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lunes, 25 de abril de 2016

#YoIBEXtigo con La Marea

Hoy haré un paréntesis para informaros de que La Marea (para quien no lo sepa, es un periódico independiente, económicamente hablando, de España) ha iniciado hace poco un proyecto de crowfunding para poder realizar aquello denominado como "periodismo de investigación" y que somos poco dados a conocer en este país.

En este caso, la idea es poder establecer una relación entre las grandes empresas del país (del IBEX 35, de ahí el nombre) y miembros de la política, todo ello de forma detallada. Además, si se consigue a la cantidad óptima de dinero, podrán realizar investigaciones suplementarias. Todo ello viene con más detalle en el enlace que pondré al final.

Yo he participado, y se puede donar la cantidad que se desee a partir de 1 euro (podéis pagar en otras divisas si no sois de España). Además, hay un sistema de recompensas al que podéis optar elegiendo la que queráis (hay más información en la página del proyecto haciendo click en "Recompensas") y va desde los 3 hasta los 1.000 euros.

Y nada más, he querido compartirlo, aunque se salga un poco del guión, porque creo que hacen falta iniciativas como esta, en las que haya libertad de acción, sin estar pendientes de si se molestará a tal o a cual persona a la hora de contar ciertos detalles.

Si podéis, apoyadlo, por sólo un euro podéis marcar una diferencia. Y si no, al menos difundidlo.

https://goteo.org/project/yoibextigo/participate#invest-88187

PD: Hay otros proyectos activos en la plataforma, por si os interesa alguno, aunque yo haya traído éste, hay varios que son interesantes.

lunes, 11 de abril de 2016

¿Para quién escribo?

¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista
o simplemente el curioso.


No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote
enfadado, ni siquiera para su alzado índice
admonitorio entre las tristes ondas de música.


Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora
(entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los
impertinentes).


Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que
corre por la calle como si fuera a abrir las puertas
a la aurora.


O ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza
chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma,
le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.


Para todos los que no me leen, los que no se cuidan de
mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoren).


Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi
ventura, viviendo en el mundo.


Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida,
paridora de muchas vidas, y manos cansadas.


Escribo para el enamorado; para el que pasó con su
angustia en los ojos; para el que le oyó; para el que
al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando
preguntó y no le oyeron.


Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo
escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los
pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin
oírme, está mi palabra.


II
Pero escribo también para el asesino. Para el que con
los ojos cerrados se arrojó sobre un pecho y comió
muerte y se alimentó, y se levantó enloquecido.


Para el que se irguió como torre de indignación, y se
desplomó sobre el mundo.


Y para las mujeres muertas y para los niños muertos,
y para los hombres agonizantes.


Y para el que sigilosamente abrió las llaves del gas y la
ciudad entera pereció, y amaneció un montón de cadáveres.


Y para la muchacha inocente, con su sonrisa, su corazón,
su tierna medalla, y por allí pasó un ejército de
depredadores.


Y para el ejército de depredadores, que en una galopada final fue a hundirse en las aguas.

Y para esas aguas, para el mar infinito.

Oh, no para el infinito. Para el finito mar, con su limitación
casi humana, como un pecho vivido.


(Un niño ahora entra, un niño se baña, y el mar, el
corazón del mar, está en ese pulso.)


Y para la mirada final, para la limitadísima Mirada Final,
en cuyo seno alguien duerme.


Todos duermen. El asesino y el injusticiado, el regulador
y el naciente, el finado y el húmedo, el seco
de voluntad y el híspido como torre.


Para el amenazador y el amenazado, para el bueno y el
triste, para la voz sin materia
y para toda la materia del mundo.


Para tí, hombre sin deificación que, sin quererlas mirar,
estás leyendo estas letras.


Para tí y todo lo que en ti vive,
yo estoy escribiendo.


Vicente Aleixandre.

viernes, 8 de abril de 2016

Aún permanezco

He cambiado los muñecos de la fortuna por una senda que sigue en línea recta, un paisaje que, si bien cambia, no muestra nada diferente. Si llueve, abro un paraguas; si hace sol, voy ligero de ropa. Nada me detiene, ni tampoco yo detengo a nadie en el camino.

Aprendo cosas, pero una termita carcome el nido, pues la sensación de que otras posibles situaciones proporcionan un abanico más amplio de experiencias inunda el suelo. No me pierdo en otros ojos. Ningún faro ilumina los míos. Los personajes cumplen su función fuera de las fronteras que ya he dejado de defender, ante la triste situación de aridez que pueblan los dominios interiores.

Giran y giran los cambios alrededor de un cuerpo que no avanza, ni se detiene. Y volveré a notar en la piel unas órbitas que atraen a la vez que rechazan, donde las emociones un día florecieron y fueron aplastadas por el zapato del miedo.

No me siento solo, es cierto, a pesar de que la soledad vigila la puerta y duerme en mi cama. Sigo construyendo mis murallas, dejando de lado aquellos gigantes con pies de barro que se rompían al poco de echar a andar. Sé lo que busco, pero no lo encuentro. También sé que dejar de buscar no sirve, porque nada cae del cielo, salvo, tal vez, el agua.

Habrá que aprovechar aquello que nos mantiene a salvo.

domingo, 13 de marzo de 2016

Recuerdos de mi niñez

Dejo el relato ganador de la categoría "Mejor relato guardeño", en el XI Certamen de Relatos Breves "Memorias de Mujer". Espero que os guste.



Aún hoy me acuerdo, después de tantos años. La biblioteca estaba situada por aquel entonces en el edificio de la radio, en la calle Coronada. Yo no tendría más de nueve años, poco más o menos, y, sin compañía, me iba allí por las tardes. Veía a la gente en la puerta, con el balón de fútbol. Sin embargo, me llamaba mucho más perderme entre los libros.

- Hoy has llegado más tarde de lo normal, ¿qué has estado haciendo?- Me sonrió la bibliotecaria.
- Tenía algunos deberes y hasta que no los acabase no podía bajar.- Respondí.
- Muy bien. ¿Qué vas a leer hoy?
- No lo sé. Ahora después me decido.

Se acercaba el verano. En el suelo se veían hormigas correteando, aunque a mí no me importaba demasiado. Fui a la sección infantil y cogí un libro sobre Toy Story, con la tapa gruesa, de color azul, y me senté a leerlo.

No lo notaba entonces, pero allí siempre estábamos nosotros dos, y raramente alguien más. Seba y yo. Yo y Seba. ¿Se sentiría sola? Aquel lugar te absorbía. Solitario, silencioso, y, echando la vista atrás, algo desolador.
No percibía los cambios. Yo no sabía que aquella persona con la que compartía tantos días, que era una amiga desconocida y alegre, pudiera estar luchando por dentro. Ni se me ocurría pensar que estuviese enferma. Entre otras cosas porque sabía disimularlo bien, y yo sólo era un niño inocente con el único ansia de acabar un libro tras otro.

- Hoy me iré antes otra vez, van a ir a mi casa, porque quiero cambiar los muebles y tengo que estar allí. No pasa nada, ¿verdad? - Inquirió, con su sonrisa de siempre.

- No. No pasa nada.

¿Qué iba a responderle? Ella mandaba. Aquella situación se daba varias veces, no era la única. Aunque claro, yo no me percataba de nada inusual. Después me daría cuenta de que en realidad, esos días, tenía que ir al médico, y, para no preocuparme, me contaba lo de los muebles.
¿En qué pensaría ella? Se quedaba sentada en su lugar de trabajo, y escribía. De vez en cuando levantaba la cabeza para observarme. ¿Supuse algún cambio en su día a día? Son muchas preguntas las que surgen y que nunca serán respondidas. La niebla de los recuerdos es espesa, aunque aún pueda ver algo a través de la ventana en mi memoria.

No puedo sino sentir admiración por una persona que, en realidad, apenas conocía, a pesar del montón de horas que pasábamos juntos en la misma habitación. Porque ella podía haber hecho otras cosas. No sé, darse la buena vida. Hacer una locura. Y, sin embargo, siguió haciendo su vida normalmente. Le abría las puertas de numerosos mundos a aquel niño que apenas sabía nada de lo que le rodeaba, y tapaba los agujeros oscuros de la realidad. Sabía disimular los horrores y blindaba la imaginación con su sonrisa. Seba y su sonrisa. Quizá fuese un poco triste cuando pienso en perspectiva, pero era bastante cálida. Sobre todo para alguien que solía estar con un rostro serio en su trabajo. Todavía hoy me gusta pensar que ella sí me conocía, que intuía lo que podía gustarle a aquel niño que iba allí a hacerle compañía. Y que disfrutaba con ello.

La biblioteca era una zona aislada de lo que ocurría fuera. Una especie de cámara hermética en la que no transcurrían las horas, y el único espacio existente era aquella sala, tal es el poder de las palabras. Todo lo que allí se respiraba era una condensación de las eras. Estabas a mano con cualquier año. Vestigios de otras épocas, personajes que nunca existieron y que retoman vida durante unas horas. Animales hablando, poniendo boca abajo las limitaciones propias de lo real. No importa qué, en un papel la extensión de la mente es infinita. Quizá por eso Seba seguía yendo allí. Quizá necesitaba apartarse de todo, y, entre aquellas cuatro paredes, encontraba el respiro y el olvido necesarios. Nunca lo sabré. Porque ella me mostró con una mano el universo de la inocencia, mientras que, con la otra, hacía que me adentrase en el espejo laberíntico de los libros. Podría pensar que me engañaba, para protegerme del afilado cuchillo de la vida, pero, al mismo tiempo, me contaba la verdad. Ninguna de sus alegrías esporádicas eran mentira. Ni tampoco lo era aquel lazo que nunca supe ver, el que une a dos extraños que aman las letras.

Quizá lo más curioso de todo es, que si hoy pudiese volver atrás y ser aquel niño de antaño, no le haría ninguna pregunta, ni buscaría desentrañar sus pensamientos. Sólo le diría una palabra. Una sola.

<<Gracias>>

jueves, 10 de marzo de 2016

Cerbero a las puertas de Europa

¿Tú también has escuchado ese enorme 'crack'? Sí, ese del que todos hablan: El de la caída del mito europeo.

Y es que en los últimos meses venimos asistiendo a un espectáculo lamentable respecto a la situación de los refugiados. Porque no es sólo Aylan Kurdi, el niño que murió ahogado en la costa de Kos. Son miles como él.

Ahora mismo, en Turquía, una masa ingente de personas aguarda en tiendas de campañas, en terrenos que recuerdan a aquellas zonas mortalmente húmedas donde se excavaban trincheras durante la Primera Guerra Mundial. El famoso "pie de trinchera" que tanto dolor de cabeza causaba. Con la diferencia de que ésta guerra se libra contra el frío, la desesperación, y, en los últimos días, contra las serpientes que se asoman a esta zona.

No son soldados, aunque seguro que sí son guerreros. Ellos escaparon de un país en guerra, dejándolo todo atrás. Si por ellos fuera no estarían a las puertas de Europa. ¿Dónde está ahora la modernidad? ¿Por qué para unas cosas estamos en la vanguardia y en otras, como en ésta, no lo estamos?

El artículo europeo número 14 dice: "En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en otros países". ¿No es acaso suficiente persecución ver caer bombas cada día cerca de tu casa o en la misma?

¿Es tan mala la memoria histórica que nos impide ver que nosotros fuímos ellos alguna vez? Pues parece que sí, porque además pagamos 3.000 millones a Turquía para que sea el Cerbero de Europa. Un enorme perro de tres cabezas: La de la humillación, la del miedo, y, en el centro, la de la vergüenza.

No sé si habrás escuchado el 'crack', lo que parece seguro es que los dirigentes europeos no sólo no lo han oído, sino que además se han tapado los ojos.

Publicado en: http://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/turquia-cerbero-las-puertas-europa-59269



jueves, 3 de marzo de 2016

Tartas en el aire

Desconozco el día en que lo conocí. Mis primeros recuerdos son la puerta metálica que hace de valla en las casas, abriéndose. Y, en una habitación, sobre una repisa descansaban coches de tamaño mediano. No hay nada más en mi memoria.

Serían bastantes años después cuando empezaríamos a tener una proximidad que, sobre las bases de una forma de entender la sociedad, y con intereses comunes, irían acercándonos. Dos personas, que, a pesar de haber estado en dos contextos diferentes, por la edad, quizá hubiesen congeniado aún más de haber estado en el mismo entorno educativo.

Decía Emile Hirsch en la película Into the wild que la felicidad sólo es real cuando es compartida, y quizá éste sea uno de esos casos. Si bien es cierto que ninguno ha ocupado el epicentro en la vida del otro, y, ni tan siquiera se ha alcanzado un grado de cercanía máxima. No obstante, uno tiende a recordar a aquellas personas que pasaron por su vida, o que todavía continúan, y, sobre todo, los cambios que produjeron.

Sé que él hoy no cumplirá sus sueños al soplar las velas, ni sus ansias de solidaridad cubrirán los corazones de la gente como polvo que arrastra el desierto. Pero sí sé que estará dando un paso más, a convertirse en lo que siempre quiso, a pesar de este ruedo ibérico que rodea nuestro día a día.

Y a veces, sólo a veces, encontrarás que el amor es el último bastión donde agarrarse si todo se desmorona. No hablo del sexual, que tiene un plano distinto, sino de aquel que puedan brindarte otras personas. Y, quizá, ese sea mejor presente que cualquier objeto.

Muchas felicidades Juan Francisco :33




Palabras clave: Amor, solidaridad y felicidad.

sábado, 27 de febrero de 2016

Engranajes

Hace tiempo que no vuelo, y al despertar veo un amanecer formado por un sol falso, nacido de la pared. Un hombre que camina sobre una franja de tierra muy larga y estrecha, rodeado de agua que ondula cada vez que lanza sus recuerdos al fondo.

Desde la ventana tampoco aparece ningún signo de vida, y pareciera que lo artificial ha venido a ocupar los entresijos en esta existencia de papel y cartón.
Nos pasamos los días persiguiendo sueños, sin saber que las pesadillas también tienen los suyos propios: Hacer un nido en el cuerpo de alguien. Y no sirven las balas, ni el acero.

Ya dejé atrás aquellos proyectos que se alzaban, suntuosos, y me dedico a fabricar ventanas para los nostálgicos, cuatro tablas de madera y vistas al pasado. "Oh, no te preocupes por el dinero. Lo que tienes que darme no se fabrica con metal fundido en mentiras". Siempre es la misma historia. Algunos no lo soportan y se lanzan al otro lado, entre los maizales de sus mentes. Los pobres no saben que nunca fueron espantapájaros, y que los cuervos seguirán ahí, graznido tras graznido.

Y, a veces, lanzo alguna señal para ver si alguien responde, aunque lo normal es encontrarme con respuestas que se pierden en el eco. Ningún engranaje encaja, aunque el segundero no se para. He hecho muchas cosas, lo sé. Lo que ocurre es que, de vez en cuando, una mano que nunca he tocado viene a decirme que podría haber hecho otras.

Todo se derrumba.

https://youtu.be/tXHj_EW_JpQ