Hay muchas cosas que cambian con el tiempo. Se degradan. Situaciones que no pensabas que llegaran a existir nunca, aparecen ante tus ojos. Eso de tener a alguien en una escala más o menos salvable, y que, de repente, merezca ser situado en lo más hondo de la moral.
Y, aunque eso te choque, te alegras de no formar parte de ese mundo. Da igual lo que se diga o lo que se piense en el exterior. La certidumbre de que, aunque todo a tu alrededor retrocede mientras tú avanzas, a pesar de que quieran arrastrarte, y que te mantengas firme, eso, no tiene precio.
Da igual el castigo social que se te imponga, la recompensa personal que obtienes por no haberte dignado siquiera a pisar el escalafón más denigrante, es mucho más sabrosa, que cualquier golpe que pueda ser lanzado desde la ignorancia.
Así que, si tú que lees esto, y no eres uno más de esos clones que pululan por ahí, y que parecen hechos a medida para no pensar, entonces, te animo a seguir siendo tú mismo. Si no te vuelves uno de ellos, te has ganado mi respeto.
Y si lo eres, pues nada, recoge tu personalidad, que se te ha caído al suelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario