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jueves, 3 de diciembre de 2015

Dos mujeres (II)


II

Aún veo las huellas,
y ni aún así dejo
de buscar atrás,
esperando ilusiones.

No conozco a mi musa,
se largó antes de verme,
sus campos de batalla se
libran fuera de aquí.

Yo la persigo, cruel utopía,
me deja rastros, canciones,
y a mí me salen palabras,
allí donde antes era humo.

Nos saludamos, extraños,
ella busca rehacerse,
yo busco su vacío,
nunca nos tocaremos.

Soy un imán con el mismo
polo para todos, la daga,
guardo la pureza roja
bajo la manga de mi sonrisa.

Dibujo en los espejos,
así no rompo ninguno,
y es que destroza ver el
rostro de una mala estrella.

Quebrado, como los trozos
de esperanza del piso,
mantengo en pie los
puentes que se alzaron.

Viviendo en la periferia
de sus pensamientos,
me harté de tragar barro
y detener la sangre.

No soy de ella, pertenezco
a la ruina, hijo del olvido,
bebo para recordar, y sueño
para borrar mi memoria.

Aún así la veo, riendo,
en los límites de la locura,
sobre el precipicio que
jamás podré saltar.

martes, 24 de noviembre de 2015

Silencio

No encontré más
que una marioneta,
sonriente palidez.


Ni siquiera un
ventrilocuo triunfa
ante tu barrera,
sonriente tristeza.


Ni siquiera el
eco conversa,
amueblada cabeza
que detiene la voz.


Y tus disparos
cercenan fieros,
te escondes bien
tras la muralla.


¡Oh, tremendo alboroto!,
¡oh, tremenda algarabía!,
que tu silencio retumba
y destroza mis tímpanos,
sonriente espejo.


Finalista en Certamen de Poesía "Letras Como Espada", de Letras como Espada.





lunes, 5 de octubre de 2015

Reflejos


Me corté con los cristales,
bola de acero que rompe
el espejo engañoso.

Cicatriz abierta, dulce,
riega el sueño olvidado,
riega el desengaño.

Yo quise disparar, lo juro,
y se encasquilló el mundo
junto con la verdad.

No vi el monstruo que
me agarraba de frente,
absorto como estaba
en un futuro inerte.

Y grito, y callo, solo,
nadie más en casa,
nadie más asustado.

Lo juro, creí en la
coraza de la risa,
y hoy sólo conservo
un olvido recordado.

Lo juro, creí que
veía mi rostro reflejado,
y ahora descubro
que rompí la barrera
que nos unía.


Poema finalista en II Certamen de poesía "Piezas de misterio", de Cuponeta Editorial.

domingo, 9 de agosto de 2015

Empezar de cero




Te gusta lanzar palabras al azar, sin ningún destino en particular. Colocaste un espejo en una habitación y me dejaste allí, respondiendo a tus locuras, con el eco devolviendo mis ilusiones. Te fuiste sin decir nada, aunque tus letras seguían disparando, silenciosas, a lo lejos.

Sobre la arena mojada puse mis deseos, porque sabía que se irían a las profundidades del océano. Los devoraría algún pez, o quizá se ahogaron a los pocos minutos de estar sin aire. No pasa nada. Ya me haré otros nuevos, y los esconderé donde la mano amarga del pasado no pueda encontrarlos.

No he sabido encajar en las mareas del mundo, y, al igual que una pieza rota en un rompecabezas, intento meterme en los resquicios de humanidad que aún existen. Te has ido sin haber estado nunca conmigo, lo sé, pero el hueco que has dejado me ha mostrado hasta qué punto estaba aislado de todo.

Y es que cuando la ficción tiene más peso que la realidad, todo cambia; y cuando las paredes se desmoronan me encuentro enfrente de aquel espejo, sin nada más que un todo por hacer. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Yo sé que el mar siempre devuelve lo que lanzaste una vez. Puede volver al mismo sitio, sí, aunque sea difícil. Tal vez tarde años. Y se quede flotando, en el vasto oleaje, dejándose guiar por el agua.

Y aquello que puse dentro de una botella, no sé lo que es, pero regresó a la arena. Y, al abrir el tapón, me encontré en un mundo donde nunca había estado. Me encontré a mí mismo, frente a un espejo hecho añicos, y, entre tantas caras distintas, pude verme.

Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo.
Cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo.

Cambia el clima con los años,
cambia el pastor su rebaño.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.

Cambia el más fino brillante,
de mano en mano su brillo.
Cambia el nido el pajarillo,
cambia el sentir un amante.

Cambia el rumbo el caminante,
aunque esto le cause daño.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.

Cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia.


 Cambia el sol en su carrera,
cuando la noche subsiste.
Cambia la planta y se viste
de verde en la primavera.

Cambia el pelaje la fiera,
cambia el cabello el anciano.
Y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño.

Pero no cambia mi amor,
por más lejos que me encuentre.
Ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente.

Lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana.
Así como cambio yo
en esta tierra lejana.

Cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia,
cambia, todo cambia.


Julio Numhauser.

http://youtu.be/eaHGtnhf6j0

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Quizá me enseñas más de lo que yo pueda mostrarte a ti, el espejo se hace pedazos si me observo en él, y solo aparecen cristales hechos partículas de polvo que se deslizan junto al agua por las cañerías. Las palabras siguen siendo palabras aunque les cambies la forma, significan lo mismo. Y seguirán rasgando igual las capas de mi interior. Y si la noche se vuelve dramática, entonces solo tienes que danzar sobre el gran escenario de las historias por contar, y crear algo que deslumbre a los espectadores.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Dolls

Una habitación llena de muñecas con apariencia frágil, con unos ojos dibujados de forma macabra, y la sensación de estar siendo observado desde todos los puntos posibles. Un espejo al fondo, donde no puedo verme con claridad, ya que las iluminación es débil y difusa en toda la sala.

-No deberías pasar mucho tiempo aquí. Las muñecas están huecas, y terminamos convirtiéndonos en lo que nos rodea.-Dijo una voz a mis espaldas.

Me di la vuelta, y vi que las sombras le tapaban el rostro.

-¿A qué te refieres?-Pregunté.
-Míralas. No tienen brillo en sus ojos. Son armazones de madera, pintados al gusto del creador. No puedes venir aquí y salir inmune a todo este ambiente. Ellas devorarán tu alma y te irán convirtiendo en parte de esta habitación, de este lugar.
-Pero... Si acabo de llegar.
-Lo sé. Pero ya has estado aquí más veces. Y al final, terminarás viéndote en ellas. Cara a cara con la soledad.





 

sábado, 9 de noviembre de 2013

El desconocido

La noche nace en espejos de luto.
Sombríos ramos húmedos
ciñen su pecho y su cintura,
su cuerpo azul, infinito y tangible.
No la puebla el silencio: rumores silenciosos,
peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen.
La noche es verde, vasta y silenciosa.
La noche es morada y azul.
Es de fuego y es de agua.
La noche es de mármol negro y de humo.
En sus hombros nace un río que se curva,
una silenciosa cascada de plumas negras.

La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas.
Todo se funde en ese beso,
todo arde en esos labios sin límites,
y el nombre y la memoria
son un poco de ceniza y olvido
en esa entraña que sueña.

Noche, dulce fiera,
boca de sueño, ojos de llama fija y ávida,
océano,
extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras,
indefensa y voraz como el amor,
detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo,
río de terciopelo y ceguera,
respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona:
el desdichado, el hueco,
el que lleva por máscara su rostro,
cruza tus soledades, a solas con su alma.

Tu silencio lo llama,
rozan su piel tus alas negras,
donde late el olvido sin fronteras,
mas él cierra los poros de su alma
al infinito que lo tienta,
ensimismado en su árida pelea.

Nadie lo sigue, nadie lo acompaña.
En su boca elocuente la mentira se anida,
su corazón está poblado de fantasmas
y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho.
Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma.
Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas,
sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia,
el muro del perdón o de la muerte.
Pero su corazón aún abre las alas
como un águila roja en el desierto.

Suenan las flautas de la noche.
El mundo duerme y canta.
Canta dormido el mar;
ojo que tiembla absorto,
el cielo es un espejo donde el mundo se contempla,
lecho de transparencia para su desnudez.

Él marcha solo, infatigable,
encarcelado en su infinito,
como un solitario pensamiento,
como un fantasma que buscara un cuerpo.


Octavio Paz.

domingo, 20 de octubre de 2013

El sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?


Jorge Luis Borges.

viernes, 11 de octubre de 2013

Historia de una H que no quería ser muda


Mundos de sombras dominan las dos líneas de fuego, que hay entre tus manos y las mías. Esta vez fue rápido y cercano el lugar señalado. Una selva virgen donde la mosca tsé-tsé hace estragos a su paso. Pero estaba seguro, porque su halo me protegía de cualquier peligro. Nos sentamos junto a un río cercano, y, mientras hablabámos, ella observaba el paisaje. Miraba las combinaciones de colores, el vuelo de las hojas, el azul del cielo, o las briznas de hierba. Yo, en cambio, exploraba sus facciones. ¿Qué necesidad había de mirar alrededor? Sus dos dulces terrones de tierra azucarada ya hacían de espejo sobre la realidad. Pero, por mucho que quisiera penetrar dentro, una enorme caja acorazada se interponía entre mi cuerpo y su interior.

Quizá si hubiera tenido las manos de Lupin, habría podido entrar rápidamente, pero aquello me decía que debía ir con cuidado, con tacto, hasta conseguir abrirla. No me importaba el tiempo que estuviese allí, intentando dar con la combinación. Sabía que adentro había un botín muy valioso.

Esta vez el aire se reía a menudo, y mis manos tocaban los finos hilos de seda que brotaban de las raíces de la montaña, mientras la atrapaba entre mis brazos y me dejaba embriagar por su perfume. Y, a veces, dejaban de escucharse nuestras voces, era entonces cuando legiones enteras de segundos disparaban sobre nuestros cuerpos. Pero duraban tan poco que, a pesar de continuar oyendo nuestro silencio, se establecía una unión entre sus dos bases y las mías, mediante unas largas cuerdas que se enganchaban en el territorio del otro. 

Yo era un ratero de emociones que se había escapado con la hija de un aristócrata, y, mientras esperábamos el transporte que me llevaría de vuelta a casa, aparecieron los guardias para prenderme. Tras un intento de huida, decidí rendirme. Antes de que llegasen adonde me encontraba, arropé entre mis brazos a Helena, deseando estar en un espacio geográfico distinto, donde sus alas se desplieguen sin restricción alguna.

Los murciélagos son ciegos, y solo pueden evitar chocarse mandando ondas ultrasónicas, para determinar si hay obstáculos o no. Tal vez me siento como uno de ellos, solo que en vez de mandar ondas, envío palabras. Y solo tú puedes hacer que siga volando.
 
http://youtu.be/4jbwUDZLs3E