya se han acostumbrado a la sedentarización.
Me sentaré ahí, al borde de la calzada, y esperaré a que pase algún coche que quiera recogerme, pero lo dudo. No hay ojos que puedan posarse en mí, no sin apartar la vista, pues la aureola del miedo rodea la esperanza que se disipa, y la pasividad del desconocido domina el techo del mundo.
Ya descansarán los pies.
martes, 17 de marzo de 2015
Soy
Hoy soy un libro con las palabras desordenadas, imposible de leer. La quiromancia más extraña, dormida en los posos de la brea que despiden mis ojos. Una bacanal confusa, adormecida, con los ánimos sin pulso alguno. Soy la antorcha que oscurece tu sonrisa de satisfacción. Una mano muerta que se desliza por el suave vaivén del aire, resistente a dejar de funcionar, cuando ya no queda nada por lo que moverse.
Hoy soy aún más un planeta hueco, que se sale de su órbita y se estrella contra la luna. Un montón de líneas difusas, con trazos de idas y retornos, irregulares compases cuyas bifurcaciones pierden la alegría. Un buscador chiflado que se pierde en el desierto de tus astros para nunca salir, muerto de hambre y sed, y ningún tesoro en sus manos.
Soy melancolía, una bruma espesa que sacude los cimientos de todo en lo que alguna vez creí. El hacha que termina de talar el solitario árbol milenario, cuyas raíces controlaban todo el bosque. La esperanza moribunda que rasca con sus uñas la puerta de lo inalcanzable, mientras jadea y escupe cuajerones de sangre.
No hay nada al otro lado, nada a lo que aferrarse, nada que voltee el rumbo de los barcos a la deriva.
Por eso hoy, más que nunca, puedo decir que, al hablar, el eco me responde.
https://youtu.be/2sNSA09euT8
Hoy soy aún más un planeta hueco, que se sale de su órbita y se estrella contra la luna. Un montón de líneas difusas, con trazos de idas y retornos, irregulares compases cuyas bifurcaciones pierden la alegría. Un buscador chiflado que se pierde en el desierto de tus astros para nunca salir, muerto de hambre y sed, y ningún tesoro en sus manos.
Soy melancolía, una bruma espesa que sacude los cimientos de todo en lo que alguna vez creí. El hacha que termina de talar el solitario árbol milenario, cuyas raíces controlaban todo el bosque. La esperanza moribunda que rasca con sus uñas la puerta de lo inalcanzable, mientras jadea y escupe cuajerones de sangre.
No hay nada al otro lado, nada a lo que aferrarse, nada que voltee el rumbo de los barcos a la deriva.
Por eso hoy, más que nunca, puedo decir que, al hablar, el eco me responde.
https://youtu.be/2sNSA09euT8
sábado, 14 de marzo de 2015
Da igual
En la diana de mis ojos apagados te entretienes en lanzarme dardos. Da igual, ya no me sirven. Quédatelos si quieres, juega con ellos hasta desangrarlos, nunca se saldrán de sus órbitas. Los perdí cuando me jugué contigo mis manos. No debí hacerlo, bien cierto es. Ahora no puedo controlar nada. Todo aquí adentro es tuyo, pues es con mis dedos con lo único que consigo expandir mi mundo.
Da igual, te los has ganado. No pude evitar apostar que, al contacto con mis dedos, tu piel se levantaría con la brisa del norte. Qué equivocado estaba. Ni siquiera un suspiro, solo quietud, esperanzas muertas. Cuervos llevándose las pocas emociones brillantes que aún guardaba. Da igual, ahora no sé lo que soy. Espero que puedas manejar mi cuerpo con tus hilos color burdeos. No sé si la niebla se despejará, ni si tú harás algo más que mirarme desde tu trono de lo desconocido.
No importa, aunque no la veas, te gusta el olor dulzón de la sangre. Aunque no sepas que se derrama, e insistas en llenarme las maletas de esperanzas. Pesan demasiado, y no creo poder cargarlas, aún así, mis manos son tuyas, y llevaré cualquier cosa. Pero luego no me hagas abrirlas para tirar el contenido por el suelo.
Porque eso, querida, eso no me da igual.
Para María del Mar.
Palabras clave: Dardos, cuervos, maletas.
Da igual, te los has ganado. No pude evitar apostar que, al contacto con mis dedos, tu piel se levantaría con la brisa del norte. Qué equivocado estaba. Ni siquiera un suspiro, solo quietud, esperanzas muertas. Cuervos llevándose las pocas emociones brillantes que aún guardaba. Da igual, ahora no sé lo que soy. Espero que puedas manejar mi cuerpo con tus hilos color burdeos. No sé si la niebla se despejará, ni si tú harás algo más que mirarme desde tu trono de lo desconocido.
No importa, aunque no la veas, te gusta el olor dulzón de la sangre. Aunque no sepas que se derrama, e insistas en llenarme las maletas de esperanzas. Pesan demasiado, y no creo poder cargarlas, aún así, mis manos son tuyas, y llevaré cualquier cosa. Pero luego no me hagas abrirlas para tirar el contenido por el suelo.
Porque eso, querida, eso no me da igual.
Para María del Mar.
Palabras clave: Dardos, cuervos, maletas.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Prisiones
Sigo encerrado en mi propia prisión, bebiendo del agua que cae de las goteras del techo. No cuidé esto y estuve demasiado tiempo viendo el paisaje del exterior. Me encantaba observar los prados verdes y llenos de vida que veía a través de los barrotes, tanto, que, cuando me fijo un poco, todo está hecho un desastre.
No es que no lo estuviera antes, es solo que ahora se nota mucho más. Como si acabase de despertar y se me hubiese aclarado la mente. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo pesadas que son mis propias cadenas. Ahora no sé cómo salir de aquí. Privado de libertad, sin poder elegir el camino que se abría ante mis ojos, la suerte echada. Me olvidé incluso de dormir, y ahí está el catre de hierro, los brazos de la soledad como almohada, y tu nombre en las pintadas navajeras de la pared.
¿Cómo ser feliz cuando todo se trueca a lo que siempre habías temido en el fondo? Siempre se aferra el loco al último rayo de esperanza, hasta que el martillo de la realidad golpea fuerte sobre el yunque de la cordura, y todo alrededor se torna de color rojo.
Hoy ya no quiero ver lo que se extiende más allá de mi ventana. Hoy cierro la portezuela de madera y me sumo en la oscuridad de la habitación. Que descanse en paz el último halo de ilusión, sobre la tumba de las palabras equivocadas y los actos erróneos.
Para Inés.
Palabras clave: Privado, cadenas y feliz.
No es que no lo estuviera antes, es solo que ahora se nota mucho más. Como si acabase de despertar y se me hubiese aclarado la mente. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo pesadas que son mis propias cadenas. Ahora no sé cómo salir de aquí. Privado de libertad, sin poder elegir el camino que se abría ante mis ojos, la suerte echada. Me olvidé incluso de dormir, y ahí está el catre de hierro, los brazos de la soledad como almohada, y tu nombre en las pintadas navajeras de la pared.
¿Cómo ser feliz cuando todo se trueca a lo que siempre habías temido en el fondo? Siempre se aferra el loco al último rayo de esperanza, hasta que el martillo de la realidad golpea fuerte sobre el yunque de la cordura, y todo alrededor se torna de color rojo.
Hoy ya no quiero ver lo que se extiende más allá de mi ventana. Hoy cierro la portezuela de madera y me sumo en la oscuridad de la habitación. Que descanse en paz el último halo de ilusión, sobre la tumba de las palabras equivocadas y los actos erróneos.
Para Inés.
Palabras clave: Privado, cadenas y feliz.
domingo, 8 de marzo de 2015
Siempre
Volví a los
vertederos grises,
me enterré
bajo la basura.
Me salté la
hora del descanso
para poder
seguir soñando.
Esos trastos que
ves por ahí
son mis soldados.
Esas cosas que
nadie quiere
son mis manos
y mis pensamientos.
Pero aún sigue
la esperanza
creyendo poder
reparar el caos.
Hay más humanidad
en los vidrios rotos
que en los corazones
de la gente.
Hay más calor
en las viejas cenizas
que en las sonrisas
de la falsedad.
Pero no importa,
siempre hay algo
que nos anima a
querer romper ventanas.
Siempre hay algo,
por efímero que sea,
que alegra el día,
que ilumina la noche.
Para Malena.
Palabras clave en poesía: Humanidad, esperanza y alegría.
vertederos grises,
me enterré
bajo la basura.
Me salté la
hora del descanso
para poder
seguir soñando.
Esos trastos que
ves por ahí
son mis soldados.
Esas cosas que
nadie quiere
son mis manos
y mis pensamientos.
Pero aún sigue
la esperanza
creyendo poder
reparar el caos.
Hay más humanidad
en los vidrios rotos
que en los corazones
de la gente.
Hay más calor
en las viejas cenizas
que en las sonrisas
de la falsedad.
Pero no importa,
siempre hay algo
que nos anima a
querer romper ventanas.
Siempre hay algo,
por efímero que sea,
que alegra el día,
que ilumina la noche.
Para Malena.
Palabras clave en poesía: Humanidad, esperanza y alegría.
sábado, 28 de febrero de 2015
Imperios
Mensajes borrados
en agua de lluvia,
bebiendo arena
de tus silencios,
cuando el cañón
ya retumbó anoche.
Todos los puentes
quemados,
derribados,
solo la sombra
de la ilusión.
Un monstruo que
se alimenta,
ojos grises que
se apagan,
y el eco devuelve
mis respuestas.
Sueños polvorientos,
que abrazan,
que persiguen,
que se difuminan
al alba.
Nunca fuí más
que el sapo,
el príncipe destronado
de las palabras,
sentado en sillas
de espejismos.
Y aquí estoy,
sentado en el mar
de la esperanza,
deseando que vuelva
la botella que lancé.
Y cuando suba
la marea,
y la soledad
abrace mi cuerpo,
podré decir:
Basta un solo día
para destruir imperios.
en agua de lluvia,
bebiendo arena
de tus silencios,
cuando el cañón
ya retumbó anoche.
Todos los puentes
quemados,
derribados,
solo la sombra
de la ilusión.
Un monstruo que
se alimenta,
ojos grises que
se apagan,
y el eco devuelve
mis respuestas.
Sueños polvorientos,
que abrazan,
que persiguen,
que se difuminan
al alba.
Nunca fuí más
que el sapo,
el príncipe destronado
de las palabras,
sentado en sillas
de espejismos.
Y aquí estoy,
sentado en el mar
de la esperanza,
deseando que vuelva
la botella que lancé.
Y cuando suba
la marea,
y la soledad
abrace mi cuerpo,
podré decir:
Basta un solo día
para destruir imperios.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Invierno
¡El virgen, el vivaz y bello día de hoy
de un aletazo ebrio va a
desgarrarnos este
lago duro olvidado que persigue debajo de la
escarcha
el glaciar transparente de los vuelos no huidos!
Un cisne de otro tiempo se acuerda de que él es
Un cisne de otro tiempo se acuerda de que él es
quien, aún sin
esperanza, magnífico se libra
por no haber cantado la región de vivir
cuando ha esplendido el tedio del estéril invierno.
Sacudirá su cuello entero esta blanca agonía
cuando ha esplendido el tedio del estéril invierno.
Sacudirá su cuello entero esta blanca agonía
por el espacio
impuesto al ave que lo niega,
mas no el horror del suelo que
aprisiona al plumaje.
Fantasma que su puro destello a este lugar asigna,
Fantasma que su puro destello a este lugar asigna,
se aquieta en
el ensueño helado del desprecio
que entre su exilio inútil viste el
Cisne.
Stéphan Mallarmé
domingo, 1 de diciembre de 2013
Quedarse
Me siento delante de un caballete con lienzo, y comienzo a trazar líneas, cogiendo diferentes colores con la paleta. Con el verde dibujo un sendero de árboles perennes, en un bosque profundo. El marrón sirve para formar los troncos, con madera fuerte en unos árboles, y carcomida en otros. El suelo, húmedo de la lluvia, cubierto con hojas secas, marca las condiciones de la atmósfera. Aparece también el cabello de alguien, flotando, igual que un tímido fantasma que solo muestra ese rasgo de sí mismo. Y voy usando los demás colores, rojo, para descubrir sus labios y el área de sus mejillas. Con un dedo voy formando lo que será el tono de su piel en lo que se perfila como su rostro, dejando mi impronta en aquel cuadro. Con polvo de estrellas delimito sus ojos, que comienzan a brillar como si de brumas de esperanza se tratasen.
Arranco trozos de mi camisa y los coloco formándole a ella una propia. La suya la perdió al liberarse del frío. Entonces me detengo.
- ¿No le dibujas las piernas?- Inquirió un muchacho, que había estado observando la pintura.
Yo negué con la cabeza, y él me preguntó el por qué.
- Porque no le gustará estar ahí, y entonces se marcharía.- Respondí.
- Eso es una tontería.- Dijo- Si realmente quiere quedarse, no se irá.
Arranco trozos de mi camisa y los coloco formándole a ella una propia. La suya la perdió al liberarse del frío. Entonces me detengo.
- ¿No le dibujas las piernas?- Inquirió un muchacho, que había estado observando la pintura.
Yo negué con la cabeza, y él me preguntó el por qué.
- Porque no le gustará estar ahí, y entonces se marcharía.- Respondí.
- Eso es una tontería.- Dijo- Si realmente quiere quedarse, no se irá.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Tic, toc, y la fábula del tiempo.
El segundero del reloj viaja hacia atrás, pero se consume hacia delante, lenta y pesadamente. Cuatro paredes de hormigón se alzan, formando una jaula que simula la libertad, una cárcel de oro espaciosa para el reo, que camina y no palpa los barrotes, que aspira y no siente el aire viciado. Puede ser que se haya acostumbrado a su alrededor, ignorante de lo que ocurre o de dónde se encuentra. Una venda que tapa sus ojos y una duda que lo ciega. No sabe si en su cabeza se acumulan las dudas o las certezas, pues solo alberga esperanzas que, al igual que una bombilla desgastada, titila, se enciende, y se apaga. Y lo único que sabe es, que si estuviera montado en un barco, dejaría que le arrastrase la corriente.
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