No sabía que las palabras se pueden resquebrajar, pequeños arañazos alrededor de la tinta, cortantes, que desmoronan imperios de tinta.
Nos reenganchamos al tren, con un reloj que llevaba tiempo parado. Un vagón más, un cambio de aguja, sin conductor, sin destino. Me perdí. Un loco en la vía. La cabeza se sube a la noria, y el estómago se decanta por una atracción de riesgo. ¿Cuando vine a esta feria? No recuerdo eso. Ni tampoco tener que hacer malabares con las manos.
Una celda de cristal, donde juego a escapar de carceleros que me vigilan desde hace años. Siempre me atrapan. Tarde o temprano vuelvo adentro y redimo mi pena. Y lo peor de todo es, padecer el síndrome de Estocolmo.
"Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de batirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento."
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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domingo, 8 de febrero de 2015
Ubicación:
23170 La Guardia, Jaén, España
martes, 10 de diciembre de 2013
Vamos a contar hacia atrás, y cuando el reloj llegue a cero, tú serás la arena que fluya entre mis manos. Acabará una era y empezará un tratado de no agresión que durará unas semanas, lo justo para prepararse contra lo que vendrá después. Cara a cara nos encontraremos un día de esos en los que levantar las armas está penado con la muerte. Y no podré evitar dispararte a los ojos con algo de aquí adentro. Incluso, después, podría atravesar tus entrañas con bombas de colores y tanques de tinta.
No te quedarás temblando en la puerta, las olas de calor entre ambos cuerpos llenarán océanos alrededor de las sombras. Y como la luz del faro te encenderás, involuntaria, sobre la ciudad. Y mis manos arderán cuando trate de tocar tu piel, pues será ya el tercer aviso permitido por la tregua, y cisnes celestes me llevarán a la prisión de los sueños.
No te quedarás temblando en la puerta, las olas de calor entre ambos cuerpos llenarán océanos alrededor de las sombras. Y como la luz del faro te encenderás, involuntaria, sobre la ciudad. Y mis manos arderán cuando trate de tocar tu piel, pues será ya el tercer aviso permitido por la tregua, y cisnes celestes me llevarán a la prisión de los sueños.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Salta
Sé que las manecillas del reloj son puntiagudas, tal vez porque desgarran el tiempo a cada paso que dan, incesantes, y cuando intentas detenerlas con la mano, éstas te cortan. Una fina herida que de lado a lado de la mano muestra un hilo de sangre que se escurre sobre la impermeabilidad de la piel. Gota a gota, el color rojo va golpeando en el suelo, y las hendiduras de la baldosa se van rellenando poco a poco, como un río espeso y lento que avanza sobre tierra y rocas.
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
No puedes detener nada, es cierto, la marea ya te arrastra y no puedes volver atrás. Las palabras que no se dicen se apagan en el fondo del mar, como bombillas que estallan en mitad de la noche. Pero, espera, si el ruido es constante, se dañarían tus oídos. Tal vez no escuches mi voz en mitad de la eterna tormenta, y el atolón sobre el que te encuentras solo llama a que saltes al vacío. Un fondo negro sobre el que solo se ven tus propios miedos. Y no es que yo no envíe ondas sonoras hacia tu cabeza, sino que los ríos de color púrpura amordazan mi boca y atan mis manos.
Aún así, podría decir que saltes. Salta. Que aunque la duda muerda, las cuerdas atenacen, el frío paralice, y la oscuridad ponga vendas a los ojos, yo estaré allí abajo para recogerte.
http://youtu.be/TXndFmaZkwQ
viernes, 8 de noviembre de 2013
Desnudo
He perdido el juego,
soy una polilla
atrapada dentro de
su enorme telaraña.
Porque las mariposas
también tejen hilos,
también devoran a sus
despistadas presas.
Pero no perderé
la vida en este día:
Me será devuelta
con una caricia.
Una mano, una sola,
que recorra suave
mi triste silueta.
¿Por qué me desnudas
solo con la mirada?
Haz jirones mis
madejas de lana,
rompe de un golpe
campos de lino.
El reloj sin cuerda
colgado de la pared,
silencioso asesino
de lo perecedero,
aparta tus cuchillas
de mi garganta.
Déjame dormir
junto a sus sueños,
respirando su aire,
devorando sus latidos.
No necesito tus alas,
tengo sus luces
coloridas de fuego.
Una línea extensa
que de punta a punta
toca nuestros labios.
soy una polilla
atrapada dentro de
su enorme telaraña.
Porque las mariposas
también tejen hilos,
también devoran a sus
despistadas presas.
Pero no perderé
la vida en este día:
Me será devuelta
con una caricia.
Una mano, una sola,
que recorra suave
mi triste silueta.
¿Por qué me desnudas
solo con la mirada?
Haz jirones mis
madejas de lana,
rompe de un golpe
campos de lino.
El reloj sin cuerda
colgado de la pared,
silencioso asesino
de lo perecedero,
aparta tus cuchillas
de mi garganta.
Déjame dormir
junto a sus sueños,
respirando su aire,
devorando sus latidos.
No necesito tus alas,
tengo sus luces
coloridas de fuego.
Una línea extensa
que de punta a punta
toca nuestros labios.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Un, dos... ¿tres?
Dicen que existen dos mundos. Uno real, consciente, que determina la vida; y otro imaginario, paladín de los sueños, efímero condicionante del primer mundo.
Pues bien, esto es falso. Existe una tercera ubicación, en la que se mezclan los dos mundos, ya sea porque la realidad se vuelve similar a lo que habitaba en el subconsciente, ya sea porque la realidad se dibuja en los sueños y la imaginación.
A su vez, este lugar se divide en dos evoluciones distintas del tiempo. Una, más cercana a la frontera de la realidad, en la que los segundos se pasan como si fuesen heridos de guerra, mutilados graves; se arrastran por el suelo, caminan lentamente, y en ocasiones dibujan la eternidad. Una eternidad anquilosada, aburrida, indeseada, en la que nadie preferiría la inmortalidad.
La segunda, más cercana a los límites del subconsciente, se vuelve rápida y sosegada, envuelta de paz, tranquilidad, y emociones cálidas. No obstante, los minutos se escapan de las manos, como si intentásemos atrapar con los dedos agua de un estanque.
No sé cuál de estos estados frecuento con más asiduidad, pero sí sé que, cuando estoy con ella, aparece un cuarto habitáculo, paralelo a todos ellos, en el que el tiempo deja de funcionar, como un reloj parado que se dibuja en el infinito. Y, solo cuando nos separamos, es cuando todos los soldados de Cronos rompen filas y se disponen a arrebatarme lo que les corresponde.
http://youtu.be/LXLXJKhkxl0
Pues bien, esto es falso. Existe una tercera ubicación, en la que se mezclan los dos mundos, ya sea porque la realidad se vuelve similar a lo que habitaba en el subconsciente, ya sea porque la realidad se dibuja en los sueños y la imaginación.
A su vez, este lugar se divide en dos evoluciones distintas del tiempo. Una, más cercana a la frontera de la realidad, en la que los segundos se pasan como si fuesen heridos de guerra, mutilados graves; se arrastran por el suelo, caminan lentamente, y en ocasiones dibujan la eternidad. Una eternidad anquilosada, aburrida, indeseada, en la que nadie preferiría la inmortalidad.
La segunda, más cercana a los límites del subconsciente, se vuelve rápida y sosegada, envuelta de paz, tranquilidad, y emociones cálidas. No obstante, los minutos se escapan de las manos, como si intentásemos atrapar con los dedos agua de un estanque.
No sé cuál de estos estados frecuento con más asiduidad, pero sí sé que, cuando estoy con ella, aparece un cuarto habitáculo, paralelo a todos ellos, en el que el tiempo deja de funcionar, como un reloj parado que se dibuja en el infinito. Y, solo cuando nos separamos, es cuando todos los soldados de Cronos rompen filas y se disponen a arrebatarme lo que les corresponde.
http://youtu.be/LXLXJKhkxl0
sábado, 14 de septiembre de 2013
Tic, toc, y la fábula del tiempo.
El segundero del reloj viaja hacia atrás, pero se consume hacia delante, lenta y pesadamente. Cuatro paredes de hormigón se alzan, formando una jaula que simula la libertad, una cárcel de oro espaciosa para el reo, que camina y no palpa los barrotes, que aspira y no siente el aire viciado. Puede ser que se haya acostumbrado a su alrededor, ignorante de lo que ocurre o de dónde se encuentra. Una venda que tapa sus ojos y una duda que lo ciega. No sabe si en su cabeza se acumulan las dudas o las certezas, pues solo alberga esperanzas que, al igual que una bombilla desgastada, titila, se enciende, y se apaga. Y lo único que sabe es, que si estuviera montado en un barco, dejaría que le arrastrase la corriente.
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