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sábado, 14 de marzo de 2015

Da igual

En la diana de mis ojos apagados te entretienes en lanzarme dardos. Da igual, ya no me sirven. Quédatelos si quieres, juega con ellos hasta desangrarlos, nunca se saldrán de sus órbitas. Los perdí cuando me jugué contigo mis manos. No debí hacerlo, bien cierto es. Ahora no puedo controlar nada. Todo aquí adentro es tuyo, pues es con mis dedos con lo único que consigo expandir mi mundo.

Da igual, te los has ganado. No pude evitar apostar que, al contacto con mis dedos, tu piel se levantaría con la brisa del norte. Qué equivocado estaba. Ni siquiera un suspiro, solo quietud, esperanzas muertas. Cuervos llevándose las pocas emociones brillantes que aún guardaba. Da igual, ahora no sé lo que soy. Espero que puedas manejar mi cuerpo con tus hilos color burdeos. No sé si la niebla se despejará, ni si tú harás algo más que mirarme desde tu trono de lo desconocido.

No importa, aunque no la veas, te gusta el olor dulzón de la sangre. Aunque no sepas que se derrama, e insistas en llenarme las maletas de esperanzas. Pesan demasiado, y no creo poder cargarlas, aún así, mis manos son tuyas, y llevaré cualquier cosa. Pero luego no me hagas abrirlas para tirar el contenido por el suelo.

Porque eso, querida, eso no me da igual.

Para María del Mar.

Palabras clave: Dardos, cuervos, maletas.

martes, 10 de marzo de 2015

La última batalla

Vengo de un limbo lejano en el espacio, donde la ruleta siempre gira y nunca se detiene. No conozco mi suerte, aunque apueste hasta la saciedad por la misma mente. Nunca combatí de frente, agazapado en los parapetos de las palabras, aprendí a esquivar los obuses que pasaban entre áreas y áreas de kilómetros. Daré el paso, libraré mi única batalla de verdad entre cuervos ansiosos por picotearme la cara y arrancarme la piel de mis manos.

Ya no podré escudarme en nada. Extenderé mis brazos y me mostraré ante ti, experto francotirador. No duraré ni un asalto si decides matarme, pues demasiado he visto ya aquí, desde mi escondite, como para seguir luchando en una derrota interminable.

Y no, no esperes rendición si no aprietas el gatillo, pues aunque la carne hieda, y el dolor consuma, y la metralla desgarre la piel, y la sangre se vierta, deseosa de escapar, yo seguiré caminando hasta donde brillan tus ojos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Mensajes

Cuervos mensajeros cruzan el cielo de horiente. Nadie sabe adonde van, ni qué palabras llevan. Hay quien dice que se dirigen hacia un gran castillo de enormes murallas, fuerte vigilancia, y fosos enormes. Otros mencionan que llevan cartas a soldados rebeldes más allá de Gaal, y que el contenido es muy valioso. Unos pocos aventuran que podrían ser simples mensajes para gentes simples.

Pero lo que no saben es que esos cuervos van directos hacia un muro de piedra infinito que los engulle y hace desaparecer cualquier vestigio de comunicación. ¿No han sentido alguna vez el eco? Pues al otro lado de la barrera, alguien desconoce que cada día, una legión de cuervos cruza el cielo para establecer contacto con ella.

http://youtu.be/TKRGwO6JAHQ



jueves, 31 de octubre de 2013

Northumbria

Volvió. Se acercó desde los árboles, pisando lentamente el musgo del bosque.  Esbozó una sonrisa y se quedó allí, mirándome, como un animal asustado que se ve reflejado en los ojos de un depredador. Llevaba un vestido blanco desarraigado, y el pelo se movía junto con el viento, desordenado, como varias madejas de hilo esparcidas al azar.

-¿Dónde has estado?-Alcancé a preguntar.
-He estado viajando.-Susurró.
-¿A qué lugares?
-Estuve en la Sima de la Libélula. Allí dentro, de noche, el viento hace un ruido potente, y martillea la cabeza, causando un dolor constante. Y, al mirar al fondo, aparecían luces cegadoras que anulaban los sentidos.
Cuando me marché de ahí, visité la Laguna Profunda. Una y otra vez sonaban cánticos desde el fondo del agua, tristes melodías que me hacían llorar. Pasaba las noches sin dormir bien, y las ojeras se cebaban en mí cuando podían. A veces conseguía calmarme con las hierbas medicinales que crecían alrededor, pero no eran lo eficaces que me hubieran gustado.

Silencio. Se extienden como un manto los gritos de la mudez. Hasta que se rompe.

- ¿Por qué volviste? ¿No te gustó el viaje?
- No hice el viaje por gusto. Me perdí. Los cuervos rompieron todas las señales que me llevaban hasta aquí. No sé cómo te he vuelto a encontrar.

Se acercó más a mí, y le cubrí con el brazo. Era una imagen, cuanto menos, curiosa. Yo iba ataviado con ropa de color negra, para camuflarme en la noche; mientras que ella iba de blanco, para hacer que el mundo suspirase por ella.

- Te he echado de menos todo este tiempo, ¿sabes? El bosque se vuelve un tétrico escenario cuando viajas en solitario, y ni siquiera los lobos que amansabas con tu mirada me dejaban el camino libre en las horas más duras.- Murmuré.

- Yo me sentía extraña, como si un enorme monstruo saliera de mis entrañas y devorase la alegría durante lapsus de tiempo considerables. ¿Cómo pudieron cortarse las cuerdas de cristal?-Suspiró.

Nos tumbamos en el musgo, bajo los árboles, y juntamos nuestras cabezas. Cerramos los ojos y, mientras caigo en las redes del sueño, no puedo evitar pensar que, si tengo vivencias del subconsciente, y las tengo con ella, entonces, todo no es más que un sueño dentro de otro. Pero, al fin y al cabo, sigue siendo una sensación real.

 "Nuestros cuerpos son los países de este mundo y no las fronteras que aparecen en los mapas con los nombres de hombres poderosos"