Escucho canciones desconocidas en la distancia. Suenan bien, pero no pueden las notas ser rozadas. Un idioma extraño, de tierras desconocidas, dormitando sobre la cama de un sueño lejano. No, lo siento, las palabras no pueden abrir brechas en el suelo, ni tampoco cerrarlas.
Las palabras son mentiras, ilusiones, deseos, y un rastro de melancolía flotando entre la felicidad. Una mano no puede tocar a la otra, y los frágiles puentes de cristal se hacen añicos bajo el peso de la realidad.
Lo siento, ya caerán sobre ti las legiones de los espartiatas, aliados más cercanos, y más feroces que mi escudo de hojas y mi espada de papel. No derramé más sangre que la de una herida, y en tu caso solo caerá al suelo el tintero.
Seguiré abriendo los brazos a esta curiosa experiencia, donde la soledad se difumina de la mano de un juego en el que, se sabe, ya está todo perdido de antemano, y solo queda intentar ganar alguna ronda.
Lo siento, seguirán cayendo las flechas de cartón sobre tu corazón, ese país envuelto siempre en la misma guerra civil.
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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lunes, 1 de junio de 2015
sábado, 4 de abril de 2015
En la carretera
Todo vuelve a su cauce, a pesar de la monotonía de los días, donde los sueños se disfrazan de rutina, y el horizonte aparece pintado de gris.
Un descenso a lo más alto de la melancolía, donde solo una distracción esporádica ejerce un papel de contención. No se han apagado las luces de la carretera, pues realmente nunca las hubo, y las piernas no pueden seguir corriendo cuando ya se han acostumbrado a la sedentarización.
Me sentaré ahí, al borde de la calzada, y esperaré a que pase algún coche que quiera recogerme, pero lo dudo. No hay ojos que puedan posarse en mí, no sin apartar la vista, pues la aureola del miedo rodea la esperanza que se disipa, y la pasividad del desconocido domina el techo del mundo.
Ya descansarán los pies.
Un descenso a lo más alto de la melancolía, donde solo una distracción esporádica ejerce un papel de contención. No se han apagado las luces de la carretera, pues realmente nunca las hubo, y las piernas no pueden seguir corriendo cuando ya se han acostumbrado a la sedentarización.
Me sentaré ahí, al borde de la calzada, y esperaré a que pase algún coche que quiera recogerme, pero lo dudo. No hay ojos que puedan posarse en mí, no sin apartar la vista, pues la aureola del miedo rodea la esperanza que se disipa, y la pasividad del desconocido domina el techo del mundo.
Ya descansarán los pies.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Ey, coldworld
¿Qué somos? ¿Somos lo que hacen otras personas de nosotros? Hoy pensé que sí. Que soy tristeza, rodeada de optimismo. Lágrimas que brotan de mis ojos, fuertemente sacudidas por la mano del resentimiento. ¿Qué somos? ¿Por qué os regalo melancolía en estas palabras en vez de alegría? Si miro al frente y solo veo un océano de papel y tinta donde hundir las penas, en eternos cementerios que reaparecen cada vez que se clava una daga aquí dentro. ¿Por qué se dibuja frente a mis ojos la paramera yerma y lúgubre en vez de un campo de flores exóticas? Dicen que hay palabras que duelen más que flechas en el cuerpo, y tal vez sea cierto, pero lo que más daño puede hacer es tu propia mente pisando campos de minas que ella misma había colocado.
http://youtu.be/f38BDQC6kPs
http://youtu.be/f38BDQC6kPs
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