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viernes, 17 de abril de 2015

Arriba

Una mirada al horizonte, donde las paredes de los edificios tapan la vista. Un lugar donde las utopías nunca se terminarán, abnegado el presente en una ola de confusión, donde los términos se usan al antojo y pierden su valor original.

Y allí, al fondo de los suburbios, una mano altruista parece querer romper con los moldes predeterminados, la presencia de una hebra de luz sobre un suelo oscuro como el carbón que lo construyó.

No es a la soledad a quien debes temer, no, pues es un ser que, aunque sus besos sepan amargos, únicamente es un ente neutral. Un abrazo ausente, una caricia imaginaria. No esperes más. No asesina como la mentira, esa aliada de lo social.

Y me quedo aquí, observando, huyendo, y levantando castillos frente a todo lo que se acerca. No es maldad, ni siquiera indiferencia, es la mano que siembra lo mismo que ha recogido.

Es la mano de fuego que ya se ha congelado. Un último suspiro, y la certeza de que solo vendrán los que quieran asaltar las murallas.

Para Melissa.


Palabras clave: Utopía, altruismo y soledad


lunes, 2 de diciembre de 2013

El pasajero

Era un pasajero extraño
en un tren ocasional,
no volverá, dijiste,
se perderá al alba.

Se lo llevarán a casa
los primeros rayos,
y solo sabré de él
su verdadero nombre.

Y al final construyó
sobre ti castillos,
fortalezas de tinta
con sus manos.

En la gran biblioteca
se quedó dormido,
escribiendo una carta
con tu propio sello.

No sabes lo que es unir
el caos entre tus manos,
pero las señales
te serán de ayuda.

Y tus párpados caerán
pesadamente como losas,
y tu cabeza estará 
junto a la suya.

Y las líneas de tu cuerpo
confundirán las suyas,
como un bello cuadro
dibujado por Da Vinci. 




 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Planes

Hoy no estoy aquí. Me perdí. Un monstruo que no dispone de sus cinco sentidos ocupa mi lugar. Es una sensación extraña tiritar de miedo, cuando todo lo que habías formado en la hipótesis se derrumba como un castillo de naipes. Y, sobre todo, la impotencia de no poder hacer nada para evitar eso. Solo si eres previsor puedes idear formas de salvar una parte de la estructura, pero ni aún así controlas lo más mínimo: solo te vuelves un juguete de las acciones externas.

Es cierto eso de que nada que sea importante sale tal y como lo planeas, pero, ¿no es eso acaso lo que hace más interesante el desarrollo? La agudeza, el ingenio, cualquier cosa sirve como aliada para salvar los obstáculos y tomar otro camino, que, quizá sea menos placentero, pero tiene el mismo fin. Lo que no se puede hacer es quedarse mirando la barrera natural de la carretera, eso es la perdición.




http://youtu.be/cQW9yrYtjEw

domingo, 6 de octubre de 2013

Somos como un puzzle en el que, las piezas, esparcidas por todas partes, tienen reacciones diferentes. Poco a poco van encajando, como es habitual en este juego, y, sin embargo, los paisajes que se forman, suscitan emociones diferentes. En unos, más desnudos, se crea cierta tensión incómoda, a pesar de lo naturales que son. Otros, donde hay también personajes, disfrutando de una fiesta de disfraces, se crea un ambiente mental de misterio y atracción. Mientras que si aparece un fondo verde, con árboles, y, si es bosque mejor, el corazón se desboca y aparecen de la nada melodías hermosas.

Es posible que no viva en un castillo, ni que sepa montar a caballo, ni que sepa usar una espada, ni que tenga una corona, tal vez ni siquiera tengo algo que no sea construir cosas de la nada, en espacios que no pertenecen a esta dimensión, y que nunca podré tocar. Pero lo que sí tengo, es la certeza de que, a pesar de todo lo que pueda representar, tú seguirás gobernando la noche con tus alas extendidas, y todo aquel que te vea, te señalará con el dedo y dirá en voz baja: Ya lo he visto todo.

http://youtu.be/q27Mfsv9tPk

lunes, 30 de septiembre de 2013

Cambios

El centinela del castillo se quedó dormido al caer la noche, y permitió que aquella ladrona fuese entrando día tras día. Primero fueron las banderas y sus colores lo que fue cambiando, después, las habitaciones, lúgubremente alumbradas, fueron iluminándose cada vez más; los muebles, ruinosos, dejaron paso a otros más nuevos, aunque con la marca de lo antiguo dibujada en ellos. Más tarde fueron las paredes, siendo sustituido el blanco por colores más alegres, como el azul; los suelos, desnudos, se llenaron de alfombras; las camas, con colchones viejos, se volvieron mullidas y suaves. Luego, los largos pasillos vacíos se llenaron con estanterías llenas de libros de autores tan diversos como Shakespeare, Tolstoi o Thoreau. Por último, las agrietas paredes resultaron arregladas, y en ellas, aparecían cuadros de Monet, Goya, o Corot.

No sé cuándo me percaté de aquella agradable intrusa, pero para cuando quise darme cuenta, ya había puesto patas arriba todo mi hogar, aunque debo decir que mejorándolo bastante.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Flying

Ella quería hablar algo más que su lengua materna. Le quedaba pequeño ese conocimiento. Se perdía en un crisol de palabras distintas, a cada cual más extraña y atrayente. Quería decorar su habitación con todas aquellas diminutas partes de mundo, que, de una forma u otra, la transportaban a diversos lugares.

Una góndola en Venecia, transportándola hacia abajo, junto a un hombre cuyo rostro se oculta entre sombras. Un viaje a través de la selva amazónica, bajo enormes árboles, rodeada de vegetación, y sintiendo la lluvia torrencial cubriéndolo todo. Un antiguo castillo medieval, aún en buenas condiciones, donde se hospeda en una habitación sin luz eléctrica, alumbrada solo por velas y faroles, en medio de un denso bosque. Una estancia amena en la vereda de un río, viendo una trepidante cascada en las cercanías, y las hojas otoñales de los árboles cayendo a su alrededor. Un paseo de la mano junto a un misterioso caballero en la orilla de una playa vírgen, observando la luna en la franja nocturna.

Todo aquello recorría sin necesidad de salir de su habitación, y no es cierto que hubiese inventado una máquina de teletransportación: las distintas palabras, de los más alejados lugares, ejercían esa fuerza sobrehumana.



http://youtu.be/PnCBST6_MhI

jueves, 19 de septiembre de 2013

Llamando a la puerta

- ¿Qué esperas encontrar aquí? ¿Por qué has venido?- Preguntó el guardián.
- No lo sé... Las palabras de este enorme lugar me atrajeron con una fuerza que no podía reprimir. Me cogieron de la mano y me trajeron aquí. Supongo que lo que busco es un lugar donde cobijar mi mente, un sitio donde poder sentirme abrazado frente a todos los peligros de ahí afuera.
- Podrás atravesar la puerta de entrada, pero no el resto. Te quedarás en el rellano.
El guardia se apartó y dejó que entrase dentro del inmenso castillo.
Allí, había otra puerta custodiada, pero no por un hombre, sino por una bestia.
- ¿Qué buscas aquí? El acceso está vedado para aquellos que vagan errantes por este mundo.
- Aún lo desconozco... El agradable cantar que despedían las notas de este rincón del universo me hicieron venir aquí casi de forma inconsciente. Creo que lo que busco es poder escuchar esas melodías, y dejar que invadan mi cabeza y mi alma.
- Podrás pasar, pero solo se te dejará entrar a las habitaciones secundarias.


 Continué avanzando, y, tal como me había dicho el último centinela, solo podía entrar a habitaciones pequeñas y sin mucha complejidad. Hasta que llegué a otra puerta, esta guardada por dos gigantes, al final de una enorme sala de baile, coronada por una enorme lámpara. Al llegar allí, surgieron los improvistos de antaño.
- ¿Quién eres? ¿Qué deseas de este lugar? El camino está cerrado para aquellos que buscan lo que no les pertenece.
- Mi nombre... Poco importa. Pero, a decir verdad, no sé por qué he llegado aquí. Imagino que fueron los agradables paisajes y las hermosas flores que crecían por este lugar, todo ese colorido y esa explosión de armonías visuales deben ser las que me han traído de cabeza a este magnífico edificio.
- De acuerdo, pasa.- Respondieron mientras me dejaban paso.

Entré en una habitación plenamente iluminada, y allí había una chica, con un libro cerrado en sus manos. Al notar mi presencia, alzó la mirada.
- ¿Qué haces aquí? ¿Qué esperas encontrar en este rincón del mundo?
- Cuando llegué a este palacio no lo sabía muy bien. Al principio creía que era por las palabras, luego, que era por el sonido que emanaba, después opiné que sería por lo que había visto. Pero ahora que he llegado hasta aquí, puedo decir casi con toda seguridad que no vine por nada de eso. Entré en este palacio porque quise formar parte de ese libro que guardas entre tus manos, porque este mundo no es otro que el de tu mente, y yo no quiero ser un intruso, sino parte de estas habitaciones, y parte de esas hojas. ¿Me dejas pasar?


http://youtu.be/J9IYkgstMEM