Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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lunes, 23 de febrero de 2015
Adicción
Soy un adicto, lo sé. Me encanta el caos de las palabras. Lo necesito. No es fácil entenderlo, eso también lo sé. Te sientas ahí, y escribes. Lo que no sabes es el efecto que tiene sobre otras personas. Habrá quien pase, claro. Y quien solo le eche un vistazo. Pero hay quien se pone a leer y a releer lo que pones, y a pensar qué puede significar. Aunque sea una canción. Porque, y en eso estarán todos ustedes de acuerdo, las canciones, y las palabras significan distintas cosas según lo vea uno. A veces confunde. Ni siquiera se ve el sentimiento, o el significado base. Y, para mí, la persona que logre hacer que nos enganchemos a eso, habrá logrado algo muy importante. Tu atención. Y no la atención del gracioso, no, una atención contínua, donde los mundos se difuminan y te absorben y te hacen formar parte de este caos. En orden, por favor.
martes, 5 de noviembre de 2013
Shadows
A veces pienso que todas las personas somos círculos. Y que nos hacemos más grandes dependiendo de quién nos vea. A su vez, entramos dentro de otros círculos, en menor o mayor grado, compartiendo un espacio que puede modificarse. Entre todos se forma una gran estructura, pero lo que interesa aquí son las relaciones unipersonales. Imaginen dos círculos que se van aproximando cada vez más, tanto, que las acciones propias que a uno le puedan parecer insignificantes, al otro puede llegar a calarle hondo. Esto se debe a que se dualizan las emociones, y, aunque en muchas ocasiones, ambos las compartan, otras veces sentirán emociones intensas en solitario por una cosa determinada, mientras que la otra persona no sentirá igual. Solo cuando los dos círculos se unen hasta alcanzar casi la forma de otro círculo, se da una mayor unanimidad, pero como causa de que los sentimientos ganan la batalla frente al vacío de antaño.
Etiquetas:
batalla,
círculos,
emociones,
relaciones,
sentimientos
domingo, 29 de septiembre de 2013
Posturas
Es posible que no consiga resolver la ecuación que rige mi vida, nunca fui un buen matemático. Siempre me pareció algo estático, ortodoxo, que no ofrece salidas ni puertas traseras. La exactitud de los números. Es cierto que muchas cosas dependen de eso, pero no termina de encajar con mi forma de ser. Frente a ese poder inmutable, yo esgrimo la constante del error, la belleza de la imperfección, la racionalidad cogida de la mano con los sentimientos; distintos, sí, pero no incompatibles.
Yo le canto al poder de la palabra, aunque admiro la precisión del número. Pero hay cosas que los números no pueden hacer, como conseguir que la mente saque a relucir emociones internas, a menos que esos números estén relacionados con las palabras, como puede ser el 69, un número familiar para todo aquel que haya oído alguna vez de la existencia del kamasutra. Yo siempre quise leerlo, y a la vez ponerlo en práctica, por eso no he pasado de la primera página.
El caso es que, mediante el uso de las letras, previamente ordenadas, se puede conseguir derribar barreras mentales, provocar química dentro del cuerpo, similar a las drogas. Se crea así una dependencia a algo sano, provechoso y agradable, mientras que el número, aunque permite formar las drogas, que causan sensaciones magníficas en primera instancia, no puede lograr eso sin destrozar la composición natural del cuerpo.
Yo le canto al poder de la palabra, aunque admiro la precisión del número. Pero hay cosas que los números no pueden hacer, como conseguir que la mente saque a relucir emociones internas, a menos que esos números estén relacionados con las palabras, como puede ser el 69, un número familiar para todo aquel que haya oído alguna vez de la existencia del kamasutra. Yo siempre quise leerlo, y a la vez ponerlo en práctica, por eso no he pasado de la primera página.
El caso es que, mediante el uso de las letras, previamente ordenadas, se puede conseguir derribar barreras mentales, provocar química dentro del cuerpo, similar a las drogas. Se crea así una dependencia a algo sano, provechoso y agradable, mientras que el número, aunque permite formar las drogas, que causan sensaciones magníficas en primera instancia, no puede lograr eso sin destrozar la composición natural del cuerpo.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Himno de la Comunidad de Madrid
Hoy voy a poner un himno que me gusta mucho, no por el sentimiento que pueda tener hacia la comunidad en sí, sino por el significado que esconden sus letras.
Se trata de un poema cargado de ironías y de sátiras que los políticos que lo encargaron en su momento no supieron ver, cosa que no sorprende, pero que aún así no es nada desdeñable este logro. No es otro que el himno de la comunidad de Madrid, y fue compuesto por Agustín García Calvo, un poeta ácrata bastante avispado, véanlo, si no, ustedes:
Yo estaba en el medio:
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
no voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
autónomo, entero!
Mire el sujeto
las vueltas que da el mundo
para estarse quieto.
Yo tengo mi cuerpo:
un triángulo roto en el mapa
por ley o decreto
entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
provincia de toda provincia,
flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
se llevan el resto.
Y a costa de esto,
yo soy el Ente Autónomo último,
el puro y sincero.
Viva mi dueño,
que, sólo por ser algo,
¡soy madrileño!
Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí, y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice:
De Madrid, al cielo.
http://youtu.be/ZlTYo78Y4vE
Se trata de un poema cargado de ironías y de sátiras que los políticos que lo encargaron en su momento no supieron ver, cosa que no sorprende, pero que aún así no es nada desdeñable este logro. No es otro que el himno de la comunidad de Madrid, y fue compuesto por Agustín García Calvo, un poeta ácrata bastante avispado, véanlo, si no, ustedes:
Yo estaba en el medio:
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
no voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
autónomo, entero!
Mire el sujeto
las vueltas que da el mundo
para estarse quieto.
Yo tengo mi cuerpo:
un triángulo roto en el mapa
por ley o decreto
entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
provincia de toda provincia,
flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
se llevan el resto.
Y a costa de esto,
yo soy el Ente Autónomo último,
el puro y sincero.
Viva mi dueño,
que, sólo por ser algo,
¡soy madrileño!
Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí, y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice:
De Madrid, al cielo.
http://youtu.be/ZlTYo78Y4vE
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Dios,
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