Un lince se asomó
a la ventana
de la sierra.
Aplastaba las
malas hierbas
con sus garras.
Al fondo, el sonido
de los motores
giran sobre dos
veloces ruedas.
Nada le asusta,
solo la visión
del garrote blandido
por la mediocridad.
Fija la vista en
el horizonte, lejos,
en los lugares
donde quiere estar.
Es cierto que parecen
ojos inofensivos,
error grave olvidar
que son de un cazador.
Así es el lince:
hermoso, tranquilo,
inteligente, fiero, y,
también, un amigo.
Para Ana Belén. ¡¡Muchas felicidades!! :))
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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viernes, 1 de mayo de 2015
miércoles, 22 de abril de 2015
Piezas
Hasta que no se descomponen todas las piezas que se han ido formando en este puzzle pintoresco, no se puede volver a formar nada. Perdí mi camino entre las flautas de la alegría y me olvidé de la mano que apresa la garganta, hasta que fue tarde.
No se preocupe si no puede hacer que todas las partes encajen, formando un único escenario en el horizonte. Son necesarias las piezas solitarias, imposibles de encajar, y que aparentemente no nos sirven. Son necesarias porque en algún momento serán un resorte que una las próximas que iremos encontrando. Y, si aún así se vuelven inútiles, es preciso recordar que forman parte de lo que conoces, y permanecerán ahí, a pesar de todo.
No lo verás nunca terminado, incluso si vas completando las esquinas y diversas partes centrales. La razón de esto es que los secretos existen, y las aristas y cavidades no siempre son lo que aparentan, volubles ellas en el tiempo, desconfigurando la apariencia de orden. No pasa nada. Tú también eres una de esas piezas, aunque seas la mano que mueve el resto, a pesar de que habrá algunas que nunca podrás cambiar de lugar, esto son, figuras poderosas que influyen en tu vida de una forma en la que tú no podrás solo.
No pasa nada. Elige bien qué piezas poner y quitar, y cuáles de ellas cambiar de lugar. Y, sobre todo, dale forma a la tuya, porque, obviamente, tú también deberás entrar en ese enorme tablero.
No se preocupe si no puede hacer que todas las partes encajen, formando un único escenario en el horizonte. Son necesarias las piezas solitarias, imposibles de encajar, y que aparentemente no nos sirven. Son necesarias porque en algún momento serán un resorte que una las próximas que iremos encontrando. Y, si aún así se vuelven inútiles, es preciso recordar que forman parte de lo que conoces, y permanecerán ahí, a pesar de todo.
No lo verás nunca terminado, incluso si vas completando las esquinas y diversas partes centrales. La razón de esto es que los secretos existen, y las aristas y cavidades no siempre son lo que aparentan, volubles ellas en el tiempo, desconfigurando la apariencia de orden. No pasa nada. Tú también eres una de esas piezas, aunque seas la mano que mueve el resto, a pesar de que habrá algunas que nunca podrás cambiar de lugar, esto son, figuras poderosas que influyen en tu vida de una forma en la que tú no podrás solo.
No pasa nada. Elige bien qué piezas poner y quitar, y cuáles de ellas cambiar de lugar. Y, sobre todo, dale forma a la tuya, porque, obviamente, tú también deberás entrar en ese enorme tablero.
viernes, 17 de abril de 2015
Arriba
Una mirada al horizonte, donde las paredes de los edificios tapan la vista. Un lugar donde las utopías nunca se terminarán, abnegado el presente en una ola de confusión, donde los términos se usan al antojo y pierden su valor original.
Y allí, al fondo de los suburbios, una mano altruista parece querer romper con los moldes predeterminados, la presencia de una hebra de luz sobre un suelo oscuro como el carbón que lo construyó.
No es a la soledad a quien debes temer, no, pues es un ser que, aunque sus besos sepan amargos, únicamente es un ente neutral. Un abrazo ausente, una caricia imaginaria. No esperes más. No asesina como la mentira, esa aliada de lo social.
Y me quedo aquí, observando, huyendo, y levantando castillos frente a todo lo que se acerca. No es maldad, ni siquiera indiferencia, es la mano que siembra lo mismo que ha recogido.
Es la mano de fuego que ya se ha congelado. Un último suspiro, y la certeza de que solo vendrán los que quieran asaltar las murallas.
Para Melissa.
Palabras clave: Utopía, altruismo y soledad
Y allí, al fondo de los suburbios, una mano altruista parece querer romper con los moldes predeterminados, la presencia de una hebra de luz sobre un suelo oscuro como el carbón que lo construyó.
No es a la soledad a quien debes temer, no, pues es un ser que, aunque sus besos sepan amargos, únicamente es un ente neutral. Un abrazo ausente, una caricia imaginaria. No esperes más. No asesina como la mentira, esa aliada de lo social.
Y me quedo aquí, observando, huyendo, y levantando castillos frente a todo lo que se acerca. No es maldad, ni siquiera indiferencia, es la mano que siembra lo mismo que ha recogido.
Es la mano de fuego que ya se ha congelado. Un último suspiro, y la certeza de que solo vendrán los que quieran asaltar las murallas.
Para Melissa.
Palabras clave: Utopía, altruismo y soledad
sábado, 4 de abril de 2015
En la carretera
Todo vuelve a su cauce, a pesar de la monotonía de los días, donde los sueños se disfrazan de rutina, y el horizonte aparece pintado de gris.
Un descenso a lo más alto de la melancolía, donde solo una distracción esporádica ejerce un papel de contención. No se han apagado las luces de la carretera, pues realmente nunca las hubo, y las piernas no pueden seguir corriendo cuando ya se han acostumbrado a la sedentarización.
Me sentaré ahí, al borde de la calzada, y esperaré a que pase algún coche que quiera recogerme, pero lo dudo. No hay ojos que puedan posarse en mí, no sin apartar la vista, pues la aureola del miedo rodea la esperanza que se disipa, y la pasividad del desconocido domina el techo del mundo.
Ya descansarán los pies.
Un descenso a lo más alto de la melancolía, donde solo una distracción esporádica ejerce un papel de contención. No se han apagado las luces de la carretera, pues realmente nunca las hubo, y las piernas no pueden seguir corriendo cuando ya se han acostumbrado a la sedentarización.
Me sentaré ahí, al borde de la calzada, y esperaré a que pase algún coche que quiera recogerme, pero lo dudo. No hay ojos que puedan posarse en mí, no sin apartar la vista, pues la aureola del miedo rodea la esperanza que se disipa, y la pasividad del desconocido domina el techo del mundo.
Ya descansarán los pies.
sábado, 7 de febrero de 2015
Nothing
Una línea cruza el horizonte en solitario. Alguien se esconde en el bosque. Pero de nada le sirve esconderse cuando el agua del pantano le cubre las rodillas. ¿Qué es lo que vuela? Nada. Las ramas atravesaron los cuerpos de los pájaros que salieron volando. Árboles de espino que cierran la noche. ¿Qué es lo que canta? Nada. Los gritos y el silencio quemaron la melodía de las flores. De nada sirve correr. Toda la tierra por donde te mueves está llena de lodo, y hasta el pecio más ligero se hunde.
¿Qué es lo que viene?
¿Qué es lo que viene?
Ubicación:
23170 La Guardia, Jaén, España
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