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martes, 26 de mayo de 2015

La ciudad de las sombras

Las viejas ramificaciones se unen con las nuevas, dentro del árbol milenario de la ciudad. Las sombras se esconden entre los pulmones de la vida, y todo viajero sabe que puede ser atraído por el afilado corte de la curiosidad. No sabes qué hay en cada portal, en cada esquina, cuando tus pasos te llevan a lo antiguo.

¿Qué se esconde tras las máscaras de la gente? Ellos también respiran la oscuridad de la ciudad. Algunos conocen bien por dónde se mueven los monstruos y prefieren evitarlos. Otros, en cambio, se unen a ellos para aumentar las legiones. El humo de las tinieblas puede deslizarse por el gaznate, entrar en las venas diluido en sangre, o meterse por la nariz, carcomiendo el tabique con su mala praxis.
Todo visitante es atraído por la falsa luz atractiva de los neones, que indican el camino hacia el negro palacio de la noche. Claro que, todo tiene un precio. Nada es gratis en la cuna del placer.

Intrincados callejones hacia la locura, nuevas experiencias, donde los museos de lo cotidiano cambian de exposición conforme pasan las horas. Los templos de los abstemios solo se llenan una vez, durante el día, hasta que los cubren las alas de la bruma, la niebla de los sentidos, los jinetes tenebrosos. Los cuadros de la gente se difuminan, y se confunden, surreales, extraños, obras de Monet en la distancia. Ser parte o no de la ciudad, te preguntarás. Fundirse con los muros, las pisadas uniformes del espectro que lo controla todo. O correr persiguiendo la salvación, en contra de los designios del corazón, que domina los cerebros de la gente que entra en su circulación.

Si me preguntas a mí, no sé qué decirte. Si me preguntas a mí, puede que no sepa la respuesta. Porque nunca traspasé la línea que separa la ciudad de mis pies.

viernes, 13 de marzo de 2015

El desahucio

Escucho las risas afuera, rumores sordos de la calle. No sé qué hacer. El Parkinson domina mis manos, y no me gusta el sabor de la atmósfera.
Un vaso de agua en la mesa, con la pastilla lista. "No sabe mal, un regusto a almendras, y listos". Eso fue lo que dijo, y se marchó. Que se joda. No pienso tomarme eso, antes se lo doy a los peces.

Me sostengo como puedo con la garrota y me tomo las medicinas. No hacen mucho, pero da igual. Me aclaran la mente. Excepto cuando veo a Naranjito por la tele. O a cualquier otro. La bilis me sube por la garganta y me dan ganas de darles a ellos el cianuro. Que se jodan. No me voy a ir. Antes muerto. ¿Adónde voy a ir? Apenas puedo andar, y no puedo hacer nada con las manos. Y, aunque pudiera, no tengo fuerzas ya. Soy un inútil, pero se supone que me he ganado esto. El estar aquí sin hacer nada, sentado, leyendo a Schopenhauer aunque se me canse la vista, y cada vez la tenga peor. No pienso dejar que me echen. Esta es mi casa. Se les llena la boca diciendo mentiras, y mientras tengan ahítos sus bolsillos, les da igual lo demás.

Las lágrimas me arrasan la cara. No sé qué puedo hacer. La carta en la mesa. En dos horas la policía estará en la casa. Que me perdonen por esto. Cojo la cápsula de ácido y me la meto en la boca. Bebo agua. Me siento en la silla. Abro el libro, y leo: "Nuestro mundo civilizado no es más que una mascarada donde se encuentran caballeros, curas, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos, pero no son lo que representan, sino solo la máscara, bajo la cual, por regla general, se esconden especuladores de dinero".

Espasmos, sacudidas, temblores, y, al fin, la calma. El libro cae al suelo. La televisión puesta. Una hora para la irrupción del caos.

Que se jodan.

Para Juanra.


Palabras clave: Ácido cianhídrico, Schopenhauer, Naranjito.

lunes, 2 de marzo de 2015

Sonrisas

Un pájaro carpintero ha hecho un nido sobre hilos negros, buscando comida y picoteando a un solo gusano. El zepelín se estrella, no puede más. El oxígeno prendió la llama. Un salto, luego otro. No sé adonde caigo, pero no hay nada más aquí. La tierra no se puede comer, pero no está mal una vez te acostumbras a probarla. Ya lo ves, el silencio puede destrozar los tímpanos y la energía. Todo alrededor tiembla, y recibe tus balas sin decir nada, sin rechistar. Se comprende. O quizá no, y entonces se vuelve un bucle en el que la bicicleta gira pero no avanza. Nada claro en el brillo de las espadas. Solo impotencia, la de ser un gigante con pies de barro, donde los ecos del vacío se expanden más poderosos que nunca.

Perdí la mitad de mi cara en la guerra de las cenizas, y la máscara, la mascara es lo que dibuja una sonrisa completa libre del horror.

lunes, 23 de febrero de 2015

Signal fire

Hoy alguien me lanzó una botella de oxígeno. No sé si por casualidad, o inducido por señales. El caso es, que vuelvo a respirar. No sé si bien, porque el fuego atravesó mis pulmones. Puede ser que esté en un desierto y solo vea espejismos donde yo creo ver una realidad. Es posible que alguien salve el día, o que la grieta de la suerte me devore hacia las entrañas de la oscuridad. No lo sé. Me quité la máscara, ya lo ves, pero eso puede hacer que tus manos desgarren mis ojos. Es lo que tiene la vulnerabilidad.

Me quedé descalzo, de pie. Puedes arrancarme la piel, también. Mis soldados tienen muchos pies, pero ningún arma. Ya dispararon sus flechas.
Ya lo ves, las luces del alma me hicieron respirar, lo que no sé, es por cuánto tiempo.

http://youtu.be/11KD3gN6Bus

domingo, 22 de diciembre de 2013

Saltar

Es cierto eso de que la mejor máscara es la que te hace creer que es una cara de verdad. Y hacer un juego de malabares parece ser mi estilo, pero tú también tienes magia negra en tus manos, y también sabes esconderte detrás de un halo de aparente. Y si me vuelvo un fantasma, que sea aquel que recita cuentos al oído, junto a tu lado de la cama. Vamos a saltar a la piscina, y en el aire sentiremos el hormigueo de la vida fluyendo por nuestros cuerpos. Y las flores de los jardines se abrirán para nosotros, será primavera en los corazones, aunque ya haya llegado el frío invierno. Y si las tinieblas te atrapan, no te duermas con ellas, no te quedes sentada en la silla de los horrores, haz que brille la habitación con tu sonrisa. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

Cerrado por quiebra

Ya saben ustedes que todo esto no es más que una obra de teatro. Caótica, desordenada, fuera de control. Y que, como todo, necesita de alguien más aparte de la persona que se empeña en aporrear a las letras para que salgan en orden. Solo se necesita de una persona para mantener viva la función. Ya sé que pensarán que si fuera así, esto sería algo parecido a un ruinoso negocio. "Cerrado por quiebra" sería lo que esperarían encontrar si alguna vez pasasen por delante de este sitio. Pero esto no es un negocio, así que, usted, que lee esto, no es un número. Yo no sé quién es, cierto. Y, a pesar de ello, podría ponerle cara. No un rostro normal. Quizá solo sea un libro colocado en la cabeza. O una palabra expresando su estado de ánimo. Tal vez incluso podría colocarle una máscara si se siente incómodo sin la forma natural de su cabeza.

Y, dado que esto no es una empresa con ánimo de lucro, quizá debería salir a bolsa. Una bolsa con un formato tan especial, que no tendrían que comprar o vender acciones. Sino crear y cambiar palabras, emociones. Nadie pierde. Todos ganan.



sábado, 9 de noviembre de 2013

El desconocido

La noche nace en espejos de luto.
Sombríos ramos húmedos
ciñen su pecho y su cintura,
su cuerpo azul, infinito y tangible.
No la puebla el silencio: rumores silenciosos,
peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen.
La noche es verde, vasta y silenciosa.
La noche es morada y azul.
Es de fuego y es de agua.
La noche es de mármol negro y de humo.
En sus hombros nace un río que se curva,
una silenciosa cascada de plumas negras.

La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas.
Todo se funde en ese beso,
todo arde en esos labios sin límites,
y el nombre y la memoria
son un poco de ceniza y olvido
en esa entraña que sueña.

Noche, dulce fiera,
boca de sueño, ojos de llama fija y ávida,
océano,
extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras,
indefensa y voraz como el amor,
detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo,
río de terciopelo y ceguera,
respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona:
el desdichado, el hueco,
el que lleva por máscara su rostro,
cruza tus soledades, a solas con su alma.

Tu silencio lo llama,
rozan su piel tus alas negras,
donde late el olvido sin fronteras,
mas él cierra los poros de su alma
al infinito que lo tienta,
ensimismado en su árida pelea.

Nadie lo sigue, nadie lo acompaña.
En su boca elocuente la mentira se anida,
su corazón está poblado de fantasmas
y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho.
Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma.
Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas,
sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia,
el muro del perdón o de la muerte.
Pero su corazón aún abre las alas
como un águila roja en el desierto.

Suenan las flautas de la noche.
El mundo duerme y canta.
Canta dormido el mar;
ojo que tiembla absorto,
el cielo es un espejo donde el mundo se contempla,
lecho de transparencia para su desnudez.

Él marcha solo, infatigable,
encarcelado en su infinito,
como un solitario pensamiento,
como un fantasma que buscara un cuerpo.


Octavio Paz.

viernes, 4 de octubre de 2013

La pianista

Un fantasma comienza a tocar las teclas de un piano. El fantasma llora, y el instrumento desafina cuando cae una lágrima sobre la cubierta. Lejos de sonar mal, desgarra el alma ver la escalofriante escena.
Fuera, en la calle, hace un espléndido sol, las risas de los niños jugando se propagan por todos sitios, las cigarras dan su recital, monótono, pero agradable. Hasta el viento se las ingenia para ser suave y fresco, en consonancia con los demás elementos.

Pero allí dentro el ambiente era oscuro, nublado. Los muñecos de peluche que se encontraban en la cama comenzaron a moverse al sentir la voz de aquella dama conjuntarse con las notas del piano. Trepaban sobre sus hombros y secaban las gotas de agua que resbalaban sobre las mejillas de la mujer.

Entonces la melodía cambió, y el piano dejó de desentonar. Lentamente, parsimoniosamente, la atmósfera se vuelve menos lúgubre, y el timbre triste que emanaba de su garganta comienza a animarse. No cesa de llorar, es cierto, pero ahora es de felicidad. Mientras que fuera las nubes lo van llenando todo de oscuridad, dentro de la habitación va luciendo el sol.

Y es que, las palabras que aquella alma destrozada dibujaba en el aire, terminaron por transformar a los muñecos en una persona de carne y hueso, de modo que, cuando volvieron a secarle las lágrimas, no sintió el contacto blando del peluche, sino la calidez de unas manos que parecían decirle, mientras la abrazaban por detrás: Si vas a llevar una máscara, ponte la misma que yo, para que nuestros ojos sean los mismos al mirarnos, cristales transparentes donde para el resto solo hay interpretaciones opacas.

http://youtu.be/WxsRjv5EU9o

viernes, 13 de septiembre de 2013

La tuya es una máscara que muta cuando más lo espero, y también al contrario. Solo los ojos de un bufón aparecen en los tuyos, y ríes, y ríes, pero las barreras se alzan, incluso cuando yo creo haberlas superado.

Y es que la función acaba de empezar, en este extravagante circo, donde la princesa juega de maravilla al fútbol, y el payaso se desvive por la lectura. Y no hay dragones ni príncipes, los devoró el agujero negro de la traición, en un viejo tiovivo abandonado. Y la princesa ríe, pero haciendo una mueca; y el payaso juega, sabiendo que su apuesta es a todo o nada, con unas cartas malas en su mano, y el horror deslizándose tras la sonrisa del dealer. Y yo ya no sé si cambiar de mano o tirar los dados. Y yo ya no sé si quererte a voces o en silencio...

http://youtu.be/PaUI6Tvd1sA

"Car san rire c'est plus facile de rëver à ce qu'on ne pourra, jamais plus toucher"