Todos vemos a alguna estrella apagarse a lo largo de nuestras vidas. Echas un vistazo al cielo y ves la luz caer por última vez. Las llamamos estrellas fugaces, porque aunque nos llaman la atención, sabemos que no determinan nuestro día a día. Apenas lo condicionan.
Sin embargo, si lo que vemos apagarse es el sol, entonces las cosas serían muy distintas. Se perdería la fuente de calor, y el frío junto a la oscuridad inundarían lo que nos rodea.
Con las personas pasa igual. Y cuando ese sol se apaga, la devastación es terrible. Pierdes el lazo que tenías con alguien que, de una forma u otra, impactaba en tu día a día.
Porque, al fin y al cabo, tú sólo eres una estrella fugaz para ese sol que se te apaga.
https://youtu.be/EzqNtvQiCro
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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viernes, 25 de diciembre de 2015
martes, 17 de noviembre de 2015
Eunoia
Aquí, las profundidades del mar se quedan cortas, aunque falte el aire y apenas se distinga forma de vida alguna. Cada paso me lleva por derroteros equivocados; mientras que cada acierto es flor de un día.
No necesito nieve bajo mis pies; ya paso frío entre las llamas, allí donde arde toda esperanza. Ya arraiga la eunoia en prados que jamás pisaré, allí donde mis manos marchitan lo que sobrevive. Yo mismo he cortado las cuerdas que sujetaban mis puentes.
Quizá pervive un refugio, entre un árbol hueco, tapado con libros, triste ironía. Te lo cambio todo, mis momentos de gloria por un minuto con una sonrisa sincera. Un segundo que aleje las palabras que se arrastran, por un frente sin espejismos.
¿De qué me sirve construir si no puedo ser? Quiero tocar horizontes, sentir las estrellas en mi piel; quizá por eso sólo se cierne una noche sin luz. Los lugares a los que quise ir se marcharon, permanecen estelas en la memoria.
Ya lo ves, no supe controlar nada, ni fuera ni dentro; es un caos impaciente, devorador, igual que mi cabeza.
¿Qué camino recorrer si no hay ninguno?
https://youtu.be/oMEGJ-Jk58Q
No necesito nieve bajo mis pies; ya paso frío entre las llamas, allí donde arde toda esperanza. Ya arraiga la eunoia en prados que jamás pisaré, allí donde mis manos marchitan lo que sobrevive. Yo mismo he cortado las cuerdas que sujetaban mis puentes.
Quizá pervive un refugio, entre un árbol hueco, tapado con libros, triste ironía. Te lo cambio todo, mis momentos de gloria por un minuto con una sonrisa sincera. Un segundo que aleje las palabras que se arrastran, por un frente sin espejismos.
¿De qué me sirve construir si no puedo ser? Quiero tocar horizontes, sentir las estrellas en mi piel; quizá por eso sólo se cierne una noche sin luz. Los lugares a los que quise ir se marcharon, permanecen estelas en la memoria.
Ya lo ves, no supe controlar nada, ni fuera ni dentro; es un caos impaciente, devorador, igual que mi cabeza.
¿Qué camino recorrer si no hay ninguno?
https://youtu.be/oMEGJ-Jk58Q
sábado, 3 de octubre de 2015
El río
- Hoy has llegado antes que yo. Es extraño. Suelo verte cuando ya no se distinguen las piedras del camino.
- Puede ser que tuviese más tiempo hoy.
- Bien. Me parece bien. Eso nos deja un rato más extenso, espero.
- Tal vez. ¿Sabes? Hoy he visto que el bosque estaba distinto. Como que... No, seguro que son figuraciones mías. Vamos, siéntate. Siempre me lo dices y hoy te quedas de pie.
Me siento a su lado, y decido no preguntarle a qué se refiere. Porque yo también lo he notado. El cambio.
- He estado reflexionando, ¿sabes? Y es posible que sea cierto lo que me dijiste. Que el pasado se me queda pegado como una mancha. Un rastro oscuro que tapa toda la luz que puedas ver. Y, quizá por eso, me extraña y me aterra el que sigas viniendo. Vi una película en la que decían que el pasado sólo son historias que nos contamos a nosotros mismos. Y podría decir que coincido. Pero tú, de alguna manera, rompes con esa máxima.
- ¿Por qué?
- Porque sigues aquí.
- Pero entonces no soy el pasado. Ni tú tampoco. ¿Quieres saber lo que es el pasado? Acompáñame.
Le extendí la mano, y, cogiéndola tras un momento de duda, me siguió a través del bosque. Llegamos a un lugar donde había dispuesto un montón de hojarasca con ramitas secas, al lado de un río de aguas tranquilas.
- Espera un momento.
Me acerqué al montón de leña y le prendí fuego. Unas llamas vivaces devoraron las hojas marrones y las ramitas. Me volví hacia ella.
- ¿Ves ese fuego? Eso es el pasado. Y todo aquello que produce el pasado, que deja rastro de él, son las cenizas que dejarán las hojas. Este fuego se apagará. Y, dime, ¿qué esperas rescatar de lo que quede? Tal vez un comportamiento razonable. Nada más. No se puede más.
- Pero, ¿y el amor?, ¿qué hay del amor? ¿Acaso no está?
- Claro que sí. Pero no ahí. Lo has tenido justo al lado.
- ¿Te refieres al río?
- Exacto. El amor no arde. Porque no tiene un único curso. No puede pertenecer al pasado porque el pasado sólo tiene una razón de ser. El amor, en cambio, es voluble. Puede secarse el río, es cierto. Y también puede llegar a un punto en el que no cese de ir por el mismo trayecto. Pero eso no es obligatorio, ni tampoco se da necesariamente.
- ¿Y cómo puede de profundo ser el amor?
- ¿Te gustaría comprobarlo?
- Sí.
- Yo no te lo aconsejo.
- ¿Por qué?
- Verás, dijiste al llegar que habías notado cambios, ¿no es así? La razón es, que hoy el bosque me percibe a mí. Todo lo que ves tiene un reflejo en mi interior.
- Comprendo... Pero, ¿qué tiene que ver eso?
- Es muy sencillo. Si entras en el río para comprobar cómo de profundo puede ser el amor, entonces...
Silencio.
- ¿Entonces, qué?
- Morirías ahogada.
https://youtu.be/lD0IlFhSI7Y
- Puede ser que tuviese más tiempo hoy.
- Bien. Me parece bien. Eso nos deja un rato más extenso, espero.
- Tal vez. ¿Sabes? Hoy he visto que el bosque estaba distinto. Como que... No, seguro que son figuraciones mías. Vamos, siéntate. Siempre me lo dices y hoy te quedas de pie.
Me siento a su lado, y decido no preguntarle a qué se refiere. Porque yo también lo he notado. El cambio.
- He estado reflexionando, ¿sabes? Y es posible que sea cierto lo que me dijiste. Que el pasado se me queda pegado como una mancha. Un rastro oscuro que tapa toda la luz que puedas ver. Y, quizá por eso, me extraña y me aterra el que sigas viniendo. Vi una película en la que decían que el pasado sólo son historias que nos contamos a nosotros mismos. Y podría decir que coincido. Pero tú, de alguna manera, rompes con esa máxima.
- ¿Por qué?
- Porque sigues aquí.
- Pero entonces no soy el pasado. Ni tú tampoco. ¿Quieres saber lo que es el pasado? Acompáñame.
Le extendí la mano, y, cogiéndola tras un momento de duda, me siguió a través del bosque. Llegamos a un lugar donde había dispuesto un montón de hojarasca con ramitas secas, al lado de un río de aguas tranquilas.
- Espera un momento.
Me acerqué al montón de leña y le prendí fuego. Unas llamas vivaces devoraron las hojas marrones y las ramitas. Me volví hacia ella.
- ¿Ves ese fuego? Eso es el pasado. Y todo aquello que produce el pasado, que deja rastro de él, son las cenizas que dejarán las hojas. Este fuego se apagará. Y, dime, ¿qué esperas rescatar de lo que quede? Tal vez un comportamiento razonable. Nada más. No se puede más.
- Pero, ¿y el amor?, ¿qué hay del amor? ¿Acaso no está?
- Claro que sí. Pero no ahí. Lo has tenido justo al lado.
- ¿Te refieres al río?
- Exacto. El amor no arde. Porque no tiene un único curso. No puede pertenecer al pasado porque el pasado sólo tiene una razón de ser. El amor, en cambio, es voluble. Puede secarse el río, es cierto. Y también puede llegar a un punto en el que no cese de ir por el mismo trayecto. Pero eso no es obligatorio, ni tampoco se da necesariamente.
- ¿Y cómo puede de profundo ser el amor?
- ¿Te gustaría comprobarlo?
- Sí.
- Yo no te lo aconsejo.
- ¿Por qué?
- Verás, dijiste al llegar que habías notado cambios, ¿no es así? La razón es, que hoy el bosque me percibe a mí. Todo lo que ves tiene un reflejo en mi interior.
- Comprendo... Pero, ¿qué tiene que ver eso?
- Es muy sencillo. Si entras en el río para comprobar cómo de profundo puede ser el amor, entonces...
Silencio.
- ¿Entonces, qué?
- Morirías ahogada.
https://youtu.be/lD0IlFhSI7Y
jueves, 10 de septiembre de 2015
Los lobos
- ¡Ey, hola! Has vuelto. ¿Cuanto ha pasado? Quince días, ¿no? Eso sí, has llegado con ganas de hablar. Y eso me gusta. Veo que también has traído dos animales contigo. Lobos. Muy bonitos cuando no están hambrientos, ¿no crees? Pero ven, no te quedes ahí, de pie.
La figura se desplaza y se sitúa al lado. Los lobos, al fondo, se quedan expectantes. Uno es de color negro con ojos verdes, el otro, blanco con ojos azul intenso. Deben ser del mismo tiempo, pues la altura y complexión que tienen son similares. Son jóvenes. Casi es de noche, por lo que sus ojos despiden un brillo hermoso.
- Bueno, ¿cómo van las cosas? Ya estás de vuelta al trabajo, ¿no es cierto? Y después, "finito". Ya me contarás donde conseguiste los lobos. Ahora que has venido, me preguntaba si... Es una duda que tengo, y es que, tú dices cosas, hablas, pero, ¿algo de eso me lo dices a mí? A mí me gusta pensar que sí, que por alguna razón vienes de vez en cuando a sentarte aquí. Aunque en realidad tengo mis dudas. Y no afirmo nada. Es mejor así. ¿No?
Silencio. Los lobos ya no están quietos. Están uno frente al otro y se gruñen, enseñando los dientes. La noche se cierra.
- Tus lobos no tienen buen humor hoy, ¿eh? A ver si se les va a escapar un bocado. Que yo le tengo mucho aprecio a mis brazos.
- No te harán nada.- Murmuró.
- ¿No? Bueno es saberlo. ¿Cuando volverás? Te eché de menos, ¿sabes? Venía aquí cada día y echaba un vistazo, por si te veía aparecer. Sin resultado. Hasta hoy. Aunque debes encontrar extraño eso, ¿verdad? Al fin y al cabo soy yo el que se pone a hablarte. Tú apenas hablas. Conmigo. Con el bosque sí. El río cambia cuando vienes. Y el viento. Lo cambias todo.
- Yo no cambio nada. Las cosas cambian.
- Umm... Las cosas cambian debido a ti. Sin ti permanecen igual. No importa cómo lo quieras definir.
Se escuchan dentelladas y aullidos escalofriantes. Los lobos se pelean. Se muerden en las orejas, se dan zarpazos en la cara, se revuelcan en el suelo.
- Traje piruletas. No sé si te gustan, pero quise traerlas. Ten.
- ¿Por qué haces esto? - Cogió la piruleta y la abrió.
- ¿El qué?
- Todo esto. Lo de venir aquí. Lo de hablarme. Darme esto. - Se metió la piruleta en la boca.
- ¿Y por qué no habría de hacerlo?
Un gemido lastimero interrumpe la escena. Uno de los animales va ganando. No se distingue bien quién, debido a la sangre y a la oscuridad del lugar.
- Yo también he estado pensado... Cuando vienes aquí, y me hablas, ¿me hablas a mí o hablas contigo mismo? ¿Me dices a mí las cosas o te las repites para ti?
- Quizá las dos opciones son ciertas. Pero piensa que si no vinieses nada de esto se habría dicho.
Una ráfaga de sangre empapa a los interlocutores. Solo queda un lobo, que aulla, victorioso. El muchacho se gira para ver qué lobo es el que ha muerto.
- ¡Mira! Ha matado al lobo que tenía los ojos...
- Lo sé. No hace falta que me gire. Sé quién ha ganado. Lo que no sé es si tienes algo que ver en eso.
La figura se desplaza y se sitúa al lado. Los lobos, al fondo, se quedan expectantes. Uno es de color negro con ojos verdes, el otro, blanco con ojos azul intenso. Deben ser del mismo tiempo, pues la altura y complexión que tienen son similares. Son jóvenes. Casi es de noche, por lo que sus ojos despiden un brillo hermoso.
- Bueno, ¿cómo van las cosas? Ya estás de vuelta al trabajo, ¿no es cierto? Y después, "finito". Ya me contarás donde conseguiste los lobos. Ahora que has venido, me preguntaba si... Es una duda que tengo, y es que, tú dices cosas, hablas, pero, ¿algo de eso me lo dices a mí? A mí me gusta pensar que sí, que por alguna razón vienes de vez en cuando a sentarte aquí. Aunque en realidad tengo mis dudas. Y no afirmo nada. Es mejor así. ¿No?
Silencio. Los lobos ya no están quietos. Están uno frente al otro y se gruñen, enseñando los dientes. La noche se cierra.
- Tus lobos no tienen buen humor hoy, ¿eh? A ver si se les va a escapar un bocado. Que yo le tengo mucho aprecio a mis brazos.
- No te harán nada.- Murmuró.
- ¿No? Bueno es saberlo. ¿Cuando volverás? Te eché de menos, ¿sabes? Venía aquí cada día y echaba un vistazo, por si te veía aparecer. Sin resultado. Hasta hoy. Aunque debes encontrar extraño eso, ¿verdad? Al fin y al cabo soy yo el que se pone a hablarte. Tú apenas hablas. Conmigo. Con el bosque sí. El río cambia cuando vienes. Y el viento. Lo cambias todo.
- Yo no cambio nada. Las cosas cambian.
- Umm... Las cosas cambian debido a ti. Sin ti permanecen igual. No importa cómo lo quieras definir.
Se escuchan dentelladas y aullidos escalofriantes. Los lobos se pelean. Se muerden en las orejas, se dan zarpazos en la cara, se revuelcan en el suelo.
- Traje piruletas. No sé si te gustan, pero quise traerlas. Ten.
- ¿Por qué haces esto? - Cogió la piruleta y la abrió.
- ¿El qué?
- Todo esto. Lo de venir aquí. Lo de hablarme. Darme esto. - Se metió la piruleta en la boca.
- ¿Y por qué no habría de hacerlo?
Un gemido lastimero interrumpe la escena. Uno de los animales va ganando. No se distingue bien quién, debido a la sangre y a la oscuridad del lugar.
- Yo también he estado pensado... Cuando vienes aquí, y me hablas, ¿me hablas a mí o hablas contigo mismo? ¿Me dices a mí las cosas o te las repites para ti?
- Quizá las dos opciones son ciertas. Pero piensa que si no vinieses nada de esto se habría dicho.
Una ráfaga de sangre empapa a los interlocutores. Solo queda un lobo, que aulla, victorioso. El muchacho se gira para ver qué lobo es el que ha muerto.
- ¡Mira! Ha matado al lobo que tenía los ojos...
- Lo sé. No hace falta que me gire. Sé quién ha ganado. Lo que no sé es si tienes algo que ver en eso.
lunes, 10 de agosto de 2015
La danza del olvido
Me
he vuelto a perder. Creía que ya tenía el camino marcado, que había
alguien al final. Pero al hablar el eco es el único que devuelve las
palabras. Es una persona extraña, ¿sabéis? A veces, baja del cielo
y habla conmigo, y me dice que todo irá bien, que no hay más senda
que aquella por la que se pelea para poder recorrerla, que al final
estará ella y que se podrán abrir las puertas. Esas que se
encontraban cerradas a cal y canto del mundo exterior.
Pero
entonces, sucede que todo era una ilusión. Y comienza a llover,
fuerte, muy fuerte. Y bajo la luz de una solitaria farola en el
camino abandonado, el corazón se escucha más que el golpeteo del
agua contra los charcos. Y sucede que esbozas una sonrisa. Es una
lucha que lleva librándose desde hace tiempo, en la que nadie
pierde, nadie gana nada. Solo se sigue avanzando, de un punto a otro,
sin rozarse, sin saber ningún dato más del habitual.
Dos
personas condenadas a buscarse, sin encontrarse nunca. Quizá ni
siquiera es una condena. Se sentía igual que una recta paralela,
corriendo, eterna, sin toparse jamás con el punto que quería. Y es
que las matemáticas son tan frías como el brillo de sus ojos. Un
niño travieso al que le dan un manotazo cuando quiere coger galletas
antes de la hora de la comida. Así estaba yo. Me perdería en otras
constelaciones, e infinitas líneas me atravesarían de lado a lado,
más nunca aquella que viaja al lado, y que comparte temores e
ilusiones.
El
sabor salado se mezcla con el dulce en mis labios, dejándome un
regusto extraño. No sé por qué tenía que llover. Estar empapado
no ayuda. La humedad de alrededor es caliente, y crea una neblina asfixiante. Y entonces la veo. Viene hacia mí con un vestido blanco,
que debido a la lluvia se queda muy pegado en su piel.
-
Te puedo conceder un baile. Solo uno. Y entonces te darás cuenta de
que el ritmo que llevamos es distinto. De que tus objetivos son
distintos a los míos, aunque en el fondo persigan lo mismo. Tú eres
un murmullo que nunca cesa, aunque no te hagas notar, mientras que yo
soy una bala. Ruidosa, solo necesito un impacto. Y, después,
silencio. Yo soy la oscuridad, y tú piensas que soy la luz, que las
tinieblas te rodean. Cuando el único halo de luminosidad es el que
tú has ido trazando a lo largo de los días. ¿Qué quieres que te
diga? No me convences, pero tampoco vale la pena echar por la borda
todo lo que se ha dibujado en el horizonte. Por eso, bailaré
contigo, una danza donde la derrota y la victoria se dan la mano.
Porque conseguirás tu deseo, y al mismo tiempo lo perderás.
-
¿Y por qué crees que este es mi deseo? - Respondí.
-
Porque me acabas de dar la mano.
Microrrelato finalista en I Certamen Literario "Fuente de creación", de Cuponeta Editorial.
domingo, 9 de agosto de 2015
Una extraña despedida
- Yo nunca quise hacer daño. Es solo que todo es tan... Extraño. Sí, quizá sea esa la palabra. No comprendo cómo puede haber una tormenta si las nubes ni siquiera se han tocado. Parece demasiado irreal, aunque intentes mostrar lo contrario. Y asusta. Asusta mucho pensarlo.- Dijo, agachando la cabeza.
- Lo sé. Quizá no sea culpa de nadie. Que hay cosas que se nos escapan. En el fondo me esperaba todo esto, aunque me resistía hasta el final. No es admirable, lo sé. Parece enfermizo incluso. Y, aún así, se ha creado tanto... Cosas hermosas, ¿sabes? En otro momento diría que no tanto como tú, pero ya lo ves... No importa siquiera si ha sido todo una ilusión. Todo lo que salía de ella era verdadero. Al menos se sentía así. Y todo eso es difícil de olvidar. Dudo que lo haga. A pesar de todo.
- Siento que acabe así. Sin siquiera haber empezado. Tal vez si fuese otro tiempo, y otras circunstancias... Si no fuese tan grande que diese miedo mirarlo. Quizá ahí, hubiese sucedido algo. Y entonces mi silencio no sabría tan amargo. Ni las murallas serían tan altas. Ni mis ojos se abnegarían en lágrimas. ¿Quién sabe? No se nos concede siempre lo que queremos, aunque luchemos por ello. Y eso, aunque no guste, hace que haya otras cosas que parecen mejores.
- Podría ser. Otro lugar, otro mundo. Como ha sido siempre. Allí donde el eco no te devuelve la voz. También yo lo lamento. Podrían haber sido tantas cosas... En realidad tú no te irás nunca. No solo porque no te has llegado a quedar, sino porque en las mismas letras moras. Puede ser triste, es cierto, pero a la vez es hermoso. Me has abierto caminos que nadie había dicho que existían.
- Tampoco creo poder huir de todo esto. De alguna manera estamos conectados. El problema es, que aunque todo sea bonito, también es aterrador. ¿Es que no lo ves? Todo lo que haces está en tu cabeza. Y, tal vez sea como dices, pero hay muchas sombras entre toda esa luz. No puedo avanzar así. Todo explotaría como una pompa de jabon gigante. Todo se derrumbaría. Y tú también. Y no haré eso. Pones en mis manos un poder peligroso.
- Sí. Lo veo. Y lo entiendo. Por eso nada cambiará. Tú a un lado del cristal y yo al otro. Te tocaré con las palabras, y tú, tal vez, me acariciarás con las canciones. Te miraré en el rincón de mi mente, y mi silueta cruzará, quizá, de vez en cuando tus pensamientos. Y cada rayo de sol que aparezca ante mis ojos me recordará a ti. Porque siempre fuiste luz. Una luz en mi oscura cabeza.
- Lo sé. Quizá no sea culpa de nadie. Que hay cosas que se nos escapan. En el fondo me esperaba todo esto, aunque me resistía hasta el final. No es admirable, lo sé. Parece enfermizo incluso. Y, aún así, se ha creado tanto... Cosas hermosas, ¿sabes? En otro momento diría que no tanto como tú, pero ya lo ves... No importa siquiera si ha sido todo una ilusión. Todo lo que salía de ella era verdadero. Al menos se sentía así. Y todo eso es difícil de olvidar. Dudo que lo haga. A pesar de todo.
- Siento que acabe así. Sin siquiera haber empezado. Tal vez si fuese otro tiempo, y otras circunstancias... Si no fuese tan grande que diese miedo mirarlo. Quizá ahí, hubiese sucedido algo. Y entonces mi silencio no sabría tan amargo. Ni las murallas serían tan altas. Ni mis ojos se abnegarían en lágrimas. ¿Quién sabe? No se nos concede siempre lo que queremos, aunque luchemos por ello. Y eso, aunque no guste, hace que haya otras cosas que parecen mejores.
- Podría ser. Otro lugar, otro mundo. Como ha sido siempre. Allí donde el eco no te devuelve la voz. También yo lo lamento. Podrían haber sido tantas cosas... En realidad tú no te irás nunca. No solo porque no te has llegado a quedar, sino porque en las mismas letras moras. Puede ser triste, es cierto, pero a la vez es hermoso. Me has abierto caminos que nadie había dicho que existían.
- Tampoco creo poder huir de todo esto. De alguna manera estamos conectados. El problema es, que aunque todo sea bonito, también es aterrador. ¿Es que no lo ves? Todo lo que haces está en tu cabeza. Y, tal vez sea como dices, pero hay muchas sombras entre toda esa luz. No puedo avanzar así. Todo explotaría como una pompa de jabon gigante. Todo se derrumbaría. Y tú también. Y no haré eso. Pones en mis manos un poder peligroso.
- Sí. Lo veo. Y lo entiendo. Por eso nada cambiará. Tú a un lado del cristal y yo al otro. Te tocaré con las palabras, y tú, tal vez, me acariciarás con las canciones. Te miraré en el rincón de mi mente, y mi silueta cruzará, quizá, de vez en cuando tus pensamientos. Y cada rayo de sol que aparezca ante mis ojos me recordará a ti. Porque siempre fuiste luz. Una luz en mi oscura cabeza.
martes, 21 de julio de 2015
Cicatrices
- ¿Y ésta? ¿Donde te la hiciste?
Ella no pudo evitar escuchar la conversación que se daba a pocos pasos. Era la noche del Windest End, y había ido al bosque cercano para ver el espectáculo de las luciérnagas. Se había colocado en un árbol caído, en un lugar apartado, pero claro, al ir mucha gente, era inevitable el escenario.
- Ah, esa fue durante el asalto a la fortaleza de Lemer. La flecha me pasó rozando, por poco no la diño.
- Tienes mucha suerte. Estás todo lleno de señales y estás vivo, aquí, hablando con nosotros. Brindo por eso.
Se escuchó el tintineo de unas jarras. Con seguridad se trataría de cerveza.
- Dicen que el ejército de los grises se aproxima. ¿Qué opináis de eso?
- Que vengan, que vengan. ¿Qué son unas heridas más?
- Te envidio, con todo lo que has pasado y sigues con ganas de pelear. Eres muy fuerte.
- Bueno, bueno, no te preocupes, algún día llegarás a parecerte a mí, si dejas de estar escuchimizao'.
- Qué humilde eres.
Risas.
Ya no pudo aguantar más. Se levantó del tronco y se acercó a los desconocidos.
- No sabéis de lo que habláis. Dejad de decir payasadas. - Dijo la mujer.
- ¿Y quién eres tú para decirnos de qué tenemos que hablar? ¿Acaso además de fisgona tienes que dar órdenes? - Preguntó uno.
- ¿De qué se supone que no hemos de hablar, moza? - Inquirió el de las cicatrices.
- De lo fuerte que eres. De lo mal que lo has pasado. Porque no tienes ni idea.
- 'Amos, ande', pero si ni siquiera tienes cicatriz alguna. Tú sí que no sabes nada.
- Eso, lárgate, que ni pinchas ni cortas aquí.
Las lágrimas aparecieron tímidamente en la cara. Se dió la vuelta y se alejó. En el fondo sabía que no tenía que haberse acercado. Entró al bosque, y, ante el espectáculo de las luciérnagas, sus negros ojos, todavía húmedos, relumbraron en la oscuridad. Entonces murmuró:
- Que vosotros no las veáis no quiere decir que no las tenga. Y acaso sean peores que el roce de una flecha. Las cicatrices que se guardan adentro.
https://youtu.be/2iknSyuTwZ0?list=PLHGgUQ3I6mwArWFKRikzbbU2VGldjcEaW
Ella no pudo evitar escuchar la conversación que se daba a pocos pasos. Era la noche del Windest End, y había ido al bosque cercano para ver el espectáculo de las luciérnagas. Se había colocado en un árbol caído, en un lugar apartado, pero claro, al ir mucha gente, era inevitable el escenario.
- Ah, esa fue durante el asalto a la fortaleza de Lemer. La flecha me pasó rozando, por poco no la diño.
- Tienes mucha suerte. Estás todo lleno de señales y estás vivo, aquí, hablando con nosotros. Brindo por eso.
Se escuchó el tintineo de unas jarras. Con seguridad se trataría de cerveza.
- Dicen que el ejército de los grises se aproxima. ¿Qué opináis de eso?
- Que vengan, que vengan. ¿Qué son unas heridas más?
- Te envidio, con todo lo que has pasado y sigues con ganas de pelear. Eres muy fuerte.
- Bueno, bueno, no te preocupes, algún día llegarás a parecerte a mí, si dejas de estar escuchimizao'.
- Qué humilde eres.
Risas.
Ya no pudo aguantar más. Se levantó del tronco y se acercó a los desconocidos.
- No sabéis de lo que habláis. Dejad de decir payasadas. - Dijo la mujer.
- ¿Y quién eres tú para decirnos de qué tenemos que hablar? ¿Acaso además de fisgona tienes que dar órdenes? - Preguntó uno.
- ¿De qué se supone que no hemos de hablar, moza? - Inquirió el de las cicatrices.
- De lo fuerte que eres. De lo mal que lo has pasado. Porque no tienes ni idea.
- 'Amos, ande', pero si ni siquiera tienes cicatriz alguna. Tú sí que no sabes nada.
- Eso, lárgate, que ni pinchas ni cortas aquí.
Las lágrimas aparecieron tímidamente en la cara. Se dió la vuelta y se alejó. En el fondo sabía que no tenía que haberse acercado. Entró al bosque, y, ante el espectáculo de las luciérnagas, sus negros ojos, todavía húmedos, relumbraron en la oscuridad. Entonces murmuró:
- Que vosotros no las veáis no quiere decir que no las tenga. Y acaso sean peores que el roce de una flecha. Las cicatrices que se guardan adentro.
https://youtu.be/2iknSyuTwZ0?list=PLHGgUQ3I6mwArWFKRikzbbU2VGldjcEaW
miércoles, 1 de julio de 2015
El asesino de obras
Marcos
siguió el rastro de la sangre. La herida debía estar en una parte
elevada del cuerpo, posiblemente en la cabeza. Lo sabía porque las
gotas a esa altura, al caer al suelo, son más grandes que si están
abajo. Cosas de la gravedad.
Conociendo
esto, supo que el criminal no habría ido muy lejos. Como
investigador jefe de la división Fahrenheit, era consciente de la
importancia de ese caso. Todo esfuerzo era poco. Y fue allí, en la
farola encendida de un sucio callejón, donde lo encontró. Marcos no
lo distinguía muy bien desde esa distancia, pero parecía que,
efectivamente, el origen de la sangre procedía de la cabeza. La
cara, roja de la misma, cansada y macilenta, indicaba que no había
muchas esperanzas en aquel individuo. Los ojos, ya sin brillo,
observaban fijamente la figura que se acercaba a darle caza.
- No
esperaba que fueses a cogerme tan tarde. - Le dijo a Marcos, tosiendo
violentamente, con una leve sonrisa.
El
agente se acerca al herido.
- Ni yo
que te rindieses tan pronto, viejo amigo. Sabes que esto acaba aquí,
¿no? - Contestó el aludido, con un deje de tristeza.
- Sí.
Hazlo rápido. Mejor tú que otro.
Un
momento de titubeo, y, al fin, el jefe de la división Fahrenheit
saca el arma, y apunta a la cabeza. Suena un disparo, expandido su
sonido por el eco.
Con
lágrimas en los ojos, Marcos apunta en su libreta: "14 de
Noviembre a las 12:30 pm. El asesino prófugo ha sido ajusticiado.
Delito producido: Eliminar la coma de un fragmento de La Divina
Comedia. Pena impuesta originalmente por el tribunal: Tortura
ortográfica durante veinte años. Fin del parte policial."
Microrrelato seleccionado en I Concurso de Historias Cortas "Relatos Policíacos", de Letras con Arte.
martes, 26 de mayo de 2015
La ciudad de las sombras
Las viejas ramificaciones se unen con
las nuevas, dentro del árbol milenario de la ciudad. Las sombras se
esconden entre los pulmones de la vida, y todo viajero sabe que puede
ser atraído por el afilado corte de la curiosidad. No sabes qué hay
en cada portal, en cada esquina, cuando tus pasos te llevan a lo
antiguo.
¿Qué se esconde tras las máscaras de
la gente? Ellos también respiran la oscuridad de la ciudad. Algunos
conocen bien por dónde se mueven los monstruos y prefieren
evitarlos. Otros, en cambio, se unen a ellos para aumentar las
legiones. El humo de las tinieblas puede deslizarse por el gaznate,
entrar en las venas diluido en sangre, o meterse por la nariz,
carcomiendo el tabique con su mala praxis.
Todo visitante es atraído por la falsa
luz atractiva de los neones, que indican el camino hacia el negro
palacio de la noche. Claro que, todo tiene un precio. Nada es gratis
en la cuna del placer.
Intrincados callejones hacia la locura,
nuevas experiencias, donde los museos de lo cotidiano cambian de
exposición conforme pasan las horas. Los templos de los abstemios
solo se llenan una vez, durante el día, hasta que los cubren las
alas de la bruma, la niebla de los sentidos, los jinetes tenebrosos.
Los cuadros de la gente se difuminan, y se confunden, surreales,
extraños, obras de Monet en la distancia. Ser parte o no de la
ciudad, te preguntarás. Fundirse con los muros, las pisadas
uniformes del espectro que lo controla todo. O correr persiguiendo la
salvación, en contra de los designios del corazón, que domina los cerebros
de la gente que entra en su circulación.
Si me preguntas a mí, no sé qué
decirte. Si me preguntas a mí, puede que no sepa la respuesta.
Porque nunca traspasé la línea que separa la ciudad de mis pies.
viernes, 24 de abril de 2015
Colorea el mundo
Sobre el fondo rojizo se distinguen las formas oscuras de los árboles, en un lugar donde las llamas que prenden los rastrojos se apagaron hace tiempo.
Una mochila con veinte piedras, sujetada en la espalda, imposible de quitar. Ella sabe que durante unos días, no se nota, pero a pesar del poco peso, a veces las piedras tiran de ella hacia abajo, cuando la energía sufre alguna oscilación negativa.
De vez en cuando musita alguna plegaria, una canción, cuya letra olvidó en la inmensidad de los problemas. Sabe que las únicas manos capaces de dibujar el camino son las suyas, y no las de algún Dios mudo escondido en la hipocresía del lobo. Y eso le alegra. Porque en las paredes en blanco puede levantar los intentos fallidos con sonrisas de colores.
Alguien se llevó el mes de Abril y dejó aquí una obra de arte inacabada, una ilusión, y un poema desconfigurado.
La hilera blanca
de tu rostro
desgarró la piel
de las sombras.
Sangre roja, azul,
qué más da,
qué más da,
si ya me has pintado.
Tus ojos hacen juego
con mi cabeza,
negro amargo,
penumbra dulce.
No debes abrir esta
caja sin sorpresa,
donde nadie nunca
supo conocer nada.
Coge mejor el día,
y sobre tu caballete
coloca tu bella curva
y colorea el mundo de ti.
Feliz cumpleaños, María Sancambro :)
Una mochila con veinte piedras, sujetada en la espalda, imposible de quitar. Ella sabe que durante unos días, no se nota, pero a pesar del poco peso, a veces las piedras tiran de ella hacia abajo, cuando la energía sufre alguna oscilación negativa.
De vez en cuando musita alguna plegaria, una canción, cuya letra olvidó en la inmensidad de los problemas. Sabe que las únicas manos capaces de dibujar el camino son las suyas, y no las de algún Dios mudo escondido en la hipocresía del lobo. Y eso le alegra. Porque en las paredes en blanco puede levantar los intentos fallidos con sonrisas de colores.
Alguien se llevó el mes de Abril y dejó aquí una obra de arte inacabada, una ilusión, y un poema desconfigurado.
La hilera blanca
de tu rostro
desgarró la piel
de las sombras.
Sangre roja, azul,
qué más da,
qué más da,
si ya me has pintado.
Tus ojos hacen juego
con mi cabeza,
negro amargo,
penumbra dulce.
No debes abrir esta
caja sin sorpresa,
donde nadie nunca
supo conocer nada.
Coge mejor el día,
y sobre tu caballete
coloca tu bella curva
y colorea el mundo de ti.
Feliz cumpleaños, María Sancambro :)
viernes, 17 de abril de 2015
Arriba
Una mirada al horizonte, donde las paredes de los edificios tapan la vista. Un lugar donde las utopías nunca se terminarán, abnegado el presente en una ola de confusión, donde los términos se usan al antojo y pierden su valor original.
Y allí, al fondo de los suburbios, una mano altruista parece querer romper con los moldes predeterminados, la presencia de una hebra de luz sobre un suelo oscuro como el carbón que lo construyó.
No es a la soledad a quien debes temer, no, pues es un ser que, aunque sus besos sepan amargos, únicamente es un ente neutral. Un abrazo ausente, una caricia imaginaria. No esperes más. No asesina como la mentira, esa aliada de lo social.
Y me quedo aquí, observando, huyendo, y levantando castillos frente a todo lo que se acerca. No es maldad, ni siquiera indiferencia, es la mano que siembra lo mismo que ha recogido.
Es la mano de fuego que ya se ha congelado. Un último suspiro, y la certeza de que solo vendrán los que quieran asaltar las murallas.
Para Melissa.
Palabras clave: Utopía, altruismo y soledad
Y allí, al fondo de los suburbios, una mano altruista parece querer romper con los moldes predeterminados, la presencia de una hebra de luz sobre un suelo oscuro como el carbón que lo construyó.
No es a la soledad a quien debes temer, no, pues es un ser que, aunque sus besos sepan amargos, únicamente es un ente neutral. Un abrazo ausente, una caricia imaginaria. No esperes más. No asesina como la mentira, esa aliada de lo social.
Y me quedo aquí, observando, huyendo, y levantando castillos frente a todo lo que se acerca. No es maldad, ni siquiera indiferencia, es la mano que siembra lo mismo que ha recogido.
Es la mano de fuego que ya se ha congelado. Un último suspiro, y la certeza de que solo vendrán los que quieran asaltar las murallas.
Para Melissa.
Palabras clave: Utopía, altruismo y soledad
lunes, 16 de marzo de 2015
No me pidas ayuda
Puedes lanzar
tus redes,
nunca alcanzarás
lo que buscas.
Crees encontrar
eternos tesoros,
pero abres siempre
el baúl vacío.
Apartas con tu
puño de hierro
las señales
de lo que quieres.
Caminas a ciegas,
la noche en tus ojos,
y el alcohol no
es el elixir de la vida.
Te lanzo cuerdas
al fondo del hoyo,
y tus cuchillos
alumbran la oscuridad.
Te tiendo puentes
en tu isla solitaria,
y el fuego
refleja las estrellas.
Te tiendo la mano
frente a los monstruos,
y la hierba enrojece,
pura laceración.
Cuando pero la
ansiedad domine,
cuando el eco
controle tus calles,
cuando tus reinos
de arena caigan,
entonces, entonces
no me pidas nada.
No me pidas ayuda,
no me pidas nada,
porque te salvaré.
Para Candela.
Palabras clave en poesía: Ansiedad, noche y vacío.
tus redes,
nunca alcanzarás
lo que buscas.
Crees encontrar
eternos tesoros,
pero abres siempre
el baúl vacío.
Apartas con tu
puño de hierro
las señales
de lo que quieres.
Caminas a ciegas,
la noche en tus ojos,
y el alcohol no
es el elixir de la vida.
Te lanzo cuerdas
al fondo del hoyo,
y tus cuchillos
alumbran la oscuridad.
Te tiendo puentes
en tu isla solitaria,
y el fuego
refleja las estrellas.
Te tiendo la mano
frente a los monstruos,
y la hierba enrojece,
pura laceración.
Cuando pero la
ansiedad domine,
cuando el eco
controle tus calles,
cuando tus reinos
de arena caigan,
entonces, entonces
no me pidas nada.
No me pidas ayuda,
no me pidas nada,
porque te salvaré.
Para Candela.
Palabras clave en poesía: Ansiedad, noche y vacío.
jueves, 12 de marzo de 2015
Las sombras de la ciudad
El espectro de la ciudad es un árbol con ramificaciones extrañas, perturbadoras. Un murmullo de oscuridad corroe los callejones y las alcantarillas exteriores. Figuras grises, no hay matiz, no hay conocimiento sobre el tamaño del monstruo o de la cuchilla. Da igual que quieras protegerte el cuello, si no tienes cuidado, el farolillo rojo te atraerá hacia la misma puerta de las tinieblas.
Las sombras de la ciudad están ahí, aunque no puedas verlas, aunque no quieras verlas. Tú eres parte de ellas, en mayor o menor medida. De ti depende que te absorban o luchar contra ellas. Es cierto que no sabes cuales son, pero de algún modo, se distinguen de lo demás porque rompen con lo que esperabas. Seguridad, armonía, olvida eso. Si no puedes ver la brecha en las pisadas del asfalto es que realmente ya te ha devorado la ciudad.
Las sombras de la ciudad están ahí, aunque no puedas verlas, aunque no quieras verlas. Tú eres parte de ellas, en mayor o menor medida. De ti depende que te absorban o luchar contra ellas. Es cierto que no sabes cuales son, pero de algún modo, se distinguen de lo demás porque rompen con lo que esperabas. Seguridad, armonía, olvida eso. Si no puedes ver la brecha en las pisadas del asfalto es que realmente ya te ha devorado la ciudad.
lunes, 9 de marzo de 2015
Yo ya te he avisado
Vivo entre extensiones interminables de lodo, cubriendome hasta la cabeza todo el rato; tragando barro y acostumbrándome al sabor. ¿No querías arte? Pues aquí tienes de sobra, en el pudridero del mundo. Tal vez no es el que buscabas, ¿verdad? Porque a todos les gusta ver campos de flores en los que revolcarse hasta donde alcanza la vista humana. Pero me temo que aquí no encontrarás eso. Da media vuelta, y vuelve por donde has venido. No creo que te apetezca ver estos páramos, ¿o sí? El ser humano es extraño. Se recrea en el dolor, se funde a las palabras ajenas como si fuesen su propia piel.
Tal vez no sea el único que camina con peso hasta el cuello, de hecho, dudo que sea así. Tal vez la perfecta nebulosa de sueños que lucía en nuestra mente se haya apagado. Planetas basura, de los que nadie quiere, alrededor de la órbita que toma un nuevo rumbo, hacia donde le lleve la inercia. Y sí, lo reconozco, tú eres una estrella perdida en mitad de este lugar. No perteneces aquí, debes irte antes de que mi oscuridad te absorba por completo y te haga vagar conmigo sobre la espesa tierra mojada.
No digo que no me gustaría, pues tendría alguien con quien cantar por el camino. Da igual el qué, nunca fuí buen cantante, pero tengo pulmones para rato. ¿Qué me dices? ¿Cantamos en acústico con la guitarra de mis pesadillas? ¿Corremos hacia el horizonte esperando salir de aquí algún día? Si es así, no digas nada luego.
Yo ya te he avisado.
Para María.
Palabras clave: Arte, nebulosa y acústico.
Tal vez no sea el único que camina con peso hasta el cuello, de hecho, dudo que sea así. Tal vez la perfecta nebulosa de sueños que lucía en nuestra mente se haya apagado. Planetas basura, de los que nadie quiere, alrededor de la órbita que toma un nuevo rumbo, hacia donde le lleve la inercia. Y sí, lo reconozco, tú eres una estrella perdida en mitad de este lugar. No perteneces aquí, debes irte antes de que mi oscuridad te absorba por completo y te haga vagar conmigo sobre la espesa tierra mojada.
No digo que no me gustaría, pues tendría alguien con quien cantar por el camino. Da igual el qué, nunca fuí buen cantante, pero tengo pulmones para rato. ¿Qué me dices? ¿Cantamos en acústico con la guitarra de mis pesadillas? ¿Corremos hacia el horizonte esperando salir de aquí algún día? Si es así, no digas nada luego.
Yo ya te he avisado.
Para María.
Palabras clave: Arte, nebulosa y acústico.
domingo, 1 de marzo de 2015
La abogada
- ¿Cómo le fue ayer el día señorita N? ¿Siguió mis consejos?
- Bueno... Intenté hacerlo, pero no tuvieron efecto. Volví a romper cosas. Me han abierto un expediente. Suspendida de empleo y sueldo durante un mes.
- ¡Pero eso es terrible! ¿Qué ocurrió?
- Ya le conté que nos habían puesto por parejas para realizar el seguimiento del juicio a la farmaceutica Kronos, ¿no? Pues, mi compañero y yo, somos dos caras de la misma moneda. Él cruz, y yo cara. Es la persona más insensible que me he encontrado en todos los años que llevo ejerciendo la abogacía. Solo piensa en el beneficio, y le da igual todo lo demás. Y eso choca completamente conmigo.
- Por eso le dije que intentase abstraerse, pensar en otra cosa, e intentar llevarse bien con él a pesar de sus diferencias. Son compañeros de trabajo. Lo personal debe apartarse.
- Lo sé, lo sé, pero... Lo que ocurrió ayer pudo conmigo.
Respiro hondo, y comienzo a narrar lo sucedido.
- Verás, paralelamente al juicio pendiente, estuvimos estudiando el resultado de otro procedimiento con la farmacéutica Shini-GMI, quién comercializó un medicamento que provocaba focomelia a los bebés, pues se usaba para calmar las náuseas en período de embarazo. El caso es, que este resultó favorable para la farmacéutica en España, y, aunque es uno de muchos casos, mi compañero expresó abiertamente que era normal esto, pues no había negligencia alguna por parte de la farmacéutica. Que todo era, responsabilidad de quien compró el medicamento sin informarse bien de sus posibles efectos.
Me detuve un poco, frenética como estaba, con la ansiedad dominando el pecho, y la música de la intranquilidad retumbando en mi cabeza.
- Fue ahí, cuando, ajena a cualquier control de mi cuerpo, comencé a derribar cosas. La mesa, por los suelos. Las sillas, lanzadas contra los armarios. Las tazas del café, hechas añicos, con el líquido corriendo sobre pavimentos de papel y oscuridad. Me sujetaron los compañeros. Algo me había invadido. Dormido como estaba, aquellas palabras despertaban el monstruo que descansaba en mi interior.
Me detuve. Estaba sudando. Revivirlo todo no me hacía ningún bien. sobre todo cuando volvía atrás.
- Comprendo... Pero, no debería tomarse así las cosas señorita N, trae problemas, como ya has visto. No dejes que la sensibilidad controle tu cabeza. Tienes que mantenerte firme. Ten, te recetaré unas nuevas pastillas, ven a verme mañana, cuando estés más calmada.
- Está bien. - Suspiré, contenta de que aquello acabase.
Lo que no sabía la psicóloga, es que el hermanito de N murió por una malformación en la cabeza, que conforme iba creciendo, le iba aplastando el cerebro. Quizá el juzgar, y el hablar sin conocer realmente lo que hay detrás sea lo que crea locos donde no los hay, y cuerdos donde solo hay locura.
Para Nuria.
Palabras clave: Indómita, temperamental, sensible.
- Bueno... Intenté hacerlo, pero no tuvieron efecto. Volví a romper cosas. Me han abierto un expediente. Suspendida de empleo y sueldo durante un mes.
- ¡Pero eso es terrible! ¿Qué ocurrió?
- Ya le conté que nos habían puesto por parejas para realizar el seguimiento del juicio a la farmaceutica Kronos, ¿no? Pues, mi compañero y yo, somos dos caras de la misma moneda. Él cruz, y yo cara. Es la persona más insensible que me he encontrado en todos los años que llevo ejerciendo la abogacía. Solo piensa en el beneficio, y le da igual todo lo demás. Y eso choca completamente conmigo.
- Por eso le dije que intentase abstraerse, pensar en otra cosa, e intentar llevarse bien con él a pesar de sus diferencias. Son compañeros de trabajo. Lo personal debe apartarse.
- Lo sé, lo sé, pero... Lo que ocurrió ayer pudo conmigo.
Respiro hondo, y comienzo a narrar lo sucedido.
- Verás, paralelamente al juicio pendiente, estuvimos estudiando el resultado de otro procedimiento con la farmacéutica Shini-GMI, quién comercializó un medicamento que provocaba focomelia a los bebés, pues se usaba para calmar las náuseas en período de embarazo. El caso es, que este resultó favorable para la farmacéutica en España, y, aunque es uno de muchos casos, mi compañero expresó abiertamente que era normal esto, pues no había negligencia alguna por parte de la farmacéutica. Que todo era, responsabilidad de quien compró el medicamento sin informarse bien de sus posibles efectos.
Me detuve un poco, frenética como estaba, con la ansiedad dominando el pecho, y la música de la intranquilidad retumbando en mi cabeza.
- Fue ahí, cuando, ajena a cualquier control de mi cuerpo, comencé a derribar cosas. La mesa, por los suelos. Las sillas, lanzadas contra los armarios. Las tazas del café, hechas añicos, con el líquido corriendo sobre pavimentos de papel y oscuridad. Me sujetaron los compañeros. Algo me había invadido. Dormido como estaba, aquellas palabras despertaban el monstruo que descansaba en mi interior.
Me detuve. Estaba sudando. Revivirlo todo no me hacía ningún bien. sobre todo cuando volvía atrás.
- Comprendo... Pero, no debería tomarse así las cosas señorita N, trae problemas, como ya has visto. No dejes que la sensibilidad controle tu cabeza. Tienes que mantenerte firme. Ten, te recetaré unas nuevas pastillas, ven a verme mañana, cuando estés más calmada.
- Está bien. - Suspiré, contenta de que aquello acabase.
Lo que no sabía la psicóloga, es que el hermanito de N murió por una malformación en la cabeza, que conforme iba creciendo, le iba aplastando el cerebro. Quizá el juzgar, y el hablar sin conocer realmente lo que hay detrás sea lo que crea locos donde no los hay, y cuerdos donde solo hay locura.
Para Nuria.
Palabras clave: Indómita, temperamental, sensible.
viernes, 27 de febrero de 2015
Lightning
Viajé a los rincones oscuros del Cocito; no sé qué esperaba encontrar, pero no había nada. Seguí mirando, atravesando los espacios más peligrosos, paracaidistas devorados por los monstruos del agua, miles de muertos agazapados, escudriñando el cielo sin poder ver. Lámparas de aceite en zonas letales, donde regurgitan los heridos de guerra. Banderas rotas, ninguna es mi país, todas blancas, todas negras. Me volví loco. Empecé a correr, y llegué a la zona más iluminada, donde las flores de hielo dibujan bellos paisajes, atrayendo a los pecadores hacia el descanso eterno.
Y allí, cantando, la encontré. Era una sombra sonriente, magnífica, sentada encima de la memoria. Rasgaba las cuerdas del alma con lentitud, dándole a cada acorde un brillo infernal. Conforme me acercaba, el Cocito iba congelándome el cuerpo. Tiritando, ardiendo, conseguí ponerme enfrente.
La sombra, extrañada, me miró.
- ¿Cómo has llegado aquí? Nadie puede acercarse sin ser absorbido por el lago.
- Lo sé. Pero quería hacerte un favor. Te ruego que me escuches.
- Umm... Has llegado hasta aquí, ¿por qué no? ¿Qué quieres?
- Quiero que invoques el poder del rayo. Quiero que limpies el Cocito por completo, y que la luz vuelva a inundar los valles.
- Eso que me pides es difícil. Ninguna sombra antes que yo lo ha conseguido. ¿Qué te hace pensar que yo sí?
- Tu poder lleva haciéndose grande desde hace años. Has conseguido dominar gran parte del lugar, y, al contrario de lo que creía, estás en el lado más luminoso.
- De acuerdo. Lo puedo intentar, al fin y al cabo, pareces muy convencido.
- Bien. Estaré impaciente por verlo.
Me di la vuelta, y comencé a andar.
- ¡Ah, sí! Olvidé decirte que yo no me congelo, porque todo lo que hay en este lugar es mío. Yo creé este sitio. Y confío en que tú me ayudes a manejarlo.
http://youtu.be/CRTa7l511nU
Y allí, cantando, la encontré. Era una sombra sonriente, magnífica, sentada encima de la memoria. Rasgaba las cuerdas del alma con lentitud, dándole a cada acorde un brillo infernal. Conforme me acercaba, el Cocito iba congelándome el cuerpo. Tiritando, ardiendo, conseguí ponerme enfrente.
La sombra, extrañada, me miró.
- ¿Cómo has llegado aquí? Nadie puede acercarse sin ser absorbido por el lago.
- Lo sé. Pero quería hacerte un favor. Te ruego que me escuches.
- Umm... Has llegado hasta aquí, ¿por qué no? ¿Qué quieres?
- Quiero que invoques el poder del rayo. Quiero que limpies el Cocito por completo, y que la luz vuelva a inundar los valles.
- Eso que me pides es difícil. Ninguna sombra antes que yo lo ha conseguido. ¿Qué te hace pensar que yo sí?
- Tu poder lleva haciéndose grande desde hace años. Has conseguido dominar gran parte del lugar, y, al contrario de lo que creía, estás en el lado más luminoso.
- De acuerdo. Lo puedo intentar, al fin y al cabo, pareces muy convencido.
- Bien. Estaré impaciente por verlo.
Me di la vuelta, y comencé a andar.
- ¡Ah, sí! Olvidé decirte que yo no me congelo, porque todo lo que hay en este lugar es mío. Yo creé este sitio. Y confío en que tú me ayudes a manejarlo.
http://youtu.be/CRTa7l511nU
lunes, 23 de febrero de 2015
Signal fire
Hoy alguien me lanzó una botella de oxígeno. No sé si por casualidad, o inducido por señales. El caso es, que vuelvo a respirar. No sé si bien, porque el fuego atravesó mis pulmones. Puede ser que esté en un desierto y solo vea espejismos donde yo creo ver una realidad. Es posible que alguien salve el día, o que la grieta de la suerte me devore hacia las entrañas de la oscuridad. No lo sé. Me quité la máscara, ya lo ves, pero eso puede hacer que tus manos desgarren mis ojos. Es lo que tiene la vulnerabilidad.
Me quedé descalzo, de pie. Puedes arrancarme la piel, también. Mis soldados tienen muchos pies, pero ningún arma. Ya dispararon sus flechas.
Ya lo ves, las luces del alma me hicieron respirar, lo que no sé, es por cuánto tiempo.
http://youtu.be/11KD3gN6Bus
Me quedé descalzo, de pie. Puedes arrancarme la piel, también. Mis soldados tienen muchos pies, pero ningún arma. Ya dispararon sus flechas.
Ya lo ves, las luces del alma me hicieron respirar, lo que no sé, es por cuánto tiempo.
http://youtu.be/11KD3gN6Bus
sábado, 14 de febrero de 2015
San Valentín
Es San Valentín, y no tengo otro regalo que daros, excepto este, si queréis considerarlo así, claro. Tranquilos, no os pediré dinero.
Las torres más altas que construí se cayeron, y ahora solo quedan los restos. Yo vago, como una sombra, hacia los pozos oscuros de las horas pasadas. Me siento sobre una veleta y giro, y avanzo. Entonces me vuelvo un cobarde y vuelvo hacia atrás mis pasos, mientras que un pie me anima a ir hacia la derecha, el otro me empuja hacia la izquierda. Mis manos se agitan, nerviosas, y destrozan hojas de cristal. Apunta, apunta, líbrame de la piedra y de la apatía inmutable.
Dispara, dispara, atraviésame de principio a fin, sin piedad, hasta que caiga de rodillas y no pueda mantenerme en pie. Hasta el último aliento.
Las torres más altas que construí se cayeron, y ahora solo quedan los restos. Yo vago, como una sombra, hacia los pozos oscuros de las horas pasadas. Me siento sobre una veleta y giro, y avanzo. Entonces me vuelvo un cobarde y vuelvo hacia atrás mis pasos, mientras que un pie me anima a ir hacia la derecha, el otro me empuja hacia la izquierda. Mis manos se agitan, nerviosas, y destrozan hojas de cristal. Apunta, apunta, líbrame de la piedra y de la apatía inmutable.
Dispara, dispara, atraviésame de principio a fin, sin piedad, hasta que caiga de rodillas y no pueda mantenerme en pie. Hasta el último aliento.
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San Valentín,
sombra
lunes, 30 de diciembre de 2013
Camina bella, como la noche
Camina bella, como la noche
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.
Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.
Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.
Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.
Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!
Lord Byron
Ubicación:
23170 La Guardia, Jaén, España
martes, 24 de diciembre de 2013
And I'm yours
Cuando llegué al bosque de las Ánimas habían cambiado bastantes cosas. Los árboles, desnudos y delgados, dejaban un ambiente triste y desolador. Me senté allí, encima de una seta gigante, y miraba cómo el reloj de arena iba cayendo grano a grano sobre el viento. Y entonces la vi, hablándome desde dos direcciones distintas, pues su voz se propaga por el viento igual que el polen de las hermosas florecillas que habitan en Northumbria.
Había conseguido llevar el paquete a su destinataria, y decidimos ir a un lugar seguro para poder ver el contenido. Avanzamos por el bosque, y los elfos que antaño moraban en sus casas árbol habían abandonado sus hogares, seguramente por la inestabilidad del tiempo. Tuvimos que cambiar de ruta para poder quedarnos en un lugar donde los ojos del mal no pudieran acecharnos. Se veían a los animales correr entre los caminos, apresurados, como si algo maligno se acercase, aunque luego se vería que todo ello no eran más que fábulas.
Llegamos a una pequeña aldea, llamada Baolimco, donde pudimos parar en una posada. Nos sirvieron té hecho con las distintas hierbas del bosque, y adquirían una tonalidad naranja, y un sabor distinto al que estaba acostumbrado, pero aún así, estaba bueno.
Entregué a aquella muchacha la correspondencia, y, aunque ya la había visto otras veces, y estábamos conectados por el hilo de los ancestros, se sentía como la primera vez. Pero no porque no la conociese, sino porque las emociones eran las mismas del primer día, incluso más intensas, igual que un río siendo desbordado por sus afluentes. Y echaba anclas en sus ojos, y el color del fuego movía su cuerpo cuando comenzaba a descifrar las palabras élficas de la misiva. El ejército de la Risa, y la marca de Alegría tomaron aquel lugar, pasando a carcajadas a todo el mundo. Y, cuando yo pude verme en ella con total claridad, los vasos se desbordaron junto al calor de las llamas.
La sangre ya no transportaba glóbulos rojos o blancos, sino una gran dosis de droga que la proporcionaba ella sin que yo tuviera que ingerir, fumar o inyectarme nada. Se sentía como una explosión de colores en mitad del oscuro firmamento. Y acariciar la proa con las velas del barco inicia una ligera brisa de sensaciones en la piel.
A la hora de marcharnos, seguimos el viaje por senderos oscuros, pero protegiéndonos entre ambos en todo momento. Los cuervos volaban por doquier, y ella los espantaba con el brillo de sus alas, aunque los enemigos más poderosos, como los troll, tenían un efecto negativo en ella. Cuando nos tuvimos que separar, el reloj de arena casi se había consumido, y yo me aferré a ella, como si así, en esos segundos, pudiera evitar que el reloj siguiese su curso, y continuar así para siempre.
Al alejarse, comenzó una carrera por mi vida, en la que su olor corporal me acompañaba en el viaje. Ella decía que me aceleraba, y era cierto, yo seguí corriendo hasta que las únicas fuerzas que tenía eran las de poder volver a verla en otra ocasión, cuando la guillotina de las horas no pendiese de un hilo en mi cabeza. Y, mientras me alejaba en la enormidad de la noche, las plumas que llevaba conmigo me decían que no solo el comesueños podía ejercer su poder en el subconsciente, sino que su sola presencia derribaba cualquier otra posibilidad de sueño.
http://youtu.be/q9ayN39xmsI
Había conseguido llevar el paquete a su destinataria, y decidimos ir a un lugar seguro para poder ver el contenido. Avanzamos por el bosque, y los elfos que antaño moraban en sus casas árbol habían abandonado sus hogares, seguramente por la inestabilidad del tiempo. Tuvimos que cambiar de ruta para poder quedarnos en un lugar donde los ojos del mal no pudieran acecharnos. Se veían a los animales correr entre los caminos, apresurados, como si algo maligno se acercase, aunque luego se vería que todo ello no eran más que fábulas.
Llegamos a una pequeña aldea, llamada Baolimco, donde pudimos parar en una posada. Nos sirvieron té hecho con las distintas hierbas del bosque, y adquirían una tonalidad naranja, y un sabor distinto al que estaba acostumbrado, pero aún así, estaba bueno.
Entregué a aquella muchacha la correspondencia, y, aunque ya la había visto otras veces, y estábamos conectados por el hilo de los ancestros, se sentía como la primera vez. Pero no porque no la conociese, sino porque las emociones eran las mismas del primer día, incluso más intensas, igual que un río siendo desbordado por sus afluentes. Y echaba anclas en sus ojos, y el color del fuego movía su cuerpo cuando comenzaba a descifrar las palabras élficas de la misiva. El ejército de la Risa, y la marca de Alegría tomaron aquel lugar, pasando a carcajadas a todo el mundo. Y, cuando yo pude verme en ella con total claridad, los vasos se desbordaron junto al calor de las llamas.
La sangre ya no transportaba glóbulos rojos o blancos, sino una gran dosis de droga que la proporcionaba ella sin que yo tuviera que ingerir, fumar o inyectarme nada. Se sentía como una explosión de colores en mitad del oscuro firmamento. Y acariciar la proa con las velas del barco inicia una ligera brisa de sensaciones en la piel.
A la hora de marcharnos, seguimos el viaje por senderos oscuros, pero protegiéndonos entre ambos en todo momento. Los cuervos volaban por doquier, y ella los espantaba con el brillo de sus alas, aunque los enemigos más poderosos, como los troll, tenían un efecto negativo en ella. Cuando nos tuvimos que separar, el reloj de arena casi se había consumido, y yo me aferré a ella, como si así, en esos segundos, pudiera evitar que el reloj siguiese su curso, y continuar así para siempre.
Al alejarse, comenzó una carrera por mi vida, en la que su olor corporal me acompañaba en el viaje. Ella decía que me aceleraba, y era cierto, yo seguí corriendo hasta que las únicas fuerzas que tenía eran las de poder volver a verla en otra ocasión, cuando la guillotina de las horas no pendiese de un hilo en mi cabeza. Y, mientras me alejaba en la enormidad de la noche, las plumas que llevaba conmigo me decían que no solo el comesueños podía ejercer su poder en el subconsciente, sino que su sola presencia derribaba cualquier otra posibilidad de sueño.
http://youtu.be/q9ayN39xmsI
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