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lunes, 5 de octubre de 2015

Reflejos


Me corté con los cristales,
bola de acero que rompe
el espejo engañoso.

Cicatriz abierta, dulce,
riega el sueño olvidado,
riega el desengaño.

Yo quise disparar, lo juro,
y se encasquilló el mundo
junto con la verdad.

No vi el monstruo que
me agarraba de frente,
absorto como estaba
en un futuro inerte.

Y grito, y callo, solo,
nadie más en casa,
nadie más asustado.

Lo juro, creí en la
coraza de la risa,
y hoy sólo conservo
un olvido recordado.

Lo juro, creí que
veía mi rostro reflejado,
y ahora descubro
que rompí la barrera
que nos unía.


Poema finalista en II Certamen de poesía "Piezas de misterio", de Cuponeta Editorial.

sábado, 14 de febrero de 2015

San Valentín

Es San Valentín, y no tengo otro regalo que daros, excepto este, si queréis considerarlo así, claro. Tranquilos, no os pediré dinero.

Las torres más altas que construí se cayeron, y ahora solo quedan los restos. Yo vago, como una sombra, hacia los pozos oscuros de las horas pasadas. Me siento sobre una veleta y giro, y avanzo. Entonces me vuelvo un cobarde y vuelvo hacia atrás mis pasos, mientras que un pie me anima a ir hacia la derecha, el otro me empuja hacia la izquierda. Mis manos se agitan, nerviosas, y destrozan hojas de cristal. Apunta, apunta, líbrame de la piedra y de la apatía inmutable.

Dispara, dispara, atraviésame de principio a fin, sin piedad, hasta que caiga de rodillas y no pueda mantenerme en pie. Hasta el último aliento.

martes, 17 de septiembre de 2013

Cuatro objetivos, y una sola bala en la recámara. El punto de mira, preciso, pero agentes externos pueden mover la trayectoria del proyectil. Uno no sabe si disparar, o dar media vuelta y dejar todo como estaba.

Se puede cazar con las manos, me dicen. Pero no cuentan que es más fácil que la presa escape. La mente se bloquea, las diversas opciones que surgen de repente son abrumadoras. No eres un cazador experto, pero siempre te has fijado bien en todas las cosas, y precisamente ese es el error. Empiezas a observar, y te das cuenta de que no puedes disparar a un solo blanco, porque es difícil elegir, y en tu interior sabes que no puedes simplemente cerrar los ojos y escoger al azar.

Pero si no haces nada, te quedarás solo en el bosque, el tiempo moverá de su lugar a sus criaturas, pues es caprichoso, y, del mismo modo en que a veces no nos muestra presa alguna, en otras ocasiones, como ahora, muestra a varias de sus hijas, y solo nos cede una.

¿Qué hacer, pues, ante la duda? Disparar, disparar como sea. Aunque la bala se incruste en el árbol y las dianas vivientes se marchen. Total, solo puedes ganar, la pérdida ya la tienes como punto de partida.

http://youtu.be/TGRHO_yUTE0