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sábado, 9 de diciembre de 2017

Kimi no na wa

He hecho castillos de cristal con mis manos, y he forjado alianzas con mi más acérrimo enemigo, sólo que él aún no lo sabe. He enterrado bajo una tierra que no se hunde y que no tapa, mis sentimientos más voraces, la violencia del huracán y la furia de la bestia, que sólo quieren morder y absorber a su paso. He cerrado los ojos y me he dejado arrollar por los trenes que atraviesan mi vida, con lágrimas, sangre y náuseas. He tendido mi mano, una pieza temblorosa y sin esperanza, porque la tuya tiene aún más señas que la mía.
Abrí mi alma de par en par y mandé ejércitos enteros, que cayeron derrotados ante un simple espejismo en el desierto. Ahora abro mi corazón, y, aunque nunca ganaré batalla alguna, mientras te tenga al lado no necesito triunfar en esta guerra que otros libran.

Tuve ante mí lo que andaba buscando, y me perdí en otras pieles, en otras almas. Ahora que lo he encontrado, seguirá siendo así, pero los laberintos se bifurcan y acabamos llegando a un final que no esperamos. Mi espada está hecha de papel, y mi escudo de arena. Sin embargo, las manos que los sujetan, se fabricaron con los años que pasaron a través de nosotros. Y eso no se puede romper, ni quebrar. Como tampoco se tuerce mi sonrisa cuando hablas.

Es verdad que puedo llegar a matar monstruos por ti, de hecho, aún me enfrento a los que conviven conmigo. No obstante, lo que más llegaré a hacer son muros de palabras frente a aquellos que quieran dañarte. Si para ti no existen los tréboles de cuatro hojas, yo fabricaré con mis manos corazas de tinta. Si piensas que los puentes sobre los que caminas acabarán por pudrir la madera, entonces tallaré para ti un tobogán de besos para que la caída sea más suave. Si crees que tus barcos encallarán en las rocas del hastío y la desesperación, haré un salvavidas con mis abrazos, y te llevaré a un lugar más seguro.

Muévete, estira el hilo, hagas lo que hagas me llegan tus vibraciones, y tus emociones pasan a través de páramos desolados, de bosques florecientes. Incluso si mi voz no te alcanza, incluso si mi figura no se refleja en tus ojos, seguiré estando a tu lado. Hasta que olvide tu nombre.   

Y, ese dia, preguntaré por él.

https://youtu.be/TPmvTGvhHas

lunes, 20 de noviembre de 2017

Sin retorno

¿Qué se hace cuando ni siquiera escribir libera de la pena? He quemado los puentes y camino por una cuerda angosta, tensa. Me aguarda el precipicio.

El río ya no fluye, y el agua se estanca, ahora el que lucha por hacer añicos lo que ya está roto soy yo. He perdido el ánimo, la visión, después de estas palabras un blanco interminable cubrirá mi mente. Me harté de luchar en batallas perdidas, de morir en cada esquina. Que venga lo que tenga que venir. Ya no importa. Quiero sentir las cuchillas mutilar los restos que quedan, que el frío me consuma y dejar de lado cualquier atisbo de emoción.

Otro día amanecerá y ni siquiera seré una bestia, porque no corre la furia en mis venas, vuela la apatía. No estoy hecho para nadie, salvo para mí mismo. Y ni siquiera eso es cierto.

A partir de aquí, todo será distinto.

https://youtu.be/mx04rGwuqtU

sábado, 18 de noviembre de 2017

Los paisajes

Sigues siendo la misma estrella que se avista desde la lejanía, un brillo que permanece, imposible de tocar. He encontrado en ti un antídoto frente a la apatía, el hastío y la soledad. Bajo tu luz puedo ser yo, sin máscaras ni apariencias, una cebolla sin capa alguna. Y no me ahogo, ni tampoco pierdo las ganas de seguir mirando el cielo.

Nunca me gustaron las cuerdas, y tal vez por eso me agrada la idea de que existan los hilos. Siempre pensé que la libertad de elección se debe ejecutar sin condenas, sin censuras, y por eso cada uno de nosotros tomará su camino, con la conciencia tranquila y la seguridad de que habrá una mano impidiendo las caídas irrecuperables.

Ahora bien, sería injusto pensar que nuestros actos no tienen consecuencias. Cada paso que damos, cada movimiento, provocará algo, desde una magnitud banal a líneas de no retorno. Incluso cuando se tienen todas las puertas abiertas para siempre, hay ventanas y paisajes que se perderán, aunque no debería importar, siempre que no nos interesen para nada.

 Es por eso que le prendo fuego a todo lo que no tiene que ver con tus árboles. Lo que no sé, es si seguiré siendo un pirómano.

https://youtu.be/S0BDS0-ZwOw

domingo, 12 de noviembre de 2017

Perseguir la utopía

Soy una ola que nunca alcanzará la orilla. Un lobo que aúlla a la luna, pero que no puede verla. Una flecha que, aunque acierte en su objetivo, se cae, sin fuerza, incapaz de penetrar en ningún sitio. Una canción que nadie puede sentir, aunque se note el sonido. Permanezco atado al caos y al descontrol que rigen en la vida, y, sin embargo, esa máxima permanece inmutable. Lo perseguido se mantiene fuera de mis manos.

En realidad nunca dejé de caminar solo. He perdido las pocas chispas que me quedaban y ahora sólo veo vacío allí donde mi mirada se posa. Yo soy mi propia víctima y el verdugo, subido a una palestra de la que nunca debí bajar. Siento a los ríos inundar mi cara, a los alfileres tocar mi cuerpo, y una nube negra que se arremolina sobre mi cabeza. 

Noté que algo se rompía y no era otra cosa que la esperanza. El problema es que siempre sigue funcionando a pesar de ser una mera motita de polvo en medio de una playa. No sé qué viene a partir de ahora, ni de qué manera puedo avanzar. Me hundo y no puedo escapar del destino que sella en mí su huella. Tal vez la mía también sea una mala estrella, y la condena a vagar en soledad no sea sino algo a lo que acostumbrarme.

Aunque, al final, sólo puedo sacar una sonrisa en medio del llanto, y pensar:

Mucho peor habría sido si fuésemos dos simples desconocidos.

https://youtu.be/s8Zi4yPQhoA

miércoles, 13 de septiembre de 2017

No quiero

No quiero salvarme,
he vivido cinco minutos
comprimidos en años,
la sonrisa invisible.

Esta jaula infinita
no se siente opresiva,
¿si no ves los barrotes
es una prisión?

Este hilo que danza
no aprieta ni ahoga,
desconozco su color
aunque lo crea rojo.

No quiero marcharme,
siento la vibración
impregnar los dedos,
alas palabras resurgir.

Esta ola que golpea
lo hará de nuevo,
¿donde empezó tu
huella a formarse?

Este círculo que empieza
se cierra en tus manos,
eres el camino correcto
aunque lo crea vedado.

No quiero perderte,
me he encontrado
en unos iris lejanos,
olvidados por la brisa.

Esta lágrima que cae
refleja viejas alegrías,
¿cuando dejó de importar
la carne y el cristal?

Este mundo que creas
se transforma, lento,
y me fundo en cada
partícula del núcleo.

No quiero quererte,
soy un huracán ciego
que hace destrozos,
tu dolor es mi miedo.

Esta valla que se alza
no existe en tu cuerpo,
¿he sido un mal jugador
al arriesgarlo todo?

Este verso que haces
no es el último,
este fuego que evocas
no es el primero. 
 
 
 

viernes, 8 de septiembre de 2017

Ojalá algún día

Vi arder la sombra de lo que era a través del cristal de un viejo vehículo. Unos ojos oscuros me miraron, seguros, mientras el cuerpo se envolvía en llamas. Ahora no conozco ningún camino. Me siento en un banco del parque y finjo que me lamento. ¿Por qué será que siempre luchamos por conseguir lo que no se puede lograr? Alguna parte de nuestro código genético disfruta con el dolor, estoy seguro. Y sé que no existen niveles más allá del actual. Por muchos puntos que se sumen, el estado permanecerá de esta manera. Y, aún así, me empeño en sumarlos. Gano felicidad, y, a veces, eso basta para seguir respirando.
Es verdad que hay días en los que la tristeza me hunde, igual que se hunden las penas en el alcohol. A veces quiero ser otro cuerpo, estar sentado en otro lugar. Existen personas geniales más cerca de lo que imaginan, pero más lejos de lo que quisiera. Y hay gente que no puede verlo aunque tengan delante ese trozo de luz. ¿Comprenden ahora mi rabia, mi pena?
Y cierro los ojos e intento comprender lo que sucede. ¿Por qué algo tan intenso me hace estar tan calmado? Imaginen la fuerza de un terremoto manifestada en forma de una brisa veraniega. Es verdad que me gustaría tocar el cuerpo que hay, sentir los labios que busco. Pero no lo necesito. Lo único que anhelo son sus palabras, su forma de ser. Me da igual el recipiente que las contenga. He encontrado la belleza y no tiene rostro, aunque sí nombre. He encontrado una escalera eterna por la que subir, en la que no tiene cabida el cansancio.
Sé que será otro corazón el que se junte con el suyo, y que seguramente otra vida haga con la suya un lazo. Yo nunca tuve la suerte de mi parte. Sin embargo, me siento afortunado. Siento como mías sus hazañas y sus desventuras. Veo el mundo de otro color, aunque siga siendo gris. Y agradezco con cada rincón de mi ser lo que significa en cada poro de esta piel ver a los cometas pasar.
Ojalá algún día sepas lo que estas palabras encierran.

martes, 5 de septiembre de 2017

El círculo

- Las personas pasaron por mí igual que pasan las estrellas que pierden su vida y caen, a lo lejos. Igual que un imán defectuoso, atraía polos que no me convenían, a la vez que otros se marchaban. Los objetos inanimados eran quienes andaban a mi lado y no abandonaban mi camino. No se imaginan el refugio que puede ser la imaginación.

A veces me pregunto si soy así no por circunstancias normales, sino por cómo me obligaron a ser. He probado el sabor de la maldad, del golpe y el abuso. He probado la soledad, la despedida y el olvido. Tampoco el engaño y la mentira se mantuvieron a distancia. ¿Nosotros moldeamos el mundo o los moldeados somos nosotros? Lo he puesto todo en la balanza por alguien y ni siquiera echaron un vistazo al sistema de pesos. Existen monstruos disfrazados de personas, muros levantados a base de caer y sufrir. Al fin y al cabo, hay que seguir adelante.

He echado de menos un pilar que estuviese a lo largo de los años haciéndome compañía, cansada de las idas y venidas de trenes sin rumbo fijo, de naufragar en manos que luego desaparecían. Y no lo entiendo. Nunca tiré los dados con malas intenciones, ni hice del daño un punto de partida en mis relaciones con la gente. Y, aún así, quien acababa mordiendo el polvo era yo. Sin merecerlo. Lo pienso y no encuentro las razones, no comprendo los motivos. ¿Por qué esta ruleta que soy yo encuentra con tanta frecuencia el infortunio y la cara oscura del universo?

Y creo que no sabes de qué hablo, porque las cicatrices se notan sólo si las tienes. Y creo que el sino que me persigue acabará por hacer que tú también te vayas, como ha venido ocurriendo siempre. Estas olas que me acechan y rugen terminarán por abalanzarse sobre mí y tal vez me ahogue. Este ruido blanco que resuena en mi cabeza y causa migraña acabará por elevar su intensidad y tal vez enloquezca. Haga lo que haga todo se desvanece...

Pausa.

- Si tú lo quieres así, nunca me iré. No sé compensar nada de lo que haya ocurrido y que aún suceda pero... Si nadie más lo ve, yo sí. Mereces lo contrario a lo que te acontece. Mereces la misma luz que hayan arrebatado tus lágrimas, esa que arrojas tú en mi cabeza. Te daré aquello que me haces ser, una rendija de lo que eres. Y ni siquiera así podría hacer que lo entendieses.

Que tú eres más grande que la pena más atroz, más poderosa que el laceramiento más indeleble. Eres más hermosa que el peor de tus defectos, y más cariñosa que el mayor de tus enfados.

La huella que ansío sentir dentro. El círculo.  

  

sábado, 2 de septiembre de 2017

El ludópata

La baraja ya ha sido repartida, ningún dealer sobre la mesa, y yo jamás guardé ases bajo la manga. Quiero jugar, aunque sé que no puedo ganar la partida. Poner las fichas en el tablero, disfrutar el momento. Dar lo que soy, marcarme algún farol que será descubierto, y hacer guiños a la Fortuna.

A veces me pregunto por qué lo apuesto todo con una mano tan mala. Yo tampoco lo sé. Tal vez soy un adicto a este juego en el que se participa sin dinero. ¿Qué puedo decir? Algo corre por mis venas, y no lo puedo parar. Yo me monto en ese caballo que cruza veloz el horizonte, aunque sepa que no es el triunfador de la noche. La vida es igual que esto, el azar reparte y tú te las arreglas. Y a veces te da igual apostar cada rincón de lo que eres, porque aunque no recibas el doble de lo que arriesgas, es posible no perder.

Puedo levantarme de la silla e irme. Puedo gritarles a los demás jugadores y derribar la mesa. No sirve de nada. Cuando no estoy sentado no soy yo. Y eso es triste, ¿no creen? Más aún que tener estos números tan bajos y tan alejados entre sí. A veces me voy, claro, no se puede estar siempre aquí, pero acabo volviendo.

Y veo el mundo que deseo a través de una pantalla, y escucho los sonidos que amo a través de un auricular, y siento pena por aquellos que ven ese universo de cerca y no lo valoran. Y me pongo la máscara mientras noto a la suerte escaparse entre mis dedos. Aunque siempre permanece sin desaparecer mientras sigues ahí, bajo el mismo cielo. Créeme si te digo que ves a través de cualquier muro, que pasas por cualquier defensa. Aún sin empezar guerra alguna ya me rindo, tuya es la bandera, tuyas las fronteras, en este póker de caras invisibles.

No puedo ser otra cosa, acostumbrado a ver desaparecer las ilusiones, de alguna manera siento que puedo obtener más de estas cartas en las que dibujas tu sonrisa. Sé que si tu estrella se cruza en la eternidad, será junto a otros astros, y que mi destino es el de Orion, cercano y lejano. Sé que nada ocurre porque sí, y cualquier paso tiene consecuencias. Lucharé contigo, no por ti. Levantaré cualquier escudo, con tu mano. Porque tú eres la que tiene esta partida en sus dedos. Tuyas son las decisiones, yo no puedo dejar la mesa.

Ahora te toca a ti jugar tus cartas.    

domingo, 27 de agosto de 2017

Todo eso te amo

Si eres un buen soldado sabrás que hay guerras que no se pueden ganar. Reconocerás las derrotas aunque vengan bajo la palabra del armisticio. Verás que existen enemigos complicados de neutralizar. El tiempo, el espacio. Te quedará claro que las letras pueden asfixiar, a la vez que no logran encender chispa alguna. Es posible que te canses de perder, de no lograr nunca ningún objetivo, pero tranquilo, la vida no es una Blitzkrieg. Existe un rayo de esperanza. Hay que seguir de pie. En las trincheras del dolor no gana nadie.

Mundos que se abrían de repente desaparecerán, y sueños que se acariciaban seguirán siendo quimeras e ilusiones. Deja de buscar el día perfecto, no llegará. Deja de lamentarte, no hay lágrima que cambie el resultado. Siempre habrán otros que te superen con la connivencia de las circunstancias. El esfuerzo no decide nada, sólo la oportunidad. Sí, la pasión es una mano que llega a ahogar, y las emociones que no se sienten cuesta entenderlas. Lo que para alguien es una brisa para otra persona es un huracán que asesina.

He llegado hasta aquí, me han llevado a sitios que no creí visitar, y estoy paseando por otros que esperaba no volver a ver. Así es la felicidad. Un carrusel que sube y baja, una mano que se acerca y luego se aleja. Vi pasar las estrellas fugaces, los años voraces, y cuanto más tenía más quería. Una bestia sin fondo, sin fin, una línea recta que nunca acaba. Todo eso cambiará. Se desbordó el río y se acabó el mar. Lucharé por conservar la belleza que todavía pervive, las pepitas de oro que hay entre la sal y la lluvia.

He visto el precipicio, y no tiene fondo. He visto la pena y no tiene límite. He visto lo imposible tornarse posible unos segundos. Y no quiero nada de eso. Que me corten las alas, que la tinta deje de correr libre y que las emociones se encarcelen en cajas de las que nunca debieron salir. Lo que sea, menos el vacío que deja tu ausencia eterna. Perder la mitad de lo que soy es mejor recompensa que darle mi cuerpo a los leones del Olvido.

Este maremágnum no se acaba aquí, pero se retiene, sobre presas que podrían soportar el agua del universo, no así lo que soy. Dejaré la flecha sin arco, me pondré la sombra, te abrazaré y le daré la espalda a la nada. Pondré cortafuegos a la llama que por este bosque infinito se extiende.

Necesito que seas tú, sin cadenas ni presiones, sin pesos ni obligaciones. No quiero nada que no desees entregar con gusto, ni risas forzadas, ni palabras obligadas. No quiero triunfar. No quiero mi gloria por encima de tus deseos. No quiero un beso que sepa a deuda. No quiero lastrar nada en tu vida. Nadie debería querer realizar acciones así.

Lo que sí quiero, y necesito, es que sigas aquí, a mi lado, aunque nunca lo hayas estado realmente. Esa es mi lucha. No importa qué, ni quién. Siempre has sido el viento, y es lo que debes seguir siendo. Y si alguna vez debo dejar el camino para que eso siga siendo posible, así lo haré. Aunque ese día se estrellen los astros y se apague el sol.

Todo eso te amo.


https://youtu.be/9Z-WQIrDAMQ


   

sábado, 26 de agosto de 2017

Conocer, desconocer

Tú, que ya has conocido
el paraíso perdido,
sabrás que existen
senderos sin rumbo,
incógnitas extrañas.

Sé que nadie te dijo
que guardabas un cuchillo,
que derramarías sangre, y
que después serías
señalado con el dedo.

No te preocupes,
hacemos cosas a ciegas,
tachamos frases invisibles
y perdemos la alegría
en el fondo del río.

Tú, que ya has conocido
el sabor imposible,
sabrás que la amargura
también agita el cuerpo,
la incertidumbre del inútil.

Sé que miro un círculo,
en algún momento volveré,
y tú también, rabia absurda,
que muerde y suspira,
que cercena y confunde.

No te preocupes,
la eternidad es mentira,
el bienestar y el asco
se dan la mano con gusto,
y perfecto es sólo una palabra.

Tú, que ya has conocido
aquello de lo que hablo,
sabrás que somos ignorancia,
una flecha que apunta,
una coraza que esquiva.

Sé que otros no sabrán nada
de mis palabras, y vagarán
errantes por el filo que asoma,
que se esconde lejano,
que enseña sin mostrar.

No te preocupes,
los cristales se arrancan
y las sonrisas se cosen,
haz otra puerta y
olvida el mal día.

Oda a la vagancia

Los platos apilados,
la mugre danzante,
las cosas sin hacer,
y el perro jugando.

El suelo sucio,
la cama revuelta,
ni he visto la ducha,
y el perro comiendo.

El polvo extendiéndose,
el suelo pegajoso,
la ropa tirada por doquier,
y el perro paseando.

La libreta vacía,
las intenciones aparcadas,
el plumero olvidado,
y el perro ronroneando.

La mesa con desperdicios,
litros vacíos y colillas,
el olor que resucita gritando,
y el perro durmiendo.

¡Yo también quiero ser un perro!

viernes, 25 de agosto de 2017

La línea

La copa se posa sobre los labios, y el tintineo de una lluvia que no cae sacude el alféizar de la ventana. Un hombre mira su periódico, sin saber que lo que lee ya sucedió años atras. Se escucha el piar de unos pájaros que no existen, y un sol que está apagado alumbra el salón.

Una línea dibujada en el suelo se divide, y aparecen dos letras, revelar cuáles sería inútil. El color rojo empapa ligeramente al otro color, desconocido y buscado, por manos que jamás lo tocarán. Ha pasado tiempo desde que llegué a esta casa. Vine sólo para tomarme un poco de Marina y largarme, como siempre he hecho. No lo conseguí. De alguna manera, el trazo misterioso del suelo, llamaba mi atención.

Decidí volver a diario a esta casa que en realidad nunca he pisado, y cuyas paredes desconozco. Recuerdo preguntarme a mí mismo, ¿por qué este lugar? Ni siquiera hoy conozco la respuesta, pero sí unas pinceladas de lo que me atrapa. Pasaban los días y, junto a esa línea sin color definible, apareció otra, roja, como antes mencioné. Por alguna razón, ambas se tocaban, pequeñas motitas aparecían en el camino, y, no obstante, parecían destinadas a no cruzarse jamás.

No piensen que me dediqué a estar sentado en aquella habitación. Cogía mi libreta y me ponía a contar lo que aquella forma del suelo me hacía sentir cuando la miraba, y muchas veces se lo hacía saber, leyéndole en voz alta lo que tenía. Al principio, sólo había un amago agradable, un regusto de inquietud ante lo desconocido. Se sucedieron los meses y aquel acercamiento iba en aumento. Una sensación indescriptible me embargaba, el extraño anhelo de estar con aquella rayita que cruzaba el espacio, la necesidad de notar su universo. Aunque sabía que no podía. Ella y yo estábamos en planos diferentes. ¿Cómo puede una línea de pintura estar conmigo? ¿Cómo puede siquiera pensarlo?

Creí que enloquecía. El problema era que, cada vez que la miraba, cada vez que la notaba, algo explosionaba en mi interior. Cómo me gustaría poder contarles esa emoción. Era como tocar lo imposible con la punta de los dedos, y beber del agua que ya se ha secado, y soñar con bosques que nacerán cuando ya no quede nadie. Era poder resolver problemas matemáticos sin conocer el por qué de la solución, era crear palabras que siempre estuvieron ahí pero que no usaba ninguna persona.

Yo no debía tocar la línea. Quería, y, a pesar de lo narrado, algo me hacía pensar que no era posible. De alguna manera sabía que se comunicaba conmigo. Me hacía ver que lo que hacía yo no era en vano, y me llegaban retazos de sus sentimientos, igual que una débil gotera sobre las baldosas. 'Plim, plim'. Y yo con eso era feliz. Porque entendía que yo no era una raya, y que, aún así, podíamos estar unidos, aún con tanto en nuestra contra.

Un día, sobre la mesa, encontré un papel. Las letras cambiaban de color a cada segundo. "Lo siento mucho", decía, "pero yo no puedo responder a las olas que en tu mar se mueven. Aprecio lo que haces, lo que ocurre es que no puedo dejar que sigas viniendo si esto de alguna manera te provocara dolor".
Aquello me dejó de piedra. No pude más que contestarle que no había cabida para la huida, que quien estaba viviendo el proceso era yo, que había estado yendo a la habitación día tras día. Lamenté ser un humano, y que ella fuese una raya del suelo, pero había cosas que no se podían cambiar. Tampoco cambiaba lo que mi interior experimentaba.

Seguí yendo, año tras año, y, ante mi estupor, me di cuenta de algo. Tanto la línea a la que yo quería, como la de color rojo, se habían expandido por el suelo de la habitación. Cada una ocupaba la mitad del tablero.

Una lágrima de alegría se deslizó por mi mejilla.


https://youtu.be/ub8J5SSn8DA

jueves, 24 de agosto de 2017

Miedo

- ¿Cómo ha estado hoy?

- Hoy, dice... He sentido un huracán que nunca pensé que existía. Me he mirado al espejo y he visto las grietas, los huecos por donde se escapa lo que soy y lo que nunca seré. Oh, usted no lo sabe, y, sin embargo, las mariposas vuelan y vuelan sin cesar, sobre campos que no tienen flores, sobre espinas sin nombre. He notado el precipicio bajo mis pies, y me ha dado miedo. Y yo no le temo a nada, ¿sabe usted? Pero esto, esta sensación que por mi temblor camina... Esta falta de aire y de luz... Debe ser lo que llaman "temor".

- ¿Por qué dice eso?

- Porque es lo que he vivido. Hay cosas que, de lo grandes y hermosas que son, aterran. Y eso me ocurre a mí. Las emociones hacen en mí un nido, y las raíces se extienden, y toda mi alma es succionada. Un péndulo se mueve y poco a poco da la vuelta, sin apenas saberlo. Pues yo soy ese péndulo. He llegado hasta aquí, sin saber cómo, y no puedo salir.

- ¿Es desagradable estar encerrado ahí?

- No... Puedo seguir respirando. Puedo hablar, ¿sabe usted? Crear lo que sea que esto me haga decir. Lo que ocurre es que me asusta la enormidad. Porque sé que esta jaula es para mí solo. Y no quiero marcharme. No puedo. La felicidad me inunda estando en este lugar. Corretea por mi cuerpo igual que una descarga eléctrica. Ha llegado al punto en que necesito sentir esto que de mis entrañas nace. Ay, si mis manos pudiesen hacer magia transformaría en colores vivos los tonos grises. Aunque sé que no puedo. Soy un electrón más que viaja, nunca el centro, un ser falible. El control es una ilusión, y hasta los trenes más viejos cambian de raíl. Yo no quiero cambiar, y, sin embargo, reconozco que muta el alrededor.

- ¿Por qué no se marcha?

- Porque yo no elijo, al igual que tampoco depende de mí que haga sol o llueva. ¿Entiende ahora cual es mi papel? Sólo puedo aprovechar este momento, aspirar el aroma que desprende, y desear que dure lo máximo posible. ¿Entiende ahora mi temor? No quiero que desaparezca nada. No quiero gritar su nombre y sentir el sonido del eco devolviéndomelo. Quiero que, aún siendo lo poco que soy, esa persona note que doy con la totalidad de lo que estos sentimientos provocan en mí.

- ¿Qué harías si no pudieses hacer eso? ¿Qué harías si cambiasen el sol y la luna? Y los planetas dejasen de girar.

- No quiero saberlo. Si llegase ese día, entonces, sólo querría murallas y espino delante mía. Y nadie para escalarlas. Si llegase ese día, ya no tendría miedo. Yo sería el miedo.  

miércoles, 23 de agosto de 2017

Sobre el amor

Hay muchas formas de gestionar lo que se siente, las emociones que invaden y los sentimientos que afloran. Y, sí, aunque no lo parezca, hay más de un camino para tomar ante una misma situación.
También en el caso del amor, aunque sea un tema más complejo.

Pero, lo primero que se debe tener en cuenta, es que el amor lo único que hace es dar, compartir. En el momento en que por tu cabeza pueda pasar algo distinto a eso, desengáñate: No es amor eso que sientes. Si se te cruza por la cabeza hacer daño, obligar a realizar cosas con las que la otra persona no está de acuerdo, tener la necesidad de controlar, etc, eso podrá ser otro sentimiento, pero puedes estar seguro de que no es amor lo que sientes.

Ahora, supón que, después de lo que ya conoces, identificas en tu interior ese sentimiento. Y dudas en compartirlo. Yo te diría que no lo pienses. Si lo sientes, dilo. Compártelo. Puede que no salga bien, dirás. No pasa nada. No estás dando nada malo. Si la otra persona no tiene las mismas sensaciones que tú, no te enfades, no te frustres. Sé que puede ser triste, sé que lamentarás tu suerte. Sin embargo, nadie puede forzar sentimientos, y nadie existe para complacernos. Esos desenlaces ocurren.

Si realmente es amor lo que sientes, aún ante el rechazo, lo único que tendrás es agradecimiento para esa persona que te hace vivir esas sensaciones. Porque, aún sin estar en un punto cúlmen (la reciprocidad), el estado mental que se reproduce es maravilloso. Hay una frase que dice: "Tienes que experimentarlo para entenderlo", y aquí se aplica con totalidad.

No pienses nunca que el amor es una lucha para conseguir a alguien. Las personas no son trofeos. Sufren, piensan y tienen las mismas inquietudes que tú puedas padecer. No existe nada como "el rival" o "el ladrón", eso son estupideces. Olvida las batallas. Lo único que importa aquí es lo que haces tú. Los demás son peones que hacen su juego, pero ellos no tienen la culpa de tus fracasos.

Demuestra lo que sientes por la otra persona, no mientas y muéstrate tal como eres. Si no consigues lo que quieres, no te preocupes: Es normal. Por eso, no caigas en el error de creer que irán a tus brazos por hacer algo que consideres grandioso. Crear lazos es muy difícil, y las telarañas que resultan se pueden destruir de un manotazo. Preocúpate de eso. Tal vez el momento que buscas aparece en el futuro. Tal vez no aparezca nunca.

Aunque, ¿sabes qué? No importa. Verás su risa, respirarás su felicidad y notarás sus huellas. Y, con lágrimas en los ojos, darás gracias por todo. Y, con una sonrisa, sabrás que has dado lo que eres.

Porque no eres otra cosa que lo que das.

https://youtu.be/DG6KmdrXc5s

viernes, 18 de agosto de 2017

Nada

Me senté en la tierra, bajo el sol abrasante, y cogí arena con las manos. Las palmas me ardían, así que dejé de jugar con los granitos marrones. Me detuve un momento para mirar a mi alrededor. No había nada. El mismo paisaje se repetía hasta donde me alcanzaba la vista, un terreno yermo y vacío donde no podía crecer ningún tipo de vida.

Sentí una brisa a mis espaldas, y unas manos suaves tocaron mi piel. Escuché una risa que antes atravesaba kilómetros para llegar a mis oídos. Un olor desconocido se desprendía, y al instante lo sentí cercano, como si hubiera convivido conmigo con el paso del tiempo.

Un rumor sordo inundó el estéril valle. Del manto terrestre surgieron briznas de hierba, húmedas, y numerosos árboles frutales. Naranjos, limoneros y granados. El aroma del jazmín se hizo latente, inundando los sentidos. Tuve que frotarme los ojos. Aquello no podía ser posible. De las entrañas del mundo surgió un río que se quedó a mi izquierda, como si durante toda la eternidad hubiese estado allí.

Unos labios tocan mi rostro, un cuerpo se coloca en mi parte trasera, y unos brazos se cuelgan y rodean con dulzura mi cuello. No veo su cara, pero sé quién es. Acaso esa misma persona creó ese jardín e hizo aparecer el río. Una voz que ahoga en alegría susurró.

- Yo no he creado nada. Tu incertidumbre es la mía.

Pájaros que cantan. Brisa fresca que reta al sol. El ramaje frotándose. Pequeños leones jugando. No entendía lo que ocurría, pero allí estaba. Bajo mis pies, atravesando mis ojos. No pude evitar mirar atrás.
Una casa se alzaba, hecha de ladrillo. Un jardín exterior, con camino de piedras y fuentes inagotables, daban la bienvenida. Decidí entrar. Paso a paso, el ambiente a mi alrededor cambiaba, y algo acogedor me arropaba y animaba. Una enorme puerta con aldabas de madera me detuvieron. No tuve que llamar. Como si me reconociera, se abrió.

Una figura se encontraba sentada, al fondo, con una sombra que tapaba su silueta. Aunque yo sabía quién era. El suelo era mármol, y unas cristaleras reflejaban toda la luz a una parte central de la entrada. Pude ver unas largas escaleras, sinuosas, que se dirigían a una planta superior.

- Gracias por invitarme.- Dije.

- Este lugar no es mío. Creí que me habías dejado pasar tú.

- Entonces, ¿de quién es?

- Tal vez sea de los dos. Tal vez de nadie.

- ¿Te quedarás aquí?

- Es muy probable.

- ¿Qué crees que pasaría con todo esto si nos fuéramos?

- Nada.

https://youtu.be/XLAX_qjdlm8

 

martes, 15 de agosto de 2017

La mano

Hay luces en lugares donde no llega el sol a acariciar. Existen sentimientos que afloran cuando menos lo esperas, en medio del agobio y la ansiedad. Te das cuenta de que hay alguien que salva el día y agradeces a la vida tener ese soporte.
Y, a veces, aunque la intención sea dar, necesitamos recibir, porque las losas pesan y el suelo no siempre es un compañero. Saber que hay una mano ahí, en las sombras, que puede agarrarte cuando notas el vacío bajo tus pies, es una sensación maravillosa.
Claro que, existirán problemas que no podrán tener ayuda, o cuyos medios de acción son limitados. Sin embargo, no importa. Existe un aura de seguridad, porque hay gente que puede impedir que te ahogues aunque no pueda evitar la inundación.
Y, creedme cuando digo que esa sensación es increíble. Saber que nos encontraremos baches y caídas sin sufrirlos solos es algo mágico. Aunque suene tonto. Y, lo increíble, es que tus intenciones no sean salvar únicamente tus propios obstáculos, sino hacer los de la otra persona los tuyos.
Y, al final, lo que aparece agarrándote para evitar que veas el precipicio, es tu propia mano.

lunes, 14 de agosto de 2017

Fuegos artificiales

Era noche cerrada y una música tranquila dibujaba el ambiente. Empezó a recordar cómo se conocieron, y los primeros proyectiles surcaron el cielo, dejando una estela luminosa tras de sí. Pensó en su cara, y las chispas seguían apareciendo, explotando algunas bolas de fuego.

A eso le siguió el sonido de su voz, su risa. Entonces la música cambió y un montón de explosiones llenaron el horizonte. Él se quedaba mirando, maravillado, como si fuese su cabeza la que creaba aquel espectáculo. Aunque sabía que no. Que aquello era una casualidad más, como lo fue el cruzarse con la chica a la que quería.

Siguió mirando, y en su mente se escenificaban noches en vela, hablando, y una sensación de paz y alegría que lograba crear aquella mujer. Una cascada de pólvora barrió la zona. Le sucedieron luces de colores y sonidos ligeros. A veces lo más pequeño, lo silencioso, es lo que perdura.

Estaba allí, sentado, en una terraza, y se imaginó por un momento que ella se encontraba a su lado.

La música dejó de sonar. Notaba el tacto de su piel, el calor que desprendía. Sus labios se movían. Una lágrima se deslizó por el rostro. A lo lejos, decenas y decenas de puntitos eran disparados, y estallaban sin cesar. El tiempo se volvía lento, y veía como todo tardaba en desaparecer.

Probó a pronunciar su nombre, pero no le salían las palabras. Intentó ver su cara en la maraña de colores, pero no aparecía nada tan bonito como para poder formarla. Hizo el amago de tocarla, pero sabía que allí no había nadie. En la distancia, una pausa. “Ojalá estuviese aquí, viendo esto a mi lado”, dijo para sí.

Aunque le gustaba estar solo, había momentos en los que una fiera le devoraba las entrañas y le hacía rechazar aquel estado. Y la bestia había elegido aquel momento para atacar. Y era una situación extraña, porque, ¿cómo echas de menos algo que no has experimentado? ¿Echas de menos la sensación que crees poder sentir? Porque, por imposible que parezca, él echaba en falta el contacto físico con aquella chica.

Se sacudió como para sacarse de la cabeza la melancolía, y se quedó con la mirada fija en un único punto. Entonces, como si algo prendiese en su interior, su corazón le mostró lo feliz que podía ser aún sin que estuviera ella al lado. Una sacudida de emociones y recuerdos le hicieron olvidar la momentánea tristeza. Y, como si lo hubiesen notado, los fuegos artificiales salieron como una exhalación, y colorearon la oscuridad como nunca habían hecho antes. Los ojos de él brillaron mientras veía el escenario, y una sonrisa se colocó en su rostro. Fue en ese instante cuando pudo decir el nombre.

– Clara.


viernes, 11 de agosto de 2017

Centrales

He vuelto a ver
los rayos de luz,
la brisa por la ventana.

He vuelto a creer
que el agua limpia,
que las olas navegan.

Recuerdo los campos
que nunca existieron,
la vida que emana.

Recuerdo una historia
que nunca sucedió,
la ilusión que impregna.

Una ficha se mueve
y todo el tablero cambia,
y todo el mundo ilumina.

Una foto se mueve
y los fuegos estallan,
y los hilos se acercan.

Quiero caminar contigo,
bajo el manto del sueño, 
bajo estrellas y deseos.

Quiero sentarme contigo,
sobre baúles de pesadillas,
sobre problemas y ruidos.

Esta electricidad que nace
destruirá la noche,
alumbrará el día.

Y de mis manos la corriente
continuará sin cesar,
electrón a electrón.

Eres mi fuente de energía. 

https://youtu.be/zedvjE-ezU4

lunes, 24 de julio de 2017

Caída libre

Hay armas escondidas que nunca vemos, disparos y cortes que arruinan la noche. Y los errores que tuve los puse en un saco y me los coloqué al cuello. A veces no puedo levantar la cabeza. A veces quisiera borrar partes de mí y subrayarme.

Soy un elefante pasando sobre un prado de flores, inconsciente, destructor, y temo perder las luces del amanecer. Soy la espada que corta sólo por pasarle la mano, hasta que se oxida. Soy el arco y la flecha que no saben que funcionan para cercenar vidas. Soy la guadaña que siega, el martillo que golpea. Soy un desastre, un huracán que quiere ver la costa y se lleva consigo todo lo que encuentra.

Pero también soy agua del mar, las náuseas de la culpa, un dardo que atraviesa. El elefante llora por las flores pisoteadas, la espada se quiebra, y la flecha se parte. La guadaña se resquebraja, el martillo se deshace. El huracán se apaga. Como yo. No hay nada peor que querer dibujar colores cálidos y acabar creando nubes incontrolables.

No existe algo que dure entre mis manos, por mucho que intente mantenerlo. No soy nada. No soy nadie. Sólo lágrimas, dolor y yermos. Quiero desaparecer entre la bruma del olvido, quiero irme lejos, lejos de mí. Porque fabrico tristeza queriendo forjar alegrías, pinto enfados queriendo arrancar sonrisas.

Y no sé qué hacer, ningún camino parece bueno. Me voy, con la sangre en las manos, el amor en el pecho, y lo que podría haber sido, en el filo de tus labios.


https://youtu.be/hszbU25DALU



lunes, 17 de julio de 2017

El beso

Me encontraba solo. No había nada a mi alrededor, sólo un vacío inmenso, de color marrón. Mis pies no tocaban el suelo, pero se mantenían firmes. Mi piel, desnuda, sentía el frío. No sabía qué hacer.

Por un momento, cerré los ojos, y me vino a la mente la imagen de una mujer. Yo ya había visto a esa mujer, en otro lugar, en otra historia. Lo que no sé es si yo la imaginaba a ella, o si ella me imaginaba a mí.

Al abrirlos, apareció allí, sin ropa alguna, observándome. De alguna manera, ya no me sentía tan vacío. Había alguien allí que había sido yo en algún momento.
Su cuerpo era más alto que el mío, y una mezcla de vergüenza y deseo incendiaba su rostro. Se arrodilló frente a mí y colocó sus manos en mi pecho. La sensación de aquel tacto me devolvía una oleada de emociones que creía por siempre perdidas. La piel tiene memoria, y aquella vez no fue una excepción. Supe quién era aquella mujer. Nos habíamos visto una vez, entre vehículos y traseúntes, entre humo y un café.
Ella cerró sus párpados, como rememorando el pasado, y yo no pude hacer más que acercarme, y darle un beso, cerrando también los míos. Al hacer eso, algo estalló en mi interior y se expandió por el lugar. Un montón de flores brotaron de aquel suelo inexistente, y nos rodearon. Algunas de aquellas plantas se aferraron a los pies de la mujer, y muchas otras comenzaron a vestirla. Llegaron incluso a poblar mi cabeza.

Del cuerpo de la mujer, sin embargo, apareció un manto de oro que nos envolvía, y una tela de motivos geométricos cubrió mi cuerpo. Se aferró a mi cuello, y sujetó mi mano. Queríamos protegernos, al tiempo que ninguno quería que desapareciese el cuerpo que tenía delante.

Cada uno, a su manera, era el otro.

                   
                                            El beso, de Gustav Klimt.

sábado, 15 de julio de 2017

La camiseta

Ya había comenzado el verano, y, renovando la ropa, me encontré con una camiseta que tenía desde los quince años. Era de la rana Gustavo y le tenía mucho cariño. El problema vino cuando, justo debajo de la misma, vi que había una igual. Y yo recordaba perfectamente que siempre había tenido un único ejemplar. Nadie me había comprado otra. Ni yo tampoco.

Les pregunté a mis padres, y también a mi hermano, pero ninguno supo aclararme nada. Sólo que ellos también recordaban que siempre hubo una, y que no me habían comprado otra.

En el momento me extrañó, pero no le di más importancia. Pasaron los días, y nos adentramos en un nuevo mes. Fue ahí cuando se torcieron los sucesos. Piolín, mi canario, llevaba unos días alborotado, y él siempre solía estar tranquilo. Además, a mí me daba la desagradable sensación de que había alguien. Pero jamás veía a nadie.
Una noche, escuché ruidos bajo la cama. M estaba conmigo y es testigo de mis palabras. Miré, y allí estaba. La camiseta de la rana Gustavo. Cuando me dirigí al cajón donde las guardaba, descubrí que sólo había una.

Aquella noche me asusté. Por suerte, la presencia de M me daba tranquilidad. No creo que hubiese podido dormir sin ella.
Sin embargo, aquello fue sólo el principio. Me encontré la camiseta en diversos lugares de la casa, por lo que, al final, decidí deshacerme de ella. La tiré a la basura y me aseguré de que no pudiese volver.

Pasaron unos días en los que podía respirar tranquila, con la seguridad de que no la vería más. Me equivoqué. Después de ducharme, fui a cambiarme, y allí estaba. Encima de mi cama, doblada, como si no le hubiera pasado nada. Yo sabía que no estaba loca, que no me lo estaba imaginando. Pero parecía una locura, y no sabía lo que pensarían si contaba eso. Poco importaba ya. Estaba muerta de miedo. Ahora, cuando veía la cara de la rana Gustavo, en vez de un rostro amistoso, lo que se aparecía ante mí era el terror.

Lo malo fue que, debido a mi acción, la camiseta no sería lo único que aparecería en mi camino. Esa misma noche, mientras jugaba con M al League of Legend, se apagaron todas las luces y Piolín empezó a piar, desesperado. Cuando la luz volvió, me encontré el tejido de la rana Gustavo manchada de sangre. Y, después de eso, un ruido que venía de la puerta de entrada.

Asustada, miré a María, como buscando la afirmación de que no eran imaginaciones mías. Ella asintió con la cabeza, igualmente horrorizada, y nos quedamos mirando el pasillo. Se escucharon pasos, y la luz se encendió. Fue entonces cuando lo vi. Su cara era igual que la de Gustavo, pero con una cicatriz enorme que le atravesaba la mejilla izquierda. Y, a pesar de todo, nos observaba con sus ojos saltones de color negro, sonriendo, con la boca abierta.

Me quedé paralizada. Ni siquiera podía gritar. Por primera vez en mi vida, lo que me daba miedo era la luz, no la oscuridad. Me acerqué a M y me quedé abrazándola, presa del miedo. No había lugar para huir.

Cuando se acercó a nosotras, no nos hizo nada. Se nos quedó mirando, con unos ojos vacíos, quebrados. Cogió la camiseta y se marchó por donde había venido.

Días después, me había quedado en el pueblo de M para pasar unos días de feria, y, allí, el día de los fuegos artificiales, en cada estallido, en cada explosión, aparecía su cara.
Lo peor era que, cuando ya quedaba la oscuridad en el cielo, en mis oídos retumbaban sus pasos, un sonido similar al chapoteo que hacía que mirase a mis espaldas...

jueves, 13 de julio de 2017

La puerta

Camino sobre
las líneas,
las bifurcaciones
que se separan.

No sé donde vivo,
ni adonde voy,
muchas pistas
y pocos pasos.

Veo jardines
bajo el sol,
demasiado cerca,
demasiado lejos.

Hablamos de libertad
en nuestras jaulas,
hablamos de todo
y no sabemos nada.

Dime, ¿has visto tú
las puertas, los candados?,
¿has visto tú el espejo,
sus cristales intactos?

Persigo una mariposa,
un amor desconocido,
quiero saltar, correr,
pero tengo miedo.

¿Qué color tienen
los ojos con los que miras?,
¿qué ves cuando
cruzas el jardín prohibido?

Tengo el hacha aquí,
ni siquiera hay candados,
y, aún así, algo muerde
aquí, en la garganta.

No salen las palabras,
los años se despiden
y con ellos oportunidades,
castillos de tapial rotos.

Para mí no hay flores,
ni la brisa verde,
los jardines todavía
me niego a pisarlos.

Dime, ¿quién soy?,
¿por qué no me muevo?
Dime, ¿cómo de alto
se escucha el silencio?

En mi mente veo
los ríos, los mares,
y unas letras en mi boca:
Soy homosexual.

 


Palabras clave: Libertad, amor (libre), homosexual.

Para María.

jueves, 6 de julio de 2017

Ladrones

Nunca supe
sustraer nada,
ni bancos,
ni estrellas. 

Nunca supe
actuar, danzar,
en medio de
infinitas dudas.

Si me vences,
me rindo,
si te gano,
subo los peldaños;
mis balas jamás
hacen sangre, 
y mis cuchillas
no saben cortar.

Te tengo enfrente,
igual que un pez
mirando otro pez
en distintas peceras.

Y el fondo del mar
no es tan grande,
y si tus ojos me buscan
me van a encontrar.

Piso sobre puentes
hechos de cristal,
en alturas infinitas,
bajo emociones sin fin.

Te acaricio allí
donde no existes,
un mar de olas
recorre tu espalda.

Te acaricio allí
donde no estoy,
el verano es invierno
en tu alma inquieta.

Y nunca sabrás
qué hay detrás
de la alegría,
de la humedad.

Y nunca sabrás
que he recorrido
montañas y valles
para encontrarme.

En ti. 
La subida y la bajada,
el deseo y la rabia,
la tristeza y el sueño.

Quería quitarte
un beso y una noche,
en bucle eterno
y cielos fugaces.

Pero no puedo,
aunque quiero,
aunque ardo,
entre estas paredes.

Así que me pondré
una capucha,
cogeré unas palabras
y algún sentimiento.
 
Te apuntaré, al fin,
y querré robarte
una sonrisa, 
una nota musical.

Y, sin que levantes
ninguna de tus manos,
dispararé sílabas
nunca dichas.

Aunque quizá miento
y ya fueron desveladas,
el nervio rondando,
la negación saludando.

Te quiero, como nunca
antes el amor quiso,
te quiero, como siempre
quise lo inalcanzable. 


https://youtu.be/uJr8cw0bRh8 


Para Clara.


domingo, 2 de julio de 2017

La estrella

He llegado a ver
una estrella
en el cielo,
bajo la luna, 
bajo la lluvia.

Ella aparece y
alumbra las calles,
y yo quiero cogerla,
y yo quiero cuidarla.

Pero esa estrella
vive muy lejos,
fuera de mi alcance,
fuera de mis manos.

¿Qué puede hacer
un simple idiota
como yo, sino
mirarla en la distancia?

Si me acerco,
me quema la piel,
si desvío la mirada,
es el frío quien observa.
Y eso hago, intentar
comprenderla en
medio del caos,
aún sabiendo que
ese brillo no fue hecho
para mis ojos mortales.

Oh, sí, quiero a esa
bola de gas luminosa,
pero desconozco si
hago bien en querer
lo imposible.

Oh, sí, amo a ese
astro que se niega
a sentir mis vibraciones,
a sentir mis emociones. 

Y me siento allí,
en el estanque, 
y acaricio el agua
pensando que 
su reflejo está arriba. 
Y me siento allí,
yo, un nadie, un paria,
e intento alcanzar
la gloria del mundo.

Y la gente al pasar,
y los animales,
y todos los seres,
dicen en todo momento:
Ya está el necio
queriendo conseguir
lo que nunca 
fue suyo.

Y me siento allí,
en el estanque,
y riego las gotas
que fluyen,
y respiro el aire
que siempre falta.

Algún día me gustaría
decirle a esa estrella
que lo que me gustaba
no era su forma,
ni siquiera su luz,
sino el tiempo que conmigo
compartía. 

Algún día me gustaría
decirle que yo, sin ser
nada, puedo serlo todo.
Que ella, siéndolo todo,
no entiende nada.

Y aparece el amanecer,
y sigo pensando, 
ya sin su presencia,
que hay cuerpos astrales
creados para nunca
ser tocados.

Y yo, una mota de polvo,
podría lograrlo
con suerte en la mano,
con amor en la boca.
Y tú, una estrella,
podrías lograrlo,
si no fuera porque
sólo soy lo que ves.

Amor y desorden.  

https://youtu.be/fAgPPoPBXQg 


 

jueves, 29 de junio de 2017

El ruiseñor

Una vez encontré en el bosque a un ruiseñor que se había quedado mirándome. Debía de ser la primera vez que veía a alguien como yo. Me acerqué a él, y le dejé algo de comida. Me miró, agradecido, como si quisiera decirme algo. Ese día no lo hizo.

Para que lo entiendan, aquel bosque era el que había cerca de la residencia de mis tíos, y yo sólo podía pasar allí los meses de verano. Decidí que, cada día hasta que llegase la hora de mi marcha, iría a ver al ruiseñor.

Cuando yo llegaba, él se encontraba en su nido, como esperándome. Yo le hablaba y le contaba cosas que nunca habría revelado a una persona. Él me miraba, y daba la impresión de que me entendía. A veces abría el pico, pero jamás se escapaba sonido alguno de su interior. A mí me daba pena porque nunca había escuchado a un ruiseñor cantar y me habían dicho que era algo precioso.

Sin embargo, aquella rutina no terminó. Aunque el pájaro no respondiese a nada, yo me sentía feliz allí, rodeado de árboles, de la brisa, con aquel ser que se quedaba a hacerme compañía.
Tanto era así, que conforme se acercaba el final del verano, menos ganas tenía de irme. Aquel pequeño animal me había cautivado con su presencia, con su mirada. Por extraño que parezca, en mis entrañas sentía congoja por no poder alargar mi estancia en casa de mis tíos. Así se lo hacía saber al ruiseñor, que se limitaba a mirarme con tristeza.

Cuando llegó el último día, me encontré al pájaro, como ya venía sucediendo.

- Hoy tengo que marcharme.- Le dije.- Me hubiera gustado escuchar tu canto alguna vez en todos estos días, para así llevarme un recuerdo de ti. Ojalá vuelva a verte el próximo verano.

El pájaro me miró, y, como si el aire se fuese de repente, cayó hacia atrás. Había muerto. No pude evitar llorar. Aquel día lo recuerdo caluroso, lleno de humedad pegajosa. No comprendía mi mala suerte.

Yo volví a mi ciudad, y le comenté lo ocurrido a un amigo ornitólogo.

- ¡Ah! ¿Y te sorprende? Lo que ocurre es que ese pájaro quería cantar pero no podía. Se había tirado los días escuchando tu voz, acostumbrándose a tu presencia y creando un vínculo. Y cada vez que quería decir algo, se le atragantaba en la garganta poco a poco, como un puño que te atraviesa. El colmo fue cuando le dijiste que querías escucharlo. El pobre no lo pudo aguantar y se ahogó.

- ¿Murió por mi culpa?

- No, no te culpes. Murió de ganas.

Sin embargo, ha pasado el tiempo, y, en mi cabeza, escucho al ruiseñor cantar.

¿No sería que yo no quise sentirlo?

lunes, 26 de junio de 2017

He cambiado...

He cambiado
mis candados
por una ruleta
que gira y gira,
bajo el agua con sal,
bajo la asfixia.

He cambiado 
mis emociones
por una carta
en una botella
arrojada al mar,
que se hunde,
que no encalla.

He cambiado
mis sueños
por una eterna
moneda al aire,
cuya cara
es la cruz.

He cambiado 
un cajón lleno
de alegrías
por una red
hecha de agujeros,
donde se quedan
pegados los
espejismos.

He cambiado 
el sí por el no, 
el camino por
el barranco,
el vuelo estable por
el viento turbulento.  

He cambiado
la brisa del mar
en mi rostro
por la niebla
de los pantanos,
donde me pierdo
y ya ni me busco.

He cambiado 
vajillas enteras
de plata ley
por el plástico
de un sólo uso,
que se rompe,
que no funciona. 

He cambiado 
mi silencio
por palabras
de ruina,
que estallan adentro,
que disparan.

He cambiado,
ya lo ves,
sin decir siquiera
cuánto, ni qué,
y, sin embargo,
este amor que 
en mis entrañas arde,
sigue siendo el mismo.

He cambiado,
ya lo ves,
y todo sigue igual. 

https://youtu.be/lZiNtbgm9oM 

Hoy quiero

Hoy quiero que el mar me arrope entre sus olas, sentir el cálido abrazo de la arena engulléndome hasta el fin.
Hoy quiero arrancar de cuajo mi ser y arrojarlo al viento, que se vaya lejos, lejos...
Hoy quiero que de las entrañas del mundo aparezcan los jinetes y me lleven a caballo hacia lugares que nunca existieron.
Hoy quiero reiniciar el tiempo, y borrar aquellas emociones que me hacen sentir, convertirme un poco más en piedra y un poco menos en cristal.
Hoy quiero olvidar lo que no se olvida, y llenar de niebla mis caminos, para así tropezar y hacerme inmune.
Hoy quiero que lluevan tormentas, y así dibujar en el cielo los mismos sonidos que siento yo adentro.
Hoy quiero, en fin, dejar de ser sincero, y cambiar mi lengua por una de plata, donde las serpientes caigan sin cesar.

Hoy quiero, pero no quiero...

Desaparecer.

domingo, 23 de abril de 2017

Sin pétalos

A veces queremos disparar con armas que desconocemos, y probar el alcance, la cadencia. Queremos y a la vez nos asusta. Una mala puntería nos deja fuera, o eso pensamos. Indefensos, varados en la rueda que gira mientras nosotros descansamos.

Tengo hoy algo que decir a esas sensaciones. Intentar no es sinónimo de fallar, aunque el error te haya perseguido toda tu vida. Eres una persona preciosa, y lo que decidas valdrá la pena, si luchas por ello. No existen los fallos absolutos, ni caminos completamente áridos. El tiempo eres tú, no los días con sus meses, y sus horas, y sus vacíos. Sólo lo que haces conserva el eco.

Tampoco los demonios del recuerdo son todopoderosos. Una flecha en la dirección adecuada atraviesa sombras y maldiciones. Recuerda que nadie vivirá por nosotros, que no se crean sonrisas con dolor. Olvida lo que no eres, aunque lo hayas sido. Sabrás cómo hacerlo, las máscaras tienen roces molestos aunque se confundan con la piel. Algún día el suelo estará lleno de ellas.

Conoces lo que hay bajo mi piel, sin haberla tocado. Lástima. Algún día lo harás, y quizá entiendas mis laberintos, las entradas sin salida. Reirás, y comprenderás que era más fácil de lo que pensabas.

Al querer descifrar terminas por resolver tus propios puzzles. 


https://youtu.be/81LpJPXo_qs

miércoles, 22 de marzo de 2017

Espejos

El reflejo
me preguntó,
y yo respondí. 

Quiero caminar
sobre tus aguas,
quiero respirar
tus vapores tóxicos.

Pero no sé cómo. 

A veces me duermo
y creo poder encontrarte,
entre la bruma y la noche,
entre saliva y desmemoria.

El reflejo  
me preguntó,
y yo respondí.

Menos soy que la nada,
y nunca supe 
quién soy, qué seré.

Me disuelvo, inmortal, 
desparramado entre
baúles y olvidos.

Pero no sé cómo. 

¿Cuando llegaste?,
¿querrás marcharte?,
¿querrás quedarte?

El reflejo 
me preguntó,
y yo respondí. 

Bastó mi silencio
para conocer
la respuesta.

https://youtu.be/l9k5TMSB7cQ