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lunes, 3 de agosto de 2015

Un amor lejano

¿Conocen esa sensación de querer alcanzar algo y no poder obtenerlo nunca? Pues así me sentía yo con ella. Deseaba tocarla, envolverla con mi humedad, y, lo peor es que no sabía por qué. Nunca habíamos hablado antes. Cierto es que este poderoso sentimiento no ocurría cada día.

Verán, ella era bastante voluble. Unos días iba completamente vestida, otros, enseñando algo, y, cuando se mostraba desnuda, ahí, yo caía en su hechizo. Llena de luz, de geometría perfecta, así era. Yo invocaba al viento y al rayo, pero nunca me elevaba lo suficiente. Y sigo sin lograrlo.

Los peces dicen: Ya está el mar queriendo besar a la luna. 


Microrrelato seleccionado en el concurso "Pasiones", de Letras con Arte.

domingo, 22 de febrero de 2015

Arañas

No soy un superhéroe, ni tampoco un villano. Lo que haga no será recordado por siglos, ni tampoco se prestará mucha atención a mi ausencia. Apenas un 'crack' minúsculo, imperceptible sonido, en este mundo. La huella de una bacteria.

Soy una pequeña araña que va tejiendo sus hilos alrededor de un mundo hueco. Cuando algo cae dentro, no escucho el ruido, no siento las vibraciones. Lentamente, con el pasar de las horas, el veneno me va consumiendo, y poco a poco voy descendiendo hacia el suelo. Evito las pisadas, y me escondo bajo los árboles. Devoré mis piernas hace tiempo, ni un solo paso atrás. Ninguno hacia delante. Me quedo en el medio de un mundo que lo devora todo sin piedad, esperando que un rayo de luna me salve.

http://youtu.be/CwrhUSkfThw

miércoles, 22 de enero de 2014

Danzar

He visto cosas que hacen vibrar los cristales inertes de un bar de mala muerte, como praderas envueltas en llamas en el país del agua. Y es que llevar cuchillos en el traje de baile puede ser una mala idea, pero habrá que defenderse por lo que pueda venir. Si te sujeto bien fuerte no pongas el arma en mi garganta por un paso cambiado, la música se transforma, y el compás se vuelve lento o acelerado conforme avanza la noche. Son las notas que fluyen de los instrumentos las que marcan el ritmo, y las melodías siguen siendo hermosas.

Coge entre tus manos ese objeto cortante y conviértelo en un montón de mariposas que revoloteen a nuestro alrededor en esta fría noche de invierno. No estamos en ninguna trinchera que no sea la de tus ojos observando los míos. Continuar la danza no debería ser más difícil que observar la luna llena frente a nuestros ojos. La música seguirá sonando.

https://www.youtube.com/watch?v=Gx-OTFOq0-Y

domingo, 12 de enero de 2014

El ángel bueno

Vino el que yo quería
el que yo llamaba.
No aquel que barre cielos sin defensas.
luceros sin cabañas,
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de esas caídas de una mano,
un nombre,
un sueño,
una frente.
No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.
El que yo quería.
Sin arañar los aires,
sin herir hojas ni mover cristales.
Aquel que a sus cabellos
ató el silencio.
Para sin lastimarme,
cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
y hacerme el alma navegable.
 

Rafael Alberti

domingo, 8 de diciembre de 2013

Entrar

Coloco una mano llena de tinta negra sobre un papel en blanco, y se muestran las líneas de la mano, formando una M imprecisa rodeada de trazos más desdibujados.

Y tal vez nosotros solo seamos sombras de todo, ¿no han tenido alguna vez coincidencias extrañas con algún tema? A mí últimamente me sucede mucho, y veo zepelines volar sobre mi cabeza. Sé que difícilmente subiré a uno, pero lo ves ahí, solo para ti. Y unos labios ajenos limpian la sal que se acumula en los míos. Y, cuando me quiero dar cuenta me encuentro con que estoy bailando con ella al son del Luz de Luna, y las mariposas vuelan alrededor de una sala llena de libros y tragaluces. No sabes en qué lado estás, y tocas la piel compañera, acaricias el rostro, preparado para que se deshaga en miles de partículas de cenizas, o que sean mariposas formando la silueta humana de tus fantasías.

Es al notar que no desaparece cuando parece todo aún más irreal, como sacado de una historia de ensueño, en la que no hay principio ni final, y las cosas que aparecen son como habías deseado siempre que serían, con variaciones, con matices, sí, pero se forma delante de tus ojos. Y los muros que hay alrededor estallan en mil pedazos, lanzando ladrillos y polvo al viento, pero ninguno te alcanza: Has conseguido entrar.

http://youtu.be/OqKHJ9dZnvY

domingo, 24 de noviembre de 2013

Roce

Ya sé que no nos rozamos lo suficiente, demasiado tiempo alejados, como el Sol de la Luna, hasta que vuelve a haber otro eclipse. Cada uno estira de la cuerda para ver si puede acercar al otro, pero con cuidado, pues si se rompe, alguno puede ir a parar al suelo. No se puede hacer nada, es la gravedad que nos arrastra, es el magnetismo exterior que nos empuja. Y, aún así, se encuentra la forma de volver al centro del círculo, de acariciar piel con piel, pluma con pluma. No te dejes caer aunque el barro te llegue a las rodillas, los truenos en la tormenta son gritos de un Dios con alzheimer que nunca recuerda nada. Y la fuerza inusitada del viento es el enorme ventilador del cabello de la Tierra.

"¿Quién soy yo?"- Me preguntas. No eres más que el mundo sobre el cual danzan mis pies y mis manos. Y las manchas de tinta, cual planetas, orbitan a tu alrededor, y, dependiendo de tu frecuencia, estas se estrellan dentro, o fuera.

lunes, 14 de octubre de 2013

Yo persigo una forma...

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
el abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;

y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.


Rubén Darío


domingo, 13 de octubre de 2013

El canto del fuego

Caía la noche, y el lugar estaba completamente a oscuras. Un camino lleno de farolas con las bombillas apagadas era mi referencia. Hacía viento, y junto con las hojas y las partículas de limo, también habían gotas de agua, pues había estado lloviendo hace poco. La luna se iba dibujando en el cielo, parcialmente, y la única estrella visible era la Polar. Los muros de las casas se antojaban grises, sin chispa; los árboles, solitarios, no ayudaban a alegrar la escena. La humedad se palpaba en el ambiente, y mis pupilas, dilatadas, ya se habían acostumbrado a la oscuridad imperante.

No había nadie por allí, y las pocas luces que se apreciaban venían desde los ventanales de las casas. Entonces vi a una chica sentada en un banco. Llevaba un antifaz de color azul apagado que le tapaba los ojos. Noté que estaba cantando, y me quedé allí, inmóvil, escuchando:

La luna camina
sola por Gran Vía,
y del cuello lleva
rayos de Sol.

Corre luna, corre,
que caen estrellas
de su ventana,
de sombra ahítas.

Dibujo círculos
en el suelo,
para así iluminar
contigo la ciudad.

Pero no soy 
como tú, luna, 
aunque sola
esté de viaje. 

Necesito andar
con una chispa,
que haga arder
mi corazón.

Y no sé por qué,
ese presente
ya me lo trae,
aquel que escucha.

No corras tú,
solitario muchacho,
pues el fuego
prenderá la calle.


Entonces la chica se levantó, y, lentamente, se acercó a mí. Colocó sus manos sobre mis mejillas, y, soplando delicadamente sobre mi rostro, murmuró: Bienvenido a mi extraño mundo.

Cuando quise darme cuenta me encontraba en un lugar con libros a mi alrededor, formando calles. Comencé a andar, y las calles se multiplicaban, formando un laberinto interminable. Cuando más perdido me encontraba, las luces se apagaron, y solo quedó un único camino marcado por una tenue luz. Empecé a seguirlo, fascinado, pues desconocía cómo podía darse aquel fenómeno. Al cabo de mucho rato andando, llegué a un lugar central, más amplio, en forma de círculo, y allí se encontraba la misma chica. Me acerqué a ella con la intención de preguntarle quién era, cuando, sin reacción alguna por mi parte, me abrazó y, en voz baja, me dijo:

- ¿Por qué has tardado tanto?

Antes de poder mediar palabra alguna, me mandó callar con un prolongado beso, que hizo que los libros que formaban aquel lugar se incendiaran. Las gotas de tinta se iban moviendo con voluntad propia, y, movidas en grandes cantidades, iban colocándose intencionadamente a nuestro alrededor, en el suelo. De tal modo que cualquiera que hubiera visto aquello desde el aire, habría visto dibujado un enorme cisne de perfil, de color negro, y, en otro color, el ojo del animal. En este caso, el color de nuestra piel, pues la ropa se había desvanecido en apenas unos segundos, y la única forma de que el desconocido aéreo no nos viese por completo, era uniendo nuestros cuerpos.



 

  

domingo, 29 de septiembre de 2013

Flying

Ella quería hablar algo más que su lengua materna. Le quedaba pequeño ese conocimiento. Se perdía en un crisol de palabras distintas, a cada cual más extraña y atrayente. Quería decorar su habitación con todas aquellas diminutas partes de mundo, que, de una forma u otra, la transportaban a diversos lugares.

Una góndola en Venecia, transportándola hacia abajo, junto a un hombre cuyo rostro se oculta entre sombras. Un viaje a través de la selva amazónica, bajo enormes árboles, rodeada de vegetación, y sintiendo la lluvia torrencial cubriéndolo todo. Un antiguo castillo medieval, aún en buenas condiciones, donde se hospeda en una habitación sin luz eléctrica, alumbrada solo por velas y faroles, en medio de un denso bosque. Una estancia amena en la vereda de un río, viendo una trepidante cascada en las cercanías, y las hojas otoñales de los árboles cayendo a su alrededor. Un paseo de la mano junto a un misterioso caballero en la orilla de una playa vírgen, observando la luna en la franja nocturna.

Todo aquello recorría sin necesidad de salir de su habitación, y no es cierto que hubiese inventado una máquina de teletransportación: las distintas palabras, de los más alejados lugares, ejercían esa fuerza sobrehumana.



http://youtu.be/PnCBST6_MhI

sábado, 28 de septiembre de 2013

Moonlight

No me gusta observar retratos de personas. Por cálida que sea la pintura, su mirada es fría, penetrante, incómoda. Nunca fueron vestidos con el alma, y, al mirarlos, pienso que mi reflejo es el que muestran sus ojos, una persona gélida, vidriosa. Rehuyo de las miradas, igual que un cervatillo huye de su presa. Mis ojos son las puertas a mi mundo interior, y no doy ese acceso a todo aquel que se le antoje.

De algún modo pienso que soy como la Luna; lejana y distante con aquellos que están fuera de mi órbita, pero con las estrellas que forman parte de mi camino, me vuelvo tal y como soy, aunque a veces muestro solo un lado, otras medio, y, muy raramente me muestro por completo. Es ahí, en esa última fase, donde realmente mi luz no viene del Sol, sino de mi propia felicidad, y es entonces cuando aquellos que me ven en la lejanía, vislumbran mi verdadera belleza.

http://youtu.be/-hH1zutgUGk

lunes, 23 de septiembre de 2013

Black Swan

Salí a cazar en un duro invierno. La nieve, fría y veloz, me acuchillaba las mejillas con ayuda del viento; los pies, ataviados con buenas botas, se hundían varios centímetro en blanco y húmedo suelo, haciendo que tuviera que esforzarme mucho para avanzar unos pocos pasos. Ni siquiera la gruesa piel del abrigo me protegía contra las inclemencias del tiempo: empezaba a sentir frío.

Estaba a punto de abandonar la estúpida idea de cazar con aquel temporal, cuando, no muy lejos de allí, vi un estanque, en el que un cisne de color negro, era acosado por otros de color blanco. Se encontraba sin fuerzas, malherido, así que pegué un tiro al aire, para espantar a los indeseables, y me acerqué al otro. Como parecía estar con vida, me quité el abrigo, que ya poco me servía, y, con suma delicadeza, envolví al cisne en él. Lo sostuve entre mis brazos, y emprendí el camino de regreso a casa.

Siempre me gustó aquella casa de madera. Pero ese día no. El frío reptaba por las rendijas de la puerta, por las diminutas aperturas de la madera rajada, y no había forma de entrar en calor. Había dejado al cisne sobre la cama, convenientemente tapado, y, antes de curarlo, quería encender el fuego.
Pero no había forma humana de encenderlo. La madera, insuficientemente seca, solo servía para hacer señales de humo en un hipotético escenario del salvaje oeste. Al rato lo dejé por imposible, y me acerqué al cisne para curarle las posibles heridas, pero, al acercarme, no estaban ni el cisne ni el abrigo.

Busqué por toda la casa, pero no había ni rastro de ellos. Sin abrigo, sin pieza de caza alguna, muerto de frío y agotado. No podía tornarse ya peor el día. Decidí marcharme a la cama, aunque todavía faltaba para la noche, el atardecer estaba avanzado, y yo estaba derrotado.

Me despertó un ruido en mitad de la noche. A ciegas, busqué las cerillas, y encendí el candelabro de la mesita de noche. Ya había cesado de nevar, y aunque la nieve reposaba generosamente en la ventana, se podía ver el exterior. Una luna llena se dibujaba sobre un inmenso mar de copos blancos, de árboles caducos conquistados por el antónimo del negro, y los perennes pinos formaban dualidades diversas con el paisaje. La oscuridad, cerrada, con las estrellas tapadas por nubes grises, que se arremolinaban también junto al preciado satélite. El viento había cesado, y solo la calma parecía reinar, exceptuando los lejanos aullidos de los lobos.

El sonido causante de mi reciente vigilia había sido el crepitar del fuego, que estaba encendido. Mi cara de sorpresa fue de risa, pues no tenía ni la más remota idea de cómo había podido suceder aquello. Me levanté de la cama y fui a observar aquello más de cerca.

Entonces, se apagó el fuego, y la luz del candelabro. Apareció una figura femenina, iluminada solamente por la luz que daba la luna desde el exterior. Llevaba únicamente por vestido un abrigo, sin abrochar, capucha puesta sobre la cabeza: Aquel era mi abrigo.

No supe cómo reaccionar. Aquella magnífica figura se acercaba cada vez más, parsimoniosamente, con seguridad, hacia mí. Los pensamientos se agolpaban en mi cabeza a toda velocidad, como un accidente de coche en cadena, ¡pah!, imagine un montón de bólidos contra la pared.

De lo que no dudaba era que aquella mujer era hermosa, las líneas de su cuerpo, elegantemente definidas; sus pechos, contorneados; y la luz de sus ojos, más brillante que la luz que recibía la luna.
Cuando estaba prácticamente frente a mí, se quitó la capucha y dejó ver su larga melena. Lisa, con cabellos similares a hilos perfectamente formados de las manos de dioses artesanos.

Al estar junto a mí, me dio un abrazo, y, susurrándome al oído, me dijo:
- Gracias.

Se apartó un poco y me dio un fugaz beso en los labios. Inmediatamente después, mis párpados empezaron a pesar más y más, y mi cabeza no me respondía, solo podía caer rendido a la cama.

Al despertar, ya era por la mañana, y gran parte del color predominante durante la noche, había desaparecido. Caían gotas de los árboles marchitos, iluminadas por el sol naciente; el suelo, aún con una capa notable, era lo único que había sobrevivido. A mi lado, dentro de la cama, se encontraba el cisne que había desaparecido el día anterior, curado de sus heridas, y con un brillo en los ojos que me resultaba familiar.

A partir de aquel día, me encontré con unas experiencias similares, en las que, al anochecer, una chica cuidaba de mí, con la misma ternura que yo cuidaba a aquel cisne. Rara vez dijo palabra alguna, pero siempre que dormía junto a mí, sin caer yo presa de su embrujo, en mis oídos retumbaba una y otra vez un nombre: Helena.





viernes, 20 de septiembre de 2013

Soldaditos de papel

Las variantes de la mente son tan infinitas como el propio universo. Esto se deduce por ejemplo, cuando, ante un mismo texto, ante una misma descripción, dos personas pueden imaginarse cosas distintas; tal vez no radicalmente distintas, pues conservarán la forma que las palabras dictan, pero sí pueden cambiar entornos, añadir, o incluso desfigurar la idea original que la persona que aporta esas palabras quiere transmitir.
Cogeré para esta ocasión, un texto que no me pertenece a mí, sino a otra person.

"Me encuentro en un castillo medieval, en una habitación de tonos blancos y violetas, con grandes ventanales; la luz es tenue y por la noche se ve el bosque gracias a los antiguos farolillos que hay colgados en los árboles. Las estrellas brillan mientras susurran mi nombre, y me quedo dormida en la mecedora mirando a la luz de la luna."

Cuando terminamos de leer las líneas, el lector sin duda se ha imaginado lo ahí descrito, pero, incluso en mi caso, que puedo poner rostro a la persona que protagoniza esa descripción, hay diferencias en el proceso imaginativo. Es muy difícil hacer que algo que tiene que dibujar la mente mediante palabras, sea igual en la cabeza de todos los que lo leen. Diría que es imposible, a menos que fuese algo muy concreto a lo que se puede poner una imagen vista anteriormente, como puede ser un cuadro o una pintura.

Con todo esto, lo que quiero decir es que, la literatura, al igual que la música, adquiere ese poder mágico precisamente por esta particularidad, porque con un solo mundo que actúa de base, por diminuto que sea, se crean otros muchos que guardan diferencias. ¿El número? Depende de las personas que lo descubran.