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lunes, 3 de agosto de 2015

Un amor lejano

¿Conocen esa sensación de querer alcanzar algo y no poder obtenerlo nunca? Pues así me sentía yo con ella. Deseaba tocarla, envolverla con mi humedad, y, lo peor es que no sabía por qué. Nunca habíamos hablado antes. Cierto es que este poderoso sentimiento no ocurría cada día.

Verán, ella era bastante voluble. Unos días iba completamente vestida, otros, enseñando algo, y, cuando se mostraba desnuda, ahí, yo caía en su hechizo. Llena de luz, de geometría perfecta, así era. Yo invocaba al viento y al rayo, pero nunca me elevaba lo suficiente. Y sigo sin lograrlo.

Los peces dicen: Ya está el mar queriendo besar a la luna. 


Microrrelato seleccionado en el concurso "Pasiones", de Letras con Arte.

viernes, 1 de mayo de 2015

El lince

Un lince se asomó
a la ventana
de la sierra.

Aplastaba las
malas hierbas
con sus garras.

Al fondo, el sonido
de los motores
giran sobre dos
veloces ruedas.

Nada le asusta,
solo la visión
del garrote blandido
por la mediocridad.

Fija la vista en
el horizonte, lejos,
en los lugares
donde quiere estar.

Es cierto que parecen
ojos inofensivos,
error grave olvidar
que son de un cazador.

Así es el lince:
hermoso, tranquilo,
inteligente, fiero, y,
también, un amigo.

Para Ana Belén. ¡¡Muchas felicidades!! :))

viernes, 1 de noviembre de 2013

Jaque

Eres un yo-yó fuera de control, lo mismo te tengo cerca de mi mano que te alejas y no respondes a las vibraciones de la cuerda. No es culpa tuya, lo sé, es que la cuerda se rompe muchas veces y nadie se molesta en repararla. E igual que hoy piso una baldosa de color oscuro, mañana puede ser de color blanco, en este extraño ajedrez donde solo participan dos peones, y las reglas solo permiten que se devoren ambos. Nadie pierde. Pero si el juego queda en tablas vagaremos por el tablero hasta caer fuera de él. No es un terreno de juego estándar, sino que adquiere dimensiones que son desconocidas para mí, quizá por eso resulta sorprendente que la distancia entre ambos sea corta. Aunque a veces se estire como un chicle. Lo curioso es que, de una forma u otra, no te pierdes en la enormidad de los días, sino que siempre regresas al lugar de donde nacen los sueños.