Al mover la pieza, echó un vistazo al tablero. Ya había perdido las torres, un alfil, y un caballo. Le gustaba pensar en el ajedrez como si se tratase de una guerra de desgaste. "¿Por qué ir rápido a ganar? Eso no es emocionante.", pensaba.
Lo que no sabía es que él podía perder. Que la supremacía total no existe, y que la persona sentada enfrente podía no pensar igual. Y él, él iba por delante en piezas, pero bastante detrás en estrategia.
Y es que, cuando llegaba el turno de su contrincante, este se quedaba pensando, sin decir palabra. El reloj, parado, hacía de ese tiempo algo interminable.
"¿Por qué no mueve ya?", "¿Por qué se piensa tanto el hacer algo, incluso cuando le dejo en bandeja mis piezas?"
Aaah, ¿cómo no va a reflexionar si haces eso? "Es una trampa", piensa el rival. Y estudia movimientos. Y se queda al margen del juego. Crea incertidumbre. La inseguridad de quien no quiere perder, frente a la impaciencia del que quiere ganar. Cosas parecidas, no iguales.
Y en esta partida, vencer puede significar perder, y una derrota puede traer una victoria. La pregunta es, ¿quién debe ganar?, ¿pueden ganar ambos?, ¿y perder?
Lo único que se saca en claro es, que si ellos se levantan de la silla, y dejan el tablero así, cuando vuelvan a sentarse, todo seguirá igual.
Aunque también pueden dejar la partida y comenzar la victoria.
Bienvenido a un mundo tan abstracto como lo que pasa por mi cabeza. Literatura rompecabezas que significa cualquier cosa menos la que es. O puede que veas la realidad.
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domingo, 12 de julio de 2015
La partida de ajedrez
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viernes, 1 de noviembre de 2013
Jaque
Eres un yo-yó fuera de control, lo mismo te tengo cerca de mi mano que te alejas y no respondes a las vibraciones de la cuerda. No es culpa tuya, lo sé, es que la cuerda se rompe muchas veces y nadie se molesta en repararla. E igual que hoy piso una baldosa de color oscuro, mañana puede ser de color blanco, en este extraño ajedrez donde solo participan dos peones, y las reglas solo permiten que se devoren ambos. Nadie pierde. Pero si el juego queda en tablas vagaremos por el tablero hasta caer fuera de él. No es un terreno de juego estándar, sino que adquiere dimensiones que son desconocidas para mí, quizá por eso resulta sorprendente que la distancia entre ambos sea corta. Aunque a veces se estire como un chicle. Lo curioso es que, de una forma u otra, no te pierdes en la enormidad de los días, sino que siempre regresas al lugar de donde nacen los sueños.
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