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domingo, 22 de marzo de 2015

No quieres...

No quieres saber lo que se esconde detrás de las palabras que dibujan la tarde, y es normal. No quieres conocer ni tampoco pringarte las manos con algo que te es ajeno, aunque estés metida de lleno. ¿Cómo puede ser que quieran manchar sonrisas? ¿Cómo es posible que quieran amurallar el gozo? No, claro que no, por eso no pisas los charcos aunque te lleguen por el cuello.

Seguirás diciendo lo hermosa que es la paz que hemos construido, ese cuento infantil mal escrito, mientras las balas te rozan la cara. Ninguna moraleja al final, ningún consejo, porque, ¿qué enseñanza puede dar algo que nunca está mal?

No importa, ¿verdad? Que tu propia mentira fagocite la verdad. Y qué más da, que todo explote, si para ti nada cambiará.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Cold water

Vamos a andar sobre los charcos. Se sentirá igual que pisotear el cielo. Humedad. Ligereza. Llegará un momento en que quieras saltar, no basta con tocar, necesitas sentir. Sentir que tu presencia se nota, salpicando alrededor. Que tus decisiones alcanzan otros puntos de tu diminuto mundo. Tira el paraguas a la carretera, las ideas deben empaparte por completo, no bloquees el flujo natural de las cosas. Si necesitas volar, solo extiende tus alas, la lluvia no impedirá que seas otro barquito más en la inmensidad del océano aéreo. Es extraño encontrarte aquí, en la ciudad, ¿sabes? Pareces haber venido de un lugar lejano, donde nada perturba la paz y la justicia es algo más que una palabra vacía, un lugar ajeno a la mano del hombre. Y aquí estás, en esta jungla de humo y hormigón, esperando a que llueva algo que no sea ácido para poder saltar en los charcos.