No sé si la conocerán, pero la UCE (Unificación de Cantantes Expulsados) es el lugar adonde van aquellos artistas cuyo temperamento y acciones los eximen de ejercer su profesión en las tabernas de barrio, verbenas de feria, y demás lugares donde exhibirse por dos duros. Pues bien, la leyenda de la organización es bien conocida por sus integrantes.
Esta sostiene que el famoso rockero de tugurios, Varoufakis, consiguió destruir el inmobiliario de 150 bares alrededor de la región. ¿Cómo lo hacía? Pues verán, parece ser que poseía una guitarra legendaria, llamada Burberry, que hacía enloquecer a la gente con sus maléficas notas. Esto hacía que cuando el concierto hubiese acabado, todo estuviese patas arriba, con los asistentes totalmente ebrios, y con unas cuantas magulladuras de más.
Y aquí es donde entra en acción nuestro protagonista, Francisco, apellidado Frutos, aspirante a ser el think tank de la UCE, el órdago de la institución, el laurel en la cabeza de sus compañeros. La repera, vamos. Tenía un historial intachable de destrozos, juergas y borracheras, adonde iba la liaba.
- Oye Paco, ¿tú cómo haces para ser tan guay?
- ¿Yo? Bueno, solo siendo cómo soy.
Y es que Paco era mucho Paco, pues ya llevaba 10 años al frente de la UCE, y no había quien le bajase del trono del rock. Siempre se ponía la música que él quería, cosa que los más heterodoxos veían con malos ojos, pues ellos querían escuchar de vez en cuando algo de Paramore, o cosillas así, no siempre a los Guns, o The Cure. Que es que ya tenían pesadillas con ellos, de tanto escuchar siempre lo mismo.
Pero a Paco no había quien le tosiera. El que fuese pillado escuchando las moñadas del OK Computer, patada en el culo. Aunque no lo parezca, Paco quería recuperar la guitarra legendaria, para usarla en sus conciertos, pero no lograba dar con ella, así que terminó hartándose, y dejó paso a su mano derecha, más flexible, que permitía más variedad musical.
Y hasta aquí, la breve historia de Francisco, un incansable luchador del rock, que se retiró sin poder conseguir su sueño de ser una leyenda.
Para Pablo.
Palabras clave: Varoufakis, Francisco Frutos (Paco para los amigos), UCE (Interpretación de las siglas libre por no haber concreción)
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Varoufakis y su legendaria Burberry
Etiquetas:
locura,
música,
pesadillas,
Sueño
martes, 3 de marzo de 2015
Recuerdos
No sé qué le llevó a Martin llevar a cabo aquella acción, yo aún no puedo darme cuenta de nada, aunque lo vi todo, aquel día, en el bosque. Pero si se lo contase a alguien seguramente me hubieran tildado de loco, y el que hoy les escribe para intentar quitar tinieblas del extraño caso acontecido en el Glad Forest hace veinte años, seguramente estaría en el centro de salud mental.
Verán, Martin era un joven maestro de escuela, en aquel agujero en medio de la nada que era mi pueblo. No estaba en medio de la nada, es cierto, porque la ciudad estaba cerca. Pero las mentalidades eran demasiado conservadoras, como suele darse en estos lugares. Yo era un muchacho que aún tenía todo por descubrir, y la fascinación que sentía por mi maestro, me hizo seguirlo a través del bosque. No lograba entender cómo alguien como él, que sabía seis idiomas, y era muy inteligente, hubiera acabado en un sitio como este, cuando seguramente en otros lugares estaría mejor.
El caso es, que aquel día Martin estaba extraño. Caminaba con dificultad, con pesar, y llevaba una mochilita a la espalda. Anduvimos largo rato, y, en el centro del bosque, se detuvo. Había un tronco enorme de un viejo pino que había sido cortado al estar enfermo, y ahí se sentó mi maestro. Abrió la mochila, y sacó un trozo de queso y algo de pan. Debo decir que me dió hambre, pues era ya tarde, y quedaba poco sol en el cielo. Y yo, que era un poco miedica por aquel entonces, dudaba sobre si salir, o quedarme así. Ahora me alegro de haberme quedado escondido, pues lo que voy a revelar, sin duda se os antojará terrorífico.
Una vez hubo terminado de comer, Martin cogió de la mochila un escalpelo, y una foto, en la que aparecía una chica. No sabía quién era, ni nunca lo sabré, porque no supe más que aquello. Entonces, comienza a cantar. No conozco el idioma, pues yo no tenía ni idea de lo que decía. Lo único que sabía era que estaba impregnada de melancolía y de dolor. Era noche cerrada, y yo estaba paralizado de miedo, pues no me esperaba una escena así.
Cuanto más cantaba, más desgarrada era la canción, llegando a incluso a llorar. Yo me aguantaba como podía. Entonces, empezaron a llegar luciérnagas, pues no lejos de allí había un lago donde solían ir. Lo curioso era que todas iban hacia él, y se posaban en su cuerpo. Una vez terminada la canción, cogió el escalpelo, y, con determinación, se rajó el cuello. Rápido. Limpio.
Las luciérnagas se fueron todas, como si aquello fuese un horrible crímen en el estado de la naturaleza. Todas, excepto una. Se quedó en el cuello, llenándose de sangre, y su luz fue haciéndose cada vez más y más intensa, de un rojo increíble, hasta el punto en que pensé que podía llegar a estallar en cualquier momento. Fue entonces cuando llegó lo peor. La luciérnaga se dirigió hacia mí, lenta, pero inexorable, y se posó en mis labios. Ya pueden imaginarme. Ojos abiertos de par en par, a punto de llorar y gritar, conmocionado por lo que acababa de ver. Un espectáculo poco digno de ver, un espectador inoportuno.
Y fue cuando lo escuché. La voz, la maldita voz de Martin. Parecía provenir directamente de aquella luciérnaga endiablada.
- Escucha bien, Aluccard, la lucha que no lleva a nada acaba en derrota, nunca pelees por aquello que no aprecia tu esfuerzo, no te marques un solo camino, porque si se corta, no sabes adonde ir. No seas como yo Aluccard, o las libélulas devorarán tu alma.
Para Nana
Palabras clave: Libélula, escalpelo, políglota.
Verán, Martin era un joven maestro de escuela, en aquel agujero en medio de la nada que era mi pueblo. No estaba en medio de la nada, es cierto, porque la ciudad estaba cerca. Pero las mentalidades eran demasiado conservadoras, como suele darse en estos lugares. Yo era un muchacho que aún tenía todo por descubrir, y la fascinación que sentía por mi maestro, me hizo seguirlo a través del bosque. No lograba entender cómo alguien como él, que sabía seis idiomas, y era muy inteligente, hubiera acabado en un sitio como este, cuando seguramente en otros lugares estaría mejor.
El caso es, que aquel día Martin estaba extraño. Caminaba con dificultad, con pesar, y llevaba una mochilita a la espalda. Anduvimos largo rato, y, en el centro del bosque, se detuvo. Había un tronco enorme de un viejo pino que había sido cortado al estar enfermo, y ahí se sentó mi maestro. Abrió la mochila, y sacó un trozo de queso y algo de pan. Debo decir que me dió hambre, pues era ya tarde, y quedaba poco sol en el cielo. Y yo, que era un poco miedica por aquel entonces, dudaba sobre si salir, o quedarme así. Ahora me alegro de haberme quedado escondido, pues lo que voy a revelar, sin duda se os antojará terrorífico.
Una vez hubo terminado de comer, Martin cogió de la mochila un escalpelo, y una foto, en la que aparecía una chica. No sabía quién era, ni nunca lo sabré, porque no supe más que aquello. Entonces, comienza a cantar. No conozco el idioma, pues yo no tenía ni idea de lo que decía. Lo único que sabía era que estaba impregnada de melancolía y de dolor. Era noche cerrada, y yo estaba paralizado de miedo, pues no me esperaba una escena así.
Cuanto más cantaba, más desgarrada era la canción, llegando a incluso a llorar. Yo me aguantaba como podía. Entonces, empezaron a llegar luciérnagas, pues no lejos de allí había un lago donde solían ir. Lo curioso era que todas iban hacia él, y se posaban en su cuerpo. Una vez terminada la canción, cogió el escalpelo, y, con determinación, se rajó el cuello. Rápido. Limpio.
Las luciérnagas se fueron todas, como si aquello fuese un horrible crímen en el estado de la naturaleza. Todas, excepto una. Se quedó en el cuello, llenándose de sangre, y su luz fue haciéndose cada vez más y más intensa, de un rojo increíble, hasta el punto en que pensé que podía llegar a estallar en cualquier momento. Fue entonces cuando llegó lo peor. La luciérnaga se dirigió hacia mí, lenta, pero inexorable, y se posó en mis labios. Ya pueden imaginarme. Ojos abiertos de par en par, a punto de llorar y gritar, conmocionado por lo que acababa de ver. Un espectáculo poco digno de ver, un espectador inoportuno.
Y fue cuando lo escuché. La voz, la maldita voz de Martin. Parecía provenir directamente de aquella luciérnaga endiablada.
- Escucha bien, Aluccard, la lucha que no lleva a nada acaba en derrota, nunca pelees por aquello que no aprecia tu esfuerzo, no te marques un solo camino, porque si se corta, no sabes adonde ir. No seas como yo Aluccard, o las libélulas devorarán tu alma.
Para Nana
Palabras clave: Libélula, escalpelo, políglota.
lunes, 2 de marzo de 2015
Sonrisas
Un pájaro carpintero ha hecho un nido sobre hilos negros, buscando comida y picoteando a un solo gusano. El zepelín se estrella, no puede más. El oxígeno prendió la llama. Un salto, luego otro. No sé adonde caigo, pero no hay nada más aquí. La tierra no se puede comer, pero no está mal una vez te acostumbras a probarla. Ya lo ves, el silencio puede destrozar los tímpanos y la energía. Todo alrededor tiembla, y recibe tus balas sin decir nada, sin rechistar. Se comprende. O quizá no, y entonces se vuelve un bucle en el que la bicicleta gira pero no avanza. Nada claro en el brillo de las espadas. Solo impotencia, la de ser un gigante con pies de barro, donde los ecos del vacío se expanden más poderosos que nunca.
Perdí la mitad de mi cara en la guerra de las cenizas, y la máscara, la mascara es lo que dibuja una sonrisa completa libre del horror.
Perdí la mitad de mi cara en la guerra de las cenizas, y la máscara, la mascara es lo que dibuja una sonrisa completa libre del horror.
En Versión Original
Me quedo mirando el cielo desde el porche, mientras el último cigarrillo de la tarde me consume. Todo pasa igual que una película muda en blanco y negro. No hay sonido, no hay gritos, ni ruido. Solo los gestos torpes de quien pretende manejar universos que no le corresponden. Un vulgar intruso en el territorio de sombras ya desvanecidas por el miedo y el espacio. No se escuchan los golpes, ni los gemidos, solo un sordo rumor que el viento se lleva. De fondo, la voz de Joan Baez no cesa de repetir una y otra vez una frase, igual que si un disco rallado se hubiese apropiado de mi cabeza: "And there you stayed, temporarily lost at sea".
Miles de mariposas frente a mi puerta, exigiendo paz, pidiendo flores, ¿qué puedo daros yo, si soy la marioneta de esta nueva era? ¿Qué castigo podéis exigirme si aplasté la vida entre las palmas de mis manos? Fuera, fuera de aquí. Los palos venenosos de mis pulmones romperán vuestras alas. Fuera, fuera de aquí. Los monstruos no mostramos nuestro verdadero rostro.
https://www.youtube.com/watch?v=1ST9TZBb9v8
Para María
Palabras clave: Folk, años 60, cine clásico.
Miles de mariposas frente a mi puerta, exigiendo paz, pidiendo flores, ¿qué puedo daros yo, si soy la marioneta de esta nueva era? ¿Qué castigo podéis exigirme si aplasté la vida entre las palmas de mis manos? Fuera, fuera de aquí. Los palos venenosos de mis pulmones romperán vuestras alas. Fuera, fuera de aquí. Los monstruos no mostramos nuestro verdadero rostro.
https://www.youtube.com/watch?v=1ST9TZBb9v8
Para María
Palabras clave: Folk, años 60, cine clásico.
domingo, 1 de marzo de 2015
Aclaraciones
Bueno, antes de nada agradecer a los que leen esto y me animan a seguir escribiendo. Quería informaros de que a partir de ahora el blog tendrá dos partes. Por un lado, las entradas de siempre, donde escribo sobre mí, o sobre lo que se me antoja, y otra parte, que es donde aparecen las dedicatorias. Esas entradas son un elemento nuevo que intentaré mantener en el tiempo, y que espero que salgan bien. Son escritos en los que alguien me da los elementos que quiere que salgan, y yo me las tengo que arreglar para exponerlo. Seguramente haré una de estas entradas a diario, quizá dos, según esté de tiempo. Por supuesto, si alguien quiere participar, puede decirlo, y le atenderé con gusto.
También mencionar que, aunque hayan cambios, la marca personal y la esencia del blog, no se perderán, puesto que al fin y al cabo soy yo quién escribe las cosas, aunque hayan temas distintos a los habituales. Ya veremos cómo resulta. Muchas gracias a todos por estar ahí, un abrazo.
También mencionar que, aunque hayan cambios, la marca personal y la esencia del blog, no se perderán, puesto que al fin y al cabo soy yo quién escribe las cosas, aunque hayan temas distintos a los habituales. Ya veremos cómo resulta. Muchas gracias a todos por estar ahí, un abrazo.
La abogada
- ¿Cómo le fue ayer el día señorita N? ¿Siguió mis consejos?
- Bueno... Intenté hacerlo, pero no tuvieron efecto. Volví a romper cosas. Me han abierto un expediente. Suspendida de empleo y sueldo durante un mes.
- ¡Pero eso es terrible! ¿Qué ocurrió?
- Ya le conté que nos habían puesto por parejas para realizar el seguimiento del juicio a la farmaceutica Kronos, ¿no? Pues, mi compañero y yo, somos dos caras de la misma moneda. Él cruz, y yo cara. Es la persona más insensible que me he encontrado en todos los años que llevo ejerciendo la abogacía. Solo piensa en el beneficio, y le da igual todo lo demás. Y eso choca completamente conmigo.
- Por eso le dije que intentase abstraerse, pensar en otra cosa, e intentar llevarse bien con él a pesar de sus diferencias. Son compañeros de trabajo. Lo personal debe apartarse.
- Lo sé, lo sé, pero... Lo que ocurrió ayer pudo conmigo.
Respiro hondo, y comienzo a narrar lo sucedido.
- Verás, paralelamente al juicio pendiente, estuvimos estudiando el resultado de otro procedimiento con la farmacéutica Shini-GMI, quién comercializó un medicamento que provocaba focomelia a los bebés, pues se usaba para calmar las náuseas en período de embarazo. El caso es, que este resultó favorable para la farmacéutica en España, y, aunque es uno de muchos casos, mi compañero expresó abiertamente que era normal esto, pues no había negligencia alguna por parte de la farmacéutica. Que todo era, responsabilidad de quien compró el medicamento sin informarse bien de sus posibles efectos.
Me detuve un poco, frenética como estaba, con la ansiedad dominando el pecho, y la música de la intranquilidad retumbando en mi cabeza.
- Fue ahí, cuando, ajena a cualquier control de mi cuerpo, comencé a derribar cosas. La mesa, por los suelos. Las sillas, lanzadas contra los armarios. Las tazas del café, hechas añicos, con el líquido corriendo sobre pavimentos de papel y oscuridad. Me sujetaron los compañeros. Algo me había invadido. Dormido como estaba, aquellas palabras despertaban el monstruo que descansaba en mi interior.
Me detuve. Estaba sudando. Revivirlo todo no me hacía ningún bien. sobre todo cuando volvía atrás.
- Comprendo... Pero, no debería tomarse así las cosas señorita N, trae problemas, como ya has visto. No dejes que la sensibilidad controle tu cabeza. Tienes que mantenerte firme. Ten, te recetaré unas nuevas pastillas, ven a verme mañana, cuando estés más calmada.
- Está bien. - Suspiré, contenta de que aquello acabase.
Lo que no sabía la psicóloga, es que el hermanito de N murió por una malformación en la cabeza, que conforme iba creciendo, le iba aplastando el cerebro. Quizá el juzgar, y el hablar sin conocer realmente lo que hay detrás sea lo que crea locos donde no los hay, y cuerdos donde solo hay locura.
Para Nuria.
Palabras clave: Indómita, temperamental, sensible.
- Bueno... Intenté hacerlo, pero no tuvieron efecto. Volví a romper cosas. Me han abierto un expediente. Suspendida de empleo y sueldo durante un mes.
- ¡Pero eso es terrible! ¿Qué ocurrió?
- Ya le conté que nos habían puesto por parejas para realizar el seguimiento del juicio a la farmaceutica Kronos, ¿no? Pues, mi compañero y yo, somos dos caras de la misma moneda. Él cruz, y yo cara. Es la persona más insensible que me he encontrado en todos los años que llevo ejerciendo la abogacía. Solo piensa en el beneficio, y le da igual todo lo demás. Y eso choca completamente conmigo.
- Por eso le dije que intentase abstraerse, pensar en otra cosa, e intentar llevarse bien con él a pesar de sus diferencias. Son compañeros de trabajo. Lo personal debe apartarse.
- Lo sé, lo sé, pero... Lo que ocurrió ayer pudo conmigo.
Respiro hondo, y comienzo a narrar lo sucedido.
- Verás, paralelamente al juicio pendiente, estuvimos estudiando el resultado de otro procedimiento con la farmacéutica Shini-GMI, quién comercializó un medicamento que provocaba focomelia a los bebés, pues se usaba para calmar las náuseas en período de embarazo. El caso es, que este resultó favorable para la farmacéutica en España, y, aunque es uno de muchos casos, mi compañero expresó abiertamente que era normal esto, pues no había negligencia alguna por parte de la farmacéutica. Que todo era, responsabilidad de quien compró el medicamento sin informarse bien de sus posibles efectos.
Me detuve un poco, frenética como estaba, con la ansiedad dominando el pecho, y la música de la intranquilidad retumbando en mi cabeza.
- Fue ahí, cuando, ajena a cualquier control de mi cuerpo, comencé a derribar cosas. La mesa, por los suelos. Las sillas, lanzadas contra los armarios. Las tazas del café, hechas añicos, con el líquido corriendo sobre pavimentos de papel y oscuridad. Me sujetaron los compañeros. Algo me había invadido. Dormido como estaba, aquellas palabras despertaban el monstruo que descansaba en mi interior.
Me detuve. Estaba sudando. Revivirlo todo no me hacía ningún bien. sobre todo cuando volvía atrás.
- Comprendo... Pero, no debería tomarse así las cosas señorita N, trae problemas, como ya has visto. No dejes que la sensibilidad controle tu cabeza. Tienes que mantenerte firme. Ten, te recetaré unas nuevas pastillas, ven a verme mañana, cuando estés más calmada.
- Está bien. - Suspiré, contenta de que aquello acabase.
Lo que no sabía la psicóloga, es que el hermanito de N murió por una malformación en la cabeza, que conforme iba creciendo, le iba aplastando el cerebro. Quizá el juzgar, y el hablar sin conocer realmente lo que hay detrás sea lo que crea locos donde no los hay, y cuerdos donde solo hay locura.
Para Nuria.
Palabras clave: Indómita, temperamental, sensible.
Dimensiones
Me he perdido en el desierto. El camello se escapó mientras dormía, rompiendo la cuerda, y ahora me he quedado sin nada. Solo veo a mi alrededor oceános de fuego y arena, muerte. Los buitres ya danzan sobre mi cabeza, y sé muy bien lo que eso significa. No puedo seguir más. Me siento en el suelo. Cuando vine por primera vez me resultaba abrasador, ya me he acostumbrado. Cierro los ojos, y me desvanezco.
Despierto tirado en la nieve, muerto de frío. Me quedo quieto, estupefacto, y cojo un poco. ¿Nieve? ¿Aquí?
Y no solo nieve, también árboles. Y tres niños jugando. Me incorporo un poco y me acerco a ellos. Me observan con desconfianza, y es normal, pues mi aspecto debe ser lamentable.
- Hola niños. ¿Qué hacéis? - Les sonrío.
Una niña, más confiada que los otros, responde.
- Un muñeco de nieve. ¿Verdad que se parece a un minion? Le hemos puesto unas gafas que Juan tenía de sobra.
Acto seguido el otro niño, imagino que Juan, le conmina a callarse.
- Chisst, no le digas nada, ¿y si es un hombre malo? ¿Qué quiere? - Me pregunta, desafiante.
- No seas así, Juan, no parece malo. -Responde el otro niño.
- Pero Lorenzo... Es extraño que venga así como así, sin conocernos. ¿Tú qué opinas María? - Inquiere Juan.
- Pues, que lo puede decidir Jiuma.
- Buena idea. - Aprueban.
- ¿Jiuma?
- Es el espíritu del bosque. Suele jugar con nosotros. Te llevaremos ante él para ver si de verdad eres o no un hombre malo.
- De acuerdo.
Vaya con los niños. Si fuesen todos así no habría nunca secuestros. Parecen policías. De todos modos, no sé nada de este sitio. ¿Han dicho espíritu del bosque? Espero que sea una broma y me lleven ante un adulto, para ver qué ocurre.
Los niños me llevan hacia el interior de lo que parece un bosque de abetos, y allí me encuentro a Jiuma.
- ¿¡Un oso panda!? Vámonos de aquí niños. Esto es peligroso.
- ¿Pero qué dices? Es Jiuma, y es muy simpático. ¿Verdad? - Dice María.
Entonces el oso se da la vuelta. Tiene una cara amistosa, como si estuviese sonriendo.
- Pues claro que sí. Solo con quienes se lo merecen.
Eso ha sido extraño. No solo porque pueda hablar, sino porque tiene voz de chica.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has podido entrar? - Inquiere, asustado.
- Eso me gustaría a mí saber. ¿Dónde estoy?
El panda se relaja un poco, y me observa fijamente, analizándome.
- Está bien. No pareces un enemigo. Estás en la décima dimensión de los sueños. Para que lo entiendas, diré que has estado buscando algo, pero que no has podido alcanzarlo. No suele venir nadie aquí. Solo los niños.
- ¿Y cómo salgo de aquí? ¿Por qué solo vienen los niños?
- Verás, dudo que puedas salir de aquí, al menos yo no lo sé cómo se hace. Eso está en uno mismo. Y, los niños son los que vienen aquí porque son ellos los que siempre persiguen cosas que no pueden obtener. Es extraño ver a alguien así entre los adultos.
Ahora lo entendía todo. Resignación, aceptación. Conocer cuál es tu lugar. Todo eso mata la búsqueda de metas que se antojan imposibles. No sabía cómo sentirme al encontrarme allí, con el espíritu de un niño y el cuerpo de un adulto. ¿Me quedaría ahí por siempre? ¿Volvería al desierto? Solo el tiempo lo dirá.
Para Concha.
Palabras clave: Minion, copo de nieve, panda.
Despierto tirado en la nieve, muerto de frío. Me quedo quieto, estupefacto, y cojo un poco. ¿Nieve? ¿Aquí?
Y no solo nieve, también árboles. Y tres niños jugando. Me incorporo un poco y me acerco a ellos. Me observan con desconfianza, y es normal, pues mi aspecto debe ser lamentable.
- Hola niños. ¿Qué hacéis? - Les sonrío.
Una niña, más confiada que los otros, responde.
- Un muñeco de nieve. ¿Verdad que se parece a un minion? Le hemos puesto unas gafas que Juan tenía de sobra.
Acto seguido el otro niño, imagino que Juan, le conmina a callarse.
- Chisst, no le digas nada, ¿y si es un hombre malo? ¿Qué quiere? - Me pregunta, desafiante.
- No seas así, Juan, no parece malo. -Responde el otro niño.
- Pero Lorenzo... Es extraño que venga así como así, sin conocernos. ¿Tú qué opinas María? - Inquiere Juan.
- Pues, que lo puede decidir Jiuma.
- Buena idea. - Aprueban.
- ¿Jiuma?
- Es el espíritu del bosque. Suele jugar con nosotros. Te llevaremos ante él para ver si de verdad eres o no un hombre malo.
- De acuerdo.
Vaya con los niños. Si fuesen todos así no habría nunca secuestros. Parecen policías. De todos modos, no sé nada de este sitio. ¿Han dicho espíritu del bosque? Espero que sea una broma y me lleven ante un adulto, para ver qué ocurre.
Los niños me llevan hacia el interior de lo que parece un bosque de abetos, y allí me encuentro a Jiuma.
- ¿¡Un oso panda!? Vámonos de aquí niños. Esto es peligroso.
- ¿Pero qué dices? Es Jiuma, y es muy simpático. ¿Verdad? - Dice María.
Entonces el oso se da la vuelta. Tiene una cara amistosa, como si estuviese sonriendo.
- Pues claro que sí. Solo con quienes se lo merecen.
Eso ha sido extraño. No solo porque pueda hablar, sino porque tiene voz de chica.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has podido entrar? - Inquiere, asustado.
- Eso me gustaría a mí saber. ¿Dónde estoy?
El panda se relaja un poco, y me observa fijamente, analizándome.
- Está bien. No pareces un enemigo. Estás en la décima dimensión de los sueños. Para que lo entiendas, diré que has estado buscando algo, pero que no has podido alcanzarlo. No suele venir nadie aquí. Solo los niños.
- ¿Y cómo salgo de aquí? ¿Por qué solo vienen los niños?
- Verás, dudo que puedas salir de aquí, al menos yo no lo sé cómo se hace. Eso está en uno mismo. Y, los niños son los que vienen aquí porque son ellos los que siempre persiguen cosas que no pueden obtener. Es extraño ver a alguien así entre los adultos.
Ahora lo entendía todo. Resignación, aceptación. Conocer cuál es tu lugar. Todo eso mata la búsqueda de metas que se antojan imposibles. No sabía cómo sentirme al encontrarme allí, con el espíritu de un niño y el cuerpo de un adulto. ¿Me quedaría ahí por siempre? ¿Volvería al desierto? Solo el tiempo lo dirá.
Para Concha.
Palabras clave: Minion, copo de nieve, panda.
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