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miércoles, 15 de abril de 2015

La armadura

Siempre fuiste una armadura hueca. Unas manos inexistentes sujetaban un hacha enorme, y con ella partías en dos todo aquello que hubiese por delante de tu camino y que te disgustaba. No importaba la resistencia. Lo que está vacío no puede destruirse. Lo máximo que se conseguía era un sonoro ruido ante las piezas de metal desperdigadas por el suelo.

Uno podría pensar que ese sonido no era otra cosa que la victoria, pero realmente era una falsa visión, donde hubo aire, más aire vendrá a ocupar su lugar. Ser de carne y hueso es una tara, y estar lleno de sangre, hace que todo pueda ser expulsado más rápido de adentro.

Por supuesto que no se puede vencer así a la armadura. Claro que, tampoco podemos volvernos como ella. La única manera es, hacerse con las piezas. Antes de que el hacha vuelva a caer frente a nuestra cara.


martes, 17 de marzo de 2015

Soy

Hoy soy un libro con las palabras desordenadas, imposible de leer. La quiromancia más extraña, dormida en los posos de la brea que despiden mis ojos. Una bacanal confusa, adormecida, con los ánimos sin pulso alguno. Soy la antorcha que oscurece tu sonrisa de satisfacción. Una mano muerta que se desliza por el suave vaivén del aire, resistente a dejar de funcionar, cuando ya no queda nada por lo que moverse.

Hoy soy aún más un planeta hueco, que se sale de su órbita y se estrella contra la luna. Un montón de líneas difusas, con trazos de idas y retornos, irregulares compases cuyas bifurcaciones pierden la alegría. Un buscador chiflado que se pierde en el desierto de tus astros para nunca salir, muerto de hambre y sed, y ningún tesoro en sus manos.

Soy melancolía, una bruma espesa que sacude los cimientos de todo en lo que alguna vez creí. El hacha que termina de talar el solitario árbol milenario, cuyas raíces controlaban todo el bosque. La esperanza moribunda que rasca con sus uñas la puerta de lo inalcanzable, mientras jadea y escupe cuajerones de sangre.

No hay nada al otro lado, nada a lo que aferrarse, nada que voltee el rumbo de los barcos a la deriva.

Por eso hoy, más que nunca, puedo decir que, al hablar, el eco me responde.

https://youtu.be/2sNSA09euT8

jueves, 28 de noviembre de 2013

Morfeo

Alguien empieza a cantar sobre un reino olvidado, tocando la lira y llenando la habitación de un humo invisible que embriaga los sentidos. Aparecen dos burbujas que danzan un momento en el aire y se unen, formando una pompa más grande. Cae al suelo, pero no estalla, rebota como una pelota y se queda explorando los alrededores. El cuerpo se aletarga, el tiempo se estira como una buena pizza de queso fundido, y los ojos se cierran, pesados como yunques.

Una voz llama al otro lado, intentando atraer la atención, pero es en vano. Las palabras no suenan, las vocales no vibran en la cabeza. No camines entre los dos mundos sin llevarme contigo. Eso dice. Y Morfeo coloca su barrera del olvido en la puerta del sueño. Su cuerpo entra, hipnotizado, y las puertas se sellan para mí. Volví a perder.