No sé cuántos ojos
me miraban,
momentos congelados
y niños que posaban,
me observaba un bebé
con ternura,
otro caía de rodillas
alzando los brazos.
Tenía las manos llenas
de nudos, hebras doradas
iluminaban el alba
en días que fueron
antaño oscuros.
Era bambú de viento,
surcos sobre nieve
con las picaduras de
la noche más hermosa,
no puedo forzar sonrisas.
Un lecho que no me pertenece,
un cuadrado dividido
entre el blanco y el negro,
soy trozos cambiantes.
Un par de figuras rezan
a aquello que el público
no podrá ver nunca,
dibujos inimaginables.
Vine aquí por el azar,
y no supe entender
que cada palabra que
rodeaba mi desnudez
había sido por mí hecha.
Los libros me leían a mí,
y cada muerte era mía,
cada lágrima había sido
por mí derramada.
Un amor roto o triunfante,
una amistad perdida o encontrada,
reinos que caían y se alzaban,
el calor en el pecho.
Yo era todo eso, y al mismo tiempo,
para otros ojos, para otras miradas,
era sólo una mujer en un cuarto
cuya espalda sin ropa era fotografiada.
https://youtu.be/Ad4T-j_bOVc
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