Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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martes, 5 de noviembre de 2013
Shadows
A veces pienso que todas las personas somos círculos. Y que nos hacemos más grandes dependiendo de quién nos vea. A su vez, entramos dentro de otros círculos, en menor o mayor grado, compartiendo un espacio que puede modificarse. Entre todos se forma una gran estructura, pero lo que interesa aquí son las relaciones unipersonales. Imaginen dos círculos que se van aproximando cada vez más, tanto, que las acciones propias que a uno le puedan parecer insignificantes, al otro puede llegar a calarle hondo. Esto se debe a que se dualizan las emociones, y, aunque en muchas ocasiones, ambos las compartan, otras veces sentirán emociones intensas en solitario por una cosa determinada, mientras que la otra persona no sentirá igual. Solo cuando los dos círculos se unen hasta alcanzar casi la forma de otro círculo, se da una mayor unanimidad, pero como causa de que los sentimientos ganan la batalla frente al vacío de antaño.
Etiquetas:
batalla,
círculos,
emociones,
relaciones,
sentimientos
martes, 15 de octubre de 2013
Ausencia
Es curioso ver cómo cosas que no estaban dentro del círculo de la normalidad, un buen día entran y se instalan, pero cuando deciden salir, aunque sea durante un corto período de tiempo, uno siente que algo se marcha de adentro. Y, si la conexión era intensa, comienza a darse una sensación de vacío, igual que un ciego que pierde a su guía, dando tumbos, sin rumbo fijo. No obstante, si aquello que se ha marchado, regresa, o, al menos, se acerca al círculo, notamos cambios relevantes. Se oprime el pecho, la adrenalina se desborda, y gran parte de ese terreno de nadie, vuelve a recuperar las pautas de un camino a seguir.
Decimos que el tiempo es unidireccional, pero, ¿y si no lo fuera? Imaginen un montón de líneas representando el tiempo, y, ahora, una escena aparte: Una persona rechazando a otra. La única dirección temporal nos dice que "A" es así, que no hay otra posibilidad alternativa en ese momento. Pero, ¿y si de forma paralela sí se está aceptando a esa persona, en la línea "B"?
Del mismo modo en que la eternidad no es infinita, sino que es una expansión enorme del tiempo (pero siempre tiene un final), la ausencia de emociones, o de personas que las provoquen, no es interminable, y siempre se encuentran formas de recuperación de las mismas, aunque sea utilizando los recuerdos.
http://youtu.be/aBp5uaqK_BE
Decimos que el tiempo es unidireccional, pero, ¿y si no lo fuera? Imaginen un montón de líneas representando el tiempo, y, ahora, una escena aparte: Una persona rechazando a otra. La única dirección temporal nos dice que "A" es así, que no hay otra posibilidad alternativa en ese momento. Pero, ¿y si de forma paralela sí se está aceptando a esa persona, en la línea "B"?
Del mismo modo en que la eternidad no es infinita, sino que es una expansión enorme del tiempo (pero siempre tiene un final), la ausencia de emociones, o de personas que las provoquen, no es interminable, y siempre se encuentran formas de recuperación de las mismas, aunque sea utilizando los recuerdos.
http://youtu.be/aBp5uaqK_BE
domingo, 13 de octubre de 2013
El canto del fuego
Caía la noche, y el lugar estaba completamente a oscuras. Un camino lleno de farolas con las bombillas apagadas era mi referencia. Hacía viento, y junto con las hojas y las partículas de limo, también habían gotas de agua, pues había estado lloviendo hace poco. La luna se iba dibujando en el cielo, parcialmente, y la única estrella visible era la Polar. Los muros de las casas se antojaban grises, sin chispa; los árboles, solitarios, no ayudaban a alegrar la escena. La humedad se palpaba en el ambiente, y mis pupilas, dilatadas, ya se habían acostumbrado a la oscuridad imperante.
No había nadie por allí, y las pocas luces que se apreciaban venían desde los ventanales de las casas. Entonces vi a una chica sentada en un banco. Llevaba un antifaz de color azul apagado que le tapaba los ojos. Noté que estaba cantando, y me quedé allí, inmóvil, escuchando:
La luna camina
sola por Gran Vía,
y del cuello lleva
rayos de Sol.
Corre luna, corre,
que caen estrellas
de su ventana,
de sombra ahítas.
Dibujo círculos
en el suelo,
para así iluminar
contigo la ciudad.
Pero no soy
como tú, luna,
aunque sola
esté de viaje.
Necesito andar
con una chispa,
que haga arder
mi corazón.
Y no sé por qué,
ese presente
ya me lo trae,
aquel que escucha.
No corras tú,
solitario muchacho,
pues el fuego
prenderá la calle.
Entonces la chica se levantó, y, lentamente, se acercó a mí. Colocó sus manos sobre mis mejillas, y, soplando delicadamente sobre mi rostro, murmuró: Bienvenido a mi extraño mundo.
Cuando quise darme cuenta me encontraba en un lugar con libros a mi alrededor, formando calles. Comencé a andar, y las calles se multiplicaban, formando un laberinto interminable. Cuando más perdido me encontraba, las luces se apagaron, y solo quedó un único camino marcado por una tenue luz. Empecé a seguirlo, fascinado, pues desconocía cómo podía darse aquel fenómeno. Al cabo de mucho rato andando, llegué a un lugar central, más amplio, en forma de círculo, y allí se encontraba la misma chica. Me acerqué a ella con la intención de preguntarle quién era, cuando, sin reacción alguna por mi parte, me abrazó y, en voz baja, me dijo:
- ¿Por qué has tardado tanto?
Antes de poder mediar palabra alguna, me mandó callar con un prolongado beso, que hizo que los libros que formaban aquel lugar se incendiaran. Las gotas de tinta se iban moviendo con voluntad propia, y, movidas en grandes cantidades, iban colocándose intencionadamente a nuestro alrededor, en el suelo. De tal modo que cualquiera que hubiera visto aquello desde el aire, habría visto dibujado un enorme cisne de perfil, de color negro, y, en otro color, el ojo del animal. En este caso, el color de nuestra piel, pues la ropa se había desvanecido en apenas unos segundos, y la única forma de que el desconocido aéreo no nos viese por completo, era uniendo nuestros cuerpos.
No había nadie por allí, y las pocas luces que se apreciaban venían desde los ventanales de las casas. Entonces vi a una chica sentada en un banco. Llevaba un antifaz de color azul apagado que le tapaba los ojos. Noté que estaba cantando, y me quedé allí, inmóvil, escuchando:
La luna camina
sola por Gran Vía,
y del cuello lleva
rayos de Sol.
Corre luna, corre,
que caen estrellas
de su ventana,
de sombra ahítas.
Dibujo círculos
en el suelo,
para así iluminar
contigo la ciudad.
Pero no soy
como tú, luna,
aunque sola
esté de viaje.
Necesito andar
con una chispa,
que haga arder
mi corazón.
Y no sé por qué,
ese presente
ya me lo trae,
aquel que escucha.
No corras tú,
solitario muchacho,
pues el fuego
prenderá la calle.
Entonces la chica se levantó, y, lentamente, se acercó a mí. Colocó sus manos sobre mis mejillas, y, soplando delicadamente sobre mi rostro, murmuró: Bienvenido a mi extraño mundo.
Cuando quise darme cuenta me encontraba en un lugar con libros a mi alrededor, formando calles. Comencé a andar, y las calles se multiplicaban, formando un laberinto interminable. Cuando más perdido me encontraba, las luces se apagaron, y solo quedó un único camino marcado por una tenue luz. Empecé a seguirlo, fascinado, pues desconocía cómo podía darse aquel fenómeno. Al cabo de mucho rato andando, llegué a un lugar central, más amplio, en forma de círculo, y allí se encontraba la misma chica. Me acerqué a ella con la intención de preguntarle quién era, cuando, sin reacción alguna por mi parte, me abrazó y, en voz baja, me dijo:
- ¿Por qué has tardado tanto?
Antes de poder mediar palabra alguna, me mandó callar con un prolongado beso, que hizo que los libros que formaban aquel lugar se incendiaran. Las gotas de tinta se iban moviendo con voluntad propia, y, movidas en grandes cantidades, iban colocándose intencionadamente a nuestro alrededor, en el suelo. De tal modo que cualquiera que hubiera visto aquello desde el aire, habría visto dibujado un enorme cisne de perfil, de color negro, y, en otro color, el ojo del animal. En este caso, el color de nuestra piel, pues la ropa se había desvanecido en apenas unos segundos, y la única forma de que el desconocido aéreo no nos viese por completo, era uniendo nuestros cuerpos.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Mensaje sin botella
Recuerdo un combate de sumo entre un hombre delgado, y otro enorme, bastante gordo. Los dos dentro de un círculo que delimita la victoria y la derrota. A veces me pongo a dar vueltas alrededor, hasta quedar mareado. Es entonces cuando echo las cuerdas alrededor, hasta formar un árbol en el centro.
Dibujo una ley en la arena del suelo: "Puedes cambiar de lugar, de estación, o de situación. Pero queda prohibido alejarse a más de un palmo de nuestras cabezas." Entonces lanzo al mar un ramo de flores, que es engullido por el agua, y llevado de viaje al otro lado del mar. Se queda esperando en la orilla, hasta que su destinataria las recoja y regrese de vuelta a casa.
Dibujo una ley en la arena del suelo: "Puedes cambiar de lugar, de estación, o de situación. Pero queda prohibido alejarse a más de un palmo de nuestras cabezas." Entonces lanzo al mar un ramo de flores, que es engullido por el agua, y llevado de viaje al otro lado del mar. Se queda esperando en la orilla, hasta que su destinataria las recoja y regrese de vuelta a casa.
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