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jueves, 28 de noviembre de 2013

Nude

Se sentía como un ejército de jinetes descendiendo a toda velocidad por la cuesta de una colina. Sin líneas enemigas al fondo, sin nada en lo que chocar, nada que destruir. Vértigo incesante. Los cuernos que resuenan por todas partes llaman a la guerra contra el hastío que habita bajo las piedras del valle.

Quieres saber lo que se oculta bajo las capas superfluas que habitan en el núcleo, y necesitarás más que acero y cañones para entrar ahí. De nada sirve hacer sangrar a los habitantes de un cementerio. Inútil tomar sus fuertes. ¿Para qué? Si ahí no está lo que andas buscando. No. Si usted quiere desnudarme, tendrá que empezar por entrar sin ropa a los límites de la frontera.




viernes, 15 de noviembre de 2013

Ey, coldworld

¿Qué somos? ¿Somos lo que hacen otras personas de nosotros? Hoy pensé que sí. Que soy tristeza, rodeada de optimismo. Lágrimas que brotan de mis ojos, fuertemente sacudidas por la mano del resentimiento. ¿Qué somos? ¿Por qué os regalo melancolía en estas palabras en vez de alegría? Si miro al frente y solo veo un océano de papel y tinta donde hundir las penas, en eternos cementerios que reaparecen cada vez que se clava una daga aquí dentro. ¿Por qué se dibuja frente a mis ojos la paramera yerma y lúgubre en vez de un campo de flores exóticas? Dicen que hay palabras que duelen más que flechas en el cuerpo, y tal vez sea cierto, pero lo que más daño puede hacer es tu propia mente pisando campos de minas que ella misma había colocado.

http://youtu.be/f38BDQC6kPs


lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Es mi barco mi tesoro?

Soy el capitán de un barco que no responde al timón que maneja sus movimientos; viajo siempre a la deriva, y nunca veo tierra a lo lejos. El único paisaje que avisto es monótono y aburrido cuando llevas tanto tiempo mirando el agua del mar, y su oleaje. Aunque también es cierto que no tengo ninguna queja complementaria, pues de vez en cuando encuentro cementerios de barcos encallados, y el mío los evita con sospechosa maestría. También se zafa de las tormentas, que, en mitad de la noche, me sorprenden. Es algo asombrosamente rápido: el oleaje ruge, se alza, tan peligroso como majestuoso, ávido de destrucción; nada que ver con la relativa calma de la que se goza minutos antes a la transformación.  El cielo se viste de luto, y no deja siquiera ver a la estrella Polar, solamente deja que veas la rapidez del rayo, el rugido del trueno, y la frialdad de la lluvia, que, por cierto, es incapaz de inundar el barco aunque me cale hasta los huesos.

Tal vez, lo que no me guste de esta situación, no es sino el hecho de tener que navegar siempre solo. Es posible que así evite los peligros del mar, pues mi barco siempre ha navegado sorteando todos y cada uno de ellos; pero entonces estaría perdiéndome unas experiencias que, si bien pueden no resultar placenteras, resulta odioso tener que prescindir de ellas. 

http://youtu.be/T8pGjg73h9k