Se ha roto el fino equilibrio que mantenía las mareas a salvo, ahora el agua lo inunda todo. Existen tsunamis creados por la apatía que derriban convicciones enteras. La esperanza, nadando en el barro, intentará ser la última superviviente de un naufragio mortal.
No existen refugios, y las palabras no envuelven como antes. Todo pierde su fuerza. Siempre pisando sin saber cuál es el camino. Se desgarran las emociones, y jamás existieron cicatrices. La humanidad camina, y yo me dejo caer sobre montañas de universos rotos, como mi cabeza.
Que venga la lluvia, que caiga la noche sobre mis ojos. Borré de mis ojos los colores del arcoiris y coloqué el sepia de las películas de terror. Así da menos miedo la realidad. Y sé que correrán las partículas a juntarse, pero yo nunca lo haré.
Temblores. A veces quisiera que fuese el frío, o una extraña enfermedad que me nubla los sentidos. Aunque no es otra cosa que la vida que habita tras estas manos. Lo que se escapa y que nunca tendré.
Unos dedos que entrelacen los míos.
https://youtu.be/w2mKRjPHUNg
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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jueves, 12 de mayo de 2016
sábado, 7 de mayo de 2016
Follow your heart
Nunca supe cambiar la dirección del viento, ni la frecuencia de las mareas. Una mano sola no basta para derribar un siglo, aunque una palabra sí puede transformar una vida. Al final, somos pequeños peones dentro de un grano de arena, y es ahí donde podemos movernos.
Sé que mis impactos son leves, aunque mis lazos abarquen kilómetros. Sin embargo, la rueda ya ha comenzado a girar, y no parece que algo vaya a detenerla. Ambos comenzamos a construir puntas sobre la madera del tejo. Y tal vez terminemos siendo una extensión del otro, una bola de fuego que no arde ni se consume.
No puedo modificar mucho, eso también lo he aprendido. Pero si tus ojos quieren ver los míos, los encontrarás en cada reflejo. Si crees que tu piel puede encontrar un hogar en la mía, sentirás mis dedos rozarte en cada brisa. Y no hay peores lágrimas que aquellas que no pueden ser borradas, ni peor prisión que una tristeza a la que ningún acto hace mella.
A veces desearía estar y no permanecer, humedecer el estado de unos labios que jamás se han tocado; pues por todos es sabido que la belleza que eclipsa no es igual a la que enamora. Pero cuidado, cada ladrillo que se coloque en esta dirección nunca podrá volver a su lugar original.
Yo lucharé, asentándome en todos esos rincones vacíos que amenazan con ocupar días enteros. Y la victoria llegará, sólo si tú lanzas la primera piedra. Un punto de no retorno es eso: una nueva etapa en la que eliges entrar, bloqueando otras del pasado.
Ya sabrás que tus huellas caminan por los valles de mi mente, y espero que algo de mí se haya impregnado en tu alegría, haber matado alguna vez la eunoia que te destroza.
Ahora, quizá, si nos robamos el aliento, tendremos una flecha que atraviese el corazón de lado a lado.
De nosotros depende que, al tocarla, no se desangre.
https://youtu.be/rW8biWyQKUY
Sé que mis impactos son leves, aunque mis lazos abarquen kilómetros. Sin embargo, la rueda ya ha comenzado a girar, y no parece que algo vaya a detenerla. Ambos comenzamos a construir puntas sobre la madera del tejo. Y tal vez terminemos siendo una extensión del otro, una bola de fuego que no arde ni se consume.
No puedo modificar mucho, eso también lo he aprendido. Pero si tus ojos quieren ver los míos, los encontrarás en cada reflejo. Si crees que tu piel puede encontrar un hogar en la mía, sentirás mis dedos rozarte en cada brisa. Y no hay peores lágrimas que aquellas que no pueden ser borradas, ni peor prisión que una tristeza a la que ningún acto hace mella.
A veces desearía estar y no permanecer, humedecer el estado de unos labios que jamás se han tocado; pues por todos es sabido que la belleza que eclipsa no es igual a la que enamora. Pero cuidado, cada ladrillo que se coloque en esta dirección nunca podrá volver a su lugar original.
Yo lucharé, asentándome en todos esos rincones vacíos que amenazan con ocupar días enteros. Y la victoria llegará, sólo si tú lanzas la primera piedra. Un punto de no retorno es eso: una nueva etapa en la que eliges entrar, bloqueando otras del pasado.
Ya sabrás que tus huellas caminan por los valles de mi mente, y espero que algo de mí se haya impregnado en tu alegría, haber matado alguna vez la eunoia que te destroza.
Ahora, quizá, si nos robamos el aliento, tendremos una flecha que atraviese el corazón de lado a lado.
De nosotros depende que, al tocarla, no se desangre.
https://youtu.be/rW8biWyQKUY
sábado, 30 de abril de 2016
Un nuevo amanecer
La alegría se escapa como el agua que recogen mis manos; quizá soy un recipiente inadecuado. Tras la cortina se ven los ojos que observan y vigilan; y, al igual que semillas en el granero, guardo las palabras que no pueden ser olvidadas.
No soy fuerte, nada lo es. Hasta la imponente montaña se vuelve cañón. Hasta la roca más poderosa torna en arenilla, horadada por el agua y el viento. Las corazas sólo son monstruos que detienen bestias; un enemigo que abate posibles peligros. Y eso no sirve. La espada del doble filo es sangrienta a más no poder. ¿Dónde he dejado tiradas mis viejas ilusiones?
Espero un mes que se aproxima, largo como los días y corto como la vida. Entre la maleza del recuerdo existe una mujer que peleó y que aún se corta; y allí donde los caminos se rompieron supimos mantener un pie al lado de la línea.
Rodeados de paraísos perdidos seguimos pisando la misma tierra que juramos defender, y las olas que derriben el barco serán las últimas. Tal vez se convierta en una armadura si mi cuerpo es su espada; en el filo del olvido necesitamos la voz de la llama.
Voy en su busca, y quiero pensar que yo soy buscado; entre los pasos que avanzan y los que retroceden hay un trecho. Puedo entregar más de lo que hay en los muros y la tinta; y a cada dicha responderé con otra mayor. Pero si mis manos tocan ceniza y mis labios besan cristales, entonces me ahogaré en otros mares. Y no arrastraré a nadie a las profundidades.
El arcoiris nunca refleja el negro de tus ojos.
https://youtu.be/XbthRHKOuo8
No soy fuerte, nada lo es. Hasta la imponente montaña se vuelve cañón. Hasta la roca más poderosa torna en arenilla, horadada por el agua y el viento. Las corazas sólo son monstruos que detienen bestias; un enemigo que abate posibles peligros. Y eso no sirve. La espada del doble filo es sangrienta a más no poder. ¿Dónde he dejado tiradas mis viejas ilusiones?
Espero un mes que se aproxima, largo como los días y corto como la vida. Entre la maleza del recuerdo existe una mujer que peleó y que aún se corta; y allí donde los caminos se rompieron supimos mantener un pie al lado de la línea.
Rodeados de paraísos perdidos seguimos pisando la misma tierra que juramos defender, y las olas que derriben el barco serán las últimas. Tal vez se convierta en una armadura si mi cuerpo es su espada; en el filo del olvido necesitamos la voz de la llama.
Voy en su busca, y quiero pensar que yo soy buscado; entre los pasos que avanzan y los que retroceden hay un trecho. Puedo entregar más de lo que hay en los muros y la tinta; y a cada dicha responderé con otra mayor. Pero si mis manos tocan ceniza y mis labios besan cristales, entonces me ahogaré en otros mares. Y no arrastraré a nadie a las profundidades.
El arcoiris nunca refleja el negro de tus ojos.
https://youtu.be/XbthRHKOuo8
domingo, 17 de enero de 2016
La trituradora de cultura
No merece otro nombre. A los que me leen desde otro país ajeno al mío, no se preocupen, esto no les afecta de forma directa. Sin embargo, aquí, en España, 2013, se aprobó una ley que se carga de un plumazo la posibilidad de seguir escribiendo una vez estés jubilado.
Sí, tal y como lo leen. Si los derechos de autor de alguien superan un tope, te quedas sin pensión. Es decir, si publicas un libro y superas un tope en las ganancias, te quedas sin prestación. Aunque hay una excepción: Los políticos pueden escribir y publicar lo que les salga de las narices sin tener ningún tipo de contrapartida.
La ley en sí es absurda. El que pueda permitirse renunciar a la pensión podrá seguir publicando aunque maldiga su suerte. Pero habrá otros que van a tener que elegir entre una de los cosas. O publicar o pensión.
Es una forma de ahogar, de terminar con algo que no hace daño a nadie, salvo a la ignorancia: la cultura. Cualquiera que sea escritor, no va a dejar de escribir, porque sencillamente no se puede, es algo que termina formando parte del día a día. El problema es, cuando a esa persona se le impide compartir lo que ha escrito, aunque sea de una forma "indirecta".
Y es que nadie que se mete a escritor lo hace para ganar mucho dinero, porque no es algo tan sencillo de lograr. Aunque haya excepciones, claro. No tengo palabras para la rabia y la indignación que siento al ver que pueden destrozar todo lo que quieran impunemente.
"Nadie se dedica a la literatura para hacerse rico. Más bien al contrario. Salvo casos aislados, es necesario tener otro trabajo para poder escribir. Lo normal es que los exiguos derechos de autor que te llegan apenas sirvan para invitar a tomar unas cañas a los amigos. Es un oficio duro, lleno de renuncias, que exige una gran constancia y que a veces incluso lleva al divorcio. Nada de eso importa si uno quiere escribir. Lo hará igualmente. Lo hizo un desconocido Faulkner mientras trabajaba en una oficina de correos. Cervantes, cobrador de impuestos. Primo Levi después de pasar varios años en un campo de concentración. O Joyce, en el tiempo libre que le quedaba mientras enseñaba inglés y se emborrachaba. Hablo de los grandes. Los pequeños escuderos, casi todos, nos ganamos la vida enseñando, escribiendo artículos que cada vez se pagan peor –cuando se pagan–, barriendo calles o como sea. Lo importante es arañar unas horas al día para poder escribir, aunque el proceso no nos lleve a nada, mucho menos a ganar dinero."
Fuentes y más información:
http://www.elespanol.com/cultura/20160113/94240609_0.html
http://elasombrario.com/como-acabar-de-una-vez-por-todas-con-la-cultura/
Sí, tal y como lo leen. Si los derechos de autor de alguien superan un tope, te quedas sin pensión. Es decir, si publicas un libro y superas un tope en las ganancias, te quedas sin prestación. Aunque hay una excepción: Los políticos pueden escribir y publicar lo que les salga de las narices sin tener ningún tipo de contrapartida.
La ley en sí es absurda. El que pueda permitirse renunciar a la pensión podrá seguir publicando aunque maldiga su suerte. Pero habrá otros que van a tener que elegir entre una de los cosas. O publicar o pensión.
Es una forma de ahogar, de terminar con algo que no hace daño a nadie, salvo a la ignorancia: la cultura. Cualquiera que sea escritor, no va a dejar de escribir, porque sencillamente no se puede, es algo que termina formando parte del día a día. El problema es, cuando a esa persona se le impide compartir lo que ha escrito, aunque sea de una forma "indirecta".
Y es que nadie que se mete a escritor lo hace para ganar mucho dinero, porque no es algo tan sencillo de lograr. Aunque haya excepciones, claro. No tengo palabras para la rabia y la indignación que siento al ver que pueden destrozar todo lo que quieran impunemente.
"Nadie se dedica a la literatura para hacerse rico. Más bien al contrario. Salvo casos aislados, es necesario tener otro trabajo para poder escribir. Lo normal es que los exiguos derechos de autor que te llegan apenas sirvan para invitar a tomar unas cañas a los amigos. Es un oficio duro, lleno de renuncias, que exige una gran constancia y que a veces incluso lleva al divorcio. Nada de eso importa si uno quiere escribir. Lo hará igualmente. Lo hizo un desconocido Faulkner mientras trabajaba en una oficina de correos. Cervantes, cobrador de impuestos. Primo Levi después de pasar varios años en un campo de concentración. O Joyce, en el tiempo libre que le quedaba mientras enseñaba inglés y se emborrachaba. Hablo de los grandes. Los pequeños escuderos, casi todos, nos ganamos la vida enseñando, escribiendo artículos que cada vez se pagan peor –cuando se pagan–, barriendo calles o como sea. Lo importante es arañar unas horas al día para poder escribir, aunque el proceso no nos lleve a nada, mucho menos a ganar dinero."
Fuentes y más información:
http://www.elespanol.com/cultura/20160113/94240609_0.html
http://elasombrario.com/como-acabar-de-una-vez-por-todas-con-la-cultura/
jueves, 3 de diciembre de 2015
Dos mujeres (II)
II
Aún veo las huellas,
y ni aún así dejo
de buscar atrás,
esperando ilusiones.
No conozco a mi musa,
se largó antes de verme,
sus campos de batalla se
libran fuera de aquí.
Yo la persigo, cruel utopía,
me deja rastros, canciones,
y a mí me salen palabras,
allí donde antes era humo.
Nos saludamos, extraños,
ella busca rehacerse,
yo busco su vacío,
nunca nos tocaremos.
Soy un imán con el mismo
polo para todos, la daga,
guardo la pureza roja
bajo la manga de mi sonrisa.
Dibujo en los espejos,
así no rompo ninguno,
y es que destroza ver el
rostro de una mala estrella.
Quebrado, como los trozos
de esperanza del piso,
mantengo en pie los
puentes que se alzaron.
Viviendo en la periferia
de sus pensamientos,
me harté de tragar barro
y detener la sangre.
No soy de ella, pertenezco
a la ruina, hijo del olvido,
bebo para recordar, y sueño
para borrar mi memoria.
Aún así la veo, riendo,
en los límites de la locura,
sobre el precipicio que
jamás podré saltar.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Tragicomedia
Hay silencios que te muestran campos vacíos sobre tus pies, un lejano rumor que ensordece todas las demás voces. Imponente, carcome todo lo que existe, y te muestra la dureza del frío; una coraza hueca, cuando todas las flechas resbalaban ante otros invasores.
Hay silencios que muestran más que las palabras; crudos, ponzoñosos. Te enseñan que hay un límite en tus pasos, que a tu alrededor sólo puede crecer un brote, nada más.
Hay silencios que desangran, pues al filo de la navaja corta todo, incluso cuando sabes que se apagaron las luces.
Y es que los brazos abarcan mucho, aunque las manos no sientan calor. Perdí mi lugar, no el propósito; como un teatrillo itinerante que no se detiene en ningún sitio pero sabe cuál es su función.
No me reconozco en los ojos de la multitud; siendo sin ser parte de nada, participando con un rol de tercera, ya ni siquiera aspiro a ser protagonista en esta obra macabra.
Y no hay ningún sitio para mí allá afuera, donde la careta del personaje es horrible; y sus gustos, exigentes. Tal vez, algún día, se logre finalizar bien esta tragicomedia.
Hay silencios que muestran más que las palabras; crudos, ponzoñosos. Te enseñan que hay un límite en tus pasos, que a tu alrededor sólo puede crecer un brote, nada más.
Hay silencios que desangran, pues al filo de la navaja corta todo, incluso cuando sabes que se apagaron las luces.
Y es que los brazos abarcan mucho, aunque las manos no sientan calor. Perdí mi lugar, no el propósito; como un teatrillo itinerante que no se detiene en ningún sitio pero sabe cuál es su función.
No me reconozco en los ojos de la multitud; siendo sin ser parte de nada, participando con un rol de tercera, ya ni siquiera aspiro a ser protagonista en esta obra macabra.
Y no hay ningún sitio para mí allá afuera, donde la careta del personaje es horrible; y sus gustos, exigentes. Tal vez, algún día, se logre finalizar bien esta tragicomedia.
jueves, 22 de octubre de 2015
La musa
El silencio se desborda en el dique, con palabras que apuntalan la gravedad. Una venda en mis ojos, eso es lo que veo. Acaso las balas me golpean cuando no van dirigidas a mí. Tal vez el sonido se propaga en otra dirección y yo lo capto.
No soy un eje como tú, eso es cierto, tras de mí sólo gira el tiempo, lento e implacable. Busqué refugio en los lugares más inciertos, así de seguro puedo llegar a ser. ¿Qué hay en tu cabeza? ¿Hay disponible una estancia para mí o solamente el sonido de mi irritante timbre?
Locura, locura en las palmas de mis manos. Nunca el deseo tan lejano en la cercanía. ¿Qué puedo esperar? Máscaras más hermosas se han visto, disfraces más elegantes se han dispuesto. Sólo doy un regalo que no será devuelto, una ilusión jamás proyectada en mis pupilas.
La ruleta rusa ríe y me señala. "Tú", "tú", "tú" como única compañía. Otra hiel sabrá amarga; otras manos, ásperas; otras sonrisas, muecas; olvida la dicha que te den otros cuerpos, ninguno es el que buscas; quédate con la alegría, la impronta, nada más. Sólo lo que nunca alcanzas será tu culmen, el temblor del gozo, más, descártalo, pues sólo te saludará su alma.
"Será tu musa", susurra, "una musa que te rehuye y te observa, que participa aún con un rastro de temor; una musa que te rehace mientras buscas hacer algo con ella. Nada más cristalino que lo imposible".
Y ahí está, una M que me desgrana, aún cuando otras letras buscan entrar; la M que crea y cuyos ecos llegan a mis dedos, dibujando algo que quizá sólo ella y yo comprendemos, porque nada es casual y toda construcción tiene un por qué.
Y ahí está, conociendo lo que le muestro, y mostrando lo que quiere que conozca. Nada más.
No soy un eje como tú, eso es cierto, tras de mí sólo gira el tiempo, lento e implacable. Busqué refugio en los lugares más inciertos, así de seguro puedo llegar a ser. ¿Qué hay en tu cabeza? ¿Hay disponible una estancia para mí o solamente el sonido de mi irritante timbre?
Locura, locura en las palmas de mis manos. Nunca el deseo tan lejano en la cercanía. ¿Qué puedo esperar? Máscaras más hermosas se han visto, disfraces más elegantes se han dispuesto. Sólo doy un regalo que no será devuelto, una ilusión jamás proyectada en mis pupilas.
La ruleta rusa ríe y me señala. "Tú", "tú", "tú" como única compañía. Otra hiel sabrá amarga; otras manos, ásperas; otras sonrisas, muecas; olvida la dicha que te den otros cuerpos, ninguno es el que buscas; quédate con la alegría, la impronta, nada más. Sólo lo que nunca alcanzas será tu culmen, el temblor del gozo, más, descártalo, pues sólo te saludará su alma.
"Será tu musa", susurra, "una musa que te rehuye y te observa, que participa aún con un rastro de temor; una musa que te rehace mientras buscas hacer algo con ella. Nada más cristalino que lo imposible".
Y ahí está, una M que me desgrana, aún cuando otras letras buscan entrar; la M que crea y cuyos ecos llegan a mis dedos, dibujando algo que quizá sólo ella y yo comprendemos, porque nada es casual y toda construcción tiene un por qué.
Y ahí está, conociendo lo que le muestro, y mostrando lo que quiere que conozca. Nada más.
martes, 20 de octubre de 2015
El vacío
- He visto que se han caído árboles, sin ser azotados por el viento ni golpeados por la roca. Dime, ¿has querido eliminar cosas del bosque que, por el motivo que sea, no te gustaba que estuviera ahí?
- Pues sí, pero... Tenía mis razones.
- No es la primera vez que ocurre, ¿cierto? Es tu bosque, puedes hacer lo que quieras con él, pero haciendo eso borras parte de lo que eres. Y, ¿de qué sirve si yo sé que ese árbol estaba ahí? Quizá si lo hubieses talado poco antes de plantarlo lo entendería, pero no ha sido así. Somos lo que nuestros errores hacen de nosotros, no únicamente los aciertos.
- Tú no entiendes el motivo. Pero, antes de decir nada, mírate. Participas en un error constante. Vienes aquí aún sabiendo lo que encontrarás, y no pruebas en otra parte. Traes contigo un vacío que has decidido llenar conmigo, cuando sabes que no puedo darte de beber aquello que ansías.
- Es extraño, porque no considero que haya un error en todo esto. Quizá en la forma, por mi parte, sí. No en el fondo. Y, a pesar de que siempre hay resquicios de esperanza, yo no vengo pensando que me darás lo que deseo. Eso es algo que tengo claro. Pero tú no estás aquí para ocupar un vacío. Oh, no, claro que no.
- ¿Entonces?
- Tú eres el vacío. Me absorbes como lo haría un agujero negro. Extraes de mí lo mejor con solo hacer un movimiento. Es complicado de explicar, y frustrante en cierto modo. Pero es cierto. Tal vez de otras personas lograría obtener un árbol tras cien días de vida. Contigo obtengo cien árboles con tan sólo un día que te pasees por aquí. Y me encanta, y me asusta a la vez. Tal vez yo quisiera cortar los hilos y caminar, libre, a un lugar donde las manos recorriesen mi cuerpo como nunca lo han hecho tus dedos; pero lo estaría cambiando por las palabras que me hacen estallar por dentro en mil pedazos. Y eso, es complicado.
- Pues sí, pero... Tenía mis razones.
- No es la primera vez que ocurre, ¿cierto? Es tu bosque, puedes hacer lo que quieras con él, pero haciendo eso borras parte de lo que eres. Y, ¿de qué sirve si yo sé que ese árbol estaba ahí? Quizá si lo hubieses talado poco antes de plantarlo lo entendería, pero no ha sido así. Somos lo que nuestros errores hacen de nosotros, no únicamente los aciertos.
- Tú no entiendes el motivo. Pero, antes de decir nada, mírate. Participas en un error constante. Vienes aquí aún sabiendo lo que encontrarás, y no pruebas en otra parte. Traes contigo un vacío que has decidido llenar conmigo, cuando sabes que no puedo darte de beber aquello que ansías.
- Es extraño, porque no considero que haya un error en todo esto. Quizá en la forma, por mi parte, sí. No en el fondo. Y, a pesar de que siempre hay resquicios de esperanza, yo no vengo pensando que me darás lo que deseo. Eso es algo que tengo claro. Pero tú no estás aquí para ocupar un vacío. Oh, no, claro que no.
- ¿Entonces?
- Tú eres el vacío. Me absorbes como lo haría un agujero negro. Extraes de mí lo mejor con solo hacer un movimiento. Es complicado de explicar, y frustrante en cierto modo. Pero es cierto. Tal vez de otras personas lograría obtener un árbol tras cien días de vida. Contigo obtengo cien árboles con tan sólo un día que te pasees por aquí. Y me encanta, y me asusta a la vez. Tal vez yo quisiera cortar los hilos y caminar, libre, a un lugar donde las manos recorriesen mi cuerpo como nunca lo han hecho tus dedos; pero lo estaría cambiando por las palabras que me hacen estallar por dentro en mil pedazos. Y eso, es complicado.
jueves, 17 de septiembre de 2015
No da igual
Si las otras estrellas
tapaban mi brillo
da igual, da igual,
encontré alegría
en el polvo.
Si las otras huellas
borraron mi camino
da igual, da igual,
avancé a tientas
en el lodo.
Si las otras voces
acallaban la mía
da igual, da igual,
susurré cálido
en la soledad.
Si los otros ojos
cerraban los míos
da igual, da igual,
imaginé los tuyos
en la oscuridad.
Si las otras manos
apartaban las mías
da igual, da igual,
me aferré fuerte
en los sueños.
Si las otras mentes
reprimieron la mía
da igual, da igual,
la mantuve libre
en tus palabras.
Y por eso lamento
que te asustases
de mi sombra,
no da igual, no da igual,
la luz la proyectaste tú.
Y por eso escribo
con un poco de ti,
un mucho inventado,
y la sensación de
perderte sin encontrarte.
Para la M que me mostró a Murakami
tapaban mi brillo
da igual, da igual,
encontré alegría
en el polvo.
Si las otras huellas
borraron mi camino
da igual, da igual,
avancé a tientas
en el lodo.
Si las otras voces
acallaban la mía
da igual, da igual,
susurré cálido
en la soledad.
Si los otros ojos
cerraban los míos
da igual, da igual,
imaginé los tuyos
en la oscuridad.
Si las otras manos
apartaban las mías
da igual, da igual,
me aferré fuerte
en los sueños.
Si las otras mentes
reprimieron la mía
da igual, da igual,
la mantuve libre
en tus palabras.
Y por eso lamento
que te asustases
de mi sombra,
no da igual, no da igual,
la luz la proyectaste tú.
Y por eso escribo
con un poco de ti,
un mucho inventado,
y la sensación de
perderte sin encontrarte.
Para la M que me mostró a Murakami
viernes, 21 de agosto de 2015
El sueño
En el campo
de los sueños
me dormiré,
esperando.
Rozarán mis
dedos rotos
las palabras
nunca dichas.
Crecerán flores
a mi alrededor,
y adentro brotarán
semillas huecas.
Una enredadera
fuera de control,
perdida en la inmensidad
de las dudas.
No me despiertes,
no, que el dolor
es una cuchilla
alumbrando la noche.
lunes, 10 de agosto de 2015
La danza del olvido
Me
he vuelto a perder. Creía que ya tenía el camino marcado, que había
alguien al final. Pero al hablar el eco es el único que devuelve las
palabras. Es una persona extraña, ¿sabéis? A veces, baja del cielo
y habla conmigo, y me dice que todo irá bien, que no hay más senda
que aquella por la que se pelea para poder recorrerla, que al final
estará ella y que se podrán abrir las puertas. Esas que se
encontraban cerradas a cal y canto del mundo exterior.
Pero
entonces, sucede que todo era una ilusión. Y comienza a llover,
fuerte, muy fuerte. Y bajo la luz de una solitaria farola en el
camino abandonado, el corazón se escucha más que el golpeteo del
agua contra los charcos. Y sucede que esbozas una sonrisa. Es una
lucha que lleva librándose desde hace tiempo, en la que nadie
pierde, nadie gana nada. Solo se sigue avanzando, de un punto a otro,
sin rozarse, sin saber ningún dato más del habitual.
Dos
personas condenadas a buscarse, sin encontrarse nunca. Quizá ni
siquiera es una condena. Se sentía igual que una recta paralela,
corriendo, eterna, sin toparse jamás con el punto que quería. Y es
que las matemáticas son tan frías como el brillo de sus ojos. Un
niño travieso al que le dan un manotazo cuando quiere coger galletas
antes de la hora de la comida. Así estaba yo. Me perdería en otras
constelaciones, e infinitas líneas me atravesarían de lado a lado,
más nunca aquella que viaja al lado, y que comparte temores e
ilusiones.
El
sabor salado se mezcla con el dulce en mis labios, dejándome un
regusto extraño. No sé por qué tenía que llover. Estar empapado
no ayuda. La humedad de alrededor es caliente, y crea una neblina asfixiante. Y entonces la veo. Viene hacia mí con un vestido blanco,
que debido a la lluvia se queda muy pegado en su piel.
-
Te puedo conceder un baile. Solo uno. Y entonces te darás cuenta de
que el ritmo que llevamos es distinto. De que tus objetivos son
distintos a los míos, aunque en el fondo persigan lo mismo. Tú eres
un murmullo que nunca cesa, aunque no te hagas notar, mientras que yo
soy una bala. Ruidosa, solo necesito un impacto. Y, después,
silencio. Yo soy la oscuridad, y tú piensas que soy la luz, que las
tinieblas te rodean. Cuando el único halo de luminosidad es el que
tú has ido trazando a lo largo de los días. ¿Qué quieres que te
diga? No me convences, pero tampoco vale la pena echar por la borda
todo lo que se ha dibujado en el horizonte. Por eso, bailaré
contigo, una danza donde la derrota y la victoria se dan la mano.
Porque conseguirás tu deseo, y al mismo tiempo lo perderás.
-
¿Y por qué crees que este es mi deseo? - Respondí.
-
Porque me acabas de dar la mano.
Microrrelato finalista en I Certamen Literario "Fuente de creación", de Cuponeta Editorial.
lunes, 1 de junio de 2015
Lo siento
Escucho canciones desconocidas en la distancia. Suenan bien, pero no pueden las notas ser rozadas. Un idioma extraño, de tierras desconocidas, dormitando sobre la cama de un sueño lejano. No, lo siento, las palabras no pueden abrir brechas en el suelo, ni tampoco cerrarlas.
Las palabras son mentiras, ilusiones, deseos, y un rastro de melancolía flotando entre la felicidad. Una mano no puede tocar a la otra, y los frágiles puentes de cristal se hacen añicos bajo el peso de la realidad.
Lo siento, ya caerán sobre ti las legiones de los espartiatas, aliados más cercanos, y más feroces que mi escudo de hojas y mi espada de papel. No derramé más sangre que la de una herida, y en tu caso solo caerá al suelo el tintero.
Seguiré abriendo los brazos a esta curiosa experiencia, donde la soledad se difumina de la mano de un juego en el que, se sabe, ya está todo perdido de antemano, y solo queda intentar ganar alguna ronda.
Lo siento, seguirán cayendo las flechas de cartón sobre tu corazón, ese país envuelto siempre en la misma guerra civil.
Las palabras son mentiras, ilusiones, deseos, y un rastro de melancolía flotando entre la felicidad. Una mano no puede tocar a la otra, y los frágiles puentes de cristal se hacen añicos bajo el peso de la realidad.
Lo siento, ya caerán sobre ti las legiones de los espartiatas, aliados más cercanos, y más feroces que mi escudo de hojas y mi espada de papel. No derramé más sangre que la de una herida, y en tu caso solo caerá al suelo el tintero.
Seguiré abriendo los brazos a esta curiosa experiencia, donde la soledad se difumina de la mano de un juego en el que, se sabe, ya está todo perdido de antemano, y solo queda intentar ganar alguna ronda.
Lo siento, seguirán cayendo las flechas de cartón sobre tu corazón, ese país envuelto siempre en la misma guerra civil.
jueves, 7 de mayo de 2015
Casualidades y causalidades
Todos buscamos nuestro lugar en aquello que nos rodea. Ser partícipes de forma activa, adquirir un segundo plano, ser un mecanismo apenas relevante y habitual (como el que adquiere la gente que ves pasar por la calle), etc.
El caso es que ha surgido una cara en mí que siempre uno guarda, que se activa en momentos extraños, quizá especiales. Se sentó al lado una desconocida, que, no era atractiva en el sentido rígido de la palabra, sino que guardaba esa belleza reservada a la aparente inocencia, un halo de curiosas características, que hacía difícil ignorar su presencia.
En el espacio de una hora nos limitamos a permanecer callados, haciendo nuestras cosas, si bien, de vez en cuando la mirada se desviaba. Quizá era inevitable, pues había algo que se salía de lo normal en todo aquello.
Pasaron muchas cosas. Una de ellas fue que, decidí que ese episodio no iba a engrosar una larga lista de casualidades abandonadas, y, la segunda, era la idea de que, al igual que se pueden controlar a los personajes que creamos, también podemos controlar nosotros la situación. Es cierto que se limita solo a la nuestra, pero es muy importante ese hecho.
Fue entonces, y solo entonces, cuando, al romper la barrera del silencio, se estableció un vínculo espontáneo. Pero ya no era una casualidad, sino una causalidad. Ya no era un mecanismo secundario. Decidí hacer de la historia un papel relevante.
Y, al menos, puedo decir que empezó bien.
El caso es que ha surgido una cara en mí que siempre uno guarda, que se activa en momentos extraños, quizá especiales. Se sentó al lado una desconocida, que, no era atractiva en el sentido rígido de la palabra, sino que guardaba esa belleza reservada a la aparente inocencia, un halo de curiosas características, que hacía difícil ignorar su presencia.
En el espacio de una hora nos limitamos a permanecer callados, haciendo nuestras cosas, si bien, de vez en cuando la mirada se desviaba. Quizá era inevitable, pues había algo que se salía de lo normal en todo aquello.
Pasaron muchas cosas. Una de ellas fue que, decidí que ese episodio no iba a engrosar una larga lista de casualidades abandonadas, y, la segunda, era la idea de que, al igual que se pueden controlar a los personajes que creamos, también podemos controlar nosotros la situación. Es cierto que se limita solo a la nuestra, pero es muy importante ese hecho.
Fue entonces, y solo entonces, cuando, al romper la barrera del silencio, se estableció un vínculo espontáneo. Pero ya no era una casualidad, sino una causalidad. Ya no era un mecanismo secundario. Decidí hacer de la historia un papel relevante.
Y, al menos, puedo decir que empezó bien.
lunes, 27 de abril de 2015
Rupturas y dejadez
A veces las personas somos algo que dejan para después, como el "ya lo haré mañana", una especie de futuro incierto, donde la palabra dada se vuelve pesada, un proyecto inacabado. Y es que sí, vamos a lo nuestro. Habrá quien no, claro, pero al final la marea te arrastra a eso.
Plantear una ruptura con lo que eres, es un proceso que requiere mucho tiempo, y una reflexión continua, no se hace de un día para otro. Esto suele hacerse de forma inconsciente, pero cuando se experimenta el cambio, es bastante complejo, y cuesta llegar de un punto a otro.
Y, seguramente, lo más difícil de todo, es iniciar uno mismo el cambio.
https://youtu.be/EjavWYBVugk
Plantear una ruptura con lo que eres, es un proceso que requiere mucho tiempo, y una reflexión continua, no se hace de un día para otro. Esto suele hacerse de forma inconsciente, pero cuando se experimenta el cambio, es bastante complejo, y cuesta llegar de un punto a otro.
Y, seguramente, lo más difícil de todo, es iniciar uno mismo el cambio.
https://youtu.be/EjavWYBVugk
sábado, 25 de abril de 2015
Ya no más
El silencio hizo
una brecha
en el muro.
Al irse, ruidoso,
llenó el aire
de viejas palabras.
Huecas por dentro,
vistosas por fuera,
la risa burlona
en la sala central.
Ya no más, dije,
las cometas
se enredan en los
alambres oxidados.
Ya no más, dije,
la guerra es tuya,
tuya la miseria,
tuya la victoria.
Me quedaré con
la gris apatía
del soldado.
Me quedaré con
las emociones
que nunca existieron.
una brecha
en el muro.
Al irse, ruidoso,
llenó el aire
de viejas palabras.
Huecas por dentro,
vistosas por fuera,
la risa burlona
en la sala central.
Ya no más, dije,
las cometas
se enredan en los
alambres oxidados.
Ya no más, dije,
la guerra es tuya,
tuya la miseria,
tuya la victoria.
Me quedaré con
la gris apatía
del soldado.
Me quedaré con
las emociones
que nunca existieron.
jueves, 23 de abril de 2015
Día del libro
He crecido con los libros. Ya desde pequeño me gustaban, y aún recuerdo historias de "El barco de vapor", una colección de libros rojos que podías conseguir con El círculo de lectores. Si bien es cierto que yo, exceptuando esta etapa de mi vida, nunca he tenido muchos libros. La mayoría los he descubierto en la biblioteca municipal, y, también, en la del colegio.
Puedo decir que una de las actividades a la que más tiempo le he dedicado ha sido a leer, aunque es verdad que no he tenido mucho interés en los llamados "clásicos", más que nada porque no tuve ninguna orientación en ese ámbito, y estos suelen ser de portadas sobrias (al menos allí, en la biblioteca), cosa que, como entenderán, a un adolescente o a un niño, no les atraerá demasiado.
La razón por la que escribo esto no es otra que la de darle las gracias a aquel niño pequeño, que, al igual que hoy, tenía esa pasión por la lectura, aún cuando todo lo que le rodeaba ejercía otra misión en el mundo, y no compartía ese hobby. Numerosas fueron las veces en las que me encontraba solo, viviendo en el libro, y ajeno al balón, que, a pesar de practicar deporte, no tenía el mismo interés por él que el resto.
Cierto es que eso me ha valido en muchas ocasiones de ser tildado como una persona extraña, recluida, pero nunca me he sentido solo. Ese vacío que existía (y aún existe en parte) en la sociedad que nunca supo aceptar lo diferente con respeto, lo llenaron los libros, y lo que en ellos había.
Me he perdido muchas cosas, estoy seguro, porque mirando con perspectiva, mi vida en su conjunto no ha sido, ni es, en gran medida, como la de los demás. Y no importa. Porque sé que ellos también se han perdido algo.
Las vidas que se quedaron encerradas en el papel y la tinta.
https://youtu.be/NqWcpEZ3GY0
Puedo decir que una de las actividades a la que más tiempo le he dedicado ha sido a leer, aunque es verdad que no he tenido mucho interés en los llamados "clásicos", más que nada porque no tuve ninguna orientación en ese ámbito, y estos suelen ser de portadas sobrias (al menos allí, en la biblioteca), cosa que, como entenderán, a un adolescente o a un niño, no les atraerá demasiado.
La razón por la que escribo esto no es otra que la de darle las gracias a aquel niño pequeño, que, al igual que hoy, tenía esa pasión por la lectura, aún cuando todo lo que le rodeaba ejercía otra misión en el mundo, y no compartía ese hobby. Numerosas fueron las veces en las que me encontraba solo, viviendo en el libro, y ajeno al balón, que, a pesar de practicar deporte, no tenía el mismo interés por él que el resto.
Cierto es que eso me ha valido en muchas ocasiones de ser tildado como una persona extraña, recluida, pero nunca me he sentido solo. Ese vacío que existía (y aún existe en parte) en la sociedad que nunca supo aceptar lo diferente con respeto, lo llenaron los libros, y lo que en ellos había.
Me he perdido muchas cosas, estoy seguro, porque mirando con perspectiva, mi vida en su conjunto no ha sido, ni es, en gran medida, como la de los demás. Y no importa. Porque sé que ellos también se han perdido algo.
Las vidas que se quedaron encerradas en el papel y la tinta.
https://youtu.be/NqWcpEZ3GY0
lunes, 20 de abril de 2015
Las fronteras se resquebrajan
Voces aisladas en un mar de plástico que retumban a través de la memoria. Los circuitos no son fiables pero sí certeros, y la aparente desconexión no es tal cuando todo se relaciona a través del mundo.
Se rompe una barrera, la visual, aunque la física se acentúa más y más. No sabría decir si es un problema, pero es evidente que ese poder terminará por inundarlo todo, tan inmenso como es, y pasará a formar parte del día a día.
Lo que sí es cierto es que los ojos que te observan pueden estar al otro lado del atlántico, en Colombia, sin necesidad de moverse del sitio. Una red enorme que lo cohesiona todo sin mover nada. Habrá quien reniegue de eso, y reclame para sí que lo lógico es la comunicación física.
No obstante, menos es nada, y este fenómeno que traspasa miles de kilómetros, quieras que no, une de alguna manera a gente que, en otras circunstancias, ni siquiera se preguntarían qué hay más allá, no ya del propio país, sino de la misma ciudad.
Se rompe una barrera, la visual, aunque la física se acentúa más y más. No sabría decir si es un problema, pero es evidente que ese poder terminará por inundarlo todo, tan inmenso como es, y pasará a formar parte del día a día.
Lo que sí es cierto es que los ojos que te observan pueden estar al otro lado del atlántico, en Colombia, sin necesidad de moverse del sitio. Una red enorme que lo cohesiona todo sin mover nada. Habrá quien reniegue de eso, y reclame para sí que lo lógico es la comunicación física.
No obstante, menos es nada, y este fenómeno que traspasa miles de kilómetros, quieras que no, une de alguna manera a gente que, en otras circunstancias, ni siquiera se preguntarían qué hay más allá, no ya del propio país, sino de la misma ciudad.
lunes, 13 de abril de 2015
Sal
De nada sirvió darle la mano al silencio que tú misma me diste. Resignado, las estrechamos, como dos educados enemigos que no tienen más remedio que convivir juntos. Asentí con la cabeza, y, con un saludo, me marché. Él se vino conmigo, claro, ¿con quién iba a marcharse entonces?
Y, justo cuando ya nos llevamos bien, hasta el punto de olvidar las viejas rencillas, apareces tú de la mano del caos, y me apartas de mi compañero. Quizá entendí alguna de las palabras que dijiste, no lo sé. Fue extraño. ¿Qué sentido tiene aparecer ahora?
Ya enterraste en una fosa a medio hacer todas las palabras que pude formar para alejar al silencio, y tú te encargaste de dar la orden que abrió fuego. Entonces, ¿qué haces aquí ahora? Llevas en tu mejilla la sangre de los vencidos, donde el carmín se vuelve pálido, y tu sonrisa recrea monstruos ya desaparecidos.
Lárgate, márchate. No está bien dispararme en la pierna para luego salir corriendo y pedir que te siga. No le veo la lógica.
La sal no es lo mejor para las heridas, deberías saberlo.
Y, justo cuando ya nos llevamos bien, hasta el punto de olvidar las viejas rencillas, apareces tú de la mano del caos, y me apartas de mi compañero. Quizá entendí alguna de las palabras que dijiste, no lo sé. Fue extraño. ¿Qué sentido tiene aparecer ahora?
Ya enterraste en una fosa a medio hacer todas las palabras que pude formar para alejar al silencio, y tú te encargaste de dar la orden que abrió fuego. Entonces, ¿qué haces aquí ahora? Llevas en tu mejilla la sangre de los vencidos, donde el carmín se vuelve pálido, y tu sonrisa recrea monstruos ya desaparecidos.
Lárgate, márchate. No está bien dispararme en la pierna para luego salir corriendo y pedir que te siga. No le veo la lógica.
La sal no es lo mejor para las heridas, deberías saberlo.
lunes, 6 de abril de 2015
¿Por qué seguir?
Hace tiempo que esto se convirtió un monólogo, donde las palabras se perdían igual que ondas en el agua. Las sillas vacías, ¿por qué seguir? Hablo de cosas que nadie entiende, cosas que no pueden ser apenas arañadas por la dureza de su coraza. Todos vemos lo mismo, pero de forma distinta.
Solo se escucha el aplauso que doy cuando hago una pausa entre acto y acto. Un triste plas, plas, que resuena por toda la sala, donde antes se sentaban un par de personas ante la curiosidad del esperpento que estaban a punto de ver.
¿Por qué seguir? La boca seca, las ganas, muertas. Nadie actuando conmigo. Nadie en el escenario, escuchando la voz que sale de mis labios, distorsionada, retumbante, igual que un loco con un amigo imaginario, solo que yo sé que no hay nada ahí.
¿Por qué seguir? Espera, no me lo digas. Porque si no sigo yo, ninguna persona más lo hará. Lo sé. No caminarán tus pasos. No respirarán la misma atmósfera viciada. No recibirán las mismas puñaladas, ni tendrán las mismas cicatrices.
Hay que seguir. Porque aunque estas palabras se pierdan entre un público que nunca ha existido, y el olvido las atrape nada más nacer, tienen una razón de ser.
La de seguir creciendo.
Solo se escucha el aplauso que doy cuando hago una pausa entre acto y acto. Un triste plas, plas, que resuena por toda la sala, donde antes se sentaban un par de personas ante la curiosidad del esperpento que estaban a punto de ver.
¿Por qué seguir? La boca seca, las ganas, muertas. Nadie actuando conmigo. Nadie en el escenario, escuchando la voz que sale de mis labios, distorsionada, retumbante, igual que un loco con un amigo imaginario, solo que yo sé que no hay nada ahí.
¿Por qué seguir? Espera, no me lo digas. Porque si no sigo yo, ninguna persona más lo hará. Lo sé. No caminarán tus pasos. No respirarán la misma atmósfera viciada. No recibirán las mismas puñaladas, ni tendrán las mismas cicatrices.
Hay que seguir. Porque aunque estas palabras se pierdan entre un público que nunca ha existido, y el olvido las atrape nada más nacer, tienen una razón de ser.
La de seguir creciendo.
sábado, 28 de marzo de 2015
Papá, ven, siéntate, hoy voy a hablarte de las drogas
Puede parecer una tontería, pero no lo es. A día de hoy sabe más el muchacho de 14 años sobre drogas que el padre. No porque sea un estudioso sobre el tema, sino porque ya las catado. Ya no se limita al alcohol y a los cigarrillos. No voy a entrar en temas moralistas sobre lo que es malo y lo que no, aunque yo repudie la droga o el tabaco. Lo que sí entra a reflexión, es, la edad a la que se empieza a tener contacto con eso. Porque es que hay gente con 18 años, que tiene la misma complejidad mental que el mecanismo de un bastón. Y si ya con 14, 15, o 16 te metes mierd*, las posibilidades de salir de esas cosas en un futuro se reducen bastante. Y repito, me da igual lo que cada uno haga consigo mismo mientras no perjudique al resto, aunque seáis poco originales y recurráis a ello para haceros los guays, de verdad.
Pero estaréis de acuerdo conmigo en que hay unas fases en la vida, no sé, me parece muy pronto que a esa edad ya nos introduzcamos en ese mundo con tal de querer ser "mayores", aunque a lo mejor a mí me lo parece así porque yo con esa edad lo más parecido a querer ser mayor que tenía, era ver películas salidas de tono.
Creo que hay un momento para cada cosa, y cosas para cada momento, valga la redundancia. Y no, no eres mayor por meterte una raya, igual que no lo eres al no hacerlo. Aunque lo mismo si no te la metes, la cabeza sí la tienes un poco más lúcida. Digo yo.
El problema de fondo, es, también, que no sabes lo que lleva eso. Dentro de lo que cabe, el alcohol, el tabaco o la marihuana, son más respetuosos, pero el polvillo o la droga de diseño que catas no sabes lo que contiene. La cocaína se corta y se le meten otras cosas, aunque pura sea ya de por sí un batiburrillo de basura y gasolina. ¿Cómo no te va a dar el colocón? ¿Cómo no te va a dejar tonto perdido?
Hay cosas que nunca entenderé y otras que preferería no saber, y ser un perfecto idiota. Muchas veces me gustaría, de verdad. No tener que bajar a las cloacas del mundo, que no se alejan de la calle que cruza tu casa, me encantaría. No comprendo las cosas que pasan, y se escapan a mi control, tal vez sea yo el que esté mal de la cabeza y por eso me quedo cuajado con lo que voy viendo cada día, no sé.
Es cierto que la vida es hermosa, hasta que te cuenta sus secretos. Un saludo y gracias por aguantar mis pataletas. Abajo del todo me despido con mis drogas, de las que ya no podré salir nunca, y que me hacen ver todo tipo de mundos y de personas. Buenos días.
"La coca la consume quien ahora está sentado a tu lado en el tren y la ha tomado para despertarse esta mañana, o el conductor que está al volante del autobús que te lleva a casa porque quiere hacer horas extra sin sentir calambres en las cervicales. Consume coca quien está más próximo a ti." - Roberto Saviano. (Extracto introducción de su libro Cero cero cero".)
https://youtu.be/Ssf_0IcRzU0
Pero estaréis de acuerdo conmigo en que hay unas fases en la vida, no sé, me parece muy pronto que a esa edad ya nos introduzcamos en ese mundo con tal de querer ser "mayores", aunque a lo mejor a mí me lo parece así porque yo con esa edad lo más parecido a querer ser mayor que tenía, era ver películas salidas de tono.
Creo que hay un momento para cada cosa, y cosas para cada momento, valga la redundancia. Y no, no eres mayor por meterte una raya, igual que no lo eres al no hacerlo. Aunque lo mismo si no te la metes, la cabeza sí la tienes un poco más lúcida. Digo yo.
El problema de fondo, es, también, que no sabes lo que lleva eso. Dentro de lo que cabe, el alcohol, el tabaco o la marihuana, son más respetuosos, pero el polvillo o la droga de diseño que catas no sabes lo que contiene. La cocaína se corta y se le meten otras cosas, aunque pura sea ya de por sí un batiburrillo de basura y gasolina. ¿Cómo no te va a dar el colocón? ¿Cómo no te va a dejar tonto perdido?
Hay cosas que nunca entenderé y otras que preferería no saber, y ser un perfecto idiota. Muchas veces me gustaría, de verdad. No tener que bajar a las cloacas del mundo, que no se alejan de la calle que cruza tu casa, me encantaría. No comprendo las cosas que pasan, y se escapan a mi control, tal vez sea yo el que esté mal de la cabeza y por eso me quedo cuajado con lo que voy viendo cada día, no sé.
Es cierto que la vida es hermosa, hasta que te cuenta sus secretos. Un saludo y gracias por aguantar mis pataletas. Abajo del todo me despido con mis drogas, de las que ya no podré salir nunca, y que me hacen ver todo tipo de mundos y de personas. Buenos días.
"La coca la consume quien ahora está sentado a tu lado en el tren y la ha tomado para despertarse esta mañana, o el conductor que está al volante del autobús que te lleva a casa porque quiere hacer horas extra sin sentir calambres en las cervicales. Consume coca quien está más próximo a ti." - Roberto Saviano. (Extracto introducción de su libro Cero cero cero".)
https://youtu.be/Ssf_0IcRzU0
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