Se necesita un solo minuto para que todo lo que vivías empiece a notar cambios. Es algo asombroso. Imaginen caminar sobre una línea. Usted toma una dirección, a pesar de que la suya no es la única línea existente. Detrás hay otras. Unas nunca las tomó. Otras, estaban conectadas con la principal, aguardando a que las cogiera, sin haber sido vedadas. Hay tantas, que muchas no las vemos. Pero no tema, el creador de líneas es usted, puede conectarlas, cerrarlas, elegir otra vía. Cierto es que muchas de ellas no dependen solo de nosotros, de hecho pocas son exclusivamente nuestras.
Ahora imaginen que cada línea tiene un brillo, del color que prefieran, y será más o menos intenso dependiendo de la influencia de las líneas en nosotros. Esto nunca es algo rígido, va variando a lo largo de nuestra vida. Entonces, una de las líneas, comienza a brillar con más fuerza. Llevaba años estando ahí, brillando, unas veces más y otras menos, aunque sin apagarse. Y haces el intento: te gustaría cambiar a ese lugar. Habías estado todo el viaje mirándola de reojo, sin poder realmente tomarla. Y ahora sientes que puedes alargar la mano y rozarla ligeramente con los dedos. Nada más. Tal vez se pueda hacer más. Y no estrellarse en la carretera.
http://youtu.be/rs8hraY1OJ0
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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sábado, 16 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Planes
Hoy no estoy aquí. Me perdí. Un monstruo que no dispone de sus cinco sentidos ocupa mi lugar. Es una sensación extraña tiritar de miedo, cuando todo lo que habías formado en la hipótesis se derrumba como un castillo de naipes. Y, sobre todo, la impotencia de no poder hacer nada para evitar eso. Solo si eres previsor puedes idear formas de salvar una parte de la estructura, pero ni aún así controlas lo más mínimo: solo te vuelves un juguete de las acciones externas.
Es cierto eso de que nada que sea importante sale tal y como lo planeas, pero, ¿no es eso acaso lo que hace más interesante el desarrollo? La agudeza, el ingenio, cualquier cosa sirve como aliada para salvar los obstáculos y tomar otro camino, que, quizá sea menos placentero, pero tiene el mismo fin. Lo que no se puede hacer es quedarse mirando la barrera natural de la carretera, eso es la perdición.
http://youtu.be/cQW9yrYtjEw
Es cierto eso de que nada que sea importante sale tal y como lo planeas, pero, ¿no es eso acaso lo que hace más interesante el desarrollo? La agudeza, el ingenio, cualquier cosa sirve como aliada para salvar los obstáculos y tomar otro camino, que, quizá sea menos placentero, pero tiene el mismo fin. Lo que no se puede hacer es quedarse mirando la barrera natural de la carretera, eso es la perdición.
lunes, 28 de octubre de 2013
Manchas
Soy una mancha que camina por la ciudad. Las farolas encendidas flanquean el camino. El suelo está mojado. Llovió no hace mucho. Árboles peleándose por arrebatarle el lugar a las farolas. No hay coches, no hay motos. Nada en la carretera. Casas monótonas en el otro lado. El cielo es una mezcla heterogénea de colores azulados. Soy una mancha. Me expando por todos sitios, formo figuras, pero no se engañe, soy lo que soy. Voy al lado de una mujer llamada Helena, con una mascota que no recuerdo haber tenido. Un perro negro. Solo cabe ir hacia delante, bajo la luz de las farolas, aunque solo me fije en la que irradian sus ojos. ¿Dónde está? ¿Sigue ahí? Porque me muevo un poco y desaparece de mi vista. Y otra vez me difumino entre colores fríos y cálidos. Me muevo en los charcos. Me aferro a ella con fuerza: No quiero perderla. Pero solo soy una mancha... ¿Qué puede hacer una mancha sino expandirse y cambiarlo todo? ¿Qué puedo hacer sino dibujar con palabras lo que no puedo retratar en un lienzo?
martes, 8 de octubre de 2013
Flores para el cementerio
Era un día nublado. El sol se escondía tras las nubes grisáceas, mientras que mis piernas se movían solas por las calles. No sabía hacia donde iba, ni qué haría a lo largo del trayecto. Después de un rato me salí a la periferia, y, a mi alrededor, habían zonas donde crecían flores muy diversas. Supe que debía coger, atrapar muchas entre mis manos, hasta hacer un ramo generoso.
Blanco, rojo, anaranjado, y rosáceo; esos eran los pigmentos que batallaban entre ellos para llamar la atención del ojo humano. Continué mi camino, en una carretera de sentido único, sin vehículos, yo solo. No lo sabía, pero estaba en dirección hacia el cementerio. Una verja enorme se alzaba flanqueada por un blanco muro que abrazaba el terreno de la muerte. Entré en el lugar, y, caminando sobre las piedras que marcaban el camino entre la hierba, iba observando el lugar sin dejar de andar. Los cipreses, alargados, gobernaban el lugar. Y, bajo su regio mandato, el viento se moderaba lo justo para acariciarlos y moverlos levemente.
Parecía que iba a llegar a mi destino, cuando vi a una chica con un vestido blanco, de espaldas, delante de una lápida. Al escucharme, se giró, y sonriendo, dijo:
- Te estaba esperando. ¿Eso es para mí?- Preguntó, muy contenta, señalando el ramo de flores.
Asentí con la cabeza, y al darle el ramo, posó sus labios sobre los míos, durante un par de segundos. Me cogió de la mano y salimos del cementerio.
Y, en la descripción de la tumba que acababa de dejar atrás, se leía: "Aquí yace Soledad".
Blanco, rojo, anaranjado, y rosáceo; esos eran los pigmentos que batallaban entre ellos para llamar la atención del ojo humano. Continué mi camino, en una carretera de sentido único, sin vehículos, yo solo. No lo sabía, pero estaba en dirección hacia el cementerio. Una verja enorme se alzaba flanqueada por un blanco muro que abrazaba el terreno de la muerte. Entré en el lugar, y, caminando sobre las piedras que marcaban el camino entre la hierba, iba observando el lugar sin dejar de andar. Los cipreses, alargados, gobernaban el lugar. Y, bajo su regio mandato, el viento se moderaba lo justo para acariciarlos y moverlos levemente.
Parecía que iba a llegar a mi destino, cuando vi a una chica con un vestido blanco, de espaldas, delante de una lápida. Al escucharme, se giró, y sonriendo, dijo:
- Te estaba esperando. ¿Eso es para mí?- Preguntó, muy contenta, señalando el ramo de flores.
Asentí con la cabeza, y al darle el ramo, posó sus labios sobre los míos, durante un par de segundos. Me cogió de la mano y salimos del cementerio.
Y, en la descripción de la tumba que acababa de dejar atrás, se leía: "Aquí yace Soledad".
jueves, 26 de septiembre de 2013
Conduzco en una carretera sin vehículos, sin normas, sin obstáculos. A veces el coche da bandazos, acelera bruscamente, o, por el contrario, da una fuerte frenada. No sé hacia donde conduce este coche, los faros solo iluminan una ciénaga pantanosa, en la que las luces confunden al viajero. Igual que el náufrago perdido en el mar, mi cuerpo desconoce su reacción.
De entre todas las engañosas señales, aparece una que se muestra fiable, y no es otra cosa que un ángel. No es que existan realmente, pero la mente es tan caprichosa que sabe reproducirlos, aunque en mi caso no se parece demasiado al modelo estándar. Perdió sus alas en pleno vuelo, y, en lugar del halo, sobre su cabeza descansa una corona de plumas del pasado invierno.
Es cierto que puede volar, pues su subconsciente le permite atravesar las barreras de la realidad, e instalarse en un mundo de fantasía, donde nadie, excepto quien lo comparta, puede acceder a él.
Y, lo cierto es que, aunque siga al ángel, y evite de momento el camino cenagoso, desconozco si voy en dirección prohibida, o si, por el contrario, me dirijo a un destino tan hermoso como misterioso, donde el ángel se vuelve de carne y hueso, y la única luz que aparece al fondo de mi vista, es la que irradian sus cristalinos ojos.
De entre todas las engañosas señales, aparece una que se muestra fiable, y no es otra cosa que un ángel. No es que existan realmente, pero la mente es tan caprichosa que sabe reproducirlos, aunque en mi caso no se parece demasiado al modelo estándar. Perdió sus alas en pleno vuelo, y, en lugar del halo, sobre su cabeza descansa una corona de plumas del pasado invierno.
Es cierto que puede volar, pues su subconsciente le permite atravesar las barreras de la realidad, e instalarse en un mundo de fantasía, donde nadie, excepto quien lo comparta, puede acceder a él.
Y, lo cierto es que, aunque siga al ángel, y evite de momento el camino cenagoso, desconozco si voy en dirección prohibida, o si, por el contrario, me dirijo a un destino tan hermoso como misterioso, donde el ángel se vuelve de carne y hueso, y la única luz que aparece al fondo de mi vista, es la que irradian sus cristalinos ojos.
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