Se ha roto el fino equilibrio que mantenía las mareas a salvo, ahora el agua lo inunda todo. Existen tsunamis creados por la apatía que derriban convicciones enteras. La esperanza, nadando en el barro, intentará ser la última superviviente de un naufragio mortal.
No existen refugios, y las palabras no envuelven como antes. Todo pierde su fuerza. Siempre pisando sin saber cuál es el camino. Se desgarran las emociones, y jamás existieron cicatrices. La humanidad camina, y yo me dejo caer sobre montañas de universos rotos, como mi cabeza.
Que venga la lluvia, que caiga la noche sobre mis ojos. Borré de mis ojos los colores del arcoiris y coloqué el sepia de las películas de terror. Así da menos miedo la realidad. Y sé que correrán las partículas a juntarse, pero yo nunca lo haré.
Temblores. A veces quisiera que fuese el frío, o una extraña enfermedad que me nubla los sentidos. Aunque no es otra cosa que la vida que habita tras estas manos. Lo que se escapa y que nunca tendré.
Unos dedos que entrelacen los míos.
https://youtu.be/w2mKRjPHUNg
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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jueves, 12 de mayo de 2016
sábado, 27 de febrero de 2016
Engranajes
Hace tiempo que no vuelo, y al despertar veo un amanecer formado por un sol falso, nacido de la pared. Un hombre que camina sobre una franja de tierra muy larga y estrecha, rodeado de agua que ondula cada vez que lanza sus recuerdos al fondo.
Desde la ventana tampoco aparece ningún signo de vida, y pareciera que lo artificial ha venido a ocupar los entresijos en esta existencia de papel y cartón.
Nos pasamos los días persiguiendo sueños, sin saber que las pesadillas también tienen los suyos propios: Hacer un nido en el cuerpo de alguien. Y no sirven las balas, ni el acero.
Ya dejé atrás aquellos proyectos que se alzaban, suntuosos, y me dedico a fabricar ventanas para los nostálgicos, cuatro tablas de madera y vistas al pasado. "Oh, no te preocupes por el dinero. Lo que tienes que darme no se fabrica con metal fundido en mentiras". Siempre es la misma historia. Algunos no lo soportan y se lanzan al otro lado, entre los maizales de sus mentes. Los pobres no saben que nunca fueron espantapájaros, y que los cuervos seguirán ahí, graznido tras graznido.
Y, a veces, lanzo alguna señal para ver si alguien responde, aunque lo normal es encontrarme con respuestas que se pierden en el eco. Ningún engranaje encaja, aunque el segundero no se para. He hecho muchas cosas, lo sé. Lo que ocurre es que, de vez en cuando, una mano que nunca he tocado viene a decirme que podría haber hecho otras.
Todo se derrumba.
https://youtu.be/tXHj_EW_JpQ
Desde la ventana tampoco aparece ningún signo de vida, y pareciera que lo artificial ha venido a ocupar los entresijos en esta existencia de papel y cartón.
Nos pasamos los días persiguiendo sueños, sin saber que las pesadillas también tienen los suyos propios: Hacer un nido en el cuerpo de alguien. Y no sirven las balas, ni el acero.
Ya dejé atrás aquellos proyectos que se alzaban, suntuosos, y me dedico a fabricar ventanas para los nostálgicos, cuatro tablas de madera y vistas al pasado. "Oh, no te preocupes por el dinero. Lo que tienes que darme no se fabrica con metal fundido en mentiras". Siempre es la misma historia. Algunos no lo soportan y se lanzan al otro lado, entre los maizales de sus mentes. Los pobres no saben que nunca fueron espantapájaros, y que los cuervos seguirán ahí, graznido tras graznido.
Y, a veces, lanzo alguna señal para ver si alguien responde, aunque lo normal es encontrarme con respuestas que se pierden en el eco. Ningún engranaje encaja, aunque el segundero no se para. He hecho muchas cosas, lo sé. Lo que ocurre es que, de vez en cuando, una mano que nunca he tocado viene a decirme que podría haber hecho otras.
Todo se derrumba.
https://youtu.be/tXHj_EW_JpQ
jueves, 27 de agosto de 2015
Viaje al centro de tu cuerpo
Quise coger un avión y visitar los entrañables rincones de
tu cuerpo. No pienses mal, es solo que el único paisaje que me gusta es el que
veo en tu cabeza, cubierta por esos hilos que, como flechas lanzadas al sol,
despuntan al alba. Cierto es que iría a cualquier selva, pero no hay ninguna
como la que guardas celosamente entre atolones que soportan las embestidas del
mar.
Las carreteras de tu piel son las más cuidadas, las que
permiten a los coches de mis manos ir veloces a cualquier parte. Puede ser que
encuentre alguna pequeña grieta, o algunos agujeros donde los vehículos caen al
vacío, más no debes preocuparte, pues se puede salir de ellos, a pesar de que
no sea fácil, dada la atracción gravitatoria que ejercen.
No me preguntes cuál es mi destino preferido, porque
entonces te arriesgas a que deje de ser un turista, y decida obtener la
nacionalidad que pueden ofrecerme tus húmedos parajes llenos de vida y belleza.
Microrrelato seleccionado en V concurso de narrativa "Viajes", de Letras con Arte.
Microrrelato seleccionado en V concurso de narrativa "Viajes", de Letras con Arte.
martes, 26 de mayo de 2015
La ciudad de las sombras
Las viejas ramificaciones se unen con
las nuevas, dentro del árbol milenario de la ciudad. Las sombras se
esconden entre los pulmones de la vida, y todo viajero sabe que puede
ser atraído por el afilado corte de la curiosidad. No sabes qué hay
en cada portal, en cada esquina, cuando tus pasos te llevan a lo
antiguo.
¿Qué se esconde tras las máscaras de
la gente? Ellos también respiran la oscuridad de la ciudad. Algunos
conocen bien por dónde se mueven los monstruos y prefieren
evitarlos. Otros, en cambio, se unen a ellos para aumentar las
legiones. El humo de las tinieblas puede deslizarse por el gaznate,
entrar en las venas diluido en sangre, o meterse por la nariz,
carcomiendo el tabique con su mala praxis.
Todo visitante es atraído por la falsa
luz atractiva de los neones, que indican el camino hacia el negro
palacio de la noche. Claro que, todo tiene un precio. Nada es gratis
en la cuna del placer.
Intrincados callejones hacia la locura,
nuevas experiencias, donde los museos de lo cotidiano cambian de
exposición conforme pasan las horas. Los templos de los abstemios
solo se llenan una vez, durante el día, hasta que los cubren las
alas de la bruma, la niebla de los sentidos, los jinetes tenebrosos.
Los cuadros de la gente se difuminan, y se confunden, surreales,
extraños, obras de Monet en la distancia. Ser parte o no de la
ciudad, te preguntarás. Fundirse con los muros, las pisadas
uniformes del espectro que lo controla todo. O correr persiguiendo la
salvación, en contra de los designios del corazón, que domina los cerebros
de la gente que entra en su circulación.
Si me preguntas a mí, no sé qué
decirte. Si me preguntas a mí, puede que no sepa la respuesta.
Porque nunca traspasé la línea que separa la ciudad de mis pies.
domingo, 17 de mayo de 2015
Monstruos
Él esperaba sentado a que alguien
fuese a llevárselo. Lo que no sabía era que nadie haría eso. Nunca
se había parado a sembrar nada, tan descuidado como era, y, aunque
la soledad vivía haciéndole compañía, se las apañaba y se
consolaba pensando que algún día llegaría una persona que lo
salvaría.
No le gustaba su entorno. Había
crecido aprendiendo a recluirse de aquello que no le gustaba. El día
a día. La ignorancia que rezumaba de las demás personas. Las
burlas, los dedos acusadores sobre el fantasma extraño que
representaba. Un golpe invisible tras otro, junto a algunos de
verdad, habían hecho de él la persona que era. Quizá no era
especial, es cierto, pero aprendió a valorar los pequeños gestos,
las palabras amables y las sonrisas sinceras. Aprendió a valorar
aquello que escaseaba entre los laberintos de la calle.
Encontró las manos amigas entre hojas
de papel manchadas de tinta, los ojos que no apuñalan, y la burla
que no destroza, se quedaron entre las esquinas de la mente.
¿Cómo puede quejarse la voz colectiva
de su reclusión entre las plácidas cárceles del conocimiento,
cuando fueron los hijos bastardos del odio y el rencor los que
apedrearon su frágil escudo?
¿Cómo puede quejarse si aquello que
resulta diferente es presionado hasta la destrucción? Quizá con la
salvedad de que si vuelve al redil se le protegerá de las
dentelladas de las ovejas blancas.
Y ahora, cada vez que intenta crear una
relación productiva, le tiemblan las manos al sujetar la regadera.
Porque la realidad duele. La realidad asusta. Porque los monstruos de
verdad no son ficticios.
Te saludan por la calle.
jueves, 7 de mayo de 2015
Casualidades y causalidades
Todos buscamos nuestro lugar en aquello que nos rodea. Ser partícipes de forma activa, adquirir un segundo plano, ser un mecanismo apenas relevante y habitual (como el que adquiere la gente que ves pasar por la calle), etc.
El caso es que ha surgido una cara en mí que siempre uno guarda, que se activa en momentos extraños, quizá especiales. Se sentó al lado una desconocida, que, no era atractiva en el sentido rígido de la palabra, sino que guardaba esa belleza reservada a la aparente inocencia, un halo de curiosas características, que hacía difícil ignorar su presencia.
En el espacio de una hora nos limitamos a permanecer callados, haciendo nuestras cosas, si bien, de vez en cuando la mirada se desviaba. Quizá era inevitable, pues había algo que se salía de lo normal en todo aquello.
Pasaron muchas cosas. Una de ellas fue que, decidí que ese episodio no iba a engrosar una larga lista de casualidades abandonadas, y, la segunda, era la idea de que, al igual que se pueden controlar a los personajes que creamos, también podemos controlar nosotros la situación. Es cierto que se limita solo a la nuestra, pero es muy importante ese hecho.
Fue entonces, y solo entonces, cuando, al romper la barrera del silencio, se estableció un vínculo espontáneo. Pero ya no era una casualidad, sino una causalidad. Ya no era un mecanismo secundario. Decidí hacer de la historia un papel relevante.
Y, al menos, puedo decir que empezó bien.
El caso es que ha surgido una cara en mí que siempre uno guarda, que se activa en momentos extraños, quizá especiales. Se sentó al lado una desconocida, que, no era atractiva en el sentido rígido de la palabra, sino que guardaba esa belleza reservada a la aparente inocencia, un halo de curiosas características, que hacía difícil ignorar su presencia.
En el espacio de una hora nos limitamos a permanecer callados, haciendo nuestras cosas, si bien, de vez en cuando la mirada se desviaba. Quizá era inevitable, pues había algo que se salía de lo normal en todo aquello.
Pasaron muchas cosas. Una de ellas fue que, decidí que ese episodio no iba a engrosar una larga lista de casualidades abandonadas, y, la segunda, era la idea de que, al igual que se pueden controlar a los personajes que creamos, también podemos controlar nosotros la situación. Es cierto que se limita solo a la nuestra, pero es muy importante ese hecho.
Fue entonces, y solo entonces, cuando, al romper la barrera del silencio, se estableció un vínculo espontáneo. Pero ya no era una casualidad, sino una causalidad. Ya no era un mecanismo secundario. Decidí hacer de la historia un papel relevante.
Y, al menos, puedo decir que empezó bien.
jueves, 23 de abril de 2015
Día del libro
He crecido con los libros. Ya desde pequeño me gustaban, y aún recuerdo historias de "El barco de vapor", una colección de libros rojos que podías conseguir con El círculo de lectores. Si bien es cierto que yo, exceptuando esta etapa de mi vida, nunca he tenido muchos libros. La mayoría los he descubierto en la biblioteca municipal, y, también, en la del colegio.
Puedo decir que una de las actividades a la que más tiempo le he dedicado ha sido a leer, aunque es verdad que no he tenido mucho interés en los llamados "clásicos", más que nada porque no tuve ninguna orientación en ese ámbito, y estos suelen ser de portadas sobrias (al menos allí, en la biblioteca), cosa que, como entenderán, a un adolescente o a un niño, no les atraerá demasiado.
La razón por la que escribo esto no es otra que la de darle las gracias a aquel niño pequeño, que, al igual que hoy, tenía esa pasión por la lectura, aún cuando todo lo que le rodeaba ejercía otra misión en el mundo, y no compartía ese hobby. Numerosas fueron las veces en las que me encontraba solo, viviendo en el libro, y ajeno al balón, que, a pesar de practicar deporte, no tenía el mismo interés por él que el resto.
Cierto es que eso me ha valido en muchas ocasiones de ser tildado como una persona extraña, recluida, pero nunca me he sentido solo. Ese vacío que existía (y aún existe en parte) en la sociedad que nunca supo aceptar lo diferente con respeto, lo llenaron los libros, y lo que en ellos había.
Me he perdido muchas cosas, estoy seguro, porque mirando con perspectiva, mi vida en su conjunto no ha sido, ni es, en gran medida, como la de los demás. Y no importa. Porque sé que ellos también se han perdido algo.
Las vidas que se quedaron encerradas en el papel y la tinta.
https://youtu.be/NqWcpEZ3GY0
Puedo decir que una de las actividades a la que más tiempo le he dedicado ha sido a leer, aunque es verdad que no he tenido mucho interés en los llamados "clásicos", más que nada porque no tuve ninguna orientación en ese ámbito, y estos suelen ser de portadas sobrias (al menos allí, en la biblioteca), cosa que, como entenderán, a un adolescente o a un niño, no les atraerá demasiado.
La razón por la que escribo esto no es otra que la de darle las gracias a aquel niño pequeño, que, al igual que hoy, tenía esa pasión por la lectura, aún cuando todo lo que le rodeaba ejercía otra misión en el mundo, y no compartía ese hobby. Numerosas fueron las veces en las que me encontraba solo, viviendo en el libro, y ajeno al balón, que, a pesar de practicar deporte, no tenía el mismo interés por él que el resto.
Cierto es que eso me ha valido en muchas ocasiones de ser tildado como una persona extraña, recluida, pero nunca me he sentido solo. Ese vacío que existía (y aún existe en parte) en la sociedad que nunca supo aceptar lo diferente con respeto, lo llenaron los libros, y lo que en ellos había.
Me he perdido muchas cosas, estoy seguro, porque mirando con perspectiva, mi vida en su conjunto no ha sido, ni es, en gran medida, como la de los demás. Y no importa. Porque sé que ellos también se han perdido algo.
Las vidas que se quedaron encerradas en el papel y la tinta.
https://youtu.be/NqWcpEZ3GY0
miércoles, 22 de abril de 2015
Piezas
Hasta que no se descomponen todas las piezas que se han ido formando en este puzzle pintoresco, no se puede volver a formar nada. Perdí mi camino entre las flautas de la alegría y me olvidé de la mano que apresa la garganta, hasta que fue tarde.
No se preocupe si no puede hacer que todas las partes encajen, formando un único escenario en el horizonte. Son necesarias las piezas solitarias, imposibles de encajar, y que aparentemente no nos sirven. Son necesarias porque en algún momento serán un resorte que una las próximas que iremos encontrando. Y, si aún así se vuelven inútiles, es preciso recordar que forman parte de lo que conoces, y permanecerán ahí, a pesar de todo.
No lo verás nunca terminado, incluso si vas completando las esquinas y diversas partes centrales. La razón de esto es que los secretos existen, y las aristas y cavidades no siempre son lo que aparentan, volubles ellas en el tiempo, desconfigurando la apariencia de orden. No pasa nada. Tú también eres una de esas piezas, aunque seas la mano que mueve el resto, a pesar de que habrá algunas que nunca podrás cambiar de lugar, esto son, figuras poderosas que influyen en tu vida de una forma en la que tú no podrás solo.
No pasa nada. Elige bien qué piezas poner y quitar, y cuáles de ellas cambiar de lugar. Y, sobre todo, dale forma a la tuya, porque, obviamente, tú también deberás entrar en ese enorme tablero.
No se preocupe si no puede hacer que todas las partes encajen, formando un único escenario en el horizonte. Son necesarias las piezas solitarias, imposibles de encajar, y que aparentemente no nos sirven. Son necesarias porque en algún momento serán un resorte que una las próximas que iremos encontrando. Y, si aún así se vuelven inútiles, es preciso recordar que forman parte de lo que conoces, y permanecerán ahí, a pesar de todo.
No lo verás nunca terminado, incluso si vas completando las esquinas y diversas partes centrales. La razón de esto es que los secretos existen, y las aristas y cavidades no siempre son lo que aparentan, volubles ellas en el tiempo, desconfigurando la apariencia de orden. No pasa nada. Tú también eres una de esas piezas, aunque seas la mano que mueve el resto, a pesar de que habrá algunas que nunca podrás cambiar de lugar, esto son, figuras poderosas que influyen en tu vida de una forma en la que tú no podrás solo.
No pasa nada. Elige bien qué piezas poner y quitar, y cuáles de ellas cambiar de lugar. Y, sobre todo, dale forma a la tuya, porque, obviamente, tú también deberás entrar en ese enorme tablero.
domingo, 12 de abril de 2015
Locura
El odio es un chute de energía que inyecta en sangre los ojos, y bloquea cualquier cosa que se pueda pensar. Igual que un borracho, el que vive con el odio, está incapacitado para reflexionar. Solo lo mueve un afán de destrucción hacia lo odiado, y en ese camino, no importará morir matando.
Así pensaba Martín, sentado en la ribera del río, mientras observaba las tranquilas aguas que de vez en cuando arrastraban basura. A él se le hacía raro eso de odiar a alguien, aunque intentaba comprenderlo.
Todo su ser emanaba amor. Hacia la naturaleza, por eso se sentía triste al ver pasar ante su mirada una bolsa de plástico o una compresa. Hacia las personas, por eso aguantaba hasta al macarra que se metía con él todos los días, ya que la forma más intensa de la ignorancia es el uso de la fuerza contra el más débil, lo compadecía, y le dejaba hacer.
También amaba la inculturalidad que apresaba a la gente que veía, pues cada uno es dueño de sus actos, y esos pasos los habían tomado ellos, a costa de un pensamiento crítico. Y, por supuesto, amaba la soledad a la que le habían relegado por ser distinto, pues todos eligen a las personas con las que andar en la vida, y respetaba que él no fuese una de ellas.
Lo que Martín no sabía, era que, su forma de pensar, era, sin duda la de un loco. Por sus venas corría la locura a todo tren, y, al igual que el odio, ejercía sobre él esa particular característica de impedir otro pensamiento ajeno.
No respiraba la locura por sus hechos, sino porque por su cabeza pasó el férreo convencimiento de que las cosas están bien así, y hay que amarlas y respetarlas tal y como son.
Martín, a pesar de encontrarse en medio de aquella incertidumbre, alejado de todo y de todos, no quería esforzarse por cambiar nada. Era igual que el río en el que depositaban la basura. El río tiene excusa porque no es un ente pensante, pero Martín no. Él aceptaba todo tal y como venía.
Y eso, eso sí que es una locura.
Para Mary
Palabras clave: Amor, odio, locura.
Así pensaba Martín, sentado en la ribera del río, mientras observaba las tranquilas aguas que de vez en cuando arrastraban basura. A él se le hacía raro eso de odiar a alguien, aunque intentaba comprenderlo.
Todo su ser emanaba amor. Hacia la naturaleza, por eso se sentía triste al ver pasar ante su mirada una bolsa de plástico o una compresa. Hacia las personas, por eso aguantaba hasta al macarra que se metía con él todos los días, ya que la forma más intensa de la ignorancia es el uso de la fuerza contra el más débil, lo compadecía, y le dejaba hacer.
También amaba la inculturalidad que apresaba a la gente que veía, pues cada uno es dueño de sus actos, y esos pasos los habían tomado ellos, a costa de un pensamiento crítico. Y, por supuesto, amaba la soledad a la que le habían relegado por ser distinto, pues todos eligen a las personas con las que andar en la vida, y respetaba que él no fuese una de ellas.
Lo que Martín no sabía, era que, su forma de pensar, era, sin duda la de un loco. Por sus venas corría la locura a todo tren, y, al igual que el odio, ejercía sobre él esa particular característica de impedir otro pensamiento ajeno.
No respiraba la locura por sus hechos, sino porque por su cabeza pasó el férreo convencimiento de que las cosas están bien así, y hay que amarlas y respetarlas tal y como son.
Martín, a pesar de encontrarse en medio de aquella incertidumbre, alejado de todo y de todos, no quería esforzarse por cambiar nada. Era igual que el río en el que depositaban la basura. El río tiene excusa porque no es un ente pensante, pero Martín no. Él aceptaba todo tal y como venía.
Y eso, eso sí que es una locura.
Para Mary
Palabras clave: Amor, odio, locura.
domingo, 29 de marzo de 2015
Nuevos horizontes
Los viejos fantasmas nunca se fueron, permanecieron ahí, emitiendo una débil musiquilla, inútil pero constante, hasta el día en que yo volviera la vista atrás y decidiera echar una mirada de reojo.
Caras conocidas, solo una gota de conocimiento resbala por sus rostros, y, aún así, se giran y me observan, con la curiosidad del que abre una caja envuelta en papel de regalo. Porque es que soy una incógnita en el horizonte, donde solo los rumores y las especulaciones pueden escribir mi vida y mis aventuras.
No cambiarán muchas cosas. Yo seguiré siendo el mismo, tan voluble, y tan aferrado a permanecer a la vez. Una breve sombra de lo que alguna vez fuí, fuertes las raíces sobre mis pies. Estar, y no estar.
El murmullo que emiten las olas. Insignificante, tranquilo, y persistente. Persiguiendo a un público dormido.
Caras conocidas, solo una gota de conocimiento resbala por sus rostros, y, aún así, se giran y me observan, con la curiosidad del que abre una caja envuelta en papel de regalo. Porque es que soy una incógnita en el horizonte, donde solo los rumores y las especulaciones pueden escribir mi vida y mis aventuras.
No cambiarán muchas cosas. Yo seguiré siendo el mismo, tan voluble, y tan aferrado a permanecer a la vez. Una breve sombra de lo que alguna vez fuí, fuertes las raíces sobre mis pies. Estar, y no estar.
El murmullo que emiten las olas. Insignificante, tranquilo, y persistente. Persiguiendo a un público dormido.
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sábado, 28 de marzo de 2015
Papá, ven, siéntate, hoy voy a hablarte de las drogas
Puede parecer una tontería, pero no lo es. A día de hoy sabe más el muchacho de 14 años sobre drogas que el padre. No porque sea un estudioso sobre el tema, sino porque ya las catado. Ya no se limita al alcohol y a los cigarrillos. No voy a entrar en temas moralistas sobre lo que es malo y lo que no, aunque yo repudie la droga o el tabaco. Lo que sí entra a reflexión, es, la edad a la que se empieza a tener contacto con eso. Porque es que hay gente con 18 años, que tiene la misma complejidad mental que el mecanismo de un bastón. Y si ya con 14, 15, o 16 te metes mierd*, las posibilidades de salir de esas cosas en un futuro se reducen bastante. Y repito, me da igual lo que cada uno haga consigo mismo mientras no perjudique al resto, aunque seáis poco originales y recurráis a ello para haceros los guays, de verdad.
Pero estaréis de acuerdo conmigo en que hay unas fases en la vida, no sé, me parece muy pronto que a esa edad ya nos introduzcamos en ese mundo con tal de querer ser "mayores", aunque a lo mejor a mí me lo parece así porque yo con esa edad lo más parecido a querer ser mayor que tenía, era ver películas salidas de tono.
Creo que hay un momento para cada cosa, y cosas para cada momento, valga la redundancia. Y no, no eres mayor por meterte una raya, igual que no lo eres al no hacerlo. Aunque lo mismo si no te la metes, la cabeza sí la tienes un poco más lúcida. Digo yo.
El problema de fondo, es, también, que no sabes lo que lleva eso. Dentro de lo que cabe, el alcohol, el tabaco o la marihuana, son más respetuosos, pero el polvillo o la droga de diseño que catas no sabes lo que contiene. La cocaína se corta y se le meten otras cosas, aunque pura sea ya de por sí un batiburrillo de basura y gasolina. ¿Cómo no te va a dar el colocón? ¿Cómo no te va a dejar tonto perdido?
Hay cosas que nunca entenderé y otras que preferería no saber, y ser un perfecto idiota. Muchas veces me gustaría, de verdad. No tener que bajar a las cloacas del mundo, que no se alejan de la calle que cruza tu casa, me encantaría. No comprendo las cosas que pasan, y se escapan a mi control, tal vez sea yo el que esté mal de la cabeza y por eso me quedo cuajado con lo que voy viendo cada día, no sé.
Es cierto que la vida es hermosa, hasta que te cuenta sus secretos. Un saludo y gracias por aguantar mis pataletas. Abajo del todo me despido con mis drogas, de las que ya no podré salir nunca, y que me hacen ver todo tipo de mundos y de personas. Buenos días.
"La coca la consume quien ahora está sentado a tu lado en el tren y la ha tomado para despertarse esta mañana, o el conductor que está al volante del autobús que te lleva a casa porque quiere hacer horas extra sin sentir calambres en las cervicales. Consume coca quien está más próximo a ti." - Roberto Saviano. (Extracto introducción de su libro Cero cero cero".)
https://youtu.be/Ssf_0IcRzU0
Pero estaréis de acuerdo conmigo en que hay unas fases en la vida, no sé, me parece muy pronto que a esa edad ya nos introduzcamos en ese mundo con tal de querer ser "mayores", aunque a lo mejor a mí me lo parece así porque yo con esa edad lo más parecido a querer ser mayor que tenía, era ver películas salidas de tono.
Creo que hay un momento para cada cosa, y cosas para cada momento, valga la redundancia. Y no, no eres mayor por meterte una raya, igual que no lo eres al no hacerlo. Aunque lo mismo si no te la metes, la cabeza sí la tienes un poco más lúcida. Digo yo.
El problema de fondo, es, también, que no sabes lo que lleva eso. Dentro de lo que cabe, el alcohol, el tabaco o la marihuana, son más respetuosos, pero el polvillo o la droga de diseño que catas no sabes lo que contiene. La cocaína se corta y se le meten otras cosas, aunque pura sea ya de por sí un batiburrillo de basura y gasolina. ¿Cómo no te va a dar el colocón? ¿Cómo no te va a dejar tonto perdido?
Hay cosas que nunca entenderé y otras que preferería no saber, y ser un perfecto idiota. Muchas veces me gustaría, de verdad. No tener que bajar a las cloacas del mundo, que no se alejan de la calle que cruza tu casa, me encantaría. No comprendo las cosas que pasan, y se escapan a mi control, tal vez sea yo el que esté mal de la cabeza y por eso me quedo cuajado con lo que voy viendo cada día, no sé.
Es cierto que la vida es hermosa, hasta que te cuenta sus secretos. Un saludo y gracias por aguantar mis pataletas. Abajo del todo me despido con mis drogas, de las que ya no podré salir nunca, y que me hacen ver todo tipo de mundos y de personas. Buenos días.
"La coca la consume quien ahora está sentado a tu lado en el tren y la ha tomado para despertarse esta mañana, o el conductor que está al volante del autobús que te lleva a casa porque quiere hacer horas extra sin sentir calambres en las cervicales. Consume coca quien está más próximo a ti." - Roberto Saviano. (Extracto introducción de su libro Cero cero cero".)
https://youtu.be/Ssf_0IcRzU0
viernes, 27 de marzo de 2015
En picado
Me olvidé de respirar, no sabía cómo seguir, si todo carece de importancia y la vida se reduce a un compás lastimero y rutinario. Pocas cosas en el horizonte, solo un globo que se eleva para ver si salva algún trozo de cordura.
No sentir nada en absoluto es una sensación horrible, que te abre en canal y pinta de rojo todo cuanto te rodea. No, no es un puñetazo, ni tan siquiera una herida que escuece. Es la indiferencia, contemplar con pasividad cómo todo pasa y no montarte en la barca del tiempo. No cambias nada porque no estás en contacto con nadie, igual que una feminista aislada que cumple con todas las revoluciones mentales marcadas, pero que no las expande más allá de su habitación.
Una mota de polvo en las gafas del presente, cuyo único propósito es seguir existiendo cuando todo lo demás ya ha desaparecido. Una araña vieja y asustada sujeta a un último hilo cuando toda su red ya ha sido destruída por el palo de un niño travieso.
Un suspiro, la toalla perdida, y las letras como último colchón.
Para Sally
Palabras clave: Rojo, globo y feminismo.
No sentir nada en absoluto es una sensación horrible, que te abre en canal y pinta de rojo todo cuanto te rodea. No, no es un puñetazo, ni tan siquiera una herida que escuece. Es la indiferencia, contemplar con pasividad cómo todo pasa y no montarte en la barca del tiempo. No cambias nada porque no estás en contacto con nadie, igual que una feminista aislada que cumple con todas las revoluciones mentales marcadas, pero que no las expande más allá de su habitación.
Una mota de polvo en las gafas del presente, cuyo único propósito es seguir existiendo cuando todo lo demás ya ha desaparecido. Una araña vieja y asustada sujeta a un último hilo cuando toda su red ya ha sido destruída por el palo de un niño travieso.
Un suspiro, la toalla perdida, y las letras como último colchón.
Para Sally
Palabras clave: Rojo, globo y feminismo.
martes, 24 de marzo de 2015
Ni tan santos, ni tan inocentes
- ¡Jesús! ¿Cómo ha podido pasar esto? - Preguntó Otilio, el policía.
Otilio, un agente de la ley, con barriga cervecera y gafas de sol, siempre ha tenido una vida agradable en el pueblo. Lo máximo que había hecho; incautar la marihuana de los jóvenes para luego pimplársela él, o dar vueltas con el 4x4, que se vea que hace algo. Y ahora se encuentra con dos cadáveres, allí, ante sus narices. En el parque La Victoria.
- Pepe, dame el informe, y un pañuelo, que no aguanto este tufo y se me revuelve el estómago.
Pepe, compañero de Otilio, era más bien poca cosa, delgado, bigotillo cuidado, y algo más serio que su homólogo.
- Pues son Don Caci, y su subalterno, el Que. Tienen heridas cortantes graves, ambos, en la zona de la garganta, haciendo una oscilación de izquierda a derecha.
- En cristiano, Pepe.
- Que les han rajao' el cuello, vamos.
- ¡Qué horror! ¿No hay ningún testigo?
- Sí, sí lo hay. No ha querido dar su nombre, y solo cooperará si protegemos su identidad.
- ¿Qué tonterías son esas? Anda, llévame a verlo, que este pestazo se me va a pegar en la ropa, y luego mi mujer me mata.
Y así, Pepe y Otilio, que bien podrían recordar a personajes de tebeos a los lectores de más edad, se fueron a la comisaría, instalada a las afueras del pueblo, donde les aguardaba el importante testigo.
Las oficinas, relucientes, apenas habían sido usadas para algo que no fuera jugar a las cartas y echarse unas cervezas. Qué dura y aburrida es la vida del policía en el pueblo, que no pasa nunca nada. Aunque para ver lo de hoy, mejor que siguiese así.
- Bueno, pues ahí está la persona de la que te hablé. Se ha puesto una máscara y no quiere quitársela. Que si se la quitamos no nos cuenta nada, dice.
El desconocido estaba sentado, y ambos policías optaron por sentarse enfrente.
- Pero "amos" a ver hombre, ¿cómo va a hacer eso? Si no quiere contarnos las cosas, al cuartelillo, y verás como canta, ¿verdad Otilio? Pero bueno, tengo curiosidad, así que dejaremos eso para después. Cuéntanos lo que viste ayer. - Ordenó Pepe.
- Lo haré, pero después de esto, no haré más declaraciones.
Era una voz ronca, algo débil, la que emitía ese murmullo, pero tenía algo que incitaba a aceptar lo que dijese.
- Era la noche del clásico de fútbol, osease, anoche. Yo iba camino de casa, cuando vi a unos muchachos armar jaleo en el parque de La Victoria. Uno de ellos se había llevado una tablet de esas modernas y estaban poniendo el partido. Habían bastantes botellas de alcohol por el suelo, y los muchachos estaban poniéndose finos, pero al parecer molestaban con el ruido a los vecinos.
Entonces vi aparecer a Caci, el alcalde, con el Que, y se acercaron adonde estaba la chavalada.
- ¿No podéis dejar de hacer ruido? Estáis molestando a los vecinos. - Dijo Caci.
- ¿Y a nosotros qué más nos da, viejo? Te van a seguir votando, los tienes puestos a dedo en el ayuntamiento y les das vales de comida. - Se rió uno de los allí presentes.
- Cuidado con lo que dices, amigo, no sabes quién soy. Marchaos ahora mismo o llamaré a la policía.
- Oye, viejo, relájate, estamos intentando ver el partido, de buen rollo. Tómate unos tragos y vete con tu mujer.
Más carcajadas. Fue entonces cuando el Que cogió una de las botellas, y la tiró al suelo. Se hizo añicos. Entonces la atmósfera cambió. Ya no había risas.
- Esa botella ha costado dinero, ¿sabes? Espero que la puedas pagar.
- No tiene que pagaros nada, os lo habéis ganado. Dad gracias a que se queda ahí. - Intervino el alcalde.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué más podría ocurrir?
- Pues, por ejemplo, ¡esto! - Exclamó, mientras le daba una patada a otra botella.
Aquello terminó por caldear los ánimos. Los muchachos agarraron a los dos hombres, que forcejeaban.
- ¡¿Cómo os atrevéis?! ¿No sabéis quién soy? Esto os costará muy caro.
- Claro que lo sabemos. Te crees que eres intocable por tener a medio pueblo en el bolsillo, pero aquí no tienes nada que hacer, despídete, Caci. - Le espetó uno, mientras le acariciaba ferozmente el cuello con la navaja.
Después le llegó el turno al Que. Dejaron los cuerpos allí tirados, cogieron las botellas que quedaban, y se marcharon de allí, antes de que se terminase el tiempo del descanso. Entonces yo llamé a Otilio, y él acordonó la zona.
Y hasta aquí las aventuras de Pepe y Otilio. Como es una interpretación muy libre de Los Santos Inocentes, dejaré algunas notas a pie de página y reflexiones.
En general supongo que habréis identificado quién es quién en el paralelismo, si habéis leído la novela, o visto la película. Yo entraré a hablar del que sería Azarías. Aquí, en este relato corto, ese papel lo interpretan los jóvenes del botellón, y la Milana bonita, evidentemente, es el alcohol y el fútbol, aunque se podrían introducir más elementos.
Ahora bien, Azarías, y toda la gente de aquel entonces, tenían una excusa. El primero tenía problemas mentales, y los familiares eran analfabetos, o bien tenían poca cultura, así que seremos buenos, y no nos vamos a enfadar con ellos por ser así. Ahora bien, nosotros no tenemos excusa. Tal vez, los abuelos, y en parte los padres, pero los jóvenes, no tienen ninguna. El cielo está abierto para nosotros. La cultura es más accesible que nunca, existen los medios para acceder a ella de forma gratuita, y quien no la adquiere es porque no quiere. Habrá excepciones, claro, pero en general, se rechaza. Yo he visto a gente pedirme que les resuma una obra de teatro, porque no había cojon** de que abriesen un libro. Y lo peor es, vanagloriarse de eso. Nos estamos dilapidando nosotros solos. Y el castigo lo vemos día a día, es decir, ha cambiado todo, pero las estructuras sociales, y ese analfabetismo cultural, siguen igual. Sabemos leer, sí, ¿pero para qué? Si en el fondo somos como Azarías.
Y para que esto no os suene demoledor, dejo una situación hipotética. Imaginen que hoy mismo se prohíbe el fútbol. Que se corta todo tipo de vínculo con él. Se armaría una buena, ¿verdad? Pues bien, ¿creeis que si lo que se prohibiesen fueran los libros, se armaría el mismo revuelo?
A petición de Nuria.
Otilio, un agente de la ley, con barriga cervecera y gafas de sol, siempre ha tenido una vida agradable en el pueblo. Lo máximo que había hecho; incautar la marihuana de los jóvenes para luego pimplársela él, o dar vueltas con el 4x4, que se vea que hace algo. Y ahora se encuentra con dos cadáveres, allí, ante sus narices. En el parque La Victoria.
- Pepe, dame el informe, y un pañuelo, que no aguanto este tufo y se me revuelve el estómago.
Pepe, compañero de Otilio, era más bien poca cosa, delgado, bigotillo cuidado, y algo más serio que su homólogo.
- Pues son Don Caci, y su subalterno, el Que. Tienen heridas cortantes graves, ambos, en la zona de la garganta, haciendo una oscilación de izquierda a derecha.
- En cristiano, Pepe.
- Que les han rajao' el cuello, vamos.
- ¡Qué horror! ¿No hay ningún testigo?
- Sí, sí lo hay. No ha querido dar su nombre, y solo cooperará si protegemos su identidad.
- ¿Qué tonterías son esas? Anda, llévame a verlo, que este pestazo se me va a pegar en la ropa, y luego mi mujer me mata.
Y así, Pepe y Otilio, que bien podrían recordar a personajes de tebeos a los lectores de más edad, se fueron a la comisaría, instalada a las afueras del pueblo, donde les aguardaba el importante testigo.
Las oficinas, relucientes, apenas habían sido usadas para algo que no fuera jugar a las cartas y echarse unas cervezas. Qué dura y aburrida es la vida del policía en el pueblo, que no pasa nunca nada. Aunque para ver lo de hoy, mejor que siguiese así.
- Bueno, pues ahí está la persona de la que te hablé. Se ha puesto una máscara y no quiere quitársela. Que si se la quitamos no nos cuenta nada, dice.
El desconocido estaba sentado, y ambos policías optaron por sentarse enfrente.
- Pero "amos" a ver hombre, ¿cómo va a hacer eso? Si no quiere contarnos las cosas, al cuartelillo, y verás como canta, ¿verdad Otilio? Pero bueno, tengo curiosidad, así que dejaremos eso para después. Cuéntanos lo que viste ayer. - Ordenó Pepe.
- Lo haré, pero después de esto, no haré más declaraciones.
Era una voz ronca, algo débil, la que emitía ese murmullo, pero tenía algo que incitaba a aceptar lo que dijese.
- Era la noche del clásico de fútbol, osease, anoche. Yo iba camino de casa, cuando vi a unos muchachos armar jaleo en el parque de La Victoria. Uno de ellos se había llevado una tablet de esas modernas y estaban poniendo el partido. Habían bastantes botellas de alcohol por el suelo, y los muchachos estaban poniéndose finos, pero al parecer molestaban con el ruido a los vecinos.
Entonces vi aparecer a Caci, el alcalde, con el Que, y se acercaron adonde estaba la chavalada.
- ¿No podéis dejar de hacer ruido? Estáis molestando a los vecinos. - Dijo Caci.
- ¿Y a nosotros qué más nos da, viejo? Te van a seguir votando, los tienes puestos a dedo en el ayuntamiento y les das vales de comida. - Se rió uno de los allí presentes.
- Cuidado con lo que dices, amigo, no sabes quién soy. Marchaos ahora mismo o llamaré a la policía.
- Oye, viejo, relájate, estamos intentando ver el partido, de buen rollo. Tómate unos tragos y vete con tu mujer.
Más carcajadas. Fue entonces cuando el Que cogió una de las botellas, y la tiró al suelo. Se hizo añicos. Entonces la atmósfera cambió. Ya no había risas.
- Esa botella ha costado dinero, ¿sabes? Espero que la puedas pagar.
- No tiene que pagaros nada, os lo habéis ganado. Dad gracias a que se queda ahí. - Intervino el alcalde.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué más podría ocurrir?
- Pues, por ejemplo, ¡esto! - Exclamó, mientras le daba una patada a otra botella.
Aquello terminó por caldear los ánimos. Los muchachos agarraron a los dos hombres, que forcejeaban.
- ¡¿Cómo os atrevéis?! ¿No sabéis quién soy? Esto os costará muy caro.
- Claro que lo sabemos. Te crees que eres intocable por tener a medio pueblo en el bolsillo, pero aquí no tienes nada que hacer, despídete, Caci. - Le espetó uno, mientras le acariciaba ferozmente el cuello con la navaja.
Después le llegó el turno al Que. Dejaron los cuerpos allí tirados, cogieron las botellas que quedaban, y se marcharon de allí, antes de que se terminase el tiempo del descanso. Entonces yo llamé a Otilio, y él acordonó la zona.
Y hasta aquí las aventuras de Pepe y Otilio. Como es una interpretación muy libre de Los Santos Inocentes, dejaré algunas notas a pie de página y reflexiones.
En general supongo que habréis identificado quién es quién en el paralelismo, si habéis leído la novela, o visto la película. Yo entraré a hablar del que sería Azarías. Aquí, en este relato corto, ese papel lo interpretan los jóvenes del botellón, y la Milana bonita, evidentemente, es el alcohol y el fútbol, aunque se podrían introducir más elementos.
Ahora bien, Azarías, y toda la gente de aquel entonces, tenían una excusa. El primero tenía problemas mentales, y los familiares eran analfabetos, o bien tenían poca cultura, así que seremos buenos, y no nos vamos a enfadar con ellos por ser así. Ahora bien, nosotros no tenemos excusa. Tal vez, los abuelos, y en parte los padres, pero los jóvenes, no tienen ninguna. El cielo está abierto para nosotros. La cultura es más accesible que nunca, existen los medios para acceder a ella de forma gratuita, y quien no la adquiere es porque no quiere. Habrá excepciones, claro, pero en general, se rechaza. Yo he visto a gente pedirme que les resuma una obra de teatro, porque no había cojon** de que abriesen un libro. Y lo peor es, vanagloriarse de eso. Nos estamos dilapidando nosotros solos. Y el castigo lo vemos día a día, es decir, ha cambiado todo, pero las estructuras sociales, y ese analfabetismo cultural, siguen igual. Sabemos leer, sí, ¿pero para qué? Si en el fondo somos como Azarías.
Y para que esto no os suene demoledor, dejo una situación hipotética. Imaginen que hoy mismo se prohíbe el fútbol. Que se corta todo tipo de vínculo con él. Se armaría una buena, ¿verdad? Pues bien, ¿creeis que si lo que se prohibiesen fueran los libros, se armaría el mismo revuelo?
A petición de Nuria.
sábado, 21 de marzo de 2015
Luchas internas
Las horas pasan lentas, aletargadas, bajo estas tristes paredes, donde la vida se escapa. ¿Qué hacer cuando el problema está en tu propia cabeza? Un estado bipolar físicamente irritante, que viene cuando piensas que se ha ido.
Y no, no me gustan sus visitas, porque me recuerdan lo poco que dura la ilusión. Una vela bajo un vaso de cristal, ¿cómo quieren que no me apague? Si cuando me da el aire, vuelven a ahogarme. Algún día voy a tirar todo por la ventana, y me darán igual los destrozos. Una rabia dormida, que quema el pecho, y empuja cualquier otra cosa. Es gracioso que sea contra algo que vive conmigo, ¿verdad?
Hay cosas con las que no quieres estar, pero que forman parte de ti. Piezas defectuosas que desearíamos arreglar, que entorpecen el rumbo normal del barco en el que vamos. Ojalá existiera eso. Algo que nos permitiese cambiar lo que no queremos, ¿verdad? Quitar esas espinas que rodean tu cuello, esas alambradas que la gente le pone a tu alegría.
No nos engañemos, las taras, y lo que nos pone la tómbola injusta de la sociedad, debemos soportalo nosotros. Aprender a ver al enemigo en el espejo, y evitar que gane, nuestra carga. Porque, en el momento en que la sonrisa sea la que él quiere, habremos perdido.
Para Noelia. Ánimo, y no lo dejes.
Y no, no me gustan sus visitas, porque me recuerdan lo poco que dura la ilusión. Una vela bajo un vaso de cristal, ¿cómo quieren que no me apague? Si cuando me da el aire, vuelven a ahogarme. Algún día voy a tirar todo por la ventana, y me darán igual los destrozos. Una rabia dormida, que quema el pecho, y empuja cualquier otra cosa. Es gracioso que sea contra algo que vive conmigo, ¿verdad?
Hay cosas con las que no quieres estar, pero que forman parte de ti. Piezas defectuosas que desearíamos arreglar, que entorpecen el rumbo normal del barco en el que vamos. Ojalá existiera eso. Algo que nos permitiese cambiar lo que no queremos, ¿verdad? Quitar esas espinas que rodean tu cuello, esas alambradas que la gente le pone a tu alegría.
No nos engañemos, las taras, y lo que nos pone la tómbola injusta de la sociedad, debemos soportalo nosotros. Aprender a ver al enemigo en el espejo, y evitar que gane, nuestra carga. Porque, en el momento en que la sonrisa sea la que él quiere, habremos perdido.
Para Noelia. Ánimo, y no lo dejes.
jueves, 19 de marzo de 2015
No hay peor forma
Las flechas del cielo laceran la tarde, calles regadas con los litros de la vida, pero no de la mía. Me quedé sin nada aquí, solo la tinta recorre los intrincados pasillos del corazón, negra, como la visión del horizonte. Una sima entre lo que soy y lo que alguna vez deseé. Las burbujas reventaron y me quedé impregnado del olor putrefacto del que estaban hechas, un fuerte tufo a ingenuidad, y a ilusión traicionera, tal es la magnitud del crímen.
No hay peor forma de matar a alguien que mirándolo, pasivamente, mientras asiste a su propia destrucción, y, a las palabras que lance, responderle con un silencio ensordecedor, y una chispa escondida de ilusión.
No hay peor forma de matar a alguien que dándole la mano mientras le clavas el puñal.
No hay peor forma de matar a alguien que mirándolo, pasivamente, mientras asiste a su propia destrucción, y, a las palabras que lance, responderle con un silencio ensordecedor, y una chispa escondida de ilusión.
No hay peor forma de matar a alguien que dándole la mano mientras le clavas el puñal.
lunes, 16 de marzo de 2015
No me pidas ayuda
Puedes lanzar
tus redes,
nunca alcanzarás
lo que buscas.
Crees encontrar
eternos tesoros,
pero abres siempre
el baúl vacío.
Apartas con tu
puño de hierro
las señales
de lo que quieres.
Caminas a ciegas,
la noche en tus ojos,
y el alcohol no
es el elixir de la vida.
Te lanzo cuerdas
al fondo del hoyo,
y tus cuchillos
alumbran la oscuridad.
Te tiendo puentes
en tu isla solitaria,
y el fuego
refleja las estrellas.
Te tiendo la mano
frente a los monstruos,
y la hierba enrojece,
pura laceración.
Cuando pero la
ansiedad domine,
cuando el eco
controle tus calles,
cuando tus reinos
de arena caigan,
entonces, entonces
no me pidas nada.
No me pidas ayuda,
no me pidas nada,
porque te salvaré.
Para Candela.
Palabras clave en poesía: Ansiedad, noche y vacío.
tus redes,
nunca alcanzarás
lo que buscas.
Crees encontrar
eternos tesoros,
pero abres siempre
el baúl vacío.
Apartas con tu
puño de hierro
las señales
de lo que quieres.
Caminas a ciegas,
la noche en tus ojos,
y el alcohol no
es el elixir de la vida.
Te lanzo cuerdas
al fondo del hoyo,
y tus cuchillos
alumbran la oscuridad.
Te tiendo puentes
en tu isla solitaria,
y el fuego
refleja las estrellas.
Te tiendo la mano
frente a los monstruos,
y la hierba enrojece,
pura laceración.
Cuando pero la
ansiedad domine,
cuando el eco
controle tus calles,
cuando tus reinos
de arena caigan,
entonces, entonces
no me pidas nada.
No me pidas ayuda,
no me pidas nada,
porque te salvaré.
Para Candela.
Palabras clave en poesía: Ansiedad, noche y vacío.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Prisiones
Sigo encerrado en mi propia prisión, bebiendo del agua que cae de las goteras del techo. No cuidé esto y estuve demasiado tiempo viendo el paisaje del exterior. Me encantaba observar los prados verdes y llenos de vida que veía a través de los barrotes, tanto, que, cuando me fijo un poco, todo está hecho un desastre.
No es que no lo estuviera antes, es solo que ahora se nota mucho más. Como si acabase de despertar y se me hubiese aclarado la mente. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo pesadas que son mis propias cadenas. Ahora no sé cómo salir de aquí. Privado de libertad, sin poder elegir el camino que se abría ante mis ojos, la suerte echada. Me olvidé incluso de dormir, y ahí está el catre de hierro, los brazos de la soledad como almohada, y tu nombre en las pintadas navajeras de la pared.
¿Cómo ser feliz cuando todo se trueca a lo que siempre habías temido en el fondo? Siempre se aferra el loco al último rayo de esperanza, hasta que el martillo de la realidad golpea fuerte sobre el yunque de la cordura, y todo alrededor se torna de color rojo.
Hoy ya no quiero ver lo que se extiende más allá de mi ventana. Hoy cierro la portezuela de madera y me sumo en la oscuridad de la habitación. Que descanse en paz el último halo de ilusión, sobre la tumba de las palabras equivocadas y los actos erróneos.
Para Inés.
Palabras clave: Privado, cadenas y feliz.
No es que no lo estuviera antes, es solo que ahora se nota mucho más. Como si acabase de despertar y se me hubiese aclarado la mente. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo pesadas que son mis propias cadenas. Ahora no sé cómo salir de aquí. Privado de libertad, sin poder elegir el camino que se abría ante mis ojos, la suerte echada. Me olvidé incluso de dormir, y ahí está el catre de hierro, los brazos de la soledad como almohada, y tu nombre en las pintadas navajeras de la pared.
¿Cómo ser feliz cuando todo se trueca a lo que siempre habías temido en el fondo? Siempre se aferra el loco al último rayo de esperanza, hasta que el martillo de la realidad golpea fuerte sobre el yunque de la cordura, y todo alrededor se torna de color rojo.
Hoy ya no quiero ver lo que se extiende más allá de mi ventana. Hoy cierro la portezuela de madera y me sumo en la oscuridad de la habitación. Que descanse en paz el último halo de ilusión, sobre la tumba de las palabras equivocadas y los actos erróneos.
Para Inés.
Palabras clave: Privado, cadenas y feliz.
lunes, 9 de marzo de 2015
Acidez
No hay peor idea que la de quedarse viendo el ritmo de la vida pasar. Hay gente que se queda metida en una caverna. Las cosas evolucionan a su alrededor, y, sin embargo, se aferran a un pasado muerto, a unas respuestas que permanecen iguales cuando las preguntas ya no son las mismas.
He probado muchas cosas, incluso los dulces placeres prohibidos por un pulmón enfermo y ennegrecido que respira por nosotros. He tenido un fantasma rondando por mi cabeza desde hace años, y nunca se marcha. Silencioso, nunca dice nada, pero su presencia se escucha desde lo más profundo del Cocito. Las ramas con las que puedo cubrirte están enfermas y devoradas por la verticilosis que habita en lo más recóndito de mis emociones.
Puede que todo sea igual que un limón partido por la mitad. Que las cosas te hagan cerrar los ojos, que te salten lágrimas por la acidez de lo que te devora, y que, sin embargo, te guste el sabor, aunque se te queden los labios arrugados y la cara desencajada. Pero, oye, si no lo pruebas, no podrás disfrutar lo demás.
Si me preguntas a mí, prefiero mezclar la acidez del limón, con el dulzor de tus labios. Aunque, quizá sea todo al contrario.
Para Martina.
Palabras clave: Dulce, limón e idea.
He probado muchas cosas, incluso los dulces placeres prohibidos por un pulmón enfermo y ennegrecido que respira por nosotros. He tenido un fantasma rondando por mi cabeza desde hace años, y nunca se marcha. Silencioso, nunca dice nada, pero su presencia se escucha desde lo más profundo del Cocito. Las ramas con las que puedo cubrirte están enfermas y devoradas por la verticilosis que habita en lo más recóndito de mis emociones.
Puede que todo sea igual que un limón partido por la mitad. Que las cosas te hagan cerrar los ojos, que te salten lágrimas por la acidez de lo que te devora, y que, sin embargo, te guste el sabor, aunque se te queden los labios arrugados y la cara desencajada. Pero, oye, si no lo pruebas, no podrás disfrutar lo demás.
Si me preguntas a mí, prefiero mezclar la acidez del limón, con el dulzor de tus labios. Aunque, quizá sea todo al contrario.
Para Martina.
Palabras clave: Dulce, limón e idea.
lunes, 2 de marzo de 2015
En Versión Original
Me quedo mirando el cielo desde el porche, mientras el último cigarrillo de la tarde me consume. Todo pasa igual que una película muda en blanco y negro. No hay sonido, no hay gritos, ni ruido. Solo los gestos torpes de quien pretende manejar universos que no le corresponden. Un vulgar intruso en el territorio de sombras ya desvanecidas por el miedo y el espacio. No se escuchan los golpes, ni los gemidos, solo un sordo rumor que el viento se lleva. De fondo, la voz de Joan Baez no cesa de repetir una y otra vez una frase, igual que si un disco rallado se hubiese apropiado de mi cabeza: "And there you stayed, temporarily lost at sea".
Miles de mariposas frente a mi puerta, exigiendo paz, pidiendo flores, ¿qué puedo daros yo, si soy la marioneta de esta nueva era? ¿Qué castigo podéis exigirme si aplasté la vida entre las palmas de mis manos? Fuera, fuera de aquí. Los palos venenosos de mis pulmones romperán vuestras alas. Fuera, fuera de aquí. Los monstruos no mostramos nuestro verdadero rostro.
https://www.youtube.com/watch?v=1ST9TZBb9v8
Para María
Palabras clave: Folk, años 60, cine clásico.
Miles de mariposas frente a mi puerta, exigiendo paz, pidiendo flores, ¿qué puedo daros yo, si soy la marioneta de esta nueva era? ¿Qué castigo podéis exigirme si aplasté la vida entre las palmas de mis manos? Fuera, fuera de aquí. Los palos venenosos de mis pulmones romperán vuestras alas. Fuera, fuera de aquí. Los monstruos no mostramos nuestro verdadero rostro.
https://www.youtube.com/watch?v=1ST9TZBb9v8
Para María
Palabras clave: Folk, años 60, cine clásico.
martes, 17 de febrero de 2015
Acantilados
Volví a caer dentro de zarzas en medio de la lluvia. Tropezar al borde de un acantilado puede darte colchones extraños, con espinas que atraviesan la piel, pero que salvan la vida. La lluvia me riega a mí, y la sangre riega las zarzas. La tierra y el arbusto se vuelven rojos, y comienzan a brotar flores del mismo color entre las espinas.
Es entonces cuando me quito poco a poco de las espinas, fuertemente incrustadas. Caigo al suelo, sin apenas poder moverme. Me falta el aliento.
No sé cómo seguir, cómo continuar, cuando el tsunami del tiempo me ahoga y la vida se me escapa entre suspiros de metralla. No hay nadie ahí fuera, en la yerma extensión de mi mente, y las bombas desgarraron mi piel. Desnudo, sin nada, una mancha roja tumbada en el suelo.
Es entonces cuando me quito poco a poco de las espinas, fuertemente incrustadas. Caigo al suelo, sin apenas poder moverme. Me falta el aliento.
No sé cómo seguir, cómo continuar, cuando el tsunami del tiempo me ahoga y la vida se me escapa entre suspiros de metralla. No hay nadie ahí fuera, en la yerma extensión de mi mente, y las bombas desgarraron mi piel. Desnudo, sin nada, una mancha roja tumbada en el suelo.
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