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sábado, 26 de octubre de 2013

Pérdida de memoria

Volví a olvidarme de las cosas hoy. Neuronas que se chocan en la puerta, y que saben hacia dónde deben ir, pero no avanzan. No es que sean lentas, sino que se saturan. Información por todos sitios, sobreproducción. Solo pude recordar un trozo de una película, en el que un muchacho encuentra a una chica en mitad un montón de gente, en una plaza rodeada por un gran parque. Ninguno de los dos se buscaban realmente, pero, entre la multitud, decidieron compartir un trecho juntos. Él, hablador, disparaba una y otra vez palabras, preguntas que a veces obtenían una vaga respuesta. Ella, más callada, se dedicaba a pensar en la información que le llegaba. Se perdían en las calles, sin rumbo fijo, solo viendo pasar el tiempo como pasan los rayos en la tormenta. Entonces me di cuenta de que, por mucho que buscase en mi cabeza, no era la escena de una película, ni de una serie de televisión. Se trataba del primer día en que te encontré, aunque es posible que no lo haya recordado bien.



"Muéstrame un corazón que esté libre de necios sueños, y te enseñaré a un hombre feliz" El club de los poetas muertos.

lunes, 14 de octubre de 2013

χάος

Nubes y nubes de palabras, torbellinos de agua que atraen todo tipo de emociones. Una mezcla tan potente que uno no sabe donde está, parado en medio del camino de mi mente, asustado, confuso, como un borracho tirado en un banco del parque.

No sé si andar hacia delante o volver atrás, no sé que objetos salvar de este enorme incendio, ni tampoco si esperar a los bomberos o coger yo mismo el extintor. Al final será la imaginación la que marque las pautas, la realidad se volverá algo ideal, y terminaré hundiéndome en el océano de mis propias ilusiones.

http://youtu.be/MHvT6lM3738

jueves, 10 de octubre de 2013

¡No me grites!

Las caprichosas nubes del sueño me envuelven, y entonces me convierto en un niño pequeño que juega en un parque de la ciudad. Me pongo a gritar mientras corro con los brazos extendidos, y, de repente, una niña que hay cerca de mí me dice que me calle. "No me grites", dice. Me detengo a unos palmos de ella.

- No te estaba gritando...- Musité.

Como no parecía convencida, le di un abrazo.

- Tonto.- Murmuró.

Me cogió de la mano y me llevó al tobogán. Pero al llegar al suelo ya no estaba en el parque, sino nadando en un estanque. Era el atardecer, y alrededor mía había nenúfares flotando. En la orilla, los juncos danzaban horizontalmente. No era muy grande el espacio, y el agua estaba algo fría. De mi mano seguía teniendo a aquella muchacha, pero me percaté de que ambos habíamos crecido. Tenía el pelo mojado, largo, y se le quedaba flotando sobre el agua. Me miraba sonriente, en silencio, como esperando a que hiciera algo. Nos quedamos así, largo rato, y fue entonces que ella se acercó y me acarició el pelo y los brazos. Empecé a sentir calor a pesar de la temperatura del estanque. Me acerqué al cabo de un rato, y, tras darle un beso en su húmeda mejilla, le mordisqueé dulcemente en el hombro. Fue entonces que me apartó y me dijo: "No me ciega la luz rápida del rayo, sino la pausada y tranquila respiración que exhalas en mi oído".